Cuba VI Arte 2. Arte Posterior. ARTE
Categoria:
Arte
Época colonial. La importancia adquirida por Santo Domingo en los primeros años del dominio español en América pasó muy pronto a C. La Habana fue el jalón en la ruta de las Indias; Santo Domingo quedó aislado y perdió toda la pujanza de los primeros años del s. XVI. A ello se debe el que allí se conserven importantes monumentos del s. XVI, mientras que lo principal de C. pertenece al s. XVIII. La Habana era, a mediados del s. XVI, la escala principal en la ruta de las Indias. A causa de ello y de los ?ataques de la piratería, pronto se planteó el problema de la necesidad de emprender la construcción de unas fortificaciones que protegiesen al puerto de estos ataques. La mayoría de los ingenieros que trabajaron en las fortificaciones bajo Felipe II fueron italianos. En las de La Habana intervino Giovanni Battista Antonelli que, en 1589, traza el castillo de S. Salvador de la Punta.En el aspecto monumental de la ciudad, La Habana (v.) es un conjunto fundamentalmente dieciochesco. De los edificios que se levantaron antes de este florecimiento barroco tenemos algunas noticias y reproducciones gráficas, como el proyecto de la iglesia mayor, de Juan de la Torre, del Archivo de Indias. El templo antiguo se derriba en 1609 a causa de su insuficiencia, haciéndose tres proyectos del mencionado arquitecto, en dos de los cuales se siguen los modelos de las catedrales de Jaén y Valladolid, y en el otro, de una nave, el tipo de iglesia jesuítica.Junto a este incipiente desarrollo de la arquitectura, de la que se ha perdido casi todo, tenemos noticias de algunas obras de pintura que completan, de alguna manera, el desarrollo artístico de C. durante el s. XVI. El Padre Eterno, del retablo mayor de la ermita de Popa en Trinidad, es de ca. 1570 y romanista es el Cristo atado a la Columna de la puerta del Sagrario de la catedral de Santiago.Ahora bien, lo principal del arte hispanoamericano en C. pertenece al s. XVIII. Es en esta centuria cuando en La Habana se produce la principal transformación de la ciudad y cuando adquiere su aspecto monumental y cosmopolita. Una fecha, 1762, marca el punto de partida de esta transformación. Aunque se conservan edificios importantes de la primera mitad del siglo, es a partir de la fecha citada cuando se realizan los principales conjuntos. En 1762 tuvo lugar la conquista de La Habana por los ingleses. Recuperada por los españoles, se emprenden en la ciudad una serie de mejoras comerciales que muy pronto, a causa del desarrollo económico que se produce en ella, determinaron el nuevo florecimiento de la arquitectura. Con él hay que asociar los nombres de sus gobernadores, conde de Ricla, marqués de la Torre y Luis de las Casas.La arquitectura religiosa del barroco cubano tiene una extraordinaria personalidad, en la que se funden los elementos autónomos y originales con otros procedentes de México. En los edificios civiles, en cambio, se nos muestra aún mucho más independiente y original. Aunque, como hemos dicho, existen relaciones con lo mexicano, el barroco de C. se destaca por su austeridad, por la ausencia de portadas ricamente labradas y por conferir a los mismos elementos constructivos el carácter de elementos dinámicos de la composición arquitectónica. Hay que tener en cuenta que en C. no existió una mano de obra indígena como en México, ni ciudades mineras ni, en última instancia, como ha señalado Angulo Iñiguez, la piedra permitía realizar las filigranas decorativas que se aprecian en el barroco mexicano. En cambio, otro material, la madera, que se utiliza en los artesonados y cubiertas de las iglesias, en los balcones y cubiertas de las casas, fue muy utilizado, a causa de su abundancia, constituyendo uno de los rasgos más característicos del arte hispanoamericano en C. durante esta centuria. Y algunas de estas soluciones constructivas y decorativas de la madera arraigaron de tal forma que su evolución alcanza hasta finales del s. XIX.En la transformación urbanística de La Habana se tuvo en cuenta la típica traza a cuadrícula de las ciudades hispanoamericanas. Con cuatro plazas, la de Armas, San Francisco, Plaza Nueva y La Ciénaga, la ciudad se vio pronto sembrada de los nuevos edificios que se comenzaron a construir entonces. Durante la primera mitad del siglo aparecen ya los rasgos típicos de la arquitectura cubana, con su desornamentación y atención principal a la desnudez de muros y juego de las masas. La iglesia de S. Francisco (171938) y su claustro principal nos muestran los rasgos típicos del barroco cubano desornamentado, uno de sus