Dibujo Infantil. ARTE
Categoria:
Arte
Hacia lo retrospectivo. Coinciden los autores en afirmar que en la evolución del arte pictórico lo primero que aparece es el d., el contorno, la línea. Cierto que los artistas nos dejaron pinturas rupestres sobresalientes (el bisonte erguido, el bisonte acostado, de la cueva de Altamira), pero un especialista en el Paleolítico afirma que "a veces se ejecutaron sobre dibujos previos, grabados en la roca". El evocar d. y pintura rupestres nos hace pensar en aquellos que creen que las fases y evolución general de cada niño son recapitulación del desarrollo que haya alcanzado la raza a que el niño pertenezca. Ese paralelismo entre desenvolvimiento del niño y de la raza lo llevan incluso al d. y a toda expresión gráfica; de tal modo que, juntando lo psicológico y lo social, afirman que pueden utilizarse los d. infantiles y sus etapas "como base para el estudio de las producciones gráficas de los primitivos". Lo evidente es que el contorno, la línea en general, el d. en suma, aparecen pronto en el niño. Se entrega a ello con pasión; garabatos que son célula de lo que quiere expresar, exteriorización de lo que desea decir: abstracta representación de su propia resonancia. Se extraña por eso de que los mayores no comprendan lo que su d. quiere decir y lo explica: esto es un árbol, una nube, una casa, un río.Aspectos psicológicos. ¿Qué sucede en el niño cuando se le pide dibujar en un papel blanco? Una cuartilla es espacio limitado en el que ha de encuadrar lo que se le pide. Puede hacerlo en la parte alta, en la media o en la inferior. Sólo esto empuja a algunos psicólogos (el suizo Max Pulver) a encontrar en esas diversas situaciones un simbolismo avisador de determinadas preferencias: la zona de arriba evoca lo religioso y moral, proyección hacia lo espiritual y lo alto, el sol, el cielo, lo intelectual, la cabeza del hombre; el d. en la parte media alude al corazón, a la parte afectiva, a la relación con los demás hombres, con la propia familia; y en la parte inferior, expresa lo material, lo instintivo, la tierra. Max Pulver mira hacia la grafología (v.).Para descubrir aspectos psicológicos en el d. infantil puede utilizarse el Test del árbol, de Karl Koch. El árbol real habla ya a los niños de la verticalidad, de arriba y abajo, de lado izquierdo y lado derecho, "similar a la imagen izquierda y derecha del cuerpo". El árbol, en la naturaleza, da ideas que por comparación puede el niño recoger en sus d.: se eleva hacia arriba, arraiga hacia abajo, insinuando perfectamente la oposición erecta del hombre, opuesta a la horizontal de los animales. Esas primeras ideas sirven de para el d. del árbol. En general, los niños van desde el garabato hasta los d. de representación; bien entendido que el niño dibuja en esas fases no lo que ve directamente, sino lo que sabe y lo que conoce de la cosa que dibuja. Su d., por tanto, está hecho en arte abstracto, íntimo y personal. Las fases por las que pasa el niño al dibujar son las siguientes: los niños de tres años se hallan, casi todos, en la edad del garabato, y sólo un 10% indica posteriormente qué es lo que ha dibujado. Desde los cuatro, la tercera parte de los niños dice qué es lo que está dibujando, y otra tercera parte lo dice antes de empezar. El nivel más alto de intención representativa, dice Koch, lo hallamos en un 80% de los niños de cinco años, mostrando ventaja las niñas sobre los varones, y los hijos de familias pudientes sobre los de familias humildes. A los seis años, dibujar es ya representar en todos los casos.La interpretación psicológica y psiquiátrica del d. tiene una casuística muy detallada. Por ej., opinan algunos que los tipos esquizoides (los esquizoides son personalidades en las que su interés está más dirigido hacia la vida interior que hacia el mundo exterior, encerrados en sí, insociables más bien), dibujan con preferencia árboles grandes. Casi todos los depresivos dibujan arbolitos pequeños, a menudo dimiñutos. El