Della Porta, Giacomo
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Biografía GER
Arquitecto italiano, n. en Roma 1540 y m. en la misma ciudad en 1602. Fue discípulo de Miguel Ángel (v.) y más tarde seguidor de G. Vignola (v.). Al morir éste tomó G. della P. el encargo de la dirección de las obras de la basílica de S. Pedro (1586). Fue el arquitecto más destacado de Roma en el último tercio del s. xvl.Le cupo una suerte y puesto difíciles, por ser su momento una época de transición, en la que ya estaba latente el barroco, pero no había llegado aún el movimiento transformador pleno, el empuje genial que cambiaría la arquitectura europea. Por otra parte su cometido esencial, gestión ingrata, no fue crear o planear de nuevo, sino concluir y poner a punto lo que otros habían comenzado. Su mayor mérito estriba, quizá, en haber sido un hábil constructor y director de obra, serio y discreto intérprete de las voluntades ajenas, limpio ejecutor, buen técnico y, sin duda, trabajador incansable. Su obra personal, sus transposiciones o interpretaciones quedan perdidas entre los trabajos proyectados y adjudicados a otros; son los detalles o soluciones fragmentarias de un elemento, una portada, el recorte de un frontón o el claroscuro de una cornisa, los que acusan su personalidad e intervención, perdida en un conjunto proyectado por algún otro arquitecto. Ese estilo suyo, aunque sólo sea de interpretación, es justamente la transición del rigorismo clasicista a la exuberancia y mayor elasticidad decorativa del barroco.Fue él quien concluyó la mayor parte de los edificios comenzados por Miguel Ángel y dejados sin acabar: el Palacio de los Senadores en el Capitolio (1564-94), la gran loggia del Palacio Farnesio, la cúpula de S. Pedro (1586-93). Realizó el patio de Santa Sapienza en 1575; también por este año llevó a cabo la fachada del Gesú, dibujada por G. Vignola, así como el interior de la misma iglesia. Más tarde la fachada de S. Trinitú dei Monti (1579) y la de S. Luis de los Franceses (1589) y, finalmente, la Villa Aldobrandini, en Frascati (15981604), su obra más famosa.En las obras miguelangelescas introduce cambios: el aumento de peralte en la cúpula de S. Pedro debió ser aconsejado por el propio Miguel Ángel; la cúpula fue iniciada por G. della P. en 1588, pára rematar la linterna, también con transformaciones, entre 1590-91. Posteriormente en la fachada del Palacio Farnesio la ruptura en la forma con lo miguelangelesco es mucho más acusada: la gran loggia es una violenta cesura en la serena y reiterativa disposición de las fachadas. En relación con esa galería está, sin duda, el patio de la Santa Sapienza en la iglesia de S. Ivo de Borromini, pensado más monótonamente, que hoy rompe la unidad de la obra borrominesca. La elegante y severa fachada del Gesú fue realizada muy ajustadamente, pero no pudo dejar de lanzar la nota arbitraria y barroca del doble frontón sobre la puerta principal y, de la misma forma, en la estructura del interior, severamente mantenida, es la decoración la que se sobrepone y remueve, rellenando los espacios que se imaginaron desnudos. En la fachada de S. Luis de los Franceses, seguramente es interpretación suya lo referente a las ventanas, con arco de descarga sobre los frontones y la resaltada puerta central.Su obra más personal y en la que su fantasía pudo trabajar más es la Villa Aldobrandini. Es, sin duda, un verdadero espectáculo arquitectónico, que se une a la naturaleza y saca partido de ella. Dio los planos en 1598 y dirigió las obras hasta su muerte, dándose entonces el mismo hecho que con sus otras obras, pues si él fue concluidor de lo de otros, su villa la terminaron C. Maderna y D. Fontana. El sereno conjunto de su fachada principal anuncia los nuevos modos en el acusado coronamiento; la fachada posterior sobrepone galerías renacentistas con aire caprichoso, casi escenográfico; frente a esa fachada el fantástico teatro de agua irrumpe decididamente en las quintaesencias de lo manierista, en su artificiosa decoración arquitectónica saturada de grutas y mitología, que sirve de base al "jardín colgante", recortado y dominado, y por cuyo centro asciende, triunfal, la escalera, para perderse en el cielo.FEDERICO TORRALBA.
BIBL.: G. GIOVANNONI, L’architettura del Rinascimento, 2 ed. Milán 1935; BERTOLOTTI, Artisti lombardi a Roma, Milán 1881.
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