Dibujo. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
1. CONCEPTO Y TÉCNICAS. Si la pintura es el arte que logra sus efectos mediante la pigmentación de una superficie, el d. configura, sitúa y perfila en una superficie los elementos que componen un conjunto. Lo más propio del d. es, quizá, la acción de configurar perfilando; y así, vemos que en el lenguaje ordinario se dice que los objetos "se dibujan" (un árbol sobre el cielo, un sendero en el monte), cuando su forma se nos presenta nítidamente; en sentido figurado, dibujar equivale a describir, y decimos también que las ideas se dibujan, cuando se nos presentan definidas con claridad y precisión.La pintura, en mayor o menor grado, necesita siempre del d., ya que las manchas de color que la constituyen tienen una situación mensurable y adquieren determinadas formas que se engranan entre sí. A la estructuración interna de la pintura, a la configuración de sus manchas y a la ordenación de sus perfiles se le llama d. Por otra parte, el d. siempre tiene algo de pintura, ya que, necesariamente, se realiza con la pigmentación, aunque sea lineal y monocromática, de una superficie. Esta estrecha relación que existe entre ambas partes no nos autoriza a afirmar que el d. sea simplemente un arte auxiliar de la pintura, o que un d. sea una pintura incompleta; ni mucho menos, que el d. y la pintura sean una misma cosa, ya que el d. tiene unos valores artísticos propios, aunque luego puedan ser capitalizados por la pintura.Lo dicho hasta aquí sirve tanto para la pintura y el d. figurativos como para los no figurativos. En las obras no figurativas, la superficie tiene un valor autónomo, objetal; el d. busca en ella la armonía intrínseca de las líneas y de las manchas, configura sus elementos y los distribuye en superficie, sin hacer ninguna referencia a nada exterior a ellos mismos. Su valor estético consiste en la pura relación de rectas y curvas, en la proporción, en la calidad y en la disposición de los trazos que se ordenan a conseguir, mediante el ritmo, el equilibrio o tensiones diversas, un efecto agradable o emotivo en el observador. Las líneas, vigorosas o trémulas, nítidas o borrosas, graciosamente fluidas o geométricamente rotundas, crean centros de interés, dirigen la atención y logran valoraciones diversas en las que reside todo su valor estético. El d. no figurativo ha sido una constante en el arte de los hombres de todas las épocas. Las culturas más primitivas se valen de formas geométricas para decorar las superficies de sus vasijas, de sus armas, de sus viviendas y hasta de sus rostros. Y en las épocas más luminosas del arte, el d. no figurativo ha tenido siempre, por lo menos, un valor ornamental importante: unas veces integrándose en la arquitectura; y otras, enriqueciendo con su presencia las más variadas obras de artesanía: telas, cerámicas, vidriería, artes gráficas, etc. Formando plafones, cenefas y grecas, el d. abstracto tiene un valor subordinado, pero eficaz; y en ocasiones, llega a ser el factor predominante y hasta único de la obra artística.Sin embargo, el aspecto figurativo del d. es el más atendido, hasta el punto que el Diccionario de la Lengua define esta voz como "acción y efecto de dibujar", siendo dibujar "representar en una superficie la figura de un cuerpo por medio de líneas y sombras". Cuando de alguien se dice que es un buen dibujante, normalmente se hace referencia a su habilidad para representar con propiedad los objetos. La pintura figurativa tiene que representar los objetos espaciales y volumétricos de un mundo tridimensional, reduciéndolos a las dos dimensio nes de una superficie. El d. es el primer paso, imprescindible, de la pintura figurativa, ya que determina en la superficie las formas planas y los perfiles lineales que corresponden a los volúmenes que se representan.A la acción de poner en su sitio y definir la forma particular que se atribuye en el plano a los objetos se le llama, en el lenguaje ordinario de los artistas, el encajado. El pintor y el dibujante tienen siempre que encajar sus figuras. El encajado es la labor más genuina de un dibujante y el aspecto más propio del d. No corresponde a una habilidad manual, sino a una capacidad intelectual: en él, lo importante no es saber trazar unas líneas, sino saber por dónde hay que trazar esas líneas. Con