Descubrimientos Geográficos 2 GEOG.
Categoria:
Geografía
4. El fenómeno histórico de la Conquista de América. En 40 años, unos pocos miles de hombres, salidos de un pequeño país europeo, o mejor aún de tres o cuatro de sus provincias, habían descubierto y sometido desde Texas a la Patagonia. Sobre todo, habían vencido mares, ríos, islas, los Andes, la Sierra Madre, la selva tropical. Con sufrimientos físicos y morales increíbles, contra toda esperanza, viendo morir a cientos a los compañeros de aventura, frente a razas y creencias desconocidas. Aun hoy, desde el avión, sobrecogen las distancias americanas. En los libros no españoles que cuentan esta magna empresa histórica, es frecuente leer referencias a la sed de oro, la crueldad y violencia hispánicas, y otras facetas negativas. Se reconoce, en cambio, casi siempre la calidad moral de los misioneros.Toda confrontación entre dos pueblos de diferente nivel de civilización ha puesto de manifiesto siempre estímulos como la codicia y la agresividad. Es la condición humana. Desde Scipión a las Cruzadas, las compañías anglo-holandesas, la expansión rusa, las campañas imperialistas germanas o francesas, o la guerra del Vietnam. En la conquista de América el resultado fue una general transculturación y una nueva realidad étnica: el mestizaje. Estuvo presidida siempre por la obsesión puntillosa del respeto a la ley y a la autoridad legítima. Y en cuanto a conciencia moral, ninguna otra empresa de la Historia ha estado empapada de una autocrítica como la que simbolizan sin retórica alguna Las Casas y Francisco de Vitoria, Cortés, Motolinía, Mogrovejo o Palafox. Con luces y sombras, como todas las acciones de los hombres, a civilizaciones que no conocían la rueda y practicaban la antropofagia las incorporó con honor a la historia de Occidente, a la vez que a los viejos ámbitos del Mediterráneo y de Europa los hizo de hecho universales.Los que llegaron tarde a América. El reparto castellanoportugués de Tordesillas había dejado fuera teóricamente del Nuevo Mundo a todos los pueblos europeos. En la práctica las guerras continentales y de religión en los países atlánticos, la debilidad política en las áreas italiana y germánica o la posición geográfica en la Europa del Este, retrasaron la llegada de todos ellos a América.Inglaterra, el país mejor situado, envió pronto al genovés Juan Caboto (1497), a Terranova y Labrador, pero de su segundo viaje no regresó. Su hijo Sebastián le siguió (1503), pero pasó pronto al servicio de Castilla, de donde a mediados de siglo volverá a Inglaterra.Desde Francia, los vascos siguieron presentes en la ruta de los bacalaos, y los armadores normandos de Dieppe y Honfleur iniciaron como luego veremos el contrabando con Brasil. El pirata diepés Fleury apresó junto a Azores (1521) los tesoros de Moctezuma remitidos por Cortés. Poco más tarde el piloto italiano Juan de Verrazzano salió a buscar el paso del NO (1524), alcanzó el estuario del Hudson (Nueva York) y luego los 50° de lat. N, pero de un tercer viaje hacia las Antillas no volvió. Diez años después, Jacgues Cartier, de Sannt-Malo, llegó a Terranova y al golfo y río de San Lorenzo (1534 y 153536), y fundó formalmente "Nueva Francia", pero no tuvo continuidad. La península de la Florida (v. FLORIDA) fue luego (1562-68) la meta de las intentonas francesas: la visitó primero Jean Ribault, gentilhombre del Havre, y después un Laudonniére que fundó Fort-Caroline, recibió ayuda del corsario inglés Hawkins, y, finalmente, pereció con los suyos a manos del capitán español Menéndez Valdés. Con la represalia de Gourgues acabaron las empresas de los protestantes franceses en la Florida, y todos los intentos americanos durante el s. xvi.Los portugueses en Brasil y la "Francia Antártica". Tras el contacto de Pedro Alvarez Cabral, la que él llamó "tierra de Santa Cruz" quedó marginada de la política portuguesa de d. g., por la falta de medios para atenderla a la vez que se realizaba la conquista de las Indias Orientales.Atrajo esto la codicia de un pueblo navegador, los normandos de Dieppe y de Honfleur, uno de "los que se habían quedado fuera" del reparto luso-castellano de las bulas papales y el tratado de Tordesillas. Desde allí Binot Le Paulmier, pasando por Lisboa, llega a la costa brasileña (30° lat. S) y regresa (1503-04) con el hijo del propio reyezuelo. El palo de tinte "palo brasil" será estímulo para reiterados contactos mal conocidos con la nación de los tupinambas, llamada a tener en Francia un gran eco literario, hasta dar pie en el xvin al mito del bon sauvage.Hacia 1530, asegurado su dominio sobre Molucas, reacciona Portugal y envía con una flota de guerra a Martinho Afonso de Souza para limpiar la costa y dividirla en las "capitanías" separadas geométricamente por paralelos, sistema portugués de colonización, realizada por colonos sembradores de la caña de azúcar. Los portugueses expulsan a los franceses y se establecen en Bahía, Pernambuco y Sáo Paulo, donde Portugal desborda la línea de demarcación.Guanabara (Río de Janeiro) sería, sin embargo, sede del más fuerte establecimiento francés. El famoso Nicolás Durand de Villegagnon, compañero de estudios de Calvino, esforzado combatiente de la Orden de Malta, hizo un primer viaje (1554), y otro al año siguiente, financiado por Enrique II, durante el cual se fortificó en Guanabara (Fort-Coligny, conocido -por la "Francia Antártica"). Tres barcos de Honfleur llevaron pronto 90 refuerzos, entre ellos el pastor Juan de Léry (1556-59), autor de un conocido libro sobre los tupinambas. Pero el ataque de una flota portuguesa del almirante Mem de Saa puso fin (15 mar. 1560) al establecimiento francés de Fort-Coligny.Avanzadillas occidentales en Extremo Oriente. Desde Malaca y la ruta lusitana a Molucas, los portugueses obtuvieron por arrendamiento Macao, en la región señoreada de siempre por los juncos chinos del mar Amarillo. Como avanzadilla cultural y comercial la isla estaba llamada a desempeñar un gran papel. De todos modos, el símbolo del afán de penetración iba a ser un misionero. Juan III de Portugal pidió al Papa evangelizadores para Oriente, y Paulo III requirió a Ignacio de Loyola (v.). Enfermo uno de los elegidos, le sustituyó el navarro Francisco Javier (v.), quien desde Lisboa (abril 1541) llegó a Goa, a Malaca, a Ternate, y por la costa continental a Kagoshima (Japón 1549), donde estableció las bases de una cristiandad. Volvió a Malaca, convencido de la necesidad de iniciar su misión en China. Aun sin ayuda oficial, que el gobernador le negó, alcanzó el islote de Sancián, inmediato a Cantón y tierra desierta sistemáticamente usada para el contrabando habitual. Allí murió (3 dic. 1552). China continuaría siendo impenetrable.Decenios después un gran barco chino, naufragado en Mindanao, daría oportunidad para la conexión con la zona hispánica de Filipinas y el circuito comercial de Nueva España. En tensión con los portugueses, Legazpi había conquistado una parte de Luzón, y construido un fuerte en la rada que cierra la isla de Corregidor (1571). Aquello sería Manila. Allí llevaron los españoles a los comerciantes náufragos. Éstos tuvieron rápidamente continuadores, y la China comenzó a enviar seda, maderas y especias, a cambio de chocolate mexicano, plata y colorantes.5. De la geografía medieval ptolemaica a la moderna. Sabemos que los d. g. de la Edad Media no habían conseguido romper el esquema antiguo del mundo, y que las grandes síntesis geográficas del