Diccionario LIT.
Categoria:
Literatura
Concepto. Es el libro donde, generalmente por orden alfabético, se contienen y explican las distintas significaciones de las palabras de una lengua. Los vocabularios bilingües o plurilingües no establecen definiciones de las palabras, sino su correspondiente traducción a otra lengua. Como sinónimos más usuales de d. se cuentan: vocabulario, en el que se reúnen palabras referentes a un libro determinado (p. ej., vocabulario del Cid), o a un campo determinado de léxico (p. ej., vocabulario de la pesca); glosario, que contiene voces poco conocidas o desusadas y su explicación; léxico, que en la Antigüedad significó la colección de palabras raras o de formas difíciles, y que en la actualidad es un catálogo de voces empleadas en una obra o por un determinado autor (p. ej., el léxico de Góngora).Es difícil señalar los límites que existen entre d. y enciclopedia (v.). El fin del d. es primordialmente el de definir, en los términos más estrictos, para establecer la relación entre la palabra y su significación; mientras que la enciclopedia, donde se incluyen todas las ramas del saber humano, tiene como objeto la descripción minuciosa, proporcionando una primera información general. Como los caracteres de uno y otra no están del todo definidos, es frecuente que algunas obras participen de las condiciones de ambos, como lo prueba la existencia de d. enciclopédicos, obras de carácter híbrido.Para la ordenación de las voces de un d. se pueden seguir diversos criterios; el orden alfabético es el más general; los grandes d. siguen esta disposición, y procuran registrar las variantes, estableciendo el enlace de unas palabras con otras mediante el envío. Al hacer las definiciones de las diversas variantes o acepciones de un vocablo, el lexicógrafo se encuentra con no pocas dificultades. Por lo general, los vocablos más simples y de mayor uso encierran mayor dificultad para su acertada definición. Las varias acepciones de una palabra plantean también sus problemas en la ordenación; en este sentido el principio más sólido es aquel que aúna el criterio lógico con el histórico (p. ej., `vira’: 1, saeta de ballesta de punta muy aguda; 2, a, tira de tela, o badana, para reforzar el zapato, cosida entre la suela y la pala; 2, b, franja o galón con que las mujeres adornan los vestidos). La ordenación etimológica por raíces coloca juntas todas las palabras del mismo origen, y es de gran provecho para el estudio y conocimiento de una lengua. El d. puede presentar también una estructura basada en el orden de palabras por ideas afines;estos d. ideológicos (p. ej., Diccionario ideológico de la lengua española de julio Casares) son de una gran utilidad para el escritor.Historia del género. La lexicografía remonta sus orígegenes a los tiempos clásicos. Marco Terencio Varrón (s. i a. C.; v.) fue uno de los primeros gramáticos latinos que se ocupó del léxico; en uno de los 25 libros de que se compone su tratado De lingua latina estudia la analogía, origen y diferencia de las palabras. En los tiempos de Augusto, el gramático Verrio Flaco compuso un d. en 20 libros, De verborum significatione. A S. Isidoro de Sevilla (v.) (ca. 560-636) se le debe una erudita recopilación, las Etimologías, fuente máxima del enciclopedismo medieval y objeto de una gran difusión europea. Del s. xin es el Catholicon de Balbi, una de las mejores compilaciones de la Edad Media, especie de enciclopedia latina que incluye una gramática, una retórica y un vocabulario. Los comienzos de la lexicografía moderna tienen como punto de partida los Glosarios medievales, de los que se han conservado un elevado número, especialmente de los s. xiv y xv.Los estudios lingüísticos, y con ellos la lexicografía, recibieron una notable atención de los humanistas del Renacimiento, periodo en que se suceden una interesante serie de d. Al italiano Mario Nizolius se debe el Thaesaurus Ciceronianus (1535) de enorme difusión hasta el s. xix. Años antes, el francés Robert Estienne había publicado su Thaesaurus linguae (1531) referido al latín, y su hijo Henri Estienne (1531-98) publicó su célebre Thaesaurus graecae linguae (1572), que constituye un verdadero tesoro de erudición. Antonio de Nebrija (v.) compuso en 1492 el primer d. español, Vocabulario de romance en latín, en el que se proponía sólo facilitar a los españoles un instrumento para el aprendizaje del latín. Otros autores, extendiéndose al aprendizaje de las lenguas extranjeras entre españoles, o del español entre extranjeros, siguieron esta modalidad; entre ellos sobresale el gramático francés César Oudin con su Tesoro de las dos lenguas, francesa y española (1607), elaborado especialmente con textos literarios. De principios del s. Xvii son otras obras que tienen distintas preocupaciones: pretenden ofrecer la etimología del vocablo, y registran modismos, refranes, citas literarias y