Cuba V. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Lengua. Rasgos lingüísticos. El español de C. (quizá debiera decirse de las Antillas) tiene, como el de la América hispana en su conjunto, rasgos semejantes a algunos del habla andaluza (v. ANDALUCÍA IV), el seseo, principalmente. Pero como C. forma parte de la región de "tierras bajas" (según la clasificación propuesta por Pedro Henríquez Ureña), cuyas semejanzas fonéticas con Andalucía son más marcadas, la aproximación entre estas dos zonas lingüísticas no requiere (cosa necesaria en el caso de las "tierras altas") demasiadas salvedades.La característica fundamental en la afinidad fonética con Andalucía es la aspiración de la s final, que en las clases populares más bien tiende a desaparecer. Otrasson el timbre abierto de las vocales, a veces exagerado (checo=chico) o la sustitución de I por r al final de sílaba interior o de palabra, aunque no de manera tan generalizada como en Andalucía. La sustitución de r por I (fenómeno típico de la zona del Cáribe, aunque no de Andalucía) se da también, sobre todo en áreas rurales. En realidad, más que la sustitución de l por r, o viceversa, se trata de la igualación de ambos sonidos en un mismo fonema, lo cual puede alcanzar a personas instruidas; a veces el sonido se acerca más a una que otra consonante, y ocasionalmente se producen otros resultados, dependiendo de la persona o de ciertos usos locales, como la aspiración, la asimilación a la consonante siguiente o la nasalización: cajne=carne, puetta=puerta, comén=comer. Menos abundante, y por influencia de la población de origen africano (fenómeno por ello más bien de hablantes negros del sector popular), es la desaparición de l, r y s al final de palabra y de la s final de sílaba interna. La s inicial de sílaba interna tiende también últimamente a aspirarse, sobre todo en La Habana, con resultados tan singulares como qué coja (j de aspiración faríngea) por `qué cosa’. En cuanto al ritmo de pronunciación se distinguen claramente dos acentos, el de las provincias occidentales y el de las orientales, más rápido y desenfadado el primero, más lento y modulado el segundo (se suele hablar en C. del canto oriental).Vocabulario. El vocabulario cubano cuenta con buen número de palabras transmitidas por los primitivos pobladores de las Antillas Mayores o tainos de la lengua taina y de sus vecinas, emparentadas con ella; de la familia arauaca (v. ARAUACOS II), principalmente loponímicos o nombres de plantas y animales, como ají (pimiento), batea (tina de lavar), bohío (casa de campo con techo de hojas de palma), ceiba (árbol), cocuyo (luciérnaga), boniato, yuca (tubérculos comestibles; el segundo, sinónimo del también taino batata), hamaca, maíz, tabaco, tiburón (escualo) guanábana, guayaba, mamey, papaya (especies de frutas tropicales). A éstas deben sumarse algunas voces indígenas de otro origen, a veces de uso extendido en América y España, como aguacate, tamal, zapote (fruta), procedentes del náhuatl (v. AZTECAS III) o huracán y henequén, del maya de Yucatán (v. MAYAS III). Fuente de cubanismos han sido también las lenguas de los africanos trasplantados a la isla como esclavos desde fines del s. XVl.Si bien muchos de estos vocablos no han rebasado los límites de ciertos grupos (sectas de carácter semidelincuente, como la de los ñáñigos, o asociaciones rituales de brujería o "santería"), algunos han pasado al habla común. Ciertas palabras africanas se han incorporado al lenguaje de las clases populares a través del dialecto del hampa, por el contacto de ésta con los ñáñigos delincuentes, como ecobio (compañero), ñampearse (morirse, de ñampé, palabra sacramental de los velorios ñáñigos), etc.Los onomásticos del santoral afrocubano son de uso generalizado, aunque más favorecido por la parte de la población (negra, mestiza y blanca) que practica este culto, fusión de ritos e ídolos africanos y ceremonias y santos católicos. Por ej.: Ochún (figura asimilada a la Virgen de la Caridad), Obatalá (o la Virgen de las Mercedes), Changó (Santa Bárbara). Originadas en estos cultos, son ya corrientes otras palabras