xv continuaron acatando la autoridad de Ptolomeo. El propio Colón murió aferrado a la idea ptolemaica sobre dimensiones del globo y a sus descripciones del Atlántico, el Cipango y el Catay. Todo esto cambia radicalmente en tres cuartos de siglo. Hacia 1570 coinciden tres nombres representativos: López de Velasco, Abraham Ortelio y G. Mercator.Desde que se creó en Sevilla la Casa de la Contratación de las Indias (1503; v.), sus principales cometidos fueron el control del comercio y el impulso a la náutica y la geografía. Se estableció el cargo de piloto mayor (1508, Vespucio), acudieron cosmógrafos y pilotos, se reunieron en Juntas (Burgos, 1508; Badajoz-Elvas, 1524, sobre el Maluco), se buscó fijar el patrón real de las cartas náuticas, y comenzaron a construirse los grandes mapas sevillanos (p. ej., Diogo García, 1529), y a publicarse libros sobre navegación. Se ha llegado a decir que "Europa aprendió a navegar en libros españoles", exageración notoria que reacciona frente al casi unánime silencio de la bibliografía internacional sobre este capítulo de la ciencia española.A partir de 1524, el Real y Supremo Consejo de las Indias (v. INDIAS, GOBIERNO DE I) asumió por necesidades políticas ese afán de informaciones geográficas. Las relaciones legalmente exigidas a descubridores y gobernantes indianos, y la labor de los sucesivos cosmógrafos (Alonso de Santa Cruz, Calvete de Estrella, etc.) hicieron posible la síntesis de Juan López de Velasco (Geografía general de las Indias, 5 t., terminada en 1574), cima de centenares de libros basados no en teorías librescas, sino en la experiencia y observación directa de la naturaleza americana. En ellos palpita el espíritu de la ciencia renacentista y moderna. Ésta mientras tanto, había continuado sus progresos en diversos países europeos. La Cosmographia de Sebastián Münster (Basilea 1550) contenía casi un atlas de mapas grabados en madera. En Italia, entre las ediciones de Antonio Lafreri, es muy importante la Carta marina de Olaus Magnus (sobre Europa septentrional, 1539). La cima son los cartógrafos flamencos, entre los que hay dos nombres de primera fila universal: Ortelio y Mercator.Abraham Ortelius (v.) fue un erudito y hábil artesano, que viajó mucho y conectó con corresponsales humanistas, especialmente ingleses y alemanes; también utilizó cartas españolas y portuguesas. Su Theatrum orbis terrarum (1570) fue una selección de los mejores mapas disponibles, y consigna como autoridades un elenco de 87 cartógrafos que es fuente inapreciable para la historia de la cartografía. Su éxito fue inmediato en toda Europa.Gerhard Mercator (v.) fue autor de numerosas obras, principalmente su esfera (1541), el mapamundi (1569) y un atlas que estaba imprimiéndose cuando murió (1594). Tuvo contacto también con los navegantes y cartógrafos hispánicos, y se apartó por completo de Ptolomeo al dibujar el perfil y distribución de los continentes. Pero su fama se debe al mapamundi (Duisburg 1569) en el que resuelve el problema más acuciante de la navegación, a saber, representar en las cartas los rumbos constantes (loxodromias) en forma de líneas rectas. Para ello ideó dibujar en la carta los meridianos no convergentes sino paralelos, y como compensación distanciar proporcionalmente los paralelos según se alejan del Ecuador, lo cual mantiene las relaciones correctas entre ángulos, es decir, la dirección. Este sistema de "latitudes crecientes" deforma, en cambio, las grandes distancias, especialmente en las regiones polares, para corregir lo cual el mapa lleva una prolija explicación basada en el principio de los triángulos similares, que permitía averiguar la exageración de escala mediante una serie de operaciones matemáticas. Mercator es, sin duda, el geógrafo más ilustre de su época y uno de los grandes hitos de esta ciencia. Después de él la imagen gráfica del planeta entra en un periodo nuevo, el de la cartografía moderna.En la historia de los d. g. ha terminado también el periodo de los grandes hallazgos que tuvo como principales protagonistas a lusitanos e hispánicos. Comienza otro ciclo, el de predominio naval inglés y holandés, y de expansión rusa.El paso del noreste y el del noroeste. Viajes al Atlántico norte. Era inevitable que una navegación comercial tan activa y antigua como la nórdica (ingleses, holandeses, escandinavos y alemanes) en el Báltico intentara por el norte la conexión con las rutas rusas del mar Blanco a Noruega y del mar de Kara a la desembocadura del Obi. Existía además, desde Plinio el Viejo, una tradición que situaba en los 75° el extremo septentrional de China. En 1553, bajo la inspiración de S. Caboto, salieron de Londres hacia el Gran Norte los tres barcos de Willoughby, Durfort y Chancellor. Los dos primeros murieron en la Laponia rusa, pero Chancellor alcanzó la desembocadura del Duina, en territorios de Iván el Terrible, príncipe de Moscovia. En un segundo viaje, que le costó la vida, llevó en cuatro barcos al zar una embajada de los comerciantes asociados que le enviaban. Su antiguo piloto, Burrough, salió (1554) hacia los ríos siberianos, aunque no pasó del Petchora y Nueva Zembla. Entonces, según los deseos británicos, fue fundado Arkángel, a orillas del Duina, y se anudó la relación comercial estable. Más tarde (1580), Jackman y Pet llegaron al mar de Kara. Los ingleses habían iniciado el paso hacia el noreste.Siguieron los holandeses. El armador B. de Moucheron envió allá tres barcos al mando de Cornelio Nay (1594). Pasado el Petchora, penetró en el mar de Kara, hacia los 71°, y volvió atrás. Pero su tercer navío, mandado por Willem Barents (v.) llegó hasta el norte de Nueva Zembla (78°), donde encontró huellas de los cazadores rusos de pieles para el mercado de Novgorod. Tras siete navíos que al año siguiente fracasaron, la ciudad de Amsterdam confió otros dos barcos a J. C. Rijp y E. Heemskerk, con Barents como piloto jefe (1596). En junio llegaron a Spitzberg, la antigua Svalbard de los navegantes nórdicos, cuyo recuerdo se había perdido; allí quedó Rijp. Heemskerk y Barents siguieron hasta el extremo N. de Nueva Zembla, donde resistieron todo el terrible invierno; en 1871 un noruego recogió intactos, tres siglos después, algunos objetos suyos. En el regreso, al iniciarse el verano de 1597, murió Barents; 13 supervivientes hallaron a Rijp en la península de Kola; por primera vez 13 europeos habían vencido al invierno boreal.Estaba para finalizar el s. xvi, y los ingleses habían comenzado a buscar también el paso del noroeste, por las latitudes septentrionales hacia el Pacífico. Allí no llegaban los hispanos. A mediados de siglo, vuelto de España, Sebastián Caboto había impulsado una Soc. de Navegantes Aventureros (1557). Comenzaba a circular el famoso mapa falsificado por Niccolb Zeno (Venecia 1558) que daba por conocido el Atlántico Norte, con tierras reales y otras fantásticas en torno a Frislandia.El primer navegante en esta dirección es Martin Frobisher (1576-78), que hizo dos viajes a Groenlandia, y trajo esquimales y carga de una pirita oscura que el creyó aurífera. Una gran flota de quince navíos enviada según sus informes fracasó entre los hielos. John Davis (v.) realizó poco después tres viajes (1585-87), en los que alcanzó el estrecho de su nombre y los 72° 12’ de lat. N, pero fue también rechazado por hielos a la deriva. Ya en el xvll, Henry Hudson (v.) interesó a la Compañía inglesa de Moscovia y efectuó cuatro viajes a las regiones boreales. En el primero (1607) buscó inútilmente el paso del noroeste por encima de Groenlandia. En el segundo, al año siguiente, fue a Nueva Zembla y Spitzberg, comprobando aquí menores temperaturas, lo que permitió pensar en hallar más al norte un mar libre de hielos. En el tercero (1609) llegó a América (bahías de Chesapeake y Delaware, actual Nueva York) y penetró por el Hudson hasta cerca de West-Point; a tres jornadas estaba entonces Champlain, que acababa de derrotar a los iroqueses. En el cuarto (1610-11), la tripulación sublevada le abandonó con su hijo en una canoa y regresó sin ellos a Inglaterra. En su búsqueda, su financiero, sir Thomas Smith, que había fundado además la "Cía. de Mercaderes del paso del NW.", envió sin éxito varias expediciones (Button, Munk). William Baffin (v.) y un antiguo compañero de Hudson, Robert Bylot, salieron de Inglaterra en el Discovery, llegaron a la salida noroeste del estrecho de Hudson, subieron hasta los 72042’ y erraron entre icebergs (1615) creyendo haber encontrado el paso entre el mar de Baffin y el mar Glacial, hallado dos siglos después. A partir de 1660 una compañía inglesa se encargó de la explotación y exploración de la bahía de Hudson.Los grandes piratas en el mar del Sur. No era posible que se conformaran indefinidamente los que, por haber quedado fuera del reparto bilateral, habían llegado tarde a las riquezas del Nuevo Mundo. En la historia de los Imperios siempre se ha producido la misma dialéctica: política de secreto y ocultación de beneficios por parte de los monopolistas, y recurso a la violencia por parte de los marginados. El primer agresor del área atlántica hispano-lusitana fue John Hawkins. Con seis navíos (1567) atacó la Mina guineana, llevó esclavos al Caribe, saqueó Cartagena, y de arribada en Veracruz fue rechazado con pérdida de cuatro barcos; uno de sus capitanes era Drake. A continuación sir Walter Raleigh, gran señor y favorito de Isabel 1, impulsó las expediciones a América del Norte, capturó un galeón en México (1592), y pasó dos meses en la torre de Londres, volvió tres veces sobre el Orinoco y las Guayanas (1595, 1596 y 1617), y m. ajusticiado en 1618.A todos aventajó Francis Drake (v.), cuyo miedoso recuerdo ha permanecido en los relatos populares y en la conciencia común española hasta fechas recientísimas, con la mítica aureola del pirata-tipo. Comenzó con Hawkins, pero se independizó pronto y, capitán sobrio y severísimo, mandó una expedición al Caribe (Darién, Nombre de Dios, Cartagena, Veracruz; 1572-73), donde en uno de sus asaltos terrestres contempló a lo lejos la inmensidad del mar del Sur. Vuelto a Inglaterra, consiguió con ayuda de la tesorería real cinco barcos, con los que partió de Plymouth (noviembre 1577). Su destino era el Pacífico. Franqueó el estrecho en pleno invierno austral, perdió a su salida dos navíos de los tres que le quedaban, y tocó en una isla desolada, probablemente Horn (57° de lat. S). Rechazado por los araucanos, inició los ataques por sorpresa a las costas hispanas. Frente a Valparaíso cambió el nombre de su barco superviviente, que en adelante se llamaría Golden Hind (Corza Dorada). Cada poblado o barco saqueado llenaba más de metales preciosos la bodega del buque pirata; sólo de las costas del Perú sacó 80 lingotes de plata, 120 libras de oro, y una carga de aparejos, en total más o menos la producción de un año de las minas de Potosí. En las latitudes de México desembarcó, y luego arrebató a un navío venido de Manila todas las cartas y documentación precisas para atravesar el Pacífico. Pensó regresar por el norte, en busca del estrecho hallado por Frobisher en 1576, y desembarcó de nuevo cerca de la actual San Francisco, cuya entrada erró.A mediados de 1579 se volvió por la ruta de Filipinas, vio las islas de los Ladrones, encalló ante las Célebes, tocó en lava y en África, y alcanzó por fin Londres (septiembre 1580). Era el primero que había dado la vuelta al mundo en su propio barco. Llegado en momento de buenas relaciones con Felipe 11, fue obligado a restituir a los españoles una parte de sus depredaciones, pero luego recibió honores oficiales hasta armarle caballero la propia reina Isabel.Poco después (1586) imitó su ruta Thomas Cavendish (Magallanes, costa de Perú y Chile, fructíferas presas), y regresó a Plymouth (septiembre 1588), llevando las velas del navío hechas en sedas de China. Un tercer gran pirata del mar del Sur fue el holandés Oliver van Noort (1598-1601), que desde Amsterdam recorrió Guinea, Brasil, Chile, Perú, Filipinas y regreso, con lo que hizo la cuarta circunnavegación terrestre. En tales entrenamientos comenzaron a prepararse, tanto Inglaterra como Holanda, para sus futuros imperios y poderío.Penetración francesa en Canadá e inglesa en las Trece Colonias. A principios del xvii, Francia e Inglaterra superan en América la fase de contactos esporádicos, e inician colonias permanentes en las latitudes a que no habían llegado los conquistadores hispánicos; Canadá y Estados Unidos nacerán respectivamente de tales penetraciones.La de los franceses la protagoniza Samuel Champlain, soldado de la Liga contra Enrique IV, que primeramente marchó a México y a su vuelta obtuvo el título de geógrafo real, y un puesto en una expedición peletera a la costa de Nueva Francia. Salieron de Honfleur (primavera 1603), y en el San Lorenzo encontraron huellas de J. Cartier. Treinta años, con 11 viajes a Francia, duraría su empresa. En su segunda expedición (1604) fundó primero una base en Port-Royal, obtuvo el monopolio de las pieles y fundó Quebec (1608). Empeñado en hallar el paso al mar del Oeste, a California, encargó (1611) explorar el país interior, al mando de indios hurones, a su amigo ptienne Brúlé, que recorrió los Grandes Lagos y acabó perdiéndose para la colonia, por pasarse a la vida de los indígenas, como ocurrió con muchos madereros. Vuelto a París, Champlain obtuvo los títulos de gobernador y lugarteniente general, se casó, y al regreso visitó el país de los algonquinos y levantó una cruz en la actual Ottawa. En otro viaje (1615) trajo los cuatro primeros misioneros, y combatió sin éxito a los iroqueses del lago Ontario. Poco a poco fue cada vez más un colonizador y jefe de su grupo poblador, religiosamente pluralista. Murió en Quebec (diciembre 1635). Le sucedió lean Nicolet, que llegó hasta la divisoria con la cuenca del Misisipí. Los franceses comenzaban a cerrar horizontes por el oeste a los grupos ingleses pegados a la costa.Tras las huellas del casi legendario John Smit en Virginia (1607), el famoso navío Mayflower había desembarcado, en efecto, en Nueva Inglaterra (1620) un núcleo de emigrantes bien provistos, los "Padres Fundadores". Poco después (1632) Baltimore fundó al norte de Virginia, en la orilla del Potomac, una ciudad. Los holandeses se habían establecido en el valle del Hudson, un grupo de católicos fugitivos en Maryland, y otro de cuáqueros en Pensylvania. Con la de Georgia llegaron a ser las "Trece Colonias". Protegidos todos ellos por los montes Alleganys, permanecieron apegados al recuerdo de su tierra de origen, y a comerciar en tabaco y pesca con Inglaterra, formando un mundo cerrado y laborioso, puritano, y desinteresado de las amplias perspectivas agrícolas y ganaderas del Oeste.La entrada al corazón de los actuales EE.UU lo hacen los franceses desde Quebec y los Lagos, a caballo del Misisipí. Un gentilhombre de Lorena, Jacques Marquette, y el P. Jolliet, con órdenes del gobernador conde de