usos especiales de las palabras definidas; en esta línea está el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias (1539-1612), el mejor d. español que se imprimió antes del de Autoridades de la Academia, y cuya consulta es hoy todavía útil para la interpretación y comentario de nuestros clásicos.Obra fundamental en la historia del d. es el Vocabulario degli accademici della Crusca, comenzado en 1591 y publicado por primera vez en 1612. Esta obra básica, fundamentada sobre todo en la lengua literaria, llegó a ser durante mucho tiempo el código del italiano; presentaba de cada palabra varios significados y su correspondiente traducción en latín y griego, y quedó como modelo de d. preceptivo para los principales vocabularios europeos de los s. XVII y xvtii. Con un sentido más normativo, la Academia francesa publicó su Dictionnaire de la langue f ranCaise (1694), que pretendió codificar el buen uso de la lengua, basado especialmente en los escritores de la Francia de Luis XIV. La Academia Española de la Lengua publicó su Diccionario de Autoridades (1 ed., Madrid 1726-1739, 5 vol.), más cercano al de la Crusca, pero sin abandonar el afán normativo de los franceses, aunque con un criterio menos estrictivo y mayor caudal léxico; tenía como base de autoridad a los autores que, a juicio de la Academia, han tratado la lengua española con la mayor propiedad y elegancia; proporcionaba pocas etimologías para no caer en error, admitía provincianismos de distintas regiones y apuntaba pocos sinónimos. De todas formas es una obra de valor consultada todavía. Las ediciones posteriores siguen el mismo plan, pero no citan los ejemplos de autoridad. A partir de la edición de 1817 se introdujeron reformas ortográficas. Todos estos d. tienen un criterio selectivo y están concebidos como "tesoro de la lengua"; el de la Academia Española, que recoge más voces, admite menos de 70.000.El s. xix señala otros caminos a la lexicografía; se empieza a considerar el d. no tanto como guía de buen uso, cuanto como resumen de una documentación del uso de la lengua en su totalidad. El Diccionario alemán de los hermanos Grimm, comenzado en 1838 y publicado en 1852, de acuerdo con los principios historicistas de la Lingüística del s. xix, inicia la idea, hoy admitida, de que la lexicografía debe hacer la historia y no la crítica del lenguaje. El New English Diccionary de Oxford, comenzado en 1858 y publicado en 1886-1928, que había venido a sustituir al Diccionario (1755) de Samuel Johnson -aparecido bajo los esfuerzos del partido purista y culterano que pretendía fijar las reglas del lenguaje culto, ya que no existía una Academia en Inglaterra y era necesaria una autoridad de primer orden que guiara la opinión pública en materia léxica- está compuesto siguiendo un criterio del d. total, con más de 400.000 vocablos; este d. por su extensión y estructura realiza casi por completo las exigencias de la lexicografía moderna.En el dominio románico, se considera la obra más importante el Diccionari catalá-valen cia-balear (10 vol.), a cargo de A. M. Alcover, F. de B. Moll y M. Sanchis Guarner, repertorio de todo el léxico catalán (dialectal, literario, antiguo, actual), con etimologías, datos etnológicos, etcétera. Se comenzó en 1901 y se publicó entre 1926-62.En la actualidad abundan los d. especiales de determinadas artes, ciencias y oficios (p. ej., d. de mitología, geografía de términos filológicos), que no sólo definen los vocablos técnicos de su especialidad, sino que se extienden en los temas indicados en cada artículo, a modo de enciclopedias. De entre estos d. especiales destacan los biográficos; el d. italiano Bompiani (publicado también en España, Diccionario literario de obras y sus personajes de todos los tiempos y países, Barcelona 1959-1964, y Diccionario de autores de todos los tiempos y de todos los países, Barcelona 1963-1964, 15 vol. en total) es uno de los más modernos, y puede ser considerado como modelo en su género. En los d. de Literatura se ordenan por relación alfabética los autores de una determinada literatura, con un resumen biográfico, relación comentada de sus obras y reseña crítica de las mismas; puede servir de ejemplo el Diccionario de Literatura española publicado por la Rev. deOccidente (3 ed., Madrid 1964). Hay que destacar especialmente en el campo lingüístico el Diccionario crítico-etimológico de la lengua castellana (4 vol.), publicado entre 1954-57, de Joan Corominas, en donde se estudia la evolución, primeros testimonios escritos de cada palabra, etc.V. t.: ENCICLOPEDIA.P. M. PIRERO RAMFREZ.
BIBL.: 1. CASARES, Nuevo concepto del Diccionario de la Lengua y otros problemas de Lexicografía y Gramática, Madrid 1941; fD, Introducción a la Lexicografía moderna, Madrid 1950; R. MENÉNDEZ PIDAL, El diccionario ideal, en Estudios lingüísticos, Madrid 1961.
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