como bembé (toque de tambor de algunas ceremonias, y, por extensión, las ceremonias mismas), bilongo (hechizo), ñeque (personas que tienen "salación" o la conducen), babalao (brujo). Un caso especialmente curioso entre los afrocubanismos es el del adjetivo, muy corriente, bomboa (tibioa), aplicado con preferencia al agua, que en su origen, desconocido hoy de la mayoría de los hablantes, designaba el órgano femenino; tal vez por esa oscura razón se use esta voz en las provincias occidentales sustituyendo a papaya (evitado por ser eufemismo, sentido ya como grosero, de papo, que designó igual cosa con anterioridad), en la expresión fruta bomba.No faltan en el vocabulario cubano dialectalismos peninsulares de distinto origen, debidos a la numerosa y variada inmigración española a lo largo de todo el s. XIX y primer tercio del XX. La clase agricultora cubana se ha nutrido en especial de isleños, que imprimieron algunos particulares rasgos fonéticos al habla campesina o del interior. La proximidad a los Estados Unidos ha originado también el trasplante de anglicismos, aparte los impuestos por los usos cosmopolitas, a veces muy deformados por la pronunciación, como chucho, inglés switch; bamba¡, ingl. byebye; oquéi, de O.K.; frosen, ingl. frozen (una variedad de helado); tensén (de ten cents), nombre genérico que se da a los almacenes Woolworth, y casi toda la terminología del béisbol y del boxeo.Literatura. De loss al siglo XVIII. Desde 1510, cuando llega a C. el adelantado Diego Velázquez, hasta 1790, año de la fundación del Papel Periódico de La Habana, primera publicación regular que acoge escritos de carácter literario, la literatura cubana es punto menos que inexistente. De las culturas aborígenes de la isla, por otra parte de naturaleza muy rudimentaria, sólo ha subsistido el mencionado vocabulario; las únicas referencias precisas a estos primitivos pobladores son las de cronistas tempranos, como Colón mismo (en su Relación del viaje del descubrimiento) y fray Bartolomé de Las Casas (en su Historia de las Indias). Se sabe por las actas del cabildo de La Habana que ya en la segunda mitad del s. XVI hubo funciones teatrales en C., pero ningún texto, o aun título de obras representadas en aquellos tiempos, se conoce hoy (el error extendido hasta no hace mucho de mencionar Los buenos en el cielo y los malos en el suelo como título de una comedia representada en el s. XVI está completamente disipado por las investigaciones y aclaraciones de J. J. Arrom y Max Henríquez Ureña, entre otros).La primera obra de la literatura cubana que se conserva es el poema narrativo de tema histórico Espejo de paciencia, escrito a principios del s. XVII por Silvestre de Balboa Troya y Quesada (n. ca. 156474; m. 163444), natural de la Gran Canaria, avecindado por esta época en la villa de Puerto Príncipe, de cuyo cabildo era escribano. Compuesto de 146 octavas reales y un motete, el poema cuenta, en el estilo de la épica culta española del s. XVI (se ha señalado en él la influencia de Las lágrimas de Angélica, de Luis Barahona de Soto), la prisión de que fue objeto en Manzanillo el obispo de C. fray Juan de las Cabezas Altamirano por un pirata francés y la muerte de este último a manos de un grupo de vecinos de la región. Lo más notable del poema son, sin duda, los pasajes exaltadores del suelo de la isla y de los habitantes de ella que han participado en el rescate del obispo (entre éstos varios criollos blancos y algún negro o mestizo de indio), pues en ese orgullo local se aprecia ya el germen del nacionalismo que habría de conducir más tarde a la lucha de casi un siglo por la independencia.Del siglo XVIII al romanticismo. En la primera mitad del s. XVIII se publica en Sevilla una comedia de enredos de la que es autor el habanero Santiago Pita (m. 1755), la cual constituye la muestra más antigua de este género en C. Pero no es sino a finales de aquel siglo que, al amparo del gobierno "ilustrado" del capitán general don Luis de las Casas, la investigación científica y la producción literaria empiezan a alcanzar proporciones considerables. Junto a la poesía y prosa de