el encajado se reducen convencionalmente las tres dimensiones del objeto representado a las dos dimensiones del plano del cuadro. En pintura, el encajado es la base; después, o simultáneamente, el color y la textura completan la obra. En d., tampoco el encajado nos da la obra acabada, porque el d. no se reduce a la mera situación de los elementos, ya que éstos deben tener, además, un carácter determinado, deben expresar algo. Esta expresión depende de lo que el objeto "diga" al artista y de lo que el artista pretenda comunicar, y se logra con la calidad de las líneas y de las manchas. Unas veces convendrá que el d. sugiera el volumen del objeto, otras interesará acusar, con la composición plana, la naturaleza plana de la superficie.El espacio y las lejanías, la luz, el aire que envuelve las cosas, la calidad (dureza, transparencia, rugosidad, blandura, etc.) de los objetos representados, o su movimiento, o bien la armonía intrínseca de los elementos propios del d., al ser sugeridos o expresados en el plano, dan a éste el carácter propio que lo constituye en obra de arte. Para ello, el dibujante debe saber cuáles son las líneas fundamentales y cuáles las accesorias, debe conocer el valor expresivo de todas ellas y cómo debe tratarlas para conseguir los efectos requeridos. Unas veces las líneas se superpondrán acariciando los contornos e insinuando los volúmenes, otras desaparecerán, sugiriendo una vibración determinada en la blancura del papel. En ocasiones se nos presentarán rotundas, definiendo geometrías; o temblorosas, evocando una cierta trepidación en el objeto. Las líneas pueden sugerir por sí mismas sombras y luces, o pueden valerse de la ayuda de las manchas. Y, a veces, las manchas pueden definir las formas (dibujar), prescindiendo incluso de las líneas.Todo esto son diferentes valores expresivos del d., que pueden lograrse sobre un mismo encajado; lo cual no quiere decir que exista un solo encajado perfecto, ni que el encajado más perfecto sea necesariamente el que podría ofrecernos una fotografía del objeto representado, ya que, en muchísimas circunstancias, la deformación puede acentuar notablemente el carácter expresivo de la obra. Las deformaciones pueden hacerse con criterios muy diferentes, pero que son totalmente válidos cuando responden a sensibilidades diversas que buscan distintos efectos expresivos. Así, por poner unos ejemplos muy diferentes, nos encontramos con las pinturas románicas, los d. de Miguel Ángel, los grabados de Goya o los monigotes humorísticos que ilustran cualquier revista actual.La expresividad del d. depende también de la elección del punto de vista, de las líneas generales de composición y del contraste u homogeneidad de los elementos.Técnicas de dibujo. El instrumento empleado imprime también un carácter específico al d. Todo material capaz de manchar o marcar una superficie puede utilizarse para dibujar; pero, según sean sus características, tendrá unasposibilidades expresivas diferentes. A continuación se analizan los valores específicos de los instrumentos más empleados corrientemente: la pluma puede lograr una gran precisión de perfiles, y, dentro de unos límites, permite jugar con el grosor del trazo para dar expresividad a la línea. La mancha como tal no es propia de la técnica de la pluma; pero se puede lograr el oscurecimiento de la superficie y los consiguientes efectos de sombra, mediante "rayados" de variadísimas calidades. El lápiz, aunque no es tan limpio ni preciso, aporta su riqueza en la valoración de intensidades y la posibilidad de utilizar la mancha como complemento expresivo del perfil. El hecho de que sus líneas puedan ser tan tenues como se desee y de que puedan borrarse con facilidad permite encajar las formas previamente a la realización de la obra. El pincel tiene mucha menos precisión; en cambio, puede dar una notable fluidez y jugosidad a los trazos, y, principalmente, se presta a situar manchas con una gradación infinita de intensidades, ya que las tintas pueden rebajarse con agua siguiendo la técnica de la aguada, que puede considerarse como una acuarela monocromática. Las texturas que se logran con las diferentes maneras de tratar el agua y la tinta, con el grado de humedad en las cerdas, y con el restregón o golpeteo de pincel sobre superficie seca o mojada, son de una gran variedad.
