Descubrimientos Geográficos 1 GEOG.
Categoria:
Geografía
Preliminares. Por d. g. se entiende en este artículo "cada uno de los avances importantes que jalonan el proceso de conocimiento de la superficie del planeta y el progresivo perfeccionamiento de la imagen física del globo terráqueo". Su trayectoria es realmente la Historia Universal, mirada desde la perspectiva de la expansión geográfica.Constituyen un proceso, que no se interrumpe nunca aunque tiene un ritmo en el que hay épocas de gran celeridad y otras de lentitud o abandono. Se refieren a la superficie del planeta; otras ciencias (geología, geodesia, geofísica) estudian el mismo objeto desde otras perspectivas, mientras que la apertura humana hacia los espacios siderales cae fuera de lo geográfico estricto. La imagen física del globo en su conjunto está, en cambio, unida de modo inseparable al concepto de d. g., ya que el hombre, según fue conociendo cómo eran los espacios más próximos que descubría, los iba integrando mentalmente en una idea general de la tierra, que sirvió siempre de punto de partida para los adelantos posteriores, y las sucesivas noticias. Así, las descripciones de la ecumene, las cartas geográficas y náuticas, los portulanos, los mapas son los hitos gráficos del proceso de los d. g.Es éste un saber de profundo interés humano, pues la salida de un pueblo cualquiera desde su paisaje natural originario hacia zonas antes desconocidas, y consideradas como hostiles, entraña un enfrentamiento con las magnas dificultades puramente físicas que a la vida estable de los grupos humanos ofrecen los mares, los desiertos, las montañas. Esta lucha con las magnitudes gigantescas de la Naturaleza proporciona grandiosidad al proceso histórico de los d. g.: ocupación del África, de Siberia, de las grandes cordilleras y planicies americanas, de los océanos, de las regiones polares.Desde las grandes visiones sintéticas de la Historia (Spengler, Pirenne, Toynbee, etc.), se ha hecho general la conciencia de que la cultura de Occidente es sólo una, si bien la principal, entre las demás culturas: Extremo Oriente (China, Japón, Indonesia), India, África negra, América prehispánica, Polinesia. La empresa de ponerlas en contacto entre sí ha sido, de hecho, realizada casi exclusivamente por pueblos europeos occidentales. La actual teórica igualdad de derechos en la vida internacional no oscurece dicha verdad histórica.Pirenne ha dividido el pasado humano en dos grandes ciclos sucesivos, cada uno con tres eras notoriamente paralelas, cuya sucesión viene determinada por el predominio alternativo de continentes o de mares. He aquí su esquema:Ciclo antiguo: a) era continental (hasta el s. iv a. C.): Imperios del Oriente antiguo (egipcios, asirios, persas y hegemonía ateniense); b) el mar frente al continente (s. Iv al i a. C.): humanismo helenístico y romano contra partos, India y China; c) la era de los Imperios (s. i a. C. al vii d. C.): Imperios romano y bizantino, China Han, Imperio sacio o escita (v.), Persia sasánida.Ciclo medieval y moderno: a) era continental (s. vil al xv): la Edad Media (Islam, Sacro Imperio romanogermánico, mongoles, feudalismo occidental); b) el mar frente a los continentes (s. xvi al xx): nacionalidades modernas y hegemonía mundial de Europa, grandes descubrimientos transoceánicos y liberalismo marítimo, civilización atlántica frente a poderes continentales euroasiáticos; c) hacia una nueva era de Imperios (1939 en adelante): reagrupación de los pueblos en grandes civilizaciones.Este esquema puede ser ajustado y rectificado, pero aclara que la dialéctica del proceso histórico está condicionada precisamente por el factor mar. El ritmo del comercio y de los grandes viajes va descubriendo toda la tierra, y el mar aparece como el gran vehículo de la intercomunicación de las culturas y de la universalización en la vida de los hombres. Los pueblos que destacan en la tarea de los d. g. son los de las civilizaciones marítimas. En la Antigüedad, frente al quietismo de Mesopotamia o Persia y aun Egipto, está el dinamismo de fenicios y griegos. En la Edad Media, frente a la Europa germánica y la estática China, encontramos a vikingos, musulmanes y mediterráneos (venecianos, genoveses, catalano-mallorquines). En la Modernidad, los pueblos de la fachada atlántica de Europa (portugueses, castellanos, ingleses, holandeses) conducen la expansión, frente a la actitud estrictamente receptiva de América, África, Asia y Oceanía.Periodos de la historia de los descubrimientos. Establecido que los grandes viajes y d. g. son una empresa de los pueblos de Occidente, su punto de partida preciso es la expedición de los hermanos genoveses Vivaldi (1291) que, cuatro años antes del regreso de Marco Polo (v.), fueron los primeros occidentales del Medievo que emprendieron la salida exploradora hacia el Atlántico. Antes hay casi 5.000 años durante los cuales el Mediterráneo y Europa se articulan históricamente como ámbito geográfico conocido. La fecha final de aquella empresa es el s. XVIII. Después hay exploraciones en el interior de zonas geográficas ya perfiladas.He aquí el esquema peculiar de la historia de los d. g.: Antecedentes: a) el Mediterráneo oriental y el mundo griego (3500 a146 a. C.); b) el mundo romano (146 a. C. a 476 d. C.); c) la Alta Edad Media y el s. xill (476-1291). Ciclo de los marinos mediterráneos (1291-1415). Genoveses y peninsulares abren brecha en el espacio africano-atlántico.Ciclo lusitano-hispánico (1415-1570), con dos etapas. En la primera, la política descubridora portuguesa, planeada por el infante D. Enrique (v. ENRIQUE EL NAVEGANTE), lleva la iniciativa y encuentra el camino hacia la Especiería por el cabo de Buena Esperanza. Tras el hallazgo de América, las coronas de Castilla y Portugal se reparten en Tordesillas (1494) los caminos mundiales del mar. Los portugueses circunnavegan África, dominan el Indico y llegan a Insulindia. Los castellanos encuentran el camino de Occidente cerrado por la barrera continental de unas tierras a las que llaman Indias y luego América. Su acción descubridora allí se articula en tres etapas: a) del Catay al mar del Sur (1494-1513); b) la época de las grandes conquistas (1513-36); c) la expansión geográfica en núcleos localizados (1536-70).Ciclo de predominio naval inglés y holandés y de expansión rusa (1570-1750). Los pueblos nórdicos de Europa buscan los pasos del NO y del NE, atacan las líneas comerciales del Imperio hispánico, y se establecen en Norteamérica y en el Oriente asiático. Mientras tanto, los rusos ocupan Siberia, hasta las fronteras de China.Ciclo de las exploraciones científicas (segunda mitad del s. xviii). Es el momento de las largas navegaciones hechas con propósitos y con medios científicos: Byron, Bouganville, La Pérouse, Dumont d’Urville. Sobre todos, James Cook (v.), en sus tres viajes, es "el ordenador de las tierras oceánicas".Exploraciones complementarias. Descubiertos a fines del xviil todos los océanos y los cinco continentes, quedan: a) la exploración del interior de África, Asia y América (s. xix); y b) la de las regiones polares (s. xx).Descubrimientos en el Oriente antiguo. Tras los Imperios del Oriente antiguo, la cultura occidental vive dos épocas bien caracterizadas: predominio del pensamiento y de la belleza (mundo griego), y del Derecho y el poder (mundo romano).En el IV milenio a. C. se instaló entre el Tigris y el Éufrates el pueblo sumerio (v. SUMERIA t), ni ario ni semita, al que la historia de Occidente debe los dos grandes inventos básicos de todo transporte: la rueda y la vela, cuyo más antiguo modelo es un barco en tierra cocida, encontrado en una tumba de Eridu (Iraq), de hacia 4000 a. C. Los semitas de la región norteña llamada Acad (v. ACADIOS I) se extienden a comienzos del 111 milenio hasta Siria, se asoman al Mediterráneo, y cuando gentes venidas de Amurru (v. AMORREOS) fundan Babilonia (2225; v.), la región de los dos ríos constituye una potencia continental comparable al país del Nilo. Cuando los asirios (v. ASIRIA t) dominan Siria, Samaria y el territorio sumerio sobre el golfo