corte didáctico o satírico, características de la época, aparece una lírica neoclásica imitada de la española de aquellos años, que cultivan medianamente el habanero Manuel de Zequeira y Arango (17641846) y los santiagueros Manuel justo Rubalcava (17691805) y Manuel María Pérez. Del primero es la muy citada oda A la piña, fruta tropical americana a la que el poeta ve, al final de la composición, como "la pompa de mi patria". La oda enlaza por su contenido con pasajes semejantes del Espejo de paciencia y con la poesía nativista que florecerá en el s. XIX bajo las formas del criollismo (v. CRIOLLOS II), iniciado con los romances cubanas de Domingo del Monte (180454) y desarrollado en la obra lírica de Francisco Pobeda, Ramón Vélez Herrera (180986) y otros, y del "ciboneyismo" o "siboneísmo" (forma indianista nacional).En la corriente siboneísta destacan José Fornaris (182790) y Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, conocido por el seudónimo de El Cucalambé, quien no sólo escribió poemas evocadores del mundo de los indios cubanos, sino también décimas criollistas donde pinta la vida de los hombres del campo o guajiros, de gran popularidad todavía. El nativismo es, en verdad, una manifestación del espíritu separatista que aparece en el primer cuarto del s. XIX, el cual origina también la nota patriótica (declarada en el destierro, velada dentro de la isla), tan notable en el romanticismo cubano, desde su nacimiento indeciso en la obra del poeta de formación neoclásica José María Heredia (v.) hasta su tardía liquidación hacia fines de esa centuria (la coincidencia de la declinación del romanticismo con el triunfo de la causa independentista no es, pues, casual).La época del romanticismo. Se hallan entre los poetas románticos cubanos algunos mártires de las luchas separatistas,, como Plácido (V. VALDÉS, GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN) y Juan Clemente Zenea (183271), ambos ejecutados por el gobierno colonial en circunstancias injustas. Entre los más notables poetas de este periodo ha de mencionarse también a José jacinto Milanés (181463), Joaquín Lorenzo Luaces (182667) que cultivan, además de la poesía, el teatro y Luisa Pérez de Zambrana (18351922), recordada sobre todo como la gran elegiaca de los versos que, tras la muerte del esposo (el poeta Ramón Zambrana) y los hijos, el dolor y la soledad le dictaban. Caso aparte es el de Gertrudis Gómez de Avellaneda (v.), que, aunque nacida en C., reside desde muy joven en la Península, a cuya vida literaria se integra y donde escribe la mayor parte de su valiosa obra, y a quien puede considerarse, por esta razón, más bien española que cubana.En cuanto a la prosa de creación en el s. XIX, el género históricocostumbrista florece, como expresión adecuada a la afirmación romántica de la nacionalidad, en artículos y relatos. Entre estos últimos, aparecen algunos de largo aliento, como las novelas Francisco, de Anselmo Suárez y Romero (181878), en principio un alegato contra la esclavitud, y Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde (v.), ambicioso retrato de la vida cubana del primer tercio del s. XIX. El espíritu patriótico típico de este periodo alcanza definición intelectual y articulación de sus principios en la obra de maestros, pensadores y hombres de letras que participan de un modo u otro en la vida política de la colonia y algunos de los cuales toman, finalmente, el partido de la insurrección revolucionaria, a veces como importantes organizadores de este movimiento: el Padre Félix Varela (17881853), José Antonio Saco (17971879), José de la Luz y Caballero (180062), Manuel Sanguily (18481925), Enrique Piñeyro (18391911; uno de los críticos más notables del romanticismo español), Enrique José Varona (18491933), José Martí (v.) y tantos otros. A Martí, apóstol de la guerra de independencia (189598) y al poeta Julián del Casal (v.) se les suele considerar propulsores de la nueva sensibilidad artística americana de fines de siglo, que recibirá después él rótulo de modernismo (v.).Siglo XX. Con el s. XX se inaugura en la literatura cubana el periodo llamado