Decoración ARTE
Categoria:
Arte
Ante la gran variedad de estilos decorativos e interpretaciones de los mismos que existen, nuestro propósito es el de simplificar esta intrincada serie y concretar los más destacados por su mayor personalidad y más merecido éxito. Es éste el momento de plantear una cuestión: ¿Puede calificarse a la d. como una rama del arte? La respuesta es difícil, valorar siempre lo resulta. El trabajo del decorador es comparable al del director de teatro o cine; en sus manos se encuentran los elementos indispensables para crear una situación, un ambiente: actores, vestuario, atrezzo, etc.; con ellos debe alcanzar la ansiada unidad de forma y de contenido, en definitiva su ordenación será exclusivamente personal. Si nuestro criterio nos lleva a conceder al director de escena el título de artista, debemos, de igual forma, ofrecérselo al decorador.Elementos propios de la decoración. Analicemos brevemente los términos que, con sus propiedades particulares, dan vida a la d. En primer lugar se nos aparece el espacio, es él el gran rector del conjunto; con sus volúmenes obliga a una solución determinada; es, en resumen, el protagonista. Pero un espacio tiene que convertirse en un ente habitable, es decir, propio para la vida cómoda del hombre, quien, por interés propio, condiciona y regula ese volumen que le cobija y resguarda.El término mobiliario (v.), por su antigüedad y su constante presencia, es, en importancia, el segundo constituyente de este arte. En el mueble se encuentran los factores más diferenciados de una civilización, es producto de un laborar intermedio entre la arquitectura y el vestuario; evoca a la primera a través de su solidez y de su diseño; a la segunda, gracias a su ornamentación y a sus calidades. Es el mueble representante fiel del sentir de una sociedad. Con atinado criterio H. B. Noel sentenciaba: "Si deseas conocer a los hombres conoce primero a sus muebles". Los estilos en los que domina la arquitectura, barroco o Imperio, son viriles; participan del orden y de la dignidad (porque debemos comprender que el barroco jamás nace de la improvisación; es, sin la menor duda, una de las creaciones más razonadas de la Historia del Arte). Estos muebles gozan de personalidad propia y definida, no necesitan de objeto decorativo alguno para afianzar su prestancia; por el contrario, los inspirados en detalles más sutiles -calidades de maderas, colores de ornamento- sin de efectos más femeninos, lógicos para rococós, saletas de palacio o confortables estancias.También se encuentran presentes en la d. los colores. Ellos dirigen en la armonía, como escapados de las manos de los pintores evocan luces y sentimientos, trascienden a cualquier objeto e impregnando el conjunto con su gracia dan el toque final a la escena. Espacio, mobiliario y color. Tres grandes factores; el resto lo constituyen telas, espejos, plantas, animales, etc., e incluso el paisaje que se deja entrever por los vanos de la arquitectura.Hasta aquí hemos presentado los ingredientes de esta particular creación humana; ahora, pasemos al análisis de sus estilos más destacados.Edad Media. El gótico (v.) ofrece su vasta presencia estilística, llegando a crear tres amplias y definidas escuelas: la italiana (minuciosa y elegante), la borgoñesa (rica y lujosa) y, por último, la norte-europea equilibrada y concisa. Los muebles presentan un rigor de diseño raramente igualado. La pureza de sus líneas sacrificaba parte de la comodidad en aras de la belleza; ella y el concepto de lo noble son las cualidades más destacadas de este estilo. Es el gótico momento de nuevos ideales; el proceso de la arquitectura va a reflejar este renovador deseo artístico. La d. enriquece sus posibilidades con objetos deslumbrantes que prefiguran de la mejor forma el gusto por el coleccionismo y la rivalidad cultural. La orfebrería y el mobiliario aportan sus mundos de particular encanto y amplían los elementos decorativos. Es en los palacios donde se crean las diferentes escuelas dentro de la norma común al estilo, ya mencionada; las