Pérsico (729 a. C.), aparecen en los bajorrelieves los dos tipos principales de barcos. Uno de transporte, con remos y un mástil para vela, alta popa y proa en cabeza de caballo; así fueron los que traían las maderas para el palacio de Sargón II. El otro, de guerra, con agudo espolón en proa, es el de la flota de Senaquerib (s. vii a. C.), quizá tripulada por gentes fenicias.El Egipto histórico (v. EGIPTO Iv), por su parte, es el valle del Nilo hasta la primera catarata. Entre la primera y la segunda está Nubia. Más al S comenzaban Sudán y Etiopía. Las primeras dinastías tuvieron su centro en Menfis, en el delta, y luego pasó a Tebas, en el Alto Egipto. La colonización egipcia penetró cada vez más hacia el interior, y hubo no sólo un Sudán sometido -el país de Kus-, sino una Etiopía colonizada, con capital en Meroe, quedando el valle explorado hasta la sexta catarata, aunque sin alcanzar la confluencia de los Nilos Blanco y Azul, pues éste fue ignorado incluso por Heródoto. La salida del valle era el Mediterráneo, por el que navegaron desde Biblos los 40 navíos, cargados de maderas de cedro, que hizo venir el faraón Snefru (IV dinastía de Tinis, ca. 2750). Desde entonces, la principal ruta del comercio egipcio con Asia, en particular Mesopotamia, iba desde el delta a los puertos fenicios. Por otra parte, los barcos egipcios de la navegación fluvial tenían forma de piraguas, con proa y popa simétricas y muy elevadas, movidos a remo.Dos son las grandes navegaciones egipcias conocidas. La expedición enviada por la reina Hatsepsut (1493 a. C.) al país del Punt (costa de Arabia o quizá Somalia), con cinco navíos de 40 remeros, a buscar oro, mirra e incienso para el culto, además de otros productos exóticos, que están representados en los relieves del templo de Doir el Báhari (v.). En la dinastía XXVI (Imperio de Sais), el faraón Necao II, rival de Nabucodonosor de Babilonia, envió (600 a. C.) una expedición de barcos fenicios guiados por pilotos árabes, para circunnavegar África, en lo que se dice que tardaron tres años. El comercio mediterráneo, mientras tanto, mantenido con el delta por los navegantes de Creta, simboliza la conexión permanente con el mundo griego.La primera civilización no continental sino marítima aparece, en efecto, en Creta (v. CRETA II), coincidiendo con el esplendor minoano (3000 al 1200 a. C.). Su centro fueron los palacios famosos de Cnosos, Mallia y Faistos. Desde allí establecieron su dominio sobre el Peloponeso, Argólida y Laconia, y navegaron hasta el mar Negro y el Adriático, para recibir de las caravanas el estaño de las Casitérides y el ámbar del Báltico, que dan nombre a las máximas rutas mercantiles del Occidente antiguo.Hacia el 1200, la invasión doria aniquila a los cretenses aqueos, y la iniciativa pasa a otro pueblo costero: los fenicios (v. FENICIA), en el s. xii a. C. Sus establecimientos, escalonados al sur del Líbano, sobre islas o promontorios del litoral, empujan a este pueblo hacia el mar y le desinteresan de toda colonización interior. Llegaron a ser hasta 25 ciudades, con bastante población, cuya hegemonía tuvo primero Biblos, y luego Sidón y Tiro (apogeo entre 1000 y 500 a. C.). Por el Bósforo llegaron hasta el Cáucaso y fundaron Sínope; por Oriente, hasta el oasis de Palmira; en Egipto, hasta Bubaste y Sais, y tuvieron un gran barrio en Menfis. Por Occidente, Sicilia, Cerdeña, África, y se establecen en Túnez (Cartago) y Cádiz, pues les atrajo sobre todo Tartessos (v.), donde buscaban el cobre de Riotinto y la conexión con la ruta del estaño. Sus navíos son de proa elevada con cuello de cisne, y también galeras con dos filas de remos. Con ellos sirvieron a Salomón, a Senaquerib y a los faraones, con los cuales explotaron el oro de Ofir y el marfil de los elefantes africanos.Tras egipcios y fenicios, la tarea de los d. g. es asumida brillantemente por los navegantes griegos. Hacia 1200, llega a Grecia (v. GRECIA Iv) una última oleada de pueblos, los dorios (v.), de origen indoeuropeo, procedentes de Iliria. A la Edad del Bronce mediterráneo, sucede la del Hierro. Dominan el Peloponeso y empujan a los aqueos (v.) hacia la costa de Asia Menor (Jonia en el centro, Eolia al N y Dórida al S).Entre el s. vlli y el vi a. C., inmediatamente antes del siglo de Pericles, es cuando los griegos desarrollan de modo colosal su potencialidad histórica, que siembra por todo el Mediterráneo numerosas colonias, altamente beneficiosas para la historia humana. En general, son independientes de las ciudades originarias de sus fundadores, aunque a veces ocurre lo contrario, en caso de puestos de origen militar. Los grupos más florecientes son Sicilia (Siracusa, Mesina, Agrigento) e Italia (Síbaris, Tarento, Cumas, Nápoles). En Egipto, Naucratis, y más al O, Cirene y otras, primeras poblaciones de Cirenaica. El Ponto Euxino se convierte en un lago griego, con centro en Sínope, y allí tomaron contacto con los pueblos eseitas y tauros; la leyenda de los Argonautas parece encerrar el recuerdo de expediciones aqueas al Cáucaso.Un símbolo de esta diáspora es la leyenda de Colaios de Samos (s. vii), que transmite Heródoto. En viaje desde las Cícladas a Egipto, Colaios habría sido desviado y forzado por un gran viento del E que le empujó más allá de las columnas de Hércules, guiado por un dios, arribó a Tartessos, donde fue magníficamente recibido, y regresó con un cargamento comercial.En Galia y España la colonización griega fue obra de emigrantes de Focia (v. FOCENSES), ciudad de Jonia. El principal establecimiento fue Marsella, y luego Niza, Antibes, Mónaco y, ya en Cataluña, Rosas. De Marsella supone Schulten que salió otro famoso navegante, Eutímenes, cuyo periplo (s. vi a. C.) sería el relatado 10 siglos más tarde (s. Iv d. C.) en la Ora Marítima del poeta latino Rufo Festo Avieno. De Marsella salió también (ca. 330 a. C.) la expedición de Piteas a los países del estaño; con dos trirremes, llegó a las islas Británicas y luego a la isla de Tulé (Islandia), que describe entre brumas de un océano lleno de hielos, el "pulmón marino", que Piteas afirma haber visto con sus propios ojos en los confines más remotos del mundo. Un siglo antes (mediados del v) se suponen hechos los periplos cartagineses de Hannón e Himilcón, a las costas atlánticas de África y Europa respectivamente, enviados por el Senado. El segundo parece más inseguro. Hannón habría llegado hasta la región de Cerné (Guinea), quizá para sustituir la antigua colonia fenicia de Lixus (sur de Tánger) como nudo del comercio del oro con Sudán, mediante una ruta directa desde el Níger y el Senegal a Cartago (v. CARTAGINESES).Los barcos griegos son de dos tipos. El de comercio, parecido al fenicio, ventrudo y movido sólo a vela. Y el de guerra o piratería, usado en las exploraciones, con remos en una, dos o tres filas superpuestas, como las trirremes (170 remeros y 35 m. de eslora), con una vela además, cuadrada, única que durante la Antigüedad se usó en el Mediterráneo; los más rápidos eran los pentecóntoros, de 50 remeros, muy usados por los focenses.Cuando esta expansión marítima había sido lograda, aparece en las tensiones políticas de Grecia un poder norteño: Macedonia (v. MACEDONIA ii), que encuentra su conductor en Filipo. Su hijo y sucesor, Alejandro Magno (v.), discípulo de Aristóteles, protagoniza el empuje del helenismo hacia Asia. Desembarcado en Troya (334 a. C.), vence sucesivamente en el Gránico y la llanura de Issos, conquista Siria y Egipto, domina a Babilonia en Arbelas, y aniquila la resistencia persa en Bactriana y Sojdiana, más allá del territorio de los partos, llegando hasta las fronteras del Indo. Murió en el 323 a. C., y su Imperio, aparte las regiones europeas, quedó dividido entre el reino de los Seléucidas (Asia) y el de los Ptolomeos (Egipto). El primero duró siglo y medio hasta que fue conquistado por los partos (164 a. C.), mientras que Egipto fue tres siglos la sede de la gran época helenística de la cultura griega, hasta la conquista romana (30 a. C.), y continuó la expansión mercantil hacia el índico.La expansión geográfica en el mundo romano. La