caracteres más personales dentro del arte hispanoamericano. En el arco de acceso del Seminario, antiguo Colegio de jesuitas, hallamos la presencia del arco semihexagonal de claro influjo mexicano. El edificio estaría terminado antes de 1767, fecha en que tiene lugar la expulsión de los jesuitas. Entre las torres de edificios religiosos de este momento la más hermosa es la de S. Agustín.En la etapa siguiente es la catedral la muestra más importante de la arquitectura religiosa cubana. Tras la expulsión de los jesuitas se termina, para cumplir la finalidad de templo catedralicio, el iniciado en 1748 por la citada orden. El edificio sufrió mucho con la reforma de 1947, en que se perdieron algunas de sus partes más características. Es iglesia de tres naves, cubierta por bóveda de crucería de madera con decoración barroca de rocalla en sus claves y con una fachada que, dentro de su desornamentación, se nos muestra como el más representativo ejemplo de arquitectura barroca de C. En cuanto a su autor se piensa en la posibilidad de que sea obra de Pedro de Medina y de Fernández Trevejos. Estos arquitectos son los más notables entre los que trabajan en La Habana durante el tercer cuarto del s. XVIII. A su nombre se asocian las obras más importantes de entonces, sin que por el momento sepamos si son de uno sólo o de ambos. A su estilo pertenecen las Casas de Correos (177092) y la antigua Casa de Gobierno (177692), de estilo análogo, con fachada con pórtico de arquerías en el cuerpo inferior.Junto a esta arquitectura de gran efecto y pujanza, pero en la que hemos visto generalizado el empleo de la madera como material constructivo y decorativo, existen otras iglesias en las que lo mudéjar (v. MUDÉIARES II) se impone plenamente. Un grupo importante es el del pueblo de Guanabacoa y algunos templos de Camagüey.Otro centro donde floreció una importante arquitectura religiosa fue Santiago. Su catedral posee trabajos en madera que son los más importantes de C.En cuanto a la arquitectura civil hay que destacar la existencia de un importante número de casas labradas por las clases adineradas de la ciudad. En ellas se destaca la labor de barrotes torneados de madera en los balcones, el piso inferior de dos plantas, las cuales alcanzan la portada, como la Casa Pedroso de La Habana, patio interior y estancias cubiertas con armaduras de raigambre mudéjar. Entre las principales de La Habana citaremos la Casa del conde de la Reunión, la Casa del marqués de San Felipe y la portada, de gran efecto barroco, de la Casa de Obra Pía. El panorama de la arquitectura civil cubana de este momento se completa con el grupo de casas, todas ellas de gran interés, construidas en Santiago.£poca independiente. La revisión del racionalismo (v.) en C. ha sido obra de un grupo de arquitectos, Antonio Quintana, Miguel Rubio, Augusto Pérez Beato, Juan Tosca y José Feito, autores del Seguro Médico y del Retiro Odontológico, entre otras construcciones. Vittorio Gattardi es autor de la Escuela de Arte de La Habana, y su labor se centró en la revisión de los estilos históricos. El urbanismo, gran preocupación de los arquitectos cubanos, alcanza su máxima realización en el Plan Habana del Este de los arquitectos Roberto Carazana, Reynaldo Estévez, Hugo de Acosta y Luis Morera. Dicho plan pretende insertar dentro de las modernas avenidas los viejos barrios de la ciudad.En 1910 fue fundada la Asociación de Pintores y Escultores de C.; a dicha agrupación perteneció el pintor Eduardo Abella (1891). Coetáneos de éste son Amelia Pelárez y Fidelio Ponce. De generaciones posteriores son Willredo Lam (1902), Renato Portocarreros (1912) y Cundo Bermúdez (1914), más abiertos a las corrientes europeas. Servando Cabrera (1923) y Carmelo González (1920) tienden a un tipo de composición monumental. El grupo Diez pintores concretos cubanos entra de lleno en el campo de la abstracción. Loló Soldevilla (1911) es una de las principales figuras de la pintura abstracta cubana, además de ser la más notable escultora del país. Otros pintores en esta misma línea son Raúl Martínez (1927), Hugo Consuegra (1929), Guido Llinás (1923).En escultura, aparte de la referida Loló Soldevilla, destaca Juan José Sicre, Eugenio Rodríguez Lozano, Agustín Cárdenas (1927), perteneciente al Grupo Los Once. Roberto Estropiñán (1929) y Tomás Oliva son escultores abstractos.V. NIETO ALCAIDE.
BIBL.: D. ANGULO MIGUEZ, Historia del Arte hispanoamericano, I y III, Barcelona 195556; M. BUSCHIAZZO, Historia de la arquitectura colonial en Iberoamérica, Buenos Aires 1961.
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