viviendas de la burguesía copiarán estos suntuosos aposentos y darán lugar a un arte menor pero que, frecuentemente, alcanza una superior coherencia y belleza.Las miniaturas (v.) de los códices monásticos son pieza clave para el estudio de la ornamentación medieval; en ellas, con primor y fidelidad de cronista, sus autores nos ofrecen una completa visión de su época.Renacimiento (v.). El s. xv aporta, con su interés por el mundo clásico, un nuevo planteamiento de las artes; la d. sufre uno de sus más profundos cambios: los aposentos, de grandes proporciones, se ornamentan con espléndido gusto, se hace uso del exotismo, se emplean ricas telas, magistrales obras pictóricas, y la famosa perspectiva de conjunto, sentido artístico que en esta ocasión se concibe con su total trascendencia orgánica, símbolo de una arquitectura que tiene por protagonista al hombre. El mobiliario aportó en este periodo su particular concepción. Nacen objetos destinados a nuevos fines, la gama se amplía y en ella se busca la comodidad y la belleza, se unen lo funcional y lo artístico. Cualquier mueble de este periodo se realiza con el detenimiento y la dedicación propia a las obras de arte; es este periodo uno de los más claros exponentes de la relación arte-sociedad; el particular sentido de la obra "bien" hecha se refuerza con el propósito de eternidad y trascendencia.F. Brunelleschi, D. Bramante, Miguel Ángel, G. Vignola, A. Palladio, P. Lescot, F. de POrme, J. A. de Covarrubias, P. Gumiel y Gil de Hontañón son los más destacados arquitectos-decoradores de este periodo, y las obras más representativas del mismo corresponden a los palacios italianos (Riccardi, Pitti, Vendramin y Farnesio), a los franceses (Chambord, Blois y Louvre) y a los españoles, entre los que merecen citarse el de Monterrey y el de las Dueñas (ambos en Salamanca) y el de los Vela (Úbeda).Felipe II. Tras la Reconquista española, la cultura castellana se apropió de considerables objetos árabes: cofres, braseros, mucetas, etc., toda una amplia gama que si bien en un principio causó sorpresa, fue, a la larga, introducida en la norma común; por otra parte, Italia, a través de Nápoles, hace llegar su presencia y su moda a la península Ibérica, la cual asimila con particular sentido estas influencias, dando forma a un estilo propio que bien puede denominarse Felipe Il. Las habitaciones íntimas de este monarca en el Monasterio de El Escorial (v.) y las estancias del toledano palacio de la duquesa de Lerma son ejemplo de este estilo serio y sombrío, mezcla del orgullo español y de la vanidad germana. La personalidad del pueblo español "ingenua y atroz" ha superado con ingenio la realidad de su pobre economía. En la d. española la madera pintada ocupa el lugar del mármol, la austeridad vence sobre el esplendor de las artes extranjeras. La vivienda popular española de los s. xvt y xvit se forma de modestos elementos que en muchas ocasiones presentan cierta dignidad y grandeza.Barroco (v.). Es el siglo de Borromini, de Juvara, de Bernini; la arquitectura somete bajo su norma a las demás artes; los interiores se inundan de mármol y estuco, de cortinones y consolas, de esculturas y de nuevo mobiliario. Los grandes palacios derrochan prodigioso número de habitaciones. El decorador ordena, con mayor o menor acierto, los espejos venecianos, las esculturas romanas, los ornamentos florentinos, etc. Alemania, España, Francia, Inglaterra, todas copian a Italia; artistas italianos marchan con su saber a tierras extrañas; muy pronto se hará notar su influencia en las poderosas cortes de Europa.Así como existe un arte decorativo popular en el gótico o en el Renacimiento, el barroco ofrece tan sólo su carácter dentro del suntuoso marco de las economías poderosas, sus mejores ejemplos se encuentran, por tanto, en palacios o iglesias. Es arte expresivo que necesita de grandes espacios y de incondicionales mecenas; la interpretación a pequeña escala resulta pobre y muy poco brillante; no es este arte decorativo único reflejo de un mueble o de un color, es resumen en el que participan los más variados artistas.Estilos Luis XIII, Luis XIV, Luis XV y Luis XVI. El Palacio de Versalles (v.) es la muestra a analizar en este capítulo. En los 70 años comprendidos entre la llegada al poder de Enrique IV y la mayoría de edad de Luis XIV, Francia evoluciona espiritualmente a un ritmo envidiable; con su peculiar habilidad copia estilos extranjeros a los que en seguida presenta como propios. 