Cuba II. Sociologia y Politica. POLÍTICA
Categoria:
Política
El 26 jul. 1953, malogrado el ataque contra el Cuartel de Moncada, Fidel Castro pudo comprobar cómo de un fracaso táctico puede nacer un movimiento político capaz de triunfar. Detenido y trasladado a la prisión de la isla de Pinos (donde permaneció desde octubre de aquel año hasta mayo de 1955) el futuro jefe revolucionario elaboró allí su defensa escribiendo La Historia me absolverá, alegato pronunciado ante el tribunal que le juzgó y que, al mismo tiempo, fue la enunciación del programa que pensaba aplicar una vez conquistado el poder. Sustancialmente, Castro proponía la plena vigencia de la Constitución de 1940, suspendida por Fulgencio Batista (v. III), la configuración de un "gobierno popular elegido por las masas", una reforma agraria que limitara los latifundios y la excesiva parcelación del suelo y la nacionalización de las empresas de electricidad y teléfonos, propiedad, entonces, de empresas norteamericanas. En realidad, el alegatodiscurso no hacía más que volver sobre los temas tantas veces tratados por Raúl Chibás, uno de los dirigentes estudiantiles que se habían opuesto a la dictadura de Machado en 192733 y que, en 1947, dividió al Partido Revolucionario Cubano (fundado por Grau San Martín) y organizó el Partido del Pueblo Cubano. Fidel Castro pertenecía a este movimiento (también llamado de los ortodoxos) cuando se frustró el ataque a Moncada y había sido candidato a diputado (Chibás ya se había suicidado) en 1952, unas elecciones que nunca se celebraron debido al golpe de Estado de Batista (10 de marzo de aquel mismo año).De todas formas, La Historia me absolverá fue un programa olvidado tan pronto como el "castrismo" ocupó el poder. Fidel Castro, refiriéndose al mismo, tiempo después, reconoció paladinamente que "otros programas anteriores al que tracé, por cuestiones de estrategia política, en la isla de Pinos, habían sido más radicales como el del ABC, en 1935, fundamentado en la trinidad política de nacionalismo, socialismo y antiimperialismo". La verdad fue que, mucho antes de adueñarse del poder, el primer documento político castrista ya había sido olvidado. Durante su exilio mexicano, Castro pactó con José Antonio Echevarría Bianchi; entonces presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y secretario general del Directorio Revolucionario. El acuerdo, que más tarde se difundió en C., en el diario El País, aprovechando una pausa de la censura, llegó a ser conocido como "el Pacto de México". Otros documentos posteriores, La tesis económica y El manifiesto de Sierra Maestra, mostraban la radicalización de su inspirador ignorando, tangencialmente, la existencia de La Historia me absolverá. Pero aún no había llegado a producirse la posterior evolución ideológica de Fidel Castro ni de los hombres que le acompañaban en los puestos de responsabilidad, en Sierra Maestra. El comunismo era, por aquel entonces, tema de discusión entre ellos, pero estaba lejos de ser, incluso en los documentos oficiales del Movimiento, el inspirador de la acción revolucionaria.El 1 en. 1959, el castrismo (v.) alcanza su objetivo político y militar: la caída de Batista y la toma del poder, pero hasta julio de este año, expulsado el presidente Urrutia de su cargo por oponerse a "la influencia comunista en el Gobierno", no se transforma en un movimiento comunista. Sin embargo, y paradójicamente, para introducir todas sus reformas, Castro no necesitó dictar una nueva Constitución. Le bastó, como había prometido en La Historia me absolverá, poner en vigencia la de 1940, en la que se establecía que el poder ejecutivo lo ejerce el presidente de la República. El primer magistrado elige al primer ministro y al Consejo de Ministros, quienes tienen a su cargo las funciones legislativas. El presidente puede ser suspendido en sus funciones durante un plazo de 90 días por el Consejo de Ministros, suspensión que puede prorrogarse indefinidamente. Esto hace que la figura del primer magistrado tenga más bien un valor simbólico. El auténtico poder está en manos del Consejo y, por delegación constitucional de éste, en