Frontenac, alcanzaron (1673) la confluencia del Old Man River, descendieron por el gran río hasta 34o de lat. N, junto a la actual Memphis, donde por precaución de encontrarse con los españoles de Florida regresaron por el Illinois hasta Chicago. No encontraron salida hacia el Pacífico, pero habían avanzado por una ruta de porvenir. La continuó un jesuita exclaustrado, Cavelier de la Salle, normando instalado en Canadá. Exploró los lagos Erie, Hurón y Michigán, así como su red hidrográfica; comenzó la construcción de fuertes, y desde el Illinois (1682) continuó todo el Misisipí hasta el mar, tomando por dos veces posesión del país en nombre de Luis XVI. Vuelto a Francia, obtuvo una flotilla para explorar el delta del río, y tras tres años de infructuosas exploraciones costeras, fue asesinado por sus compañeros, diezmados por las penalidades.Expediciones hispánicas en el Pacífico Sur y hacia las Californias. Establecidos sólidamente los virreinatos de México y Lima, la inmensa tarea de la transculturación en dos continentes había detenido, desde fines del xvi, el ritmo de las expediciones hispánicas por mar. Esta actividad fue especialmente débil en el Sur, pues el tirón de la ruta habitual de comercio iba hacia el Darién. Sólo se señalan la navegación hacia Chiloé de Alonso de Camargo (1540), el descubrimiento de las islas de su nombre por Juan Fernández Ladrillero, y la expedición armada a la zona del Estrecho por Sarmiento de Gamboa, que es la reacción virreinal ante la llegada de los primeros corsarios al mar del Sur.La conexión de Lima con Filipinas la intenta en dos viajes Álvaro de Mendaña (v.). El primero (1567-69), desde El Callao, navegando casi en los mismos paralelos, le lleva a las islas Salomón, donde regresa hacia el NE por las islas Hawai a Monterrey. En el segundo (1595-97), sale de Paila, descubre las islas Marquesas y en el lugar de su cambio de ruta anterior, se orienta al NO y va por la actual Guam a Filipinas.La existencia del continente austral es una idea que estaba esbozada de un modo u otro en toda la cartografía de la época. Pedro Fernández de Quirós (v.), piloto del segundo viaje de Mendaña, portugués, quiso buscarlo explorando el mar del Coral, y desoído marchó a Roma donde logró del Papa recomendaciones que movieron a la corte de Felipe III. Con dos navíos y un patache, salió de El Callao (1605) llevando un artefacto para destilar agua que no sería aceptado hasta siglo y medio después. Pasaron más de mil leguas sin hallar tierra alguna, hasta la isla Maitea (152° de long. O), atracó en las Nuevas Hébridas, convencido de haber llegado a la terra australis, hizo un informe optimista de las posibilidades de la zona, y sufrió la intoxicación de sus hombres con peces venenosos. Desde allí un viento contrario separó los barcos, y Quirós se dejó llevar por su tripulación, que regresó a Acapulco. Desatendido tanto en México como en Madrid, volvió a Perú para intentar otra búsqueda, pero murió sin iniciarla. Mientras tanto, el otro barco al mando de Diego de Prado y el piloto Luis Váez de Torres (v.) esperó en vano, puso luego proa al SO, y decidido a alcanzar Manila atravesó el mar del Coral, y recorrió al S de Nueva Guinea el estrecho de Torres, en el que parece tuvieron noticia del cabo York, punta norte de Australia. Pero ni este continente del Sur, ni la Polinesia ni Micronesia estaban destinadas a ser descubrimientos de españoles. Cuando en esa tarea los holandeses descubran poco después el cabo de Hornos, el Consejo de Indias enviará allá la expedición de reconocimiento mandada por los hermanos Nodal (1617).En el hemisferio norte del Pacífico, la expansión de la Nueva España hacia el NO había sido planeada e iniciada ya, como sabemos, desde la época y según los planes de Hernán Cortés. La continuó el virrey Mendoza (Ioáo Rodrigues Cabrilho y Bartolomé Ferrero, 1542, al cabo Mendocino, 42° de lat. N), pero se paralizó en tiempos del virrey Velasco. A fines del xvi aparecen con Drake los piratas ingleses, que sugieren haber sido encontrado el paso por el N desde el Atlántico; por otra parte, a comienzos del xvii circula la falsa idea de un "reino de Anian", entre el continente (Quivira) y California, que empieza a ser representada como isla, limítrofe con un estrecho de Juan de Fuca, supuesto autor de un viaje famoso, pero apócrifo.En la realidad histórica, la necesidad de proteger al galeón de Manila contra los piratas forzó a fines de siglo los viajes de Sebastián Vizcaíno (1596-97 y 1602), ya conocedor de la ruta transpacífica, y que luego haría (1613) otro viaje al Japón. Viene luego la fama de las perlas, que anima a la compañía de los Cardona (1610-35), y las expediciones de Iturbe, Ortega y otros. Un tercer momento de la expansión californiana está protagonizado por personalidades destacadas: P. Porter Cassanate (163551), Bernal de Piñadero (1663-69), Atondo (1679-83), etc. Desde fines del xvii la marcha hacia el NO es sostenida sólo por las misiones, desde la Pimería: P. Kino (v.), Salvatierra, a quienes en el xvin continuarán otros y sobre todo el franciscano mallorquín junípero Serra (v.)La expansión rusa en Siberia. Desde el último tercio del xvi se pone en marcha políticamente la expansión de los rusos de Moscovia hacia las estepas asiáticas que la cartografía medieval había llamado el país de Gog y Magog. Cuando se fraccionó el Imperio mongol el camino estaba abierto, mientras que al sur chocaban con el poder otomano, y hacia el O y SO encontraban Jas estructuras políticas germánicas y eslavas respectivamente. Por el norte, ya sabemos que los ingleses y holandeses que fueron a las costas bálticas encontraron sólidos establecimientos rusos en las bajas cuencas del Petchora y del Obi. Hacia Asia, la técnica de la expansión fue constante: primero, una descubierta de tramperos cazadores de pieles, y luego una marcha de los cosacos, de entre los Urales y el Caspio, a veces saqueadores y a veces cultivadores, que si fracasaban eran desautorizados por Moscú, y cuando abrían brecha incorporaban los territorios al dominio del zar. Este avance en dirección a China, dejaba al sur a los kanatos de Turquestán y a la Persia de los shas.Desde el país que constituía la entrada a más allá de los Urales, con capital en Sibir, llegó a Moscú en 1555 una embajada con oferta de sumisión y de un enorme tributo en pieles. Con su príncipe tártaro Kuchun Kan, descendiente de Gengis Kan, se firmó un tratado en 1571. Pero inmediatamente Ermak Timoféyevich, fugitivo hacia el E y con una horda cosaca que llegó a más de 1.600 hombres, conquista Sibir (1581); perdonado luego por el zar moscovita, desaparece poco después cuando regresan Kuchun y sus tártaros y reconquistan la capital (1589). Finalmente, el contraataque cosaco obliga a los tártaros a retroceder, y la ruta del E queda despejada.Los caminos terrestres hacia China se hacen permeables para viajeros alemanes, holandeses, italianos y franceses del tiempo de Colbert, y para religiosos que van a Moscú, a Ispahán, a la corte del Gran Mogol, y a Pekín y Extremo Oriente. Desde mediados del xvii, los rusos están sólidamente establecidos en la cuenca del Amur (v.), y comienzan las fricciones con los chinos por las fronteras de Mongolia. Al Occidente llegan riquezas orientales y también noticias, mapas e imágenes del interior de Asia.Los holandeses en Insulindia. La Compañía de las Indias Orientales. La Compañía holandesa de las Indias Orientales (CIO) fue fundada en los primeros