Dibujo. Historia. ARTE
Categoria:
Arte
La historia del d. sigue muy de cerca todas las vicisitudes de la historia del Arte, en especial de la pintura, del relieve, del grabado, de la ilustración de libros, y de todas las artes decorativas como cerámica, orfebrería, etc. En general, puede decirse que su historia se confunde con la de ellas. A estas voces remitimos al lector, tratando aquí sólo del d. en sí mismo, como valor autónomo, no como parte integrante de las artes citadas. Dividiremos su historia en tres grandes ciclos, cada vez de duración más corta.Prehistoria y Edad Antigua. En el Paleolítico superior, durante los periodos auriñaciense y solutrense encontramos verdaderos d. de contornos de animales de trazo continuo o punteado, cons de sombras hechas con rayas paralelas o cruzadas. En el magdaleniense se diferencian dos escuelas, la Francocantábrica (V. ASTURCÁNTABRA, REGIÓN II) en que el d. da paso a una auténtica pintura modelada por el color, y la Levantina (v. LEVANTE ESPAÑOL II), en que permanece el d. de contorno, frecuentemente relleno con el mismo tinte que sirvió para trazarlo, en forma de sombra chinesca. Durante el Neolítico siguen formas derivadas de los tipos levantinos, cada vez más estilizadas, hasta reducirse a símbolos, como p. ej., los cérvidos representados por un peine (las astas) sin ninguna alusión al cuerpo.No son desconocidos la pintura y el d. propiamente dicho de las Edades del Bronce y del Hierro, en Europa. La orfebrería presenta decoraciones de trazos paralelos en espiral, círculos, eses, etc., y figuras de influencia griega o egipcia. En Egipto (v.), con un Neolítico muy parecido al europeo, la extraordinaria permanencia de sus formas permite afirmar que toda su pintura debe calificarse de verdadero d. coloreado por tintas planas de diversos colores. La fuerza expresiva radica casi exclusivamente en la pureza de la línea y el análisis de la forma que encierra. Se conservan superficies preparadas con d. para recibir el color, donde se aprecia aún más la exquisitez egipcia para el d. De Mesopotamia (v.) no se conocen representaciones de pintura y d. desde la época de Ur hasta la cultura persa. Las características del relieve y de la cerámica hacen suponer que, si existió, fue parecida a la egipcia en cuanto a su técnica. Las grandes decoraciones murales de los palacios de Creta (v.) y Micenas (v.) constituyen verdaderos d. coloreados, invadiendo el d. realizado con diversas tintas las representaciones de los tejidos, mientras las encarnaduras suelen ser planas, con algunas excepciones, como el fresco del Príncipe en Cnosos. También en la cultura etrusca los numerosos frescos conservados permiten afirmar la supremacía del d. sobre el color, siempre de tintas planas.Es en Grecia (v.) donde aparece, por primera vez en la historia del Arte, la verdadera pintura que tiene al d. como instrumento. Pero no se llega a ello sino poco a poco, en una evolución cuyo punto más culminante se alcanza en el s. v. Las siluetas rojas, blancas o negras de su cerámica (v.) se dibujan cada vez más con trazos internos. Las copias romanas de frescos griegos del s. v nos permiten afirmar que el color y el deseo de copiar la realidad han superado el trazo y, por tanto, el d. Este queda reservado a las artes menores y, quizá, al retrato. Roma (v.), heredera del arte griego, desarrolla una pintura de gran realismo, alejada por consiguiente del d. como arte propio, que sólo utiliza integrado en ella, hasta llegar en muchos casos a la ruptura de contornos en frescos que pueden calificarse de impresionistas.En este momento se cierra el primer ciclo que comienza con la total supremacía del d. y termina con su pérdida, no por desaparición, sino por absorción en un arte mayor: la pintura.De Bizancio al impresionismo. Ya no vuelve la pintura a ser un d. de contornos que encierran colores planos hasta el s. xx. Sin embargo, en Bizancio (v.) comienza un nuevo auge del d. en mosaicos y frescos, sobre todo en estos últimos, pues la línea tiene más importancia que el color y la sombra. En las ilustraciones de Biblias, beatos del arte prerrománico, etc., tiene el d. mayor importancia, pasando desde las miniaturas llenas de colorido, incluso el oro, a otras realizadas sólo por trazos de una sola tinta sobre el papel blanco (Biblia de Roda, Biblia Pauperum, Salterio de Utrecht, etc.). Con ellos empieza el d. a pluma como algo independiente que ya no desaparecerá en la historia. En el románico (v.) persisten las mismas características antes enumeradas, con las variantes propias de este periodo. Durante la segunda mitad del s. xii y todo el XIII, centurias correspondientes a los primeros tiempos del gótico (v.), tanto frescos como miniaturas, reciben una gran influencia de las formas propias de la vidriera con sus líneas negras de emplomado, lo que supone una fuerte revalorización del d. Se pierde en el s. xiv con la aparición masiva de una pintura que podríamos llamar "de caballete", destinada primero a los retablos y más tarde