historia de Roma (v. ROMA III) amplía muy poco los espacios geográficos conocidos y es más bien una conquista militar y ordenación política de las tierras ya exploradas. Fundada el 753 a. C., y liberada de los etruscos el 509, sus mil años siguientes se dividen en dos grandes mitades: la República (hasta el 29 a. C.) y el Imperio, cuyo creador lento y prudente es el "príncipe": Octavio Augusto (v.). La Roma republicana conquista Italia y la cuenca oriental del Mediterráneo, destruye Cartago, y el año 146 a. C. (saqueo de Corinto) jalona su indiscutible hegemonía. A partir de entonces somete España, Numidia y las Galias. Mare Nostrum. La Roma imperial, tras la conquista de Dacia (Trajano), fortifica el limes Imperii (Adriano, 117-138), cuyos trozos más típicos están en Argelia; la línea Rin-Danubio; Armenia y sobre todo el vallum Adriani y luego el vallum Antonini, para proteger la zona romanizada de Inglaterra contra los pictos o escoceses. En el interior, se construye la admirable red de las calzadas militares. Por voluntad de Augusto, Marco Agripa (v.) hace la gran medición del Imperio (44-19 a. C.), y graba el mapa de su nombre en Roma, en el porticus Pollae. También aparecen los itinerarii o listas de caminos (las estaciones de Parthia, y en especial el itinerario de Antonino, acompañado de mapas plegables, de uno de los cuales es copia medieval la tabla de Peutinger); hay asimismo itinerarios marítimos (el periplo del mar Eritreo, s. t; el stadiasmos Maris magni, s. III, sobre el Mediterráneo; y la Ora Maritima, de R. F. Avieno, s. iv).Las salidas al exterior del mundo conocido son esporádicas. La flota de Drusus (4-6 a. C.) costeó el mar del Norte hasta Jutlandia, y a fines del s. 1 (80 d. C.) la de Agrícola circunnavegó las islas Británicas. Por tierra, partiendo del Danubio fue a la costa del ámbar, Prusia oriental, en tiempos de Nerón, un caballero anónimo, sin duda, por la antigua ruta de las Puertas de Moravia y de Silesia. Con las estepas rusas hubo contactos de comerciantes griegos desde el Bósforo. En el Sahara, Julius Maternus llegó hasta Etiopía, que también alcanzaron dos centuriones enviados por Nerón para descubrir las fuentes del Nilo y la razón de sus crecidas. Pero la principal disección expansiva del mundo romano fue por el mar Rojo, en busca del comercio árabe del marfil y de los esclavos, y hacia el océano Eritreo, donde, una vez descubiertos los vientos monzones, los navegantes romanos enlazaron los puertos egipcios y arábigos con las bocas del Indo, Ceilán y Malabar, y desde allí empalmaban con los marinos del Indo, que llegaban hasta Indochina y lava. El interior de Asia permaneció casi cerrado, y mucho más el espacio de la China Tsin (v.), de cuyo aislamiento es símbolo "la gran Muralla" (215 a. C.), y luego la China Han (v.), sólo conectadas con Occidente gracias a la "ruta de la seda".2. La imagen antigua del mundo. Las primeras concepciones geográficas griegas son las de los jonios y pitagóricos (s. viti-vi a. C.). En Jonia nace la Geografía (v.). Tales de Mileto (v.), uno de los siete sabios de Grecia, intuye la esfericidad de la tierra, y Anaximandro de Mileto (550 a. C.; v.) construye el primer mapa que se conoce, circular, dividido por el Mediterráneo; su discípulo Hecateo de Mileto es "el padre de la Geografía occidental", al añadir al mapa de su maestro un tratado teórico; para todos ellos el mundo era un disco plano que flotaba sobre un mar inmenso. Los pitagóricos, en especial Parménides de Elea (v.), argumentaron la idea de la tierra esférica.Tras la difusión del helenismo, el centro del saber es Alejandría. El director de su Biblioteca, el gran Eratóstenes de Cirene (v.), escribe la primera obra titulada Geografía y un mapa mundi, que simbolizan las ideas del s. iii a. C. Luego Aristarco de Samos (segunda mitad s. tit a. C.) alcanza la concepción del sistema heliocéntrico. Más tarde (s. ii) continúan Hiparco de Nicea (v.), el estoico Posidonio de Apamea y Crates de Malos, autor éste de la curiosa hipótesis que dividía al mundo en cuatro continentes, dos en cada hemisferio, de los que tres quedarían por descubrir.En el mundo romano, las concepciones del orbe de los años augusteos son las de Plinio el Viejo (v.) (Historia Natural), Pomponio Mela (v.) (De situ orbis), y Estrabón (v.) (17 libros de su Geografía), que prescinde de elucubraciones teóricas y se concentra en la descripción del espacio habitado. Pero el gran geógrafo romano es Claudio Ptolomeo (mediados s. ii d. C.; v.); su Síntesis astronómica imperó en la Edad Media y los árabes la llamaron Almagesto ("el gran libro"); para él, la tarea geográfica consiste en fijar la latitud y longitud de todos los puntos conocidos del globo y dibujar con arreglo a ello las cartas. Ptolomeo es el punto de arranque de la cartografía (v.) universal. Como alejandrino, conoce mejor el ambiente oriental que el Occidente, pero su equivocación más famosa y afortunada fue calcular la circunferencia terrestre no en 240.000 estadios, como había pensado Eratóstenes, sino en los 180.000 de Posidonio (28.000 Km.), es decir, más pequeña la esfera y más grande el arco explorado, idea que la Edad Media aceptó por su autoridad, y dio pie al fecundo error de Colón.El mundo de la más alta Edad Media (s. VI-VIII). Sumergida Europa por las invasiones, se inician la evangelización de Germania e Irlanda, las fundaciones de monjes irlandeses (leyenda de S. Brandán), y los viajes a Jerusalén en busca de reliquias. Occidente está drásticamente separado de Oriente, en donde de la China Tang sólo consta que saliese el peregrino Yuang Tsang, convertido al budismo, que visita la India y los lugares santos de su nueva religión; tras él se produce la entrada del budismo y del nestorianismo en China (V. CHINA IV-VII). La zona de contacto entre los dos mundos altomedievales separados son Bizancio y la Persia sasánida, hogar del maniqueísmo y refugio de la iglesia nestoriana.A comienzos del s. vii nace el Islam. Mahoma (v.), mercader en su juventud, galvaniza a las norteñas tribus del desierto arábigo. A su muerte (632) toda Arabia (V. ARABIA II) estaba pronta para realizar su unidad política. Tras los primeros califas, los Omeyas (v.) trasladan la capital a Damasco, arrebatan a Bizancio el señorío del Mediterráneo, y llegan por África y España hasta Poitiers, donde Carlos Martel (732) logra detener la marea musulmana. Europa seguiría siendo cristiana, y el Islam se vio desplazado hacia el Asia anterior. Cuando los Abbasíes (v.) instalan su centro de poder en Bagdad, el Islam deja de ser árabe y se sitúa frente a frente de los turcos centroasiáticos y de los antiguos reinos indoeuropeos. Más allá están los khanatos mongoles, limítrofes de China. Bizancio (v.), el Imperio romano de Oriente, queda reducido a un reino griego.En estos siglos no hay ciencia geográfica. La tradición oriental se simboliza en el monje egipcio Cosmas Indicopleustes (hacia 530, Topograf la christiana), y la sabiduría occidental en S. lsidoro de Sevilla (v.; Orígenes o Etimologías, 627-630; De natura rerum; etc.).Mediodía del mundo medieval. Invasiones y cruzadas. Marco Polo. Ibn Batriita. Durante los s. ix y x, el Imperio carolingio (v. CAROLINGIOS I) es la clave sociopolítica de Occidente, pero el Mediterráneo no es ya un lago de cultura homogénea, pues el califato abbasí de Bagdad realiza la fórmula oriental de la civilización musulmana.En este panorama se descuelga sobre la cristiandad una segunda oleada de invasiones. Desde Oriente, los eslavos (v.) que están en las estepas europeas desde el s. vii; tras ellos vendrán los jinetes del Caspio (búlgaros y kázaros, petchenegos y cumanos; a fines del Ix, los magiares); con ellos, las regiones de Rusia meridional hasta el Danubio entran en la vida económica mediterránea. Desde la Escandinavia atlántica llegan los vikingos, hasta Sicilia. Desde África continúa presionando el Islam. Son los siglos románicos.El pueblo navegador más famoso de la Edad Media es el de los vikingos (v.). A partir del s. vill se dibujan en Escandinavia tres nacionalidades: los suecos o varegos, que