1. Vermeer (v.) o G. Metsu (v.) reflejan en su obra la idea de los hogares de la burguesía jansenista, ambiente que con el italiano y el español crea el conocido Luis XIII, en los que son piezas fundamentales los sillones torneados con respaldos y asientos de cordobán, los bargueños, los cofres de ébano y los armarios "en diamante", reunidos todos ellos en una mezcla de agradables resultados.La subida al trono de Luis XIV constituye en la Historia de Francia uno de los hechos más trascendentales. El bronce irrumpe en la d., sus dorados reflejos dan brillo a muebles, trípodes, chimeneas, esculturas, incluso al abanico de las damas; toda manifestación de arte se énriquece bajo el control del monárquico deseo. Los jardines cobran una importancia inusitada; los decoradores introducen en grandes macetas la vida de los frutales, que se refleja en los innumerables espejos de los palacios.Tras el breve periodo de la Regencia surge, pleno de encanto, el estilo Luis XV. Se ha dicho que este gusto rococó se inspira en el cuerpo femenino; es cierto, y como tal resulta imprescindible en un íntimo saloncito cortesano. Luis XVI ofrece un cambio radical: el mobiliario se hace viril y casto, la simetría y las líneas rectas, de origen clásico, aportan una nueva visión que más adelante, pasada la popular Revolución, resurgirá actual y espléndida.Directorio, Imperio, Restauración. Nuevos estilos. Inglaterra. Napoleón llevado de su particular carácter crea a su alrededor un ambiente seudorromano que hoy nos sorprende por su ingenuidad, pero que, sin la menor duda, provocaría el entusiasmo de Madame Staél y de la Récamier. Los arquitectos Ch. Percier y P. F. Fontaine proyectan el renovado mobiliario. El Código Civil y el Derecho Romano transmiten, al ser adoptados en Francia, un rigor hasta entonces desconocido y que se consolida en el estilo Imperio. En sus salones se ordenan los elementos integrantes con el estricto planteamiento del ejército sobre el campo de batalla; esta disposición acaba pronto por fatigar a los franceses que reaccionan con el detalle femenino y delicado del estilo Restauración. Después, en alternancia de criterios, se suceden el Luis Felipe, el Segundo Imperio, el Tercera República, el Enrique II, etc.Mientras, en Inglaterra, se ha ido configurando un arte nacionalista que, partiendo del Chippendale afrancesado y del Adan, elegante de colores pastel claro, culmina en el tremendista Victoriano que reúne, en fantástica acumulación, los más opuestos objetos; trofeos de caza, recuerdos de Florencia, macetas, relojes, etc., dando lugar a este estilo que define, como ningún otro, el infierno del gusto.América del Sur y del Norte. Latinoamérica sufre la clara influencia de Portugal y España, pero, gracias a su profunda tradición artística, realiza en maravillosa síntesis su peculiar y hermosa concepción del barroco; Brasil, Chile, Perú, México, nos sorprenden con sus creaciones nacionalistas de insuperable belleza.Los elementos europeos se funden en el colonial. Camas con baldaquino y mosquitero de muselina, cortinas genovesas de grandes ramajes, caobas de Inglaterra, mármoles italianos, cristalería francesa; en resumen, una auténtica colección digna de un portentoso nuevo rico. Los muebles, copia de los del Viejo Continente, sufren de gigantismo, excediendo de la proporción correcta. Son los Estados del Norte los que nos muestran un gusto más atinado, en el que Inglaterra participa con la mayor influencia.El romanticismo (v.). Fin de Siglo, exotismo. El concepto del "Baratillo" nace como oposición a la severidad neoclásica. H. de Balzac, T. Gautier, rompen el cerco, y les siguen numerosos