El carbón tiene una gran facilidad de mancha, con riqueza de matices y de texturas; pero no se presta a la precisión. La facilidad de borrar, corregir e insistir es la virtud que hace del carbón el instrumento más utilizado para bocetos. El clarión o la tiza, el pastel y la sanguina tienen prácticamente las mismas características que el carbón, y sus efectos específicos radican principalmente en su color. El difumino sirve para lograr manchas homogéneas. Propiamente no dibuja, dada su ineficacia para perfilar, y, por tanto, sólo se emplea como complementario de otros instrumentos de mancha fácil y poca fijación (lápiz, carbón, pastel, etc.). El rotulador tiene características expresivas análogas a las del pincel. Es verdad que su trazo es menos flexible, pero, en cambio, es más fácilmente dominable. No permite rebajar la intensidad de la tinta con agua, pero da más riqueza de tonalidad en ’ seco. El bolígrafo, tiralíneas y rapidógrafo garantizan la homogeneidad en el grosor de la línea, lo cual es una virtud en cuanto a la exactitud, pero impide la expresividad que se consigue con la flexible valoración de los perfiles.Todos estos instrumentos, así como otros muchos, tienen sus propias virtudes y limitaciones expresivas. El dibujante debe tenerlas en cuenta para elegir el instrumento más adecuado y aprovechar sus posibilidades. Y, en muchas ocasiones, podrá unir las virtudes contrapuestas de dos o más instrumentos diferentes (una de las fusiones más típicas y acreditadas entre los dibujantes es la del d. a pluma con manchas de aguada, p. ej.).Dentro del d. tienen una importancia preferente todos los sistemas del grabado (v.), que, precisamente, por lo característico y variado de su técnica, suele considerarse como un arte propio.Valor autónomo del dibujo. Un dibujo puede ser simplemente una fase previa a la pintura; es decir, el boceto de un cuadro. En este caso está ordenado a una obra superior y más completa, aunque pueda tener ya su valor artístico intrínseco. Puede ser también un mero complemento de una obra artística que, sin ser d., integra ornamentalmente el d. en su valor estético (cerámica, vidriería, decoración arquitectónica, etc.). Pero nos interesa contemplar especialmente los casos en que el d. tiene un valor autónomo. Un d. que constituye un cuadro es equiparable a una pintura; pero para que no pueda considerarse como una pintura incompleta, deberá sustituir y compensar con la expresividad de sus valores propios (línea y mancha) la expresividad de los valores pictóricos a los que renuncia (color, empaste, textura). Una ilustración (V. ILUSTRACIÓN DEL LIBRO) tiene también su valor artístico propio; pero, por su misma naturaleza, tiene su razón de ser en aquello a lo que ilustra. Su función puede ser meramente ornamental (dar amenidad a la presentación de un texto), complementaria (llamar la atención sobre un aspecto o ayudar a crear un clima) o explicativa (describir o aclarar gráficamente alguna idea). En el primer caso su valor radica principalmente en lo decorativo; en el segundo, en lo sugerente; en el tercero, en la claridad expresiva. Relacionado con la ilustración explicativa está el llamado d. técnico, en cuanto que su valor radica en la claridad de una descripción gráfica. El d. técnico no es sino una representación convencional de un objeto, que nos permite conocer con exactitud, en su forma y en sus dimensiones, cómo es dicho objeto. El d. técnico se emplea, p. ej., para los planos arquitectónicos de un edificio y para la descripción pormenorizada de una máquina o de un mueble. Sus convenciones se basan en los sistemas de representación que estudia la Geometría descriptiva y en una serie de normas de delineación más o menos codificadas.Junto con la voz d., hay acuñadas (con poco acierto, pero con mucha aceptación) una serie de expresiones que se emplean convencionalmente para designar distintas clases de d.: d. artístico, que suele utilizarse en contraposi, ción a d. técnico (todo d. que no es el técnico); d. industrial, que es el d. técnico aplicado a máquinas o piezas industriales; d. lineal suele llamarse al que se realiza con la ayuda de instrumentos de precisión geométrica (compás, regla, plantilla), d. a mano alzada es una expresión que se utiliza como contrapuesta a d. lineal; d. del natural es el que se hace copiando directamente el objeto.LUIS BOROBIO.
BIBL.: VAN DER POEL, The human figure, Londres 1926. R. GOLDWATER y M. FREVEs, El arte visto por los artistas, Barcelona 1953W. KANDINSKY, Punto y línea frente al plano, Buenos Aires 1959; J. ITTEN, Design and form, Londres 1965; H. JACOBY, Architectural Drawings, Londres 1967; L. BOROBIO, Mi árbol, Pamplona 1970; I. ARAujo, Lecciones de análisis de formas, Pamplona 1971.
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