comercian con Rusia y Bizancio a través del Dnieper; y los vikingos, divididos en noruegos y daneses. Los noruegos, desde fines del s. ix, colonizan los archipiélagos del norte de Escocia, Irlanda, y sobre todo Islandia, la antigua Tulé, hacia Groenlandia y el espacio americano. Su epopeya islandesa está recogida en el Landnámabók o libro de los asentamientos. Los daneses, mejor organizados, ocupan Normandía e Inglaterra, y atacan las costas atlánticas de Europa (Galicia, Portugal, Andalucía musulmana) hasta el Mediterráneo. Violentos, audaces y sin estimar riesgos, viven y se entierran en su típico barco: el drakkar.Las sagas o leyendas vikingas cuentan cómo un barco noruego que iba a Islandia (poco después del 900) fue arrastrado a Groenlandia. Casi un siglo después, Erik el Rojo inició su colonización en la costa Sureste; en dos asentamientos llegó a haber 3.000 personas. Hacia el 1000 otro marino, Bjarni, divisa tierras al O; un hijo de Erik, Leif Ericson (v.), inicia los contactos y, en otras dos expediciones, sus hermanos, Thorvald y Thorstein, intentan sin éxito la colonización. Las fuentes hablan de otra expedición de comienzos del xt, la de Thorfim Karlsefni, con tres barcos, ganado y 160 hombres. Sin base suficiente, se ha querido relacionar con esta epopeya americana algunos testimonios materiales (la "piedra de Kensington", la llamada Dighton Rock, y el mapa referente a un Leif Gnúpsson, publicado por la Univ. de Yale en 1965). En resumen, el verosímil contacto de los vikingos con la costa americana no ha dejado huella tangible alguna, hasta ahora conocida.Mientras tanto, la talasocracia musulmana en el mar de Omán tiene su arquetipo en Simbad el Marino, protagonista imaginario de los cuentos de Las mil y una noches. El mecanismo eólico de los monzones encontró su primer teórico en el viajero de origen árabe al-Mas’iidi (m. 956). Los dinares de oro se hicieron moneda universal. El s. xi es para el Islam la época de gran anarquía. Pero en la primera mitad del x<< surge el más grande geógrafo musulmán: al-Idrisi (v.). Malagueño nacido en Ceuta y educado en Córdoba, visitó desde Inglaterra hasta Asia Menor, y construyó en Sicilia para Roger II un planisferio y un libro que lo acompañaba (El libro de Roger, mal llamado en los siglos modernos Geografía nubiense).Durante el s. xii -época de S. Bernardo y las Cruzadas- la cristiandad occidental intenta reconquistar los Santos Lugares. La decadencia naval musulmana había dado paso a la supremacía de Venecia en el Adriático, ruta a Bizancio, y de Génova y Pisa en la cuenca occidental. Barcos panzudos trasladan tropas de hierro, con escudos y banderolas. El reino cristiano de Jerusalén fue reconquistado por los turcos a mediados del xii. El Imperio latino (v.) de Constantinopla fue un paréntesis (1204-61). Las Cruzadas (v.) terminan a mediados del xin, cuando S. Luis IX de Francia (v.) muere luchando contra los musulmanes de África. Corresponderá al comercio veneciano abrir las rutas del Oriente asiático. A principios del s. xiii, Gengis-Khan (v.) había construido un Imperio mongol; por un lado ocupó y arrasó Pekín (1215), y por otro llegó a las fronteras de Europa (1222); en un segundo empujón, sus sucesores, vencedores de los príncipes cristianos coaligados en Lignitz (1241), tienen a su merced toda Centroeuropa; la muerte del gran khan Ügedei les orienta, sin embargo, contra China y contra el califato de Bagdad.El movimiento religioso y cultural del franciscanismo comienza a enviar embajadas al poder mongol (v. MONGOLES): Juan de Plan del Carpino (Historia Mongolorum), Guillermo de Rubruck. Por último, desde el establecimiento veneciano de Sudak (Crimea), Mateo y Niccoló Polo se adentran hasta Bolgar, y de allí con una embajada tártara van a fánbalik (ciudad del Khan), es decir, Pekín, donde Qubilay, biznieto de Gengis-Khan, reinaba ya como soberano chino. En un segundo viaje (1271), los Polo, acompañados de Marco, hijo de Niccoló, salen de San Juan de Acre por Armenia y Persia hasta Ormuz. Continúan por tierra a través de los pasos de Jurásán y la meseta helada de Pamir, y por las rutas caravaneras pasan el desierto de Gobi, hasta China. Allí los mongoles habían terminado la conquista de la China Song (v.), pero estaban siendo asimilados por la cultura vencida. Marco Polo se gana la confianza de Qubilay, que le nombra gobernador, luego le envía a la cuenca del río Amarillo, al Tibet y a las tierras meridionales de Mangit, hasta Birmania y Ammán, y por último le hace gobernador de Quimsai (Nankín), ciudad capitalísima. En 1292 acompaña a Ormuz a una princesa china, y regresa a Venecia (1295). Tras luchar, y ser vencido, contra los genoveses en la batalla de Curzola, escribe en la cárcel su obra famosísima (El libro de las maravillas, o Il milione), del que circularon por Europa centenares de copias manuscritas y ediciones impresas. A pesar de sus proverbiales exageraciones fue la primera fuente del conocimiento europeo sobre China y Extremo Oriente. Después de Marco Polo, Juan de Montecorvino (fines del xitt; v.) funda la misión de China; Odorico de Pordenone (s. xiv) conduce la embajada evangelizadora más larga a Persia y China, y Jourdain Catalani de Severac, dominico, recorre las regiones persas lindantes con la India.En el s. xiv el gran viajero musulmán es Ibn Battúta (v.), hispanoafricano, que hace dos grandes recorridos: uno a India y China, el otro al Sahara (Tumbuctú). Su figura ha sido comparada a Benjamín de Tudela (v.), el judío español que fue al Oriente cercano, para regresar por Egipto a Palermo (s. xii). Ibn Battúta, en su primer viaje, recorrió todo el Oriente islamizado, hasta Pekín, durante 22 años. Su relato, a base de recuerdos, es veraz, y tiene el arte de contar. Es un musulmán convencido, orgulloso de las enormes distancias que los creyentes de Mahoma han conquistado. En su segundo viaje de dos años va por Marruecos hasta la región de Mal¡, la alta cuenca del Níger y el Sudán, centros caravaneros del comercio del oro y de los esclavos. Es, pues, el más grande turista musulmán de Asia y del Sahara.A mediados del s. xiv, un viento de locura se desata sobre el mundo: guerra de los Cien Años (v.), hundimiento del comercio veneciano y anarquía en Asia; espantosas hambres en China, que cae bajo la fanática dinastía Ming (v.); aparición en Anatolia del Imperio otomano. En el s. xv se suceden dos embajadas castellanas al Gran Tamerlán (v.; Ruy González de Clavijo) y el viaje de Pero Tafur (1435-39), cuya crónica es un vívido relato de aventuras. El comercio veneciano con Asia produce aún la extraordinaria figura de Niccoló de Conti, que llega a lava y Borneo y quizá también a las Molucas.Los marinos mediterráneos de cara al Atlántico. Lo que en definitiva ha de ser el camino de la Especiería y de América lo inicia la expedición genovesa de los hermanos Ugolino y Guido Vivaldi (1291), que se dirigieron con propósitos comerciales a la costa africana frente a Canarias y no regresaron jamás. Tras ellos, el espacio africano-atlántico y la colonización de los archipiélagos atlánticos es inicialmente tarea genovesa. Lanzarotto Malocello llega a Canarias (1336), da nombre a su isla, y origen al mapa mallorquín de Angelino Dulcert (1339). De Génova son también las tripulaciones y barcos de la primera expedición portuguesa (1341). Poco después el Papa de Aviñón concede la investidura de Canarias al infante castellano Luis de La Cerda, arraigado en el sur de Francia.La marcha hacia el S, que es una constante de la historia europea y de la reconquista peninsular, había conducido en el s. xiii al reparto diplomático de las zonas de expansión en África entre Castilla y Aragón (tratado de Soria o Monteagudo, 1291), que establece la separación en el Muluya, quedando para Castilla toda la zona atlántica. Sin embargo, a mediados del xiv, a raíz del mapa de Dulcert, se aprestan hasta seis expediciones catalano-mallorquinas a Canarias, que no se sabe si se realizaron. De 1346 es el viaje de Jacme Ferrer, en un uxer, a la costa africana, que quedó registrado en los mapas, como el atlas catalán de