el primer ministro. Hasta la misma Constitución puede ser modificada, parcial o totalmente, por el simple voto de las dos terceras partes del máximo órgano de gobierno. Por lo demás, Cuba es una república unitaria cuya legislación admite la existencia del partido comunista como "único órgano de consulta popular". El partido es, pues, quien hace las veces de parlamento, aunque sus miembros no son elegidos por sufragio universal, sino por "órganos intermedios".El régimen social y político implantado en el país desde 1959 ha permitido el establecimiento de un ejecutivo fuerte y ensayar, al mismo tiempo, la institución de un Ejército popular que, a pesar de mantener el sistema de jerarquías de modo visible, como en la República Popular China, no sólo se dedica al servicio de las armas, sino que también participa en todas las tareas de la población, incluso en la cosecha de la caña de azúcar, en la construcción de caminos y en otras obras públicas.Frecuentes congresos (de la juventud, de escritores, de periodistas, de ex combatientes, de la paz, contra la agresión en Vietnam, contra el imperialismo en América, etc.) reemplazan, en cierto sentido, a los organismos clásicos de representación popular en un sistema democrático. En 1966 se celebró en La Habana la Conferencia de Solidaridad de los pueblos de Asia, África y América Latina (OLAS), cuyas repercusiones no se han extinguido todavía, especialmente por el enfrentamiento chinosoviético ocurrido entonces.Si bien la política de reformas sociales se ha venido aplicando a medida que lo permitían las condicionesdel país, sin que nadie pueda negar la evidencia de que la clase trabajadora ha mejorado sensiblemente y en muchos aspectos su nivel de vida, tampoco puede negarse el hecho de que C., en el campo económico, ha hecho muy pocos progresos. Tras el fracaso de la tesis de Ernesto Che Guevara (v.) de industrializar rápidamente al país (concepto ligado íntimamente a la adscripción de C. a una de las dos grandes órbitas del comunismo actual), la isla no ha tenido más remedio que intentar la intensificación del monocultivo de la caña de azúcar, fuente de sus mayores ingresos, aunque en ninguna de las zafras se hayan alcanzado objetivos propuestos. Es evidente la influencia que en tal situación han desempeñado los EE. UU., sobre todo tras las medidas adoptadas por John F. Kennedy, que proclama el embargo casi total del comercio norteamericano con C. Por otra parte, la actitud de Fidel Castro y de su Gobierno con respecto a la Unión Soviética, una vez retirados los cohetes tierratierra de sus rampas de lanzamiento en la isla, ha estado a punto de hacer estallar las relaciones entre ambos países.Debido a todas estas circunstancias y a la suma de los factores ideológicos que priman en el país, la justicia cubana está orgánicamente integrada en el aparato del Estado. Y hasta tal punto que, en muchas circunstancias, se confunde con el mismo. La Constitución de 1940 es lo bastante ambigua sobre este particular como para permitir que las injerencias del poder ejecutivo sobre los tribunales ordinarios (y hasta sobre la Corte Suprema de Justicia) no supongan nunca un avasallamiento. Por otra parte, junto a los organismos tradicionales, el castrismo ha fundado otros, como los Tribunales Populares, que si bien no pueden dictar sentencias unilateralmente, pueden dejar los casos que ante ellos se presenten "listos para sentencia", con condenas implícitamente contenidas en sus argumentaciones, siempre reforzadas por su condición de instituciones políticas, de brazo jurídico del partido.V. t.: III; CASTRISMO; CASTRO, FIDEL; GUEVARA, ERNESTO (CHE).LUIS SASTRE.
BIBL.: M. JIMÉNEZ DE PARGA, Los regímenes políticos contemporáneos, 4 ed. Madrid 1968; M. GARCÍAPELAYO, Derecho constitucional comparado, 8 ed. Madrid 1967; M. NIEDERGANG, Las 20 jóvenes Américas, Madrid 1966; E. VERG, Los doce mundos del Caribe, Madrid 1963; L. SAUVAGE, Autopsia del castrismo, Madrid 1963; P. QUEUILLE, L’Amérique Latine, París 1969; E. Ruiz GARCÍA, América Latina, anatomía de una revolución, Madrid 1966.
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