Test del árbol requiere la valoración de todas las partes del d.: cómo están representados el suelo, las raíces, el tronco, la copa del árbol, etc. Para la obtención del psicodiagnóstico se tienen también en cuenta los problemas del sentido espacial y de lateralidad (zurdería; v. SINISTRALIDAD).Otra prueba psicológica basada en el d. se denomina Test de Goodenough. Se pide al niño dibujar un hombre, dejándole en completa libertad, pero animándole para que lo haga lo mejor posible. Sirve también esta prueba para medir el grado de desarrollo intelectual y para explorar la personalidad del niño. En la valoración del d. se tienen en cuenta: la presencia en el d. de la cabeza, piernas, tronco, cuello, ojos, etc. A cada parte se le adjudica un punto, y de la totalidad se obtiene la edad mental, con arreglo a un baremo. Desde un punto de vista más complejo, dentro de la psicología del d., se emplea el Test de la familia. En lugar del d. de un hombre, se le pide que pinte una familia, los padres, los hermanos, etc. Es un test de inteligencia, pero también de personalidad. Descubre toda la vida afectiva del niño. En el d. de la familia se advierte, entre otras cosas, cuál es para el niño el personaje principal, y cuál el desvalorizado, con determinadas características en cada uno; percibiéndose los conflictos del alma infantil, su relación con los otros miembros, incluidos los conflictos edipianos, tan difíciles de explorar y conocer. Todo, como es natural, con arreglo a un baremo prefijado.No se trata de descubrir aptitudes. Bien entendido que con estos tests no se trata de valorar el grado más o menos de perfección del d. que el niño haga, ni menos aún descubrir las posibles aptitudes que pueda tener para las artes de la pintura o del d. Escritura y d. encierran idéntica actividad neuromuscular y son expresión de formas de lenguaje. Se dibuja y se escribe, no con las manos y los dedos, sino con la acción precisa del sistema nervioso central: d. y escritura implican inervaciones análogas. Según la encuesta del psicólogo suizo E. Claparéde, hay en los niños evidente correlación entre su aptitud para el d. y para la escritura. La escritura caligráfica tiene no sólo valor psicológico, sino también terapéutico. Todo lo exacto, lo invariable y mínimo, constituye escuela de serenidad, de autodominio y quietud moral, cosa importante para la época actual, con una sociedad aparentemente neurótica y violenta.Además de esa interpretación psicológica y psiquiátrica de los tests basados en el d. infantil, la moderna pedagogía utiliza el d. como lo que es realmente, es decir, un medio de expresión del niño. El d. libre, desde el garabato, equivalente a los iniciales balbuceos del lenguaje, hasta el d. complicado y preciso, todo él significa un proceso de maduración, base aplicable a las formas generales de la pedagogía y la didáctica. Los d., en su progresión, señalan el grado de actividad intelectual del niño, la fuerza de su atención, el poder de voluntad, la lógica de su pensamiento y observación, etc. Por otro lado, es el d. un gran catalizador de la imaginación creadora y puede servir incluso de módulo para conocer la aptitud y el aprovechamiento en otras materias escolares. Psicólogos y pedagogos han estudiado la correlación que existe entre las aptitudes para el d., comparándolas con otras materias, como geografía, cálculo, escritura, lengua, trabajos manuales, etc.J. LILLO RODELGO.
BIBL.: M. ALMAGRO, El Paleolítico español, en Historia de España, I, Madrid 1947; E. FABREGAT, El dibujo infantil, México 1959; K. KOCH, El test del árbol, Buenos Aires 1962; F. L. GoODENoUGII, Test de inteligencia infantil por medio de la figura humana, Buenos Aires 1957; L. CORMAN, Le test du dessin de famille, París 1967; M. BERNSON, Del garabato al dibujo, Buenos Aires 1963; A. MURA, El dibujo de los niños, Buenos Aires 1964; 1. ROUMA, El lenguaje gráfico del niño, Buenos Aires 1947.
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