republicano, por coincidir con el establecimiento de la república, tras una intervención norteamericana de cuatro años, en 1902. El modernismo, iniciado en cierto modo por los escritores cubanos antes mencionados, no deja, una vez convertido en escuela, obras de gran calidad en C. A un posmodernismo desigual y en conjunto poco brillante deben destacarse los nombres de Regino Boti (18781958), José Manuel Poveda (18881926), Agustín Acosta (n. 1887) y Rubén Martínez Villena (18991934), sigue, a mediados de la década de los años 20, la conmoción vanguardista que por aquella época se producía en las literaturas hispánicas, réplica de los "ismos" surgidos en Europa a raíz de la I Guerra mundial (v. ULTRAÍSMO).La vanguardia cubana se agrupa principalmente alrededor de la "Rev. de Avance", donde se dan a conocer escritores que propugnan un cambio radical de actitud frente al arte y la literatura. (El cambio se hace extensivo al terreno ético o cívico entre figuras señeras de esta generación, que por la misma época suscribían el manifiesto del "Grupo Minorista", donde se abogaba por el cumplimiento de ciertas normas de justicia políticosocial). Poetas que alcanzan después renombre fuera del país con obras que ya nada tienen que ver con la estridencia inicial de la vanguardia animan la "Rev. de Avance", así como algunos críticos e intelectuales hoy de prestigio internacional: Eugenio Florit (1903), Emilio Ballagas (190854), Nicolás Guillén (v.), Regino Pedroso (1896), entre los primeros y Jorge Mañach (1á981961), Félix Lizaso (1891) y Juan Marinello (1898), entre los segundos.Poesía. Tres direcciones se definirían en la poesía surgida de aquella renovación: la poesía pura (v.), bajo el influjo de Mariano Brull (18911956), que venía haciendo su obra en Bruselas, donde ocupaba un cargo diplomático; la poesía social (v.), que se continúa hasta el presente, y la poesía afrocubana o negra (v. NEGRISMO) a veces mezclada con la anterior, moda pasajera que deja, sin embargo, algunos poemas apreciables. La poesía es tal vez el género que ha producido mayor número de trabajos de calidad en la C. republicana. En la década de los años 40, los poetas que forman el grupo de la revista "Orígenes" han hecho obras valiosas, nacidas del común propósito de trascender los problemas inmediatos de manera distinta a como lo había pretendido la poesía pura de la generación anterior, pues se trata ahora de crear poemas de contenido existencial o vuelo metafísico (siguiendo los pasos de Valéry, Rilke y de poetas católicos como T. S. Eliot y Paul Claudel). Cintio Vitier (1921), Eliseo Diego (1920), Gastón Baquero (1916), Fina García Marruz (1923) son algunos nombres importantes del grupo, cuya figura central es, sin duda, José Lezama Lima (v.). Las generaciones que siguen, hasta la presente promoción, han ofrecido también muestras notables, algunas ya obras de envergadura, como las de Roberto Fernández Retamar (1930), Pablo Armando Fernández (1930), Fayad Jamís (1930) y Heberto Padilla (1932).Prosa: el cuento. El cuento es género muy favorecido en el periodo republicano, que, por otra parte, tiene importantes cultivadores. Una primera etapa (191030), de preocupación más bien esteticista o universalista, revela el influjo de Maupassant, Anatole France o Ega de Queiroz, de un lado, y de las técnicas y temas del modernismo americano del otro, aunque no falta la nota realista nativa representada especialmente por la obra de Jesús Castellanos (18791912). En esta etapa se sitúa la obra cuentística de Alfonso Hernández Catá (v.) ligado de modo estrecho a la vida literaria española, pues inicia su carrera de escritor en el Madrid de principios de siglo, y desde 1933 hasta el comienzo de la Guerra civil, reside de nuevo en la capital de España como embajador de C., que había de introducir en el cuento cubano las inquietudes y maneras de Kipling (v.), Conrad (v.) y su afín americano Horacio Quiroga (v.). A partir de 1930, podemos hablar de una segunda etapa, vigente hasta hoy, en la cual aparecen varias modalidades, desde el cuento de ambiente campesino, casi siempre con miras a la justicia