Abraham Cresques (1375). A fines del s. xiv, con autorización del rey, sale de Sevilla la primera expedición andaluza a Canarias (1393), relatada minuciosamente en la crónica de Enrique 111 de Castilla. Pocos años después (1402) sale de La Rochela, con escala en Galicia y Andalucía, la expedición de Jean de Bethencourt y Gadifer de La Salle, que llegan a Lanzarote, regresan a puertos andaluces en busca de refuerzos, e imponen en Canarias (Fuerteventura) la soberanía castellana. Los caminos marítimos de la expansión europea quedan abiertos.Descubrimientos portugueses en África. Don Enrique el Navegante. Tras asegurar su independencia política, la nueva sociedad lusitana y la casa de Avis (v.) inician la expansión atlántica de Portugal, atraídas por las perspectivas comerciales y las necesidades estratégicas. La inaugura Juan 1 con la conquista de Ceuta (1415), acción bélica en la que destaca ya su tercer hijo, el infante D. Enrique. Nombrado maestre de la Orden de Avís, mientras su hermano D. Pedro viajaba por las cortes de Europa, de donde trajo un ejemplar del Marco Polo, orientó los recursos de aquella Orden militar hacia la navegación y establecimiento en las costas africanas. El primer viaje es la llegada a Porto Santo (Madeira) de sus escuderos J. GonQales Zarco y Tristáo Vaz Teixeira. Siguen un ataque a Gran Canaria (1425) y el redescubrimiento de Azores (1427). En 1431, Gil Eannes pasa el cabo Bojador, hito clave porque deshace las anteriores leyendas terroríficas. En 1434, D. Enrique se traslada al Algarbe, donde va reuniendo el estado mayor náutico-geográfico llamado "escuela de Sagres".Por estos años aparece la carabela, con proa aguzada, bordas altas y velas triangulares, cambios que hacen al barco más estable y ágil, apto así para navegaciones oceánicas. Joáo Fernandes intenta penetrar hacia el Sahara, por la región de los "azenegues". A partir de 1441 comienzan a llegar los cautivos africanos, y se funda la Compañía de Lagos, así como el primer establecimiento permanente en la costa (fuerte de Arguim, 1448). Hasta la muerte del infante (1460) nuevas expediciones recorren la costa de Guinea e islas de Cabo Verde y alcanzan la latitud de Sierra Leona. En los últimos años D. Enrique incorpora la colaboración de viajeros italianos (Usodimare, Cadamosto, De No]¡, Perestrello), y obtiene de Nicolás V la bula Romanus Pontifex (1455), jalón fundamental en el respaldo jurídico de la expansión portuguesa. Un rico mercader de Lisboa, Fernáo Gomes arrienda por cinco años a la corona el "resgate ou negocio da Guiné". Sus barcos llegan al final de Guinea (cabo Catalina, 2° lat. S) e isla de Fernando Poo. Luego, la guerra dinástica peninsular suspende las expediciones.La presencia castellana en Canarias (v. CANARIAS ni) había originado roces diplomáticos desde el Conc. de Basilea (1435). La guerra hizo que los Reyes Católicos estimularan importantes navegaciones andaluzas a Guinea. Al terminar, el tratado de Alca ovas-Toledo (1480) consagra la exclusiva portuguesa en las expediciones africanas.Periodo nuevo es el que protagoniza o Príncipe perfeito, Juan II de Portugal (v.). En la región aurífera por excelencia se funda un fuerte permanente: el castillo de San Jorge de la Mina (1481). Toda la costa del Congo es recorrida en dos viajes por Diogo Cao. Como hitos de ocupación se dejan "padrones". Hay navegaciones esporádicas hacia el interior del Atlántico (Diogo de Teyve, Tavira, el flamenco Van Olmen desde Azores). Bartolomeu Dias alcanza el cabo de Buena Esperanza (1488), el promontorio Prasso de Ptolomeo. Para entonces, Juan II, con un plan cosmográfico de gran interés, ha enviado a Pero da Colvilha y A. de Paiva a las costas del Indico y Etiopía, quemando etapas tras el comercio de la India y de la Especiería. Juan 11 tuvo la colaboración de expertos, exageradamente llamados junta dos Matemáticos. La cartografía portuguesa (fines del xv) comienza en el mapa de Cantino, hoy en Módena, y en el globo de Martim Behaim.3. Geografía y técnica náutica a fines de la Edad Media. A fines del xv, en los núcleos cultos de Europa había arraigado la idea de que la cristiandad estaba sitiada entre el Islam y los pueblos asiáticos, y la esperanza en un aliado: el Preste Juan de las Indias, personaje imaginario, primero mongol, luego chino y, finalmente, etíope, pero cristiano, adversario asiático de los enemigos de Europa. Otras leyendas, recogidas en los libros, eran la idea de la Atlántida (v.), el país del Punt, las fuentes del Nilo, las islas fantásticas del Atlántico. Su síntesis es obra del pseudónimo Juan de Mandeville (Viaje de Ultramar o Libro de las maravillas del mundo, fines del xv). Lo científico es la tradición medieval de Ptolomeo (la Astronomía o AImagesto y la Geografía), y también las Imago mundi, en especial la del cardenal francés Pedro d’Ailly, o la Historia rerum de Eneas Silvio Piccolomini, luego papa Pío II (v.). En todos ellos se afianza la idea culta de la esfericidad de la tierra, de la que es símbolo indiscutible el globo de Behaim.La astronomía se codifica en los escritos de Juan Müller Regiomontanto, del salmanticense Abraham Zacuto (Almanach perpetuum, 1475), losef Vizinho, que pasó a Portugal, y su discípulo Pedro Nunes. La cartografía mantuvo la tradición de los mapas geográficos universales, imaginarios para el interior de continentes, y añadió el tipo de los portulanos o cartas de compás, guías de navegación, y caracterizados por la red de líneas loxodrómicas. De los primeros destaca el mapa de fra Mauro (Venecia 1459). De los segundos, los venecianos (Visconte, Pizigno), genoveses (Visconte, Dalorto, Carignano) y mallorquines (Dulcert, Vallseca, Soler). La arquitectura naval se sistematiza entre galeras y naos, a la que perfecciona el tipo hermoso de la carabela. En la navegación, a la de cabotaje sucede la de altura, oceánica y astronómica. Caracterizada ésta por el uso de instrumentos náuticos perfeccionados, de los que los principales son la brújula (v.), el cuadrante, el astrolabio y la ballestilla. El descubrimiento de América. En este clima histórico de navegaciones portuguesas y andaluzas, fantasías geográfico-astronómicas, observaciones náuticas y ambiciones peninsulares de expansión, un muchacho genovés, Cristóbal Colón (v.), n. en 1451, tras una juventud de viajes comerciales mediterráneos, participa en una expedición mercantil genovesa a Inglaterra, que queda truncada por piratas franco-portugueses a la altura del cabo San Vicente (1476). Náufrago, inicia sus nueve años lusitanos (1476-85). Viaja a Inglaterra y Tulé, se casa con una hija del capitán-donatario de Porto Santo, con la que tiene su único hijo legítimo, Diego, navega a las islas de Madeira y a Guinea, lee incansable y desordenadamente, tiene noticias del mapa de Toscanelli, y concibe el plan, más rápido que el oficial portugués, de llegar al Cipango, al Catay y a la Especiería, navegando por el interior del Atlántico siempre hacia el O. Juan II de Portugal no acepta sus pretensiones.Pasa a Castilla (1485). Quizá por La Rábida y Sevilla, alcanza en Alcalá de Henares a los Reyes Católicos, que le remiten a una junta de expertos. Las urgencias de la guerra de Granada retrasan la atención real. Sobre este periodo los libros apologéticos han amontonado lirismos arbitrarios. Colón espera, tiene en Córdoba a su hijo natural Fernando, negocia con nobles andaluces, adquiere amigos en la corte y entre los frailes de La Rábida, y cuando se toma Granada y termina la Reconquista, logra de los reyes las Capitulaciones de Santa Fe (abril 1492). Nombrado almirante, virrey y gobernador, con fabulosas concesiones económicas en las tierras que descubra, apresta con la colaboración de los marinos de Palos y Moguer los tres navíos del Descubrimiento (nao Santa María y carabelas Pinta y Niña). .,ale el 3 de agosto, vía Canarias, y el 12 oct. 1492 llega a una isla de las Lucayas o Bahamas. Explora diversas islas y la costa norte de Cuba y Santo Domingo o La Española (v.), donde encalla la nao capitana. Al regreso, tras la tormenta de las Azores, Martín Alonso Pinzón (v. PINZóN, HERMANOS) arriba a Bayona de Galicia, y Colón a Lisboa, visita a Juan II de Portugal, y rinde viaje en Palos (marzo 1493), de donde va luego a Barcelona; allí los Reyes Católicos le reciben en triunfo. La bibliografía hipercrítica, nacionalista, lírica, ha complicado y oscurecido increíblemente este esquema histórico, veraz y tan sencillo.Se plantea entonces la reclamación portuguesa ante los reyes de Castilla, por violación del tratado de AlcaQovas. Se cruzan embajadas, mientras Fernando el Católico logra de Alejandro VI (v.) las bulas alejandrinas (Inter coetera, Eximiae devotionis, segunda Inter coetera, Piis f idelium, Dudum siquidem, mayo-septiembre de 1493), que respaldan el descubrimiento castellano de Occidente. Las dos coronas peninsulares pactan el tratado de Tordesillas (7 jun. 1494), por el que se reparten los espacios del Océano mediante un meridiano de polo a polo, a 370 leguas al O de las islas de Cabo Verde. El hemisferio occidental (América) queda para Castilla, y el oriental (desde la punta de Brasil, África y el Indico hasta las Molucas), para Portugal.Descubrimientos desde el supuesto Catay al mar del Sur. Diecisiete barcos oficialmente financiados transportan a Colón en su segundo viaje. Encuentran muertos a todos los cristianos que habían quedado en el fuerte de la Navidad, inician la colonización de La Española con la fundación de La Isabela, intentan navegaciones hacia el Cipango, y regresan a Castilla, donde Colón encuentra un frío recibimiento oficial. Lo concedido en Santa Fe aparece como incumplible. La corona concede permisos de navegación a particulares, si bien ante las reclamaciones de Colón da marcha atrás. Realiza el almirante su tercer viaje (1498-1500), tocando en Tierra Firme hacia la desembocadura del Orinoco, región que en sus delirios místico-geográficos identifica con el Paraíso Terrenal. Encuentra en caos La Española, donde el ensayo gubernativo de los Colón ha fracasado, y donde poco después el pesquisidor real Bobadilla (v.) detiene y devuelve a Castilla a Cristóbal Colón.Entre 1499 y 1503 se suceden los llamados viajes menores o viajes andaluces: Ojeda (v.)-Vespucio (v.)-La Cosa (v.), P. A. Niño-C. Guerra, Vicente Y. Pinzón, Diego de Lepe, Rodrigo de Bastidas-La Cosa, segundo de A. de Ojeda, etc. Todos ellos recorren las costas del Caribe, entre las Antillas y la Tierra Firme. Su resultado es que las tierras a que se ha llegado no son las próximas al Cipango y al Catay, sino una concavidad de trasfondo inseguro. Su síntesis cartográfica es el mapa de Juan de La Cosa (Puerto de Santa María, 1500). Simultáneamente han comenzado los viajes a Indias de otros europeos desde otros países. Juan y Sebastián Caboto (v.) hacen dos desde Bristol a Terranova y Labrador (1497-98). Los portugueses Juan Fernández Lavrador (1495-98) y los hermanos Corte-Real (1500-02) van también allí desde las Azores. En 1500, Pedro Alvarez Cabral (v.), en ruta hacia la India, es desviado hasta la costa brasileña, en la que desembarca y toma posesión.Américo Vespucio, un renacentista italiano, que ya había hecho un viaje con Ojeda y La Cosa, va ahora (1501-02) por cuenta de Portugal a "buscar estrecho" hacia Molucas por el Atlántico austral, al S del cabo San Agustín. Esta segunda navegación suya (se le han atribuido dos más, fantásticas) desborda hacia el S el ámbito de los viajes andaluces y supera la interpretación geográfica de Colón. Sus escritos, retocados, tuvieron enorme eco en Europa (Cosmographiae Introductio de Waldseemüller, Saint Die, 1507). Fue, pues, el "descubridor intelectual" de América, y no es arbitrario que se le diera su nombre. Aquel mismo año, sin embargo, Colón, aferrado a su error, iniciaba su cuarto ’viaje, a las costas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, en busca de un paso hacia el Catay, el Quersoneso Áureo y el Indico. Volvió derrotado y murió en Valladolid (1506), tras preparar sus reclamaciones contra la corona, que dieron origen a los famosos pleitos de los Colón.En La Española los Reyes habían hecho gobernador a frey Nicolás de Ovando (v.; 1502). La isla se convierte en primera base de la expansión por el Caribe: Juan Ponce de León (v.) a Puerto Rico, 1508; bojeo y ocupación de Cuba por Sebastián de Ocampo, 1508; Juan de Esquivel a Jamaica, 1509. Por último (1509), se inician las gobernaciones en Tierra Firme: Nueva Andalucía, entre el cabo de la Vela y Urabá para Alonso de Ojeda; y el Darién, en el istmo, para Diego de Nicuesa. Continuador de ambos, y atravesando la difícil geografía de Panamá, Vasco Núñez de Balboa (v.) descubre y toma posesión del Mar del Sur (1513). Saltada la barrera continental, pero sin encontrar el paso, los castellanos se enfrentan con un dificilísimo camino hacia la Especiería, y con un mundo a conquistar.Los portugueses en la India. Mientras tanto, el otro protagonista peninsular de los d. g. continuaba su propio camino hacia la misma meta. Doblado el extremo meridional de África, Portugal encuentra abierto sin adversarios de monta los espacios del Indico, que hasta entonces habían dominado los veleros musulmanes y dravidianos. Este momento de plenitud tiene un nombre propio: D. Manuel el Afortunado (1495-1521; v. MANUEL i DE PORTUGAL); el calificativo "manuelino" sugiere automáticamente un mundo de abundancias y de formales derroches.La expedición definitiva hacia la India es la de Vasco de Gama (1497; v.). Portugal no va a encontrarse con tribus caribeñas, sino con civilizaciones milenarias. Tres barcos de 120 t., más uno de 50 y una nao de transporte, parecidas en el velamen a la colombina Santa María, trazan un gran arco en el Atlántico Sur y consiguen un record de navegación en alta mar (1.200 millas más que Colón). Tras algunos desembarcos costeros alcanzan el norte de LourenQo Marques ("terra de Bóa Gente"), y en un brazo del Zambeze los primeros establecimientos musulmanes (22 en. 1498). Se adentran así en el secular espacio musulmán. Contactos con Mozambique; Mombasa, donde experimentan la tortuosidad del comportamiento de los árabes; Melinde, y por fin (20 mayo 1498) arriban a Capocate, dos leguas al N de Calicut. Habían alcanzado la India. Tres meses de observación en el activísimo puerto de Calcuta, y un difícil regreso en el que Gama hubo de alquilar una carabela en Azores, le devuelven a Lisboa a fines de 1499. El rey portugués añade a sus títulos el de "señor de la conquista, navegación y comercio de Etiopía, Arabia, Persia y las Indias".La traicionera acogida árabe, las humillaciones del reyezuelo de Calcuta y la densidad del tráfico marítimo mercantil, hicieron ver a los portugueses que sólo vencerían mediante la coacción impuesta por la fuerza. Continúan su tradicional procedimiento de enviar año tras año expediciones o armadas, ahora dispuestas a barrer los obstáculos a cañonazos. La conquista del lejano espacio índico exigió un titánico esfuerzo de combate. Pedro Álvarez Cabral (1500-02), tras tocar en Brasil, llega a Goa y trae el primer cargamento de especias, poco después transportadas a Amberes y repartidas por toda Europa. Joáo de Nova (1501) halla al regreso la isla de Santa Elena. Tras un segundo viaje de V. de Gama, A. de Alburquerque construye en Cochim un fuerte como el de San Jorge de la Mina. El primer virrey (1504) es Francisco de Almeida. Tristáo da Cunha (1506) halla a la ida el archipiélago austral de su nombre. La talasocracia medieval mahometana va siendo desmontada a sangre y fuego. Un golpe decisivo lo da la segunda expedición de Alburquerque, que destruye una flota árabe en Ormuz y comienza la conquista de esta plaza clave (1507). Las dos grandes víctimas de la nueva dinámica del comercio eran Venecia, condenada a la ruina, y Egipto, reducido a la insignificancia. Por eso se unen a los sultanes de la costa africana y preparan una flota combinada; pero el virrey Almeida la destruye en la victoria naval de Diu (1509), seguida de una matanza legendaria. Portugal había conquistado todo el espacio africano-índico, esto es, al O de la India. El virrey mira entonces al E, y la expedición de Diogo López de Sequeira, en la