a la decoración de salones y palacios, en una evolución que prepara el Renacimiento. El d. en sí mismo, sin auxilio del color, es tarea a la que se entregan todos los pintores, ya para preparar sus cuadros, ya como elemento independiente de estudio o de expresión, quizá con marcada mayoría de este último, orientado al retrato. No poca importancia en el logro de este auge tuvo la aparición del lápiz-plomo que alterna, desde ahora y en en plano de igualdad, con la pluma y el tradicional carbón. El arte realista del s. xv absorbe por completo al d. que permanece independiente para los casos citados en el s. xiv, más quizá uno nuevo: el paisaje.Dibujar, analizar todas las formas, y muy especialmente las del cuerpo humano en todos sus escorzos, es lema de los pintores renacentistas y barrocos. Carbón, pluma, aguatinta, lápiz-plomo, sanguina, etc., son utilizados por todos los artistas plásticos (también por los escultores). El d., separado de la pintura,- alcanza por primera vez mayor categoría individual, y, merced a la aparición de la imprenta, también surge una nueva profesión: el grabador (v. GRABADO), independiente de la pintura y ante todo dibujante, ajeno por completo a los miniadores de la Edad Media (coloristas), aunque su función sea la misma: decorar los libros. Al d. como arte independiente prestaron atención todos los pintores; merecen quizá especial mención Alberto Durero (v.), como grabador, y Leonardo da Vinci (v.), como precursor del d. hoy llamado industrial, en la descripción de sus máquinas. Una nueva adquisición de esta época es la técnica del aguatinta, así como la aparición del lápiz de grafito, difundido desde Inglaterra al descubrirse y ponerse en explotación las minas de este material en Borrowdale, condado de Cumberland, en 1564.Rococó (v.) y neoclasicismo (v.). Ha de tomarse el primer término en una acepción muy amplia: finales del barroco en cualquier país. Conviven durante un tiempo los dos estilos y tienen como rasgo común el preciosismo en el d. El estudio de las formas clásicas preconizado por el segundo movimiento y casi siempre verificado sobre reproducciones de yeso, hace que el d. se interese cada vez más por la mancha (el sombreado), en busca de una gran gama de tonos y, por consiguiente, de nuevos materiales. Uno de ellos, quizá el más importante, es la mezcla de arcilla y grafito, ensayada por Comté en 1795 y que lleva su nombre. Formando un campo intermedio entre d. y pintura, aparece el pastel, cuya aplicación masiva queda reducida al retrato, y la acuarela, de ascendencia inglesa y considerada arte propio e independiente.Romanticismo (v.) y realismo (v.). La industria del libro, cada vez más floreciente, es auxiliada por todas las técnicas del grabado, especialmente por la litografía (v.); constituyen éstas nuevos modos de expresión plástica que influyen poderosamente en el d. Crece de modo sensible el número de dibujantes, ya auténticamente ilustradores en una profesión con carácter propio, y que desarrollan un d. ajeno a la pintura. Irrumpen así en el mercado las ediciones de las nuevas novelas y cuentos románticos que incluyen láminas de gran tamaño con paisajes tétricos o bucólicos, interiores de castillos poblados de caballeros y damas, feroces luchas y duelos, en un intento de reconstrucción de la época medieval, y también escenas de tiempos que entonces se llamarían actuales, y que reproducen todos los tipos y costumbres del s. xix. El d. (y el grabado), a su servicio, busca dar una sensación de realidad fotográfica, y su técnica se depura como nunca había llegado a hacerlo. El progreso de las ciencias experimentales, física, biología, botánica, etc., influye también en el d. al poblar las páginas de sus libros con cuidadosísimas representaciones de máquinas, animales y plantas, que exigen una minuciosa observación de la realidad y una técnica depurada. Puede decirse que en este periodo comienza también la época del dibujante "de oficio", que representa los objetos con la máxima fidelidad, quehacer diferente por completo del ilustrador y cuya manera de dibujar es también distinta. Sin embargo, se influyen unos y otros mutuamente. Por su parte, los pintores, por muy expresionistas que parezcan, nunca se desligan del d. que emplean como medio de expresión, desde el preciosista Ingres (v.) hasta la fuerza dramática de los d. de Goya (v.), de mayor fuerza que muchos cuadros. Comienza también, en gran escala, la caricatura (v., cuyos antecedentes podrían encontrarse en el Bosco y Leonardo), no pocas veces de carácter político. Las revistas ilustradas de final de siglo son campo abierto para que todo tipo de dibujantes ensayen en ellas conceptos, maneras y modos.Con el impresionismo (v.), aparece un nuevo concepto del estudio de la luz (Monet, Monet), siendo influidos los pintores de este momento por las estampas japonesas y las rápidas acuarelas del holandés 1. B. Jongkind. Poco a poco se busca la eliminación del trazo y del contorno y, por tanto, del d. en la acepción que hasta ahora