años del xvti, cuando la derrota hispana en las Provincias Unidas permitió a los comerciantes de Amsterdam y Rotterdam desbancar a Amberes y buscar, con el certero instinto de los mercaderes, un espacio para ellos en el planeta. Fórmula muy repetida en otros países europeos, la CIO es el símbolo de la acción colonial del capitalismo. Su resultado: arrebatar a Portugal el Oriente y la Especiería. Sus primeras expediciones marítimas fueron operaciones híbridas de guerra, comercio y descubrimiento. Pronto lograron en el Indico una primera base en la isla Mauricio, exploraron los accesos a Java, y tomaron contacto con la que los mapas lusitanos llamaban Gran lava. Con destino a Nueva Guinea salió de Amsterdam (1605) el capitán W. f anszoon en su Duif ken, pasó por Batam y descubrió al sur una tierra que describió agria y despectivamente: era Australia. Volvió a lava antes del verano de 1606, es decir, medio año antes de recorrer Torres aquellos mismos paisajes, sin tampoco adquirir conciencia de haber tocado en la terra australis.Para su metrópoli en Oriente, la CIO construyó (1609) Batavia sobre el solar de la población indígena Yakarta. Allí levantó una ciudadela con muelles y astilleros, escenario del ímpetu conquistador de sus primeros gobernadores generales en lava: Both, Coen, van Diemen, hombres de negocios convertidos en militares por la fuerza de las circunstancias. Desde allí sus barcos reconocieron todas las islas de Malasia y el Indico, bloquearon las especias, consiguieron para ellos solos el privilegio de establecerse en la costa china, y también en Nagasaki (Japón). La CIO logró de los Estados generales el monopolio de la ruta de El Cabo y de la que ella pudiese descubrir por el norte.Otra quedaba libre: la que al sur del estrecho de Magallanes, bien guardado por los españoles, había hallado Drake. Fue la que eligió un rico comerciante de Amsterdam, Isaac Lemaire, que equipó dos navíos armados al mando de Guillermo Schouten (1615), con su hijo facob Lemaire. La expedición costeó la tierra argentina, donde se perdió un barco, y creyeron encontrar un paso al norte de la regio fatalis del continente misterioso: es el actual estrecho de Lemaire..En enero de 1616, la mejor época del verano austral, el barco superviviente llamado Hoorn, navegó entre muchas islas no reconocidas por Quirós, y se encontró de pronto en el Pacífico; habían doblado el cabo de Hornos. Por las islas de Juan Fernández, Samoa y las Salomón, alcanzaron las Molucas, cargaron especias en Nueva Guinea, y llegaron a lava, donde el gobernador Coen les recibió muy mal y les denunció de haber violado las ordenanzas de la CIO. Aunque al parecer los tribunales no llegaron a condenarles, Lemaire murió poco después, y Schouten unos años más tarde en la costa de Madagascar.Otro gobernador, A. van Diemen, decidió aclarar las incógnitas y huecos que sobre los mapas dejaban las costas inconexas hasta entonces halladas. Abel fanssen Tasman, un capitán joven, fue el elegido para aquella tarea de revisión (1642-43). Buen observador y magnífico dibujante, salió de Batavia, y trazó desde el golfo de Carpentaria todas las costas occidentales de Nueva Holanda (Australia), halló la tierra de van Diemen (Tasmania), hizo escala en Nueva Zelanda, pero al regreso cometió el error de no recorrer el estrecho de Torres, sino que volvió por el mar del Coral, al norte de Nueva Guinea, por lo cual creyó que ésta se unía con Australia, y atribuyó al continente del Sur una extensión tres veces superior a la real.También hacia el norte de China y Japón había enviado navíos el gobernador van Diemen. En 1639, el mismo Abel Tasman fue a buscar las islas del Oro, que algunos situaban más arriba del archipiélago nipón, recorrió la zona dos veces, y completó lo que los portugueses sabían desde el xvi, pero sin grandes novedades. Le sucedió De Vries (1643), que llegó hasta la isla Sajalín y logró conectar con los japoneses, cerrados a todo contacto con los extranjeros. Poco después los holandeses pudieron instalarse, precariamente y vigilados como ya lo estaban los portugueses, en el islote de Dezima, frente a Nagasaki. China fue algo más permeable, mantuvo los enlaces comerciales, permitió a embajadas europeas la llegada a Pekín, y la entrada de misioneros, que al establecerse la dinastía manchú, bajo el reinado de Kang-hi (16621723) tuvieron un periodo de facilidades, seguidas con altibajos hasta comienzos del xix.Los viajes de los filibusteros. Empeñada en guerras casi continuas y generalizadas, la Europa de 1650 a 1750 no vivió tiempos propicios a la expansión comercial ni a las navegaciones pacíficas. A la vez, en marcha ya la ciencia moderna, el interés por la Naturaleza, sobre todo exótica, tiñó -junto con la violencia- los viajes transoceánicos. Surge así el tipo del filibustero, legal y psicológicamente un pirata y al mismo tiempo dedicado a herborizar en las tierras asaltadas y a mejorar las técnicas de navegar y los mapas geográficos.Imposible en la práctica por debilidad española su tesis del mare clausum, bucaneros y filibusteros atacaron a placer las costas americanas, establecieron su guaridatipo en la isla de la Tortuga (norte de Santo Domingo), se posesionaron de muchas Antillas, en especial Jamaica, montaron enclaves costeros, como Belice o las Guayanas, y asaltaron las flotas de Cádiz o los galeones de Acapulco.Citar muchos nombres resulta irrelevante. Los más representativos y numerosos son los ingleses, holandeses y franceses. Entre ellos destaca Henry fohn Morgan, que asaltó Panamá y murió de gobernador de Jamaica (1684), pero sobre todos William Dampier, "el gran filibustero". Más de 40 años en todos los mares, hacen de él un navegante de excepción, por lo que es imposible sintetizar sus viajes. Empezó en Terranova, estudió la hidrografía de Yucatán, y, desde 1683, en el navío Revenge atravesó en corso Atlántico y Pacífico, fue a los mares de China, y volvió a Londres donde enriqueció el herbario de Hans Sloane y llamó la atención de la Royal Society con sus estudios sobre vientos, mareas e historia natural. Nombrado oficial por el Almirantazgo, hizo otro viaje (16991707) a las tierras australes, desde cabo de Hornos al de Buena Esperanza y Australia, que terminó mal. Embarcado en corso como piloto con Woodes Rogers y Courtney, fijó la posición de las islas Falkland o Malvinas, y en la de Juan Fernández encontraron abandonado un inglés solitario qué fue el modelo de "Robinson Crusoe". Una última expedición le llevó a California, el Pacífico, Batavia y regresó a Londres con noticias sobre nuevos árboles y nuevas razas humanas. M. pacíficamente en 1715.La Royal Society envió al Atlántico Sur a Edmund Halley, que a más de completar el catálogo de estrellas y reconocer islas y atolones, estableció una carta con las variaciones de la declinación en el Atlántico (1700). Asimismo algunos navegantes de Sannt-Malo, en los años de amistad franco-española por la guerra de Sucesión, y con la vitalidad de la marina fundada por los Colbert, padre e hijo, hicieron posibles en sus expediciones algunas aportaciones básicas a la ciencia, como las del franciscano Feuillée en las costas de Perú y Chile (1707), y las del ingeniero Frezier, discípulo de Vauban, colaborador de la Enciclopedia, que recorrió las Malvinas, Chile y las aguas australes, inventó sustituir en los cohetes la varilla por un estabilizador, y estudió la flora y los icebergs.El holandés facob Roggeveen, en la tradición de Lemaire