que va Hernando de Magallanes (v.), fuerza el estrecho de Malaca y llega a la fuente de las Especias. Nombrado virrey Alfonso de Alburquerque (1510-15), hace de Goa la capital de las Indias lusitanas, conquista Malaca (que será portuguesa hasta 1641, en que pasó a dominio holandés), e inicia la conexión con Molucas mediante la expedición de António de Abreu y Francisco Serráo (1511), con 120 hombres en tres barcos, en uno de los cuales Serráo llegó a Ternate, donde se estableció y vivió algunos años; el piloto F. Rodríguez levantó mapas de aquellas regiones. Para asegurarse militarmente las espaldas, Alburquerque se volvió contra Arabia y el mar Rojo, imaginó dominar por hambre Egipto desviando el Nilo Azul, y conquistó Ormuz (1515). Tras su muerte, acabaría cayendo Aden (1524). Ocupado Egipto por los turcos otomanos (1517), Portugal no pudo completar el circuito de las conquistas terrestres, pero señoreó el índico, y canalizó por mar el comercio de su Imperio oriental.La primera vuelta al mundo. El problema de encontrar un paso marítimo hacia el mar del Sur estaba planteado para los castellanos con carácter primordial, y Juan Díaz de Solís (v.) lo había buscado sin éxito por el río de la Plata (1515). Dos años después llega a la Casa de Contratación de Sevilla, con un esclavo malayo, un portugués que ha estado en las Molucas: Hernando de Magallanes, rechazado en Portugal como Colón. Él y Rui Faleiro obtienen de Carlos V la capitulación, aprestan cinco barcos con 237 hombres, casi todos castellanos aún en el ambiente cosmopolita ya adquirido por Sevilla, y la flotilla sale de Sanlúcar (20 sept. 1519). Río de Janeiro-Río de Solís o de la Plata, después del cual se toma contacto con los patagones y surge a bordo una rebelión. En octubre de 1520 entran en un estrecho abrupto. El 28 de noviembre los tres barcos que quedan se internan en el Pacífico, que recorrerán en una gran curva hacia el NNO, por lo cual atravesarán la Micronesia sin encontrar tierra alguna habitada, sólo pequeñas islas inhóspitas, hasta las islas de los Ladrones (¿Guam?) en marzo de 1521. Los detalles de la navegación los cuenta la relación de Pigafetta (v.). Filipinas (octubre). En Mazagua, junto a Mindanao, ocho hombres en una piragua entienden a Enrique, el esclavo malayo de Magallanes, primer hombre que ha dado la vuelta físicamente al mundo (marzo 1521). Junto a Cebú, en una descubierta en la isla de Mactán, muere Magallanes (abril). Los dos barcos restantes, con jefes de ocasión, recorren el mar de Joló, tocan en Brunei (Borneo), y en el mar de las Célebes se impone Elcano (v.), que en Ternate y Gilolo carga especias; allí queda el penúltimo barco, el Trinidad. El último sale por fin de Tidore (diciembre 1521), toca en Timor, y parte hacia Sevilla, que distaba 30.000 Km. A fuerza de energía inflexible y de bajas, atraviesa el Indico Sur, sobrepasa tras muchos intentos el cabo de las Tormentas, y llega a la isla de Cabo Verde (julio 1522). Perseguido por los portugueses, miedoso de los moros de la costa, con 18 marineros y a bordo una fabulosa fortuna, el 6 sept. 1522 arriba a Sanlúcar, y poco después rta Sevilla. 231 hombres han muerto, y cuatro barcos se han perdido. El Victoria es el primero que ha dado la vuelta al mundo. Su capitán es el vasco Juan Sebastián Elcano.En la historia de los d. g. está en marcha otro capítulo: el de las grandes conquistas (1513-36). Atraído por ellas, poco después (1530), tras diversas reuniones de cosmógrafos y juristas, Carlos V renunciará a las Molucas. La meta de los navegantes lusitanos del xv y xvi queda en manos de Portugal.México y la conexión con el Oriente Extremo: Filipinas. Veinticinco años después del Descubrimiento, las Indias pobres que Castilla había logrado en el Caribe alcanzaban ya una superficie de 300.000 Km’. Avanzada hacia el O es Cuba, gobernada por Diego Velázquez (v.), que inicia las expediciones hacia el país maya y mexica: Hernández de Córdoba (1517), Juan de Grijalva (1518).Nombrado por Velázquez (1518), y pronto en rebeldía hacia él, un hidalgo de Medellín, universitario en Salamanca, Hernán Cortés (v.), va a ser el modelo del tipo histórico de "conquistador" español. Con once navíos sale del cabo San Antonio (extremo oeste de Cuba) en febrero de 1519. En la costa frontera (Cozumel y Tabasco), comienza a contar con un gran aliado: los "lenguas" o intérpretes (Aguilar, Da Marina). Llegados a la Vera Cruz, renuncia a sus poderes en la hueste y recibe de ella otros, no dependientes de Velázquez: es la "revolución comunera" que está en el arranque de la Nueva España. La Confederación azteca es un grande y débil Imperio, con bolsas interiores independientes (Tlascala y otras). Carenados deliberadamente sus barcos, los hombres de Cortés no tienen posible retirada. Del otro lado, los presagios funestos han desencadenado el pesimismo y la inacción estupefacta. Por Cempoala, ascienden a la meseta del Anáhuac, y aliados a los trascaltecas arrasan la ciudad rival de Cholula (18 oct. 1519); otra alianza con el reyezuelo de Texcoco, y el paso del desfiladero entre los volcanes (Popocatépetl e Iztaccíhuatl; 3 noviembre) les coloca frente a la gran Tenochtitlán-Tlaltelolco (casi 500.000 hab.). Recibimiento resignado y fácil, de Moctezuma 11 (v.) y los suyos. Pero Cortés tiene que volver a Cempoala, donde incorpora la tropa que Velázquez ha enviado contra él; mientras tanto, la guarnición que dejó en México al mando de P. de Alvarado (v.), aislada y amedrentada, ataca locamente a la nobleza azteca reunida para una fiesta religiosa en la gran explanada del templo que presiden los teocalis de los sacrificios humanos. Vuelto Cortés, Moctezuma pierde la vida en el intento de aplacar a sus gentes, enfurecidas e innumerables. Sólo queda la huida: es "la Noche Triste" (30 jun. 1520). Tras la victoria de Otumba (7 julio), Cortés vuelve. Construye bergantines en el lago, y desde Texcoco reconquista Tenochtitlán (13 ag. 1521). Cuauhtémoc, jefe y símbolo de la resistencia azteca, es ejecutado (1525).Diversas expediciones someten las regiones exteriores de tarascos y zapotecas del istmo, y el propio Cortés hace una desgraciada salida hacia las Hibueras, mientras Alvarado conquista Guatemala, y Cristóbal de Olid ocupa Honduras (1524). Al Yucatán llegará F. de Montejo (1526), y Nuño de Guzmán somete Nueva Galicia (Jalisco) (1529). Mientras tanto Cortés ha enviado a Carlos V sus admirables Cartas de relación, pero el recelo burocrático le va cercando con funcionarios hostiles venidos de Castilla. En cambio, van llegando también los misioneros, y entre los primeros franciscanos fray Toribio Motolinia.Desde la costa del Pacífico envía Cortés expediciones al enlace con Molucas (Álvaro de Saavedra, 1527), y va él mismo al sur de California, pero cuando el Emperador renuncia a la tierra de la Especiería (1530), establecida ya la conexión con el istmo, sólo queda la expansión hacia el noroeste (fray Marcos de Niza a Cíbola y Quivira, etc.). Nuevas intrigas y denuncias fuerzan a que Cortés vuelva en reclamante a Castilla, pero Carlos V nombra primer virrey a Antonio de Mendoza (1535; v.). De nuevo en México, se instala regiamente en Cuernavaca, pero ha de tornar a Castilla, y allí muere cerca de Sevilla (diciembre 1547). Por la extensión de las consecuencias socio-políticas de su empresa, Cortés es el creador de la nacionalidad mexicana.La Nueva España, sobre sus muchas riquezas y excelencias, servirá además durante siglos de conexión hispánica con el Extremo Oriente. Enviada por Mendoza, la expedición de Ruy López de Villalobos (1542) alcanzó las islas a las que él y el virrey, buenos cortesanos, llamaron Filipinas. Cuando subió al trono, Felipe 11 decidió conquistarlas, y de México fue por la misma ruta Miguel López de Legazpi (v.), cuyo piloto, fray Andrés de Urdaneta (v.), acertaría a encontrar por la costa del Japón vientos para volver a Acapulco (30 oct. 1565). Había quedado descubierta la ruta que será durante siglos la del mexicano galeón de Manila. Las Filipinas fueron durante tres siglos la provincia más lejana que haya poseído jamás un