Diaz, Porfirio
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Biografía GER
Militar y estadista mexicano. N. en Oaxaca, capital del Estado del mismo nombre, el 15 sept. 1830. M. exilado en París el 2 jul. 1915. Perteneciente a una familia humilde, ingresó en el seminario a los 15 años de edad, en 1845. Un año después dejó los estudios eclesiásticos para enrolarse en el Ejército, que luchaba contra los Estados Unidos (1846-48). Terminada la guerra, inició estudios de Derecho en el Inst. de Artes y Ciencias de Oaxaca, pero pronto los abandonó para ingresar en la Artillería. México vivía ya en estos años el antagonismo entre conservadores y liberales. A este último grupo pertenecía D., que se unió a los conspiradores contra la dictadura del general Santa Anna (v.), presidente de la república desde 1853. Formó parte en las tropas del general Juan N. Álvarez que combatían a Santa Anna. Expulsado éste en 1855, siguió la fracción radical de los liberales de Benito Juárez (v.) enfrentados a los moderados y conservadores. Al ser invadido México en 1861 por tropas españolas, francesas e inglesas, D. comenzó a destacarse por sus brillantes intervenciones militares, siendo ascendido a general. Retiradas las fuerzas españolas e inglesas, la lucha se entabló entre franceses y mexicanos. Al Imperio proclamado en 1864, con el archiduque austriaco Maximiliano como Emperador, se opusieron los liberales de Juárez, entre ellos D., que contaban con el apoyo de EE. UU. Vencido y fusilado el emperador MaXimiliano 1 en 1867 (V. MAXIMILIANO JOSÉ DE AUSTRIA), Juárez se hizo con el poder y D. se retiró a Oaxaca, después de ser derrotado por aquél en las elecciones presidenciales, en las que D. figuraba como candidato del partido progresista.El porfirismo. A la reelección de Juárez en 1871 se opuso D., que acaudilló la insurrección llamada plan de Noria. Muerto Juárez (1872), le sustituyó a éste Sebastián Lerdo de Tejada, a cuya reelección en 1876 también se opuso D. con el principio de "no reelección", que le sirvió de palanca para conquistar el poder. Triunfante en el plan Tuxtepec, con la victoria de D. sobre Lerdo en Tecoac (16 nov. 1876) comienza la época del porfirismo o porfiriato (1877-1911), con el breve intervalo de la presidencia del general Manuel González Díaz, amigo y testaferro de D., a quien él apoyó y de quien fue ministro de Fomento. F. Morales Padrón divide el porfirismo en tres periodos: pacificación (1877-96), prosperidad (1896-1907) y prosperidad con agitaciones, hasta 1911 (Historia de América, Madrid 1962, 390). Según este mismo autor "el porfirismo se consolidó con la represión despótica, la conciliación de los partidos y el progreso material".Para mantenerse en el poder, D. cambió el principio de "no reelección" por el lema "sufragio efectivo, no; reelección". Mantuvo la letra de la Constitución de 1857 y de las leyes de Reforma de 1859-60 (supresión de órdenes religiosas, matrimonio civil, nacionalización de bienes eclesiásticos y tolerancia de cultos), pero no su espíritu. Al modificar la Constitución en 1890 pretendió ser reelegido indefinidamente. Cuando en 1904 fue reelegido por sexta vez, amplió el periodo presidencial a seis años, pero ya entonces se había generalizado en el país una fuerte corriente de opinión contra la perpetuación del poder en una misma y única persona, sirviendo de muy poco que en el mismo año creara el cargo de vicepresidente. Como no tenía más amigos que los que favorecían sus proyectos, terminó su mandato rodeado de enemigos. Bajo su larga dictadura, mejoró la situación de la Iglesia, que pudo gozar de algunas libertades, especialmente de enseñanza e instalación de órdenes religiosas. Políticamente, el porfirismo supuso la negación de las libertades individuales, impidiéndose prácticamente la educación política de los ciudadanos. Toda oposición fue duramente reprimida. Sobre la prensa se ejerció