artistas; los decoradores también se agrupan con los rebeldes poniendo de manifiesto su desdén insultante para con la norma establecida; en su atrevimiento llegan a conjugar en un mismo espacio una mesa renacimiento con un sillón rococó, un aparador Enrique Il con un atril gótico, una armadura del medievo con una escultura oriental; es el momento del capricho, de lo inesperado y de la originalidad. Esta situación romántica desemboca en el Fin de Siglo y en el exotismo. En el primer estilo vence el gótico (desproporcionados ventanales emplomados al gusto de las viejas catedrales, mobiliario de raíz medieval, trípticos, etc.); en el segundo se acomodan los decoradores al arte de los Goncourt: Japón, la India y África se unen con un acierto de alta diplomacia.Modern Style. Art Noveau (v. MODERNISMO IV). Por vez primera los artistas deciden imponer su imaginación poética a una sociedad realista; es éste el movimiento más universal. Criticado duramente en un principio, fue admitido poco después con un fervor jamás alcanzado. El artista parte de la naturaleza, y mediante estilizaciones casi oníricas, recrea su personalidad. Los edificios vibran con ritmo vegetativo; exteriores e interiores, escaleras y patios, elementos y conjuntos se contagian de este ritmo vivencial. A. Gaudí (v.) prefigura con su arte este movímiento que se resume en su obra La Pedrera (Barcelona).El s. XX: surrealismo y funcionalismo. Dalí (v.) y Bretón crean escuela, el erotismo y la muerte son los protagonistas de la acción; lo insospechado, lo ilógico, el valor del objeto por sí mismo, el contraste, son las partes integrantes del concepto surrealista (v. SURREALISMO). Los colores y los volúmenes se presentan de la forma más "desordenada" y, sin embargo, el conjunto disfruta de una insuperable unidad.Como violenta reacción contra el surrealismo surge, potente y actual, el funcionalismo (v.) bajo el lema: "Lo útil por lo útil". Dinamarca y Holanda, por primera vez en la Historia del Arte, imponen su concepto y su gusto. El mobiliario de este estilo, concebido por la rigurosa mentalidad escandinava, diseñado por ingenieros italianos, reproducido en serie bajo la metodología americana, es probablemente la producción más actual. En esta máquina para ser habitada que es la nueva vivienda, todo el mobiliario goza de doble fin; las mesas se transforman en camas, las sillas se encajan unas dentro de las otras y dan lugar a una estantería, etc. Es la civilización que se rige por la idea de "cada cosa en su sitio y que cada sitio ocupe el menor espacio". Grandes pintores y arquitectos han influido con su arte en este estilo; G. Braque, P. Mondrian, Le Corbusier, W. Gropius, etc. (v. voces correspondientes), son nombres ligados a la realidad de este renovador concepto de la vivienda y de su d.Decoración no objetiva. La vida actual y los nuevos materiales constructivos han provocado sorpresa y desconcierto; el hombre se ha visto obligado a concebir un ambiente propio para su nueva forma de vida, la solución es el mundo no objetivo o abstracto; en él se desemboca en un arte "brutal"; ídolos de África, pinturas de P. J. Pollock, carteles de T. Lautrec, móviles de A. Calder (v.), copas griegas, luces contrastadas y violentas, en definitiva, un concepto diferente que responde, clara y firmemente, a la situación ideológica del hombre actual.Ha terminado nuestro resumen, dentro de unos años se podrá ampliar, vendrán nuevas formas y nuevos gustos, todo jugará a ser distinto y original, y de hecho lo será, porque el arte marcha de continuo hacia adelante creando, cuando es auténtico, nuevos medios expresivos. V. t.: MUEBLE.JORGE DISDIER.
BIBL.: L. FEDUCHI, Historia del mueble, Madrid 1946; R. HUYGHE, Diálogo con el arte, Barcelona s. a.; J. ARONSON, Enciclopedia gráfica del mueble y la decoración, Buenos Aires s. a.; La décoration, Collection de l’art, París 1963; M. PRAZ, Historia ilustrada de la decoración, Barcelona 1964; G. EUDES, Intérieurs modernes, París s. a.; M. RHEIMS, Art 1900, París 1965.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.