y Schouten, fue en su vuelta al mundo (1721-22) descubridor de la isla de Pascua con sus intrigantes esculturas, y explorador de las aguas al norte de Nueva Guinea. "El último de los grandes corsarios", el comodoro George Anson, fue a su vez enviado en guerra por el Almirantazgo, con seis barcos, a la obsesionante ruta del cabo de Hornos, descansó en la isla de Juan Fernández, saqueó Paita, intentó bloquear Acapulco, ancló en Macao, asaltó un galeón de Manila, y desfiló triunfalmente en Londres (1740-44). Su final magnífico de primer Lord del Almirantazgo pone fin a un periodo histórico de legendarias violencias marinas.6. Dos siglos de navegaciones internacionalizadas. La época de los grandes veleros. Desde el renacentista Mercator y el hallazgo del "torna-viaje" del Pacífico Norte (1570) hasta las grandes navegaciones científicas de la Ilustración (1760) han transcurrido dos siglos en los que todos los mares son cruzados por barcos de todas las naciones de Europa occidental, con estímulos y métodos confusos (comercio, curiosidad geográfica y científica, violentas aventuras). Los señorea el tipo humano del pirata-filibustero, financiado y empujado por las grandes compañías o las viejas potencias del mar. Su estampa arrogante, en las calas exóticas o entre el fuego de los abordajes, emerge, más que de los cañones en banda, sobre las blancas telas de las cada vez más barrocas y marineras arboladuras.En el campo de los d. g., en estos dos siglos se ha conseguido: hacer frecuentes los recorridos del Pacífico y, por tanto, haber incorporado este magno océano a la gran historia; un comienzo estimable de la penetración en las aguas boreales y algo en las australes del Atlántico; el establecimiento de hombres blancos en Canadá, la cuenca del Missisipí y las Trece Colonias; algunas expansiones en la América hispana; la de los rusos en Siberia; y el activismo mercantil-explorador de los holandeses en Insulindia y archipiélagos hasta Nueva Guinea, así como el bojeo o circunnavegación de Australia, con el consiguiente vislumbre de claridad en la vieja incógnita sobre "el continente del Sur".Por otra parte, en la Europa occidental los sabios y aficionados se reúnen para seguir juntos los adelantos de la geografía (centros misionales de órdenes religiosas en Roma, Colegio de Propaganda Fide, Academia dei Lince¡, Roya] Society, Acad. de Ciencias de París, de Berlín, de Upsala, centrales de las compañías monopolistas). Esto permite adelantos valiosísimos, y sobre todo forja nuevos tipos humanos y un nuevo modo de concebir la tarea de los d. g. En especial, se mejoran las técnicas de la navegación, sobre todo la precisión de los mapas. En arquitectura naval, se pasa de la carabela y la nao a la fragata y el navío, barco éste todavía mediocre. La vanguardia la tienen los holandeses. En el xvii la navegación de transporte se hace en fragatas y también en navíos, como los de la Compañía de Indias. Para la guerra, el navío de línea lleva cañones en batería, con frecuencia en varios niveles, y cubierta protegida contra los abordajes. El comercio hispano siguió haciéndose en galeones, en el Atlántico reunidos en flotas. Pero en todos estos tipos los mástiles son más altos y firmes, y las velas más numerosas, mayores, y mucho más ágiles para las maniobras de los vientos. Son ya, desde fines del xvi, los grandes veleros.La Ilustración. Expediciones de carácter científico. La paz europea que siguió a la guerra de Sucesión de España permitió la internacionalización de las ciencias. Comienza la publicación de enciclopedias (la inglesa de Chambers, en 1728; la francesa de Diderot y D’Alembert, en 1751). Se inicia la exploración del interior de los continentes, y crece la atención por el exotismo y el interés hacia otras razas humanas. En los salones ilustrados de Europa se inventa la filantropía. Los navegantes tienen formación y propósitos científicos. El paso de Venus delante del Sol (1769), anunciado por Halley, movilizó sabios astrónomos y barcos que los llevasen a los buenos observatorios. Ha aparecido la corbeta. Los grandes nombres de esta época son franceses e ingleses, con una decorosa presencia española.Al firmar el tratado de París, Jorge 111 de Inglaterra necesitó ocupación para sus barcos y marinos, y de ello nacerán varias expediciones de circunnavegación que en rigor inician el nuevo periodo. El comodoro John Byron, abuelo de Lord Byron, había ido en la escuadra de Anson, naufragó en Patagonia (1741), pero alcanzó Chiloé, donde estuvo tres años prisionero de los españoles. Vuelto a Inglaterra, se había distinguido en la guerra contra Francia. En su expedición (1764-66) exploró las costas de Patagonia, Tierra del Fuego, Malvinas, Magallanes, y luego dio la vuelta al mundo. Más tarde fue gobernador de Terranova, y mandó una escuadra encargada de interceptar los barcos franceses en América. Carácter similar tiene la expedición de Samuel Wallis y el capitán Carteret que sale con tres velas de Plymouth (agosto 1766). En Magallanes midieron la talla de los patagones, y Wallis arribó en solitario a Tahití, donde fueron magníficamente recibidos por las gentes de la reina Oberea, y despedidos con lágrimas y flores. En el regreso descubrió las islas Wallis, descansó en Tinián, hizo escalas en Batavia, El Cabo y Santa Elena, y llegó a Inglaterra en mayo de 1768. Carteret recorrió también el Pacífico, estuvo en Batavia, evitó El Cabo, dejó una botella en la isla de la Ascensión, y en el último tramo se cruzó con la fragata francesa de un capitán que sería famoso: Bouganville.Quizá fue la de éste la primera propiamente de las expediciones científicas. La Escuela naval de Brest quería hacer de la Marina un arma de gentes cultas. Louis Antoine de Bouganville, nacido en la alta burguesía, capitán de navío, protegido de la Pompadour, con servicios en Malvinas y Canadá, y fama de matemático y diplomático, sería luego senador y conde con Napoleón. Invitado ante la protesta española a organizar la evacuación de las Malvinas, por él conquistadas, propuso disimular tal expedición convirtiéndola en una vuelta al mundo. Con la fragata Boudeuse salió de Brest (diciembre 1766), y en las Malvinas se le unió la flauta Étoile, visitó Argentina y Uruguay, estudió las corrientes oceánicas, y atravesó Magallanes, donde el naturalista Commerson herborizó a placer. Pasó por el archipiélago de Tuamotú, y estuvo en Tahití poco después de Wallis, de donde trajo a Francia al indígena Aoturu. Visitó las Samoa y Nuevas Hébridas, llegó al mar del Coral, no pudo acercarse a Nueva Guinea, estuvieron en Molucas, donde dejó a su astrónomo Véron para observar el paso de Venus, y por la isla de Francia y Madagascar alcanzaron Sannt-Malo (marzo 1769). Sólo habían perdido siete tripulantes. Por falta de cronómetros no habían podido medir bien las longitudes, pero sí establecer la del Pacífico. La relación de Bouganville fue impresa en todos los idiomas.Su relato fue completado por el de Surville, que exploró las islas Salomón y visitó Nueva Zelanda antes que Cook. En general, los navegantes franceses del momento, sabios y exploradores, hicieron de la isla de Francia su lugar de cita para los estudios botánicos, étnicos y geográficos.Cook, el ordenador de las tierras oceánicas. La Pérouse. Otras navegaciones. Perdida a causa de la guerra la primera oportunidad de estudiar el paso de Venus ante el Sol (1761), la segunda (1769) no podía ser desperdiciada. Todos los astrónomos de Europa se movilizaron