hemos dado a esta palabra. Un proceso parecido ocurre con el pastel, que invade, partiendo del retrato, todo tipo de temas (Renoir, Degas). La línea y el contorno terminan por desaparecer en la técnica del puntillismo (v. NEOIMPRESIONISMO), cumpliéndose el segundo periodo que iniciamos con el arte prerrománico. Es preciso evidentemente situar aquí el comienzo del tercero. Pero es este fenómeno todavía demasiado reciente y rico para poder aventurar teorías suficientemente fundamentadas sobre su evolución. Y, además, demasiado complejo. Contemporánea de la pintura sin contorno, y hasta practicada por autores que trabajaron en ella, persiste la de trazos vigorosos y aun rebuscados (Degas, Cézanne) hasta llegar al "d. con pincel" de los cuadros de Van Gogh (v.), al primitivismo de Gauguin (v.) o a los colores planos de los carteles de Toulntise-Lautrec (v.). Ningún pintor de esta época ha despreciado el d. y todos han intentado también realizar, con la monocromía del lápiz, de la tinta y del carbón, su idea pictórica. Así el d. inició una búsqueda de nuevas técnicas y texturas que hizo posible la investigación conducente a su estado actual, si bien no fue ésta su causa, sino el enorme crecimiento de las industrias llamadas gráficas.Los nuevos ensayos. Si exceptuamos el expresionismo (v.) capitaneado por el vienés Oskar Kokoschka (v.) y un sector de la pintura abstracta, ciertamente muy importante, el resto de la investigación pictórica ha vuelto a tomar el d. como elemento básico: primitivismo de H. Rousseau (v.), cubismo y distorsión de Picasso (v.), composiciones de P. Klee (v.) y Juan Gris (v.); geometrización de De Chirico (v.), simbolismo de J. Miró (v.) y M. Chagall (v.), estudios que precisan la regla y el compás de P. Mondrian (v.), preciosismo de Dalí (v.) e incluso el informalismo de Jean Dubufeet, muestran un d. que no está al servicio del color ni enmascarado por él, sino patente y vigoroso hasta el punto, en muchos casos, de superarlo en importancia. Incluso, en la pura pintura abstracta en que se busca solamente una expresión basada en la falta de contacto con toda representación o concreción formal (p. ej., Dubufeet), en no pocos casos el d., línea y punteado; sirve para lograr texturas pictóricas, contrastes de calidades, sólo realizables por este medio. Pero no es sólo en la pintura donde el d. ha comenzado,, o continuado, con nueva fuerza; la profesión de dibujante iniciada con los grabadores del s. xvl adquiere durante todo el xx, en ritmo crescendo, una importancia quizá por encima del mismo arte pictórico. El cartel (v.), la cubierta, la ilustración del libro (v.), el estampado de la tela, el papel para tapizar las paredes interiores de los edificios, todo tipo de publicidad, el cine de animación, la presentación de muchas películas, la televisión, los comics (v.; nueva publicación basada en el d., que aumenta de forma acelerada), el d. llamado "realista" de muchas revistas y publicaciones de ciencia-ficción y, por último, el de humor, hacen que cada día el número de personas que se dedican al d. y viven de él crezca en proporciones verdaderamente notables. Esto origina una incontable riada de d. que han de competir unos con otros forzando a tal arte a desarrollarse vertiginosamente, de forma que el intento de una clasificación en tipos queda desbordada nada más iniciarse.La competencia ha originado nuevas técnicas, nuevos aparatos de d. y de reproducción, "tramas", esto es, elementos de un d. ya terminado, como retículas, rayados, punteados, etc., impresos sobre papel transparente y dispuestos para recortar y pegar en el d. que se está realizando, nuevos pigmentos e incluso trucos fotográficos contribuyen también en gran escala a esta marcha acelerada en que parece se han producido ya todas las soluciones posibles, desde el empleo de la simple línea sin diferencias de grosor hasta el solo juego de texturas. Todo ello significa que el d. como divulgación artística, o arte aplicado, absolutamente independiente de la pintura, ha llegado a superarla en importancia funcional. Pero a la vez ha caído en una nueva servidumbre: la de las artes gráficas o la cinematografía, con su nueva modalidad, la televisión. En efecto, apenas se hace hoy un d. que no tenga como finalidad el ser reproducido sobre el papel o el celuloide; las técnicas de reproducción influyen de forma sustancial sobre él, no interesando muchas veces mayor pulcritud en su ejecución que la precisa para lograr el final deseado después de salir de la imprenta o del estudio fotográfico. Así ha surgido el collage (v.), d. realizado con todo tipo de materiales recortados y pegados.V. t.: CINEMATOGRAFÍA Il.1. A. IÑIGUEZ HERRERO.
BIBL.: H. W. YAN LOON, Las artes, Barcelona 1964; VARIOS, Ullstein Kunstgeschichte, 20 ,., Berlín 1964; Great drawings o/ all time, ed. I. MoscowiTz, Nueva York 1962; F. J. SÁNCHEZ CANTÓN, Dibujos españoles, Madrid 1930; J. A. MEREDIZ, Dibujos de maestros, Buenos Aires 1945.
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