social modalidad iniciada por Luis Felipe Rodríguez (18881947) hacia 1923, en el cual sobresalen Carlos Montenegro (1900) y Onelio Jorge Cardoso (1914), hasta el cuento mágico o de humor absurdo, territorios respectivamente de Félix Pita Rodríguez (1909) y VirgiIlio Piñera (1914), pasando por relatos donde se aplican a la realidad cubana técnicas narrativas que han renovado la ficción inglesa y norteamericana de las últimas décadas (influencia de Joyce, Virginia Woolf, Faulkner, Hemingway), como son los de Lino Novás Calvo (1905), Enrique Serpa (1899), Ramón Ferreira (1923) y Enrique Labrador Ruiz (v.).Prosa: la novela. La novela ha sido menos afortunada en la literatura cubana contemporánea. Algunas debidas a escritores ya mencionados, como Montenegro, Novás Calvo, Labrador Ruiz y Piñera, son estimables. Pero el conjunto deja aún que desear. El novelista de obra más extensa y notable es, hasta el presente, Alejo Carpentier (v.). De Lezama Lima, nombrado antes, se publicó recientemente Paradiso, voluminosa novela de corte "joyciano" que ha alcanzado gran difusión fuera de C., acompañada de elogios y críticas adversas por igual. Cabe añadir que algunos escritores más jóvenes, como Guillermo Cabrera Infante (1929), Edmundo Desnoes (1930) y Severo Sarduy, han comenzado una obra novelesca muy prometedora en los últimos años.El teatro. El teatro republicano no empieza a producir obras de calidad hasta alrededor de 1940, cuando el movimiento teatral nativo se afianza y comienza a crecer con un criterio profesional y artístico a tono con las corrientes nuevas de los grandes centros de actividad escénica. A partir de esa fecha se suceden dramaturgos que, mediante la prueba de la representación, van adquiriendo una técnica segura. Cuando a la técnica se aúna la inventiva (o cierta profundidad), el resultado es más que satisfactorio, como ocurre con las piezas de Carlos Felipe (1914), el mencionado ya Virgilio Piñera (interesante poeta, por añadidura), Rolando Ferrer, Matías Montes Huidobro, José Triana, Manuel Reguera Saumell y otros.Investigación y ensayo. En el campo de la historia y el ensayo sociológico ocupa un lugar sobresaliente la obra de Ramiro Guerra (1881), donde se hace una incisiva interpretación de la realidad cubana desde la perspectiva del desarrollo de la economía nacional en sus relaciones con la población. La etnografía debe mucho a Fernando Ortiz (1881), fundador de los estudios sobre culturas afrocubanas, que han originado obras de recopilación folklórica tan brillantes como la de Lydia Cabrera (1900). La investigación literaria de carácter erudito tiene una figura de primer orden en José María Chacón y Calvo (1893), autor de importantes monografías sobre temas españoles y cubanos, como los estudios dedicados a Heredia; otros nombres de valor quedan consignados en la bibliografía que sigue.MATAS GRAUPERA.
BIBL.: Lengua: A. ALONSO, Estudios lingüísticos. Temas hispanoamericanos, Madrid 1961; P. HENRíQUEZ UREÑA, Para la historia de los indigenismos, Buenos Aires 1932; A. MONTORI, Modificaciones populares del idioma castellano en Cuba, La Habana 1924’ E. RODRÍGUEZ HERRERA, Léxico mayor de Cuba, La Habana 195859. Literatura: R. FERNANDEz RETAMAR, La poesía contemporánea en Cuba (19271953), La Habana 1954; L. GARCíA VEGA, Antología de la novela en Cuba, La Habana 1960; N. GONZÁLEZ FREYRE, Teatro cubano, 19271961, La Habana 1961; A. FORNET, Antología del cuento cubano contemporáneo, México 1967; 1. 1. ARROM, Historia de la literatura dramática cubana, New Haven 1944; 1. 1. REMOS Y RUBio, Historia de la literatura cubana, La Habana 1945; C. VITIER, Lo cubano en la poesía, La Habana 1958; 1. A. PORTUONDO, Bosquejo histórico de las letras cubanas, La Habana 1960; M. HENRíQUEZ UREÑA, Panorama histórico de la literatura cubana, México 1963; S. BUENO, Historia de la literatura cubana, 3 ed. La Habana 1963; O. OLIVERA, Cuba en su poesía, México 1965; R. LAzo, La literatura cubana. Esquema histórico (Desde sus orígenes hasta 1966), La Habana 1967; M. VITIER, La filosofía en Cuba, La Habana 1948.
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