y dispersaron: Siberia, Abisinia, California. Francia había dejado para ello en Molucas al astrónomo de Bouganville. Inglaterra se dispuso a estar presente, y la Royal Society, de acuerdo con la Academia de París, decidió establecer una estación observadora en Tahití, que tan bien había recibido a Wallis. Para mandar la expedición el Almirantazgo prefirió a un autodidacto, James Cook (v.), hijo de un criado de granja, que había estado en Canadá y Terranova, y estudiado matemáticas y náutica.Para su primer viaje (1768-71), las instrucciones eran arribar a Tahití, establecer el observatorio, estudiar física e historia natural, reconocer luego Nueva Zelanda, y comprobar el perfil de la tierra de Quirós. Salió de Plymouth (agosto) en el Endeavour, barco carbonero que era resistente y él conocía bien, y su primera escala fue Tenerife. Siguió a Brasil-Malvinas-cabo de Hornos, donde creyó en la no proximidad de un continente. Por Tuamotú, llegó a Tahití y montó el observatorio llamado Punto-Venus, donde la observación de este planeta fue óptima, así como el estudio geográfico, social y económico de las islas, en el que destacó el botánico Banks. Contorneó la isla norte de Nueva Zelanda y la costa este de la meridional, y por la costa este de Australia y el estrecho de Torres alcanzó Nueva Guinea; por último, Batavia, El Cabo, Santa Elena e Inglaterra. Los resultados científicos eran las dimensiones de Nueva Holanda (Australia), la volatilización de la tierra de Quirós, y numerosas observaciones de longitud y latitud. Pero las pérdidas humanas habían sido muchas.Inmediatamente obtuvo para su segundo viaje dos corbetas, la Resolution y la Adventure. Embarcó víveres para dos años y un aparato para destilar agua del mar, así como muchos instrumentos y un verdadero estado mayor científico. Desde Plymouth (julio 1772) a Funchal, Cabo Verde, El Cabo, y a los hielos del sur hasta los 67° 15’. Separados, Cook renuncia a pasar el círculo polar y pone proa a Nueva Zelanda, donde se le une Furneaux con la Adventure, que había bordeado Tasmania, y explora las aguas al este en busca de lo descubierto por Kerguélen, llega a Tahití tras la fragata española de Boenechea El Águila, enviada por el virrey Amat (1772), vuelve al sur hasta los 71’ 10’, al norte hasta la isla de Pascua, otra vez las Marquesas y Tahití, Nuevas Hébridas, otra vez Nueva Zelanda, y por latitudes meridionales al cabo de Hornos y regreso (1775). Había recorrido el Atlántico y el Pacífico, y hecho cuatro reconocimientos al sur de los 60°, y unos sistemáticos recorridos de la Melanesia con sede en Nueva Zelanda y Tahití.El tercer viaje de Cook (1776-79) es quizá el más espectacular. Su gran meta era el paso del Pacífico al Atlántico por el norte. A la ya empleada Resolution se le unió la Discovery, mandada por el veterano Clerke. Por Tenerife, El Cabo y la isla de Kerguélen van a Tasmania, Nueva Zelanda y Tahití, para partir directos hacia el norte, pasar el Ecuador, alcanzar Hawai, y desde allí California a la altura de Nutka. No encontraron naturalmente el "estrecho de Juan de Fuca", pero llegaron a los 66° de lat. N y a la extremidad del continente americano (9 ag. 1778). Siguió Cook hasta los 7l’, avistó Asia, tomó contacto con un establecimiento ruso en Onalaska, volvió a Hawai donde admiró al talante pacífico de los indígenas y fue adorado como un dios, si bien surgieron luego roces y al fin murió asesinado por la espalda el 14 feb. 1779 (sobre los viajes de Cook, cfr. A. GRENFELL PRICE, ed., Los viajes del capitán Cook, 1768-79, Barcelona 1985). Tras las represalias, los barcos volvieron al estrecho de Behring, y por la costa rusa de Asia y Macao, estrechos de la Sonda y El Cabo, regresaron (octubre 1780).En el momento más brillante de la navegación en el Pacífico, Cook había despejado las principales incógnitas del sur y del norte, explorado sistemáticamente zonas discutidas y complejas, cuyas características había hecho estudiar y dibujar, y descubierto islas que serían famosas. En ocho años desarrolló un esfuerzo titánico, que le coloca en primerísima línea entre los navegantes de todos los tiempos.La expedición francesa más famosa de este medio siglo, capital en la historia del dominio de los mares, es la de Jean-Francois de Galaup, conde de La Pérouse (1785-88). Tras la paz de Versalles (1783), Francia volvió a la política de expansión económica, restableció la Compañía de las Indias y de China, y el propio Luis XIV participó en la redacción de las instrucciones para dicha navegación: con independencia de su programa científico, completar las observaciones de Cook, observar la costa americana entre Alta California y Alaska, y abrir mercados en China, Japón y mar del Coral. La Pérouse, hombre de mar desde su juventud, había luchado como capitán de fragata en la guerra de Independencia de EE. UU., y conducido personalmente una expedición contra los establecimientos ingleses de la Compañía de la Bahía de Hudson. Con dos fragatas, la Brújula y el Astrolabio, y un imponente cargamento de instrumental científico, zarpó (1 ag. 1785) hacia la isla de Pascua y luego Hawai, desde donde reconocieron las costas de Alaska. A primeros de 1786 se detuvo en las Marianas y Macao, así como un mes en Manila, y a continuación inició la serie más importante de sus reconocimientos. De ellos resultó el perfil exacto de las costas de Manchuria, y la extensión y distribución de las islas japonesas, pues descubrió el estrecho entre Sajalín y el continente, así como el que separa aquélla de la isla de Yeso (estrecho de La Pérouse), y a través de las Kuriles llegó hasta Kamchatka. Entre padecimientos y enfermedades de sus tripulaciones, los barcos llegaron a la costa de Austrartlia (Botany Bay), precisamente cuando el comodoro Phillip estaba desembarcando allí los primeros contingentes de deportados ingleses (enero 1788). A Phillip le entregó La Pérouse sus últimas cartas, después de lo cual orientó los barcos hacia el E, y no volvió a saberse de él. Los mares del Sur vieron desaparecer a la flor y nata de la Marina real. Sólo 40 años después (1826) se encontraron los primeros rastros en la isleta de Vanikoro, del grupo de las de Santa Cruz. Recientemente se han identificado los restos bajo una capa de coral, por medio de equipos de inmersión.La parte cartográfica del viaje, con la terminación de un "Neptuno universal", se había salvado. Las colecciones de etnología e historia natural se perdieron, aunque habían enviado algunas plantas al jardín real. Cook y La Pérouse habían ganado la batalla de las longitudes, pues navegando con cronómetros habían abierto la era de la navegación cierta.A la búsqueda de La Pérouse, que se convierte en la obsesión de la conciencia francesa, partieron tres expediciones principales: Marchand (1790), Dupetit-Trouars y D’Entrecasteaux (1791), que repasaron una y otra vez las aguas del Pacífico. El primero estuvo en Nutka, dio la vuelta al mundo, y regresó sin éxito. Los hermanos Dupetit-Trouars fueron apresados en Brasil por los portugueses, aliados de Inglaterra. D’Entrecasteaux, con tripulaciones divididas entre aristócratas y jacobinos, dedicados todos a las observaciones de fauna, flora y geología, murió cerca de Nueva Guinea, y sus supervivientes fueron apresados por los ingleses cerca de Santa Elena; las colecciones científicas fueron devueltas a Francia.Otros muchos barcos navegaron a fines del XVIII las diversas latitudes del Pacífico. No deben ser olvidadas las