Cuba III. Historia. HIST.
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Historia
1. Época prehispánica. Según las noticias consignadas por Colón y los primeros cronistas indianos, confirmadas posteriormente por los estudios arqueológicos, tres grupos indígenas habitaban esta isla a la llegada de los españoles: los guanajatabeyes, ciboneyes y tainos. Los primeros, en un estado cultural paleolítico, ocupaban la región extrema del occidente de C., en las proximidades de la costa, con un régimen económico basado en la recolección de moluscos, peces, algunas aves y raíces vegetales. Pueblo nómada, sus habitaciones consistían en cuevas o abrigos roqueros cuando no hacían la vida al aire libre. Sus ajuares se componían de objetos de conchas (gubias, vasijas de grandes caracoles) y sabían trabajar la madera ahuecando los troncos de árboles para sus canoas; no usaban vestidos y adornaban sus cuerpos y rostros con pinturas. Hombres fuertes y ágiles, de alta talla y cabeza de aspecto macizo (según los restos hallados en túmulos funerarios) se les supone reunidos en pequeñas agrupaciones políticosociales que les permitirían trabajos colectivos., En cuanto a sus creencias religiosas no pasarían más allá de manifestaciones de tipo naturalista y de carácter mágico. De la pervivencia de estos indígenas se tienen noticias hasta el s. XVII, constando en los documentos que atacaban con flechas el ganado de los españoles y hubo de organizarse, por ello, su persecución y castigo.El grupo de los ciboneyes, una rama de los arauacos (v.), correspondía por su cultura al Neolítico y su área de ocupación en la isla se daba desde el extremo oriental hasta Cienfuegos, especialmente en la zona costera. También eran recolectores de moluscos, peces y aves y practicaban una incipiente agricultura a base de yuca y maíz; su alimentación era escasa.y sobria. Trabajaban la madera, las conchas, el hueso, conocían la cerámica y disponían de objetos líticos pulimentados de los que eran célebres las hachas petaloides. Tampoco usaban vestidos, salvo un pequeño delantal las mujeres casadas, pero eran muy dados a los adornos a base de pinturas y plumas, collares, guirnaldas, brazaletes de piedras y conchas. Sus habitaciones eran palafitos y caneys construidos con yagua y guano que, urbanísticamente, se hallaban diseminadas formando pequeños poblados. Su ajuar era reducido y sobrio, sabían formar redes y hamacas de algodón, pero no hacer tejidos; la cestería estaba poco desarrollada entre ellos y empleaban cáscaras de algunos frutos para sus recipientes. Disponían de canoas, siendo algunas de ellas capaces de transportar 80 hombres. Según los cronistas, su gobierno era paternal y sencillo, agrupándose en pequeñas comunidades regidas por un cacique. Practicaban la poligamia y eran aficionados a fiestas y ceremonias de tipo festivo o de duelo en caso de muerte. Sus creencias y manifestaciones religiosas eran naturalistas y simples.De los tainos, el grupo más civilizado y que ocupaba la región extrema oriental, no se sabe con certeza la época de su llegada a C. Se calcula entre los a. 500 y 1000 de nuestra Era, si bien el P. Las Casas afirma que se habían establecido allí unos 50 años antes de la llegada de los españoles. Su cultura y formas de vida reflejan un gran progreso respecto de los anteriores grupos. Trabajaban la piedra pulimentada, madera, hueso y oro, elaboraban objetos de cerámica y cestería, así como redes y hamacas de algodón y grandes canoas de troncos. Practicaban una verdadera agricultura, favorecida por el riego y abonos, cultivando yuca, maíz y ajes que, con la caza y la pesca