una estricta censura. Sólo se admitían los elogios a la paz y al orden, ampliamente difundidos por los medios informativos. Ciertamente, la represión del bandidaje fue uno de los logros más constructivos de D., pero su apoyo a la alta burguesía, en detrimento de la pequeña burguesía, del proletariado y del campesinado, que vivían en condiciones míseras, no puede considerarse ni acertado ni justo. A cambio de este apoyo, D. recibió la fidelidad burguesa, pero no pudo impedir que se incoara un movimiento de justicia social, favorecido por la Iglesia.Programa de gobierno. Aunque D. no era economista pero sí político, dejó que predominara la economía sobre la política. Sus principales consejeros financieros fueron Matías Romero y, después de 1893, José Y. Limantour. Pero su programa de "poca política y mucha administración" sólo consiguió empeorar la situación del pueblo. Al margen quedaba la oligarquía burguesa, beneficiaria, juntamente con el capital extranjero, del indudable desarrollo económico del país. Por falta de un plan social equitativo, la división entre ricos y pobres fue cada vez mayor. El capital extranjero, sobre todo norteamericano (éste alcanzó los 1.000 millones de dólares, cifra que superaba la totalidad del capital nacional y triplicaba la inversión inglesa) permitió la industrialización, la explotación de la minería y la realización de un amplio programa de obras públicas: mejoramiento de puertos, regadíos, grandiosos edificios, etc. De 580 Km. De ferrocarril en 1875, se pasó a 24.500 en 1911. La minería del oro y de la plata progresó con la aplicación de procedimientos de concentración y cianuración. La explotación de petróleo quedó casi totalmente en manos de los norteamericanos. La actividad bancaria, controlada principalmente por franceses, se reglamentó mediante la Ley General de Instituciones de Crédito (1897). El comercio, también controlado por extranjeros, se reguló por el Código de 1884.Caída de Porfirio. La sumisión política a EE. UU., que D. quiso evitar protegiendo la inmigración y las inversiones europeas, era un hecho. Culturalmente, México giraba en torno a la órbita francesa. El apoyo ideológico del porfirismo lo constituía el positivismo, cuyos representantes más destacados se denominaban "científicos" (cfr. L. Zea, Apogeo y decadencia del positivismo en México, México 1944). Pero todo este paraíso burgués se vino abajo, porque la misma evolución económica despertó la conciencia social y política obrera. En 1908 se formó el partido democrático, y en 1909 el antirreeleccionista, dirigido éste por Francisco I. Madero (v.), caudillo de la revolución que derrocó a D. El 25 mayo 1911 D. renunció a la presidencia y se marchó a París. Con él terminó la época de la dictadura personalista en México y se dio paso a la revolución de 1917. No puede negarse a D. que estableció las bases de la moderna economía mexicana, pero su gestión no justifica la injusticia social de su régimen ni la negación de las libertades individuales que tan obstinadamente persiguió.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: J. SIERRA, Evolución política del pueblo mexicano, México 1940; J. VASCONCELOS, Breve historia de México, Madrid 1952; D. Cossío VILLEGAS, Historia moderna de México, I y IV; México 1955-56; F. A. KNAPP, The lije ol Sebastián Lerdo de Tejada (1823-1899), Austin 1951 (estudia génesis del porfirismo); íD, Porjirio Díaz en la "revuelta de la noria", México 1953; íD, Estados Unidos contra Porjirio Díaz, México 1956; R. GARCÍA GRANADOS, Por qué y cómo cayó Porjirio Díaz, México 1928; M. PODAN, Porjirio Díaz, México 1944; J. CHAVES, El general Díaz, Buenos Aires 1957; A. TARACENA, La verdadera revolución mexicana. Primera etapa 1901-1911, 2 ed. México 1965; L. BELLO HIDALGO, Antropología de la revolución. De Porjirio Díaz a Gustavo Díaz Ordaz, México 1966.
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