expedicion españolas desde Lima a Tahití, en los tiempos del virrey Amat: las de González de Aedo, las dos de Boenechea y la de Lángara. La internacionalización de las rutas marineras se había hecho general, singularmente en los mares del Sur, y tampoco pueden dejar de mencionarse los primeros viajes científicos al reconocimiento y exploración del interior de los continentes, como el de La Condamine (1743-45) al Perú, Quito y Amazonas, el de los españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa (v.) que dio lugar a las célebres "Noticias secretas" de América. Por otra parte, al Atlántico norte destaca la expedición de Phipps (1773), que llegó a Spitzberg y hasta los 80° boreales.El final de las grandes navegaciones científicas del xviti está en la española de Alejandro Malaspina y en la inglesa de George Vancouver, las cuales coronan también el más típico de los problemas estratégico-comerciales del siglo de la Ilustración, precursor por sus protagonistas mayores incluso de las tensiones contemporáneas: el problema de Nutka.Rusos, ingleses y españoles en Alaska. La última expansión hispánica hacia el norte de América fue consecuencia de las reformas ilustradas en el gobierno de Nueva España, y de la trascendental "visita" del luego ministro J. de Gálvez (v.). Como parte de su plan y en tiempo del virrey Croix, se enviaron a las misiones septentrionales hasta cinco expediciones de frailes franciscanos (1769), entre los que iba fray Junípero Serra, luego fundador de la ciudad de San Francisco. Un nuevo virrey, Bucareli, plantearía (1771) la apertura de la ruta del Colorado hacia Monterrey, es decir, la comunicación regular entre Sonora y las misiones. Para entonces, los rusos se habían instalado en Alaska, por obra sucesiva del danés ti’itus Behring (v.) y de Chirikov (1769-71). El embajador en San Petersburgo, conde de Lacy, comunicó a Madrid un plano en el que los rusos mostraban su creencia de haber sido ellos los descubridores de las costas del Pacífico entre los 55° y los 60° de lat. N, hasta la isla Baranov (archipiélago Alexander). Bucareli reaccionó enviando a tales latitudes una primera expedición militar, mandada por el alférez Juan Pérez, que llegó (1774) hasta los 55°. Al año siguiente (1775) Bruno de Hezeta y Juan F. Bodega y Quadra (v.) alcanzan los 58°, con lo que rebasan las costas de la Columbia británica (Canadá), guiados por el piloto Maurelle, autor de una importante relación muy utilizada luego por Cook. Una tercera expedición (1779) estuvo dirigida por Ignacio Arteaga y Bodega y Quadra, también con Maurelle: observaron las mareas, levantaron planos, y describieron la geografía física, fauna y flora hasta los 60°.La guerra norteamericana de Independencia fue aprovechada por los rusos para avanzar hacia el Sur. Cuando, terminada aquélla, se reanudan las navegaciones científico-militares hispanas (1788), los rusos están ya en Nutka, isla Trinidad, Onalaska, etc. Allá hizo dos navegaciones Esteban Martínez, que coincide allí con una fragata norteamericana y un paquebote portugués de Macao, pero construye un almacén con su batería, a más de entrar en relación con los indígenas. La guerra de las pieles se complicaba y acercaba. El virrey envió a Nutka otra expedición de refuerzos, la del marino Francisco Eliza (1790), que reconoció las costas otra vez hasta los 60° de lat. N.A aquellos territorios, pasando por la continuación en Perú de los trabajos hidrográficos de Ulloa y Jorge Juan, envió entonces España la expedición dirigida por Alejandro Malaspina (v.), italiano del Colegio Carolino de nobles de Palermo, oficial de la marina española, que había hecho ya un viaje a Filipinas y luego dado la vuelta al mundo como capitán de la Astrea. Con las corbetas Descubierta y Atrevida salió de Cádiz (julio 1789), estudió Patagonia, visitó Valparaíso y El Callao, hizo exploraciones botánicas y geodésicas, y en Guayaquil midió la altura del Chimborazo. En Panamá estudió un mes la altura de los océanos y su posible comunicación. Preparó en el puerto de San Blas sus corbetas para los mares del norte, buscó el estrecho de Anian, midió casi con exactitud la altura del monte S. Elías y el llamado glacial Malaspina, y exploró el golfo de Yakutat hasta el puerto del Desengaño (Disenchannrlent Bay). Había fijado la costa americana norte con precisión no alcanzada hasta él. Descansó en Nutka y Acapulco, y por las Marianas, Filipinas, Nuevas Hébridas, Nueva Zelanda, Australia y las islas de la Amistad (Tonga) alcanzó El Callao. En septiembre de 1794 estaba de vuelta en España, donde fue recibido con grandes honores y ascenso a brigadier de marina. Preparaba para su publicación el enorme material de mapas y dibujos cuando cayó en desgracia de Godoy, que le condenó a 10 años de prisión en un fuerte de La Coruña. A petición de Napoleón fue puesto en libertad (1802), y regresó a Italia, donde murió. En el estrecho de Juan de Fuca, entre la isla Vancouver y el continente, no había tenido tiempo de terminar su exploración, y en México propuso al virrey Revillagigedo el envío de otra expedición complementaria.Fue ésta la de las corbetas Sutil y Mexicana, en las que el marino Dionisio Alcalá Galiano recogió (1792) riquísimo material sobre los indígenas y levantó un mapa completo. Entre los 30 y los 60° encontraron numerosos barcos ingleses, norteamericanos, lusitanos y franceses, dedicados al comercio de pieles. Una vez más no estaba siendo respetado el pacto entre Inglaterra y España (1790) de deslinde de sus posesiones respectivas en la zona. Todavía en el mismo año (1792), el español Jacinto Caamaño buscó por última vez en las costas de la Columbia británica el paso hacia el Atlántico. De él queda un interesante diario.Por parte inglesa el pacto de Nutka había sido establecido por el último de sus grandes navegantes científicos y transpacíficos del xviii. Veterano del segundo y tercer viajes de Cook, George Vancouver había seguido la ruta del cabo de Buena Esperanza medio año antes que D’Entrecasteaux. Su expedición (1791-94) tuvo el encargo de ocupar Nutka. Con la Discovery y la Chatham salió (abril 1791) hacia Australia-Nueva Zelanda-Tahiti y las Hawai, llegó a la costa americana en los 39° de lat. N. y la recorrió hasta el paralelo 52, circunnavegó la isla a la que dio nombre, volvió un par de veces a y desde las Hawai, y regresó a Inglaterra, donde poco después (1798) apareció la relación de su viaje.Las gestas de los grandes veleros de todas las naciones de Europa, paseando sus arboladuras por todos los mares del mundo, se adentraron en el s. xlx.7. Tras los grandes descubrimientos, las exploraciones geográficas. Quedaban perfilados todos los continentes y recorridos todos los océanos. Faltaba la penetración en los mares Ártico (v.) y Antártico (v.), hasta los Polos, y la exploración de los magnos espacios continentales del interior. El ejemplo de La Condamine, Ulloa y Jorge Juan, empezaba a ser seguido por Azara, por Mackenzie en Alaska, y lo sería por A. von Humboldt (v.) en América, por Prjevalsky y Sven Hedin en la Alta Asia, por Livingstone (v.) y Stanley (v.) en el corazón del África. Pero eso es otra historia, o quizá un complemento de la misma, pero diferente por las técnicas, los estímulos humanos y el contexto histórico. Tras los grandes descubrimientos, ya terminados a fines del xvill, se abre la época de las espectaculares exploraciones geográficas (v.).F. PÉREZ-EMBID.
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