rey europeo.Del Darién a Perú y Chile y por la costa del Caribe hasta el Orinoco. Tras el hallazgo de Balboa (1513), el Darién sustituyó a La Española como plataforma de dispersión y descubrimientos, y recibió a Pedrarias Dávila (v.) como gobernador. El primer tanteo hacia el Sur lo conduce Pascual de Andagoya. Inmediatamente entra en la gran historia Francisco Pizarro (v.).Poco después y a fin de preparar la empresa del Perú forman compañía él, Diego de Almagro (v.) y el clérigo Luque, cuya primera expedición costera (1524) resulta estéril. La segunda (1526) ha de ser interrumpida, y ante las presiones adversas Pizarro protagoniza la escena patética de la isla del Sol; "los trece de la Fama" se quedan con él, hasta que todos regresan a Panamá. Marcha entonces a Castilla, comparece ante Carlos V, y obtiene la Capitulación que le firma la Emperatriz (Toledo, 26 jul. 1529). La tercera y definitiva expedición sale (enero 1531) hacia el fabuloso Imperio de los incas, la más fuerte de las civilizaciones americanas prehispánicas. Desde Túmbez inicia el camino de los Andes, y encuentra a Atahualpa (v.) en Cajamarca. La escena es impresionante (15 nov. 1532). Almagro es siempre el activo organizador de la intendencia y los refuerzos, pero también pieza clave de las rivalidades de la hueste, cuyas tensiones conducen a la ejecución del Inca. Se desata así la anarquía india, hasta la caída de Cuzco, la capital del Incario (15 sept. 1533). Desde allí comienzan las avanzadillas de exploración y las rivalidades a muerte. Almagro es ejecutado por Hernando Pizarro, y por fin los almagristas conjurados matan al marqués-conquistador (26 jun. 1541), que falto de personalidad indiscutible no había logrado imponerse del todo nunca.Hacia el S había estado delimitada para Almagro la gobernación de la Nueva Toledo, "la parte de Chile". Pero su vuelta, para guerrear por el Cuzco, retrasó la conquista de la región meridional del Pacífico.La fachada costera caribe ofreció desde el principio grandes dificultades, por la belicosidad y las flechas envenenadas de los indígenas. La penetración comenzó en Venezuela, por el cauce del Orinoco. Desde Santo Domingo, Juan de Ampués fundó Coro (1527). Aquella región, supuestamente próxima a Eldorado (v.), fue cedida por Carlos V (1528) a la casa banquera de los Welser, de Augsburgo, rivales de los Fugger; en su nombre, A. Alfinger recorrió Maracaibo hasta el Magdalena, y Nicolás de Federmann intentó penetraciones que le llevan al Meta (1535), ya anteriormente alcanzado a través del Orinoco por Diego de Ordás (v.).Para la región de Santa Marta se nombró adelantado a Pedro Fernández de Lugo, que lo era de Canarias, cuyo justicia mayor, el lic. Gonzalo Jiménez de Quesada (v.), ascendió hacia la meseta, "tierra de bendición clara y serena" en frase de Juan de Castellanos. Zona productora de esmeraldas, dominio de los chibchas (v.), fue llamada Nuevo Reino de Granada. Allí, en Tunja, se encontró gran cantidad de oro, y cerca se fundó Santa Fe de Bogotá (1538). Allí mismo, en el corazón de la zona que más títulos tiene para ser identificada como el mítico Dorado, se encontrarían poco después con Quesada otras dos huestes de descubridores: la de Sebastián de Belalcázar (v.), capitán en la conquista de Perú, desde donde había salido para el país de los Quijos y ocupado la región de Quito, y la de Nicolás de Federmann, procedente de Venezuela-Coro.La expansión geográfica de los núcleos americanos localizados. Terminada la época de las grandes conquistas, los núcleos de poder prehispánicos, ahora en otras manos, actúan como plataformas de dispersión hacia las regiones periféricas o intermedias.Hacia el norte de México, en la zona del golfo, a la Florida había ya llegado sin éxito y desde Cuba Juan Ponce de León (1512). Todavía en tiempo de Cortés, otros infortunados buscaron el estrecho hacia el Pacífico, y al "río de las Palmas" fue Pánfilo de Narváez (v.), de cuya hueste se separaría Álvar Núñez Cabeza de Vaca (v.), protagonista de siete años de increíbles aventuras desde el Misisipí al norte mexicano (1527-36). La Florida atrajo más tarde a Hernando de Soto (1541-43; v.), desprestigiada por su desinterés fue objeto de un intento de ocupación estratégica (1559-61), y por fin Pedro Menéndez de Avilés (v.) consiguió un establecimiento en la costa oriental (1565).Hacia las Californias (v. CALIFORNIA I), Cortés promovió pronto expediciones (H. de Mendoza, 1532; Grijalva y Becerra; Fortún Jiménez; el propio Cortés, 1535; Tapia, 1537). Cuando el virrey Mendoza toma las riendas, salen por tierra fray Marcos de Niza a Cíbola (v.) y Quivira (1538), más la combinada por costa y mar de Vázquez de Coronado (v.) y Alarcón (1538-42). El portugués Cabrilho y B. Ferrelo alcanzaron (1542-43) el cabo Mendocino (42° lat. N). En esta época se producen los intentos de enlace Nueva España-Molucas, ya conocidos.Desde el Perú, tras Almagro, la conquista de Chile la continúa Pedro de Valdivia (1541-52; v.), fundador de Santiago y víctima de la enconada resistencia araucana, que al fin terminó con la ejecución del caudillo Caupolicán (1558). Desde allí fueron fundadas las ciudades de San Juan y Mendoza, en el Norte argentino, al que ya había entrado (Tucumán) Diego de Rojas (1543-45), después de atravesar la región de los Charcas (Bolivia).Hacia el "país de la Canela" (región amazónica) fue enviado desde Perú, pasando por Quito, Gonzalo Pizarro (1540-43), que se adentró en la selva atraído por el mito de Eldorado. Desde su hueste y con una tropilla de vanguardia, el trujillano Francisco de Orellana (v.) se dejaría llevar por el río de las Amazonas, que fue el primero en recorrer hasta el mar (1541). En la misma dirección, y tras la promulgación de las Leyes Nuevas (1542), el problema de "los soldados pobres del Perú" lanzó después (1560) a la expedición, famosa por su truculencia, de Ursúa-Lope de Aguirre (v.) y sus "marañones".En el Sur de Chile, esas mismas tensiones socio-políticas determinan la navegación de Juan Fernández Ladrillero al archipiélago de su nombre, tras las huellas de Alonso de Camargo que había alcanzado Chiloé (1540). Decenios después, tras la llegada de los primeros corsarios al mar del Sur, la reacción virreinal de Lima movilizó las expediciones de P. Sarmiento de Gamboa (v.).Queda por ver la región del Plata. Alcanzada por Juan Díaz de Solís (1515), por Magallanes y por Sebastián Caboto (1526-31), el primer intento de conquista es el que conduce, directamente desde Sevilla, Pedro de Mendoza (v.), primer fundador de Buenos Aires (1535). De él derivan los intentos de penetración (Juan de Ayolas, Irala, y el bávaro Wrico Schmidel que llega al Gran Chaco, 1534-54); así ayudan al enlace con Perú-Norte argentino, que en dirección contraria culminan Nuflo de Chaves (v.; Paraguay) y sobre todo Juan de Garay (v.), segundo fundador de Buenos Aires (1580).F. PÉREZ-EMBID.
BIBL.: L.-H. PARIAS, Historia universal de las exploraciones, Madrid 1967-68; J. PIRENNE, Historia universal. Las grandes corrientes de la Historia, Barcelona 1960; G. DAINELLI, La conquista della Terra. Turín 1954; P. GARELLI, Le Proche-Orient asiatique. Des origines aux invasions des peuples de la mer, París 1969; J. HEURGON, Rome et la Méditerranée occidentale, París 1969; L. MUSSET, Les invasions, París 1965; R. MANTRAN, L’expansion musulmane (V111-XI, siécles), París 1969; F. PÉREZ-EMBID, Los descubrimientos en el Atlántico hasta el tratado de Tordesillas, Madrid -1948; P. CHAUNU, L’expansion européenne du XIII, au XVI siécle, París 1969; J. H. PARRY, Época de los descubrimientos geográficos, Madrid 1964; CH. VERLINDEN y F. PÉREZ-EMBID, Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Madrid 1967; F. MORALES PADRÓN, Historia del Descubrimiento y Conquista de América, 2 ed. Madrid 1971; F. MAURO, L’expansion européenne (1600-1870), París 1964; F. PÉREZ-EMBID y F. MORALES PADRóN, Aportación española a la apertura de las comunicaciones árticas, "Études d’Histoire Maritime", Moscú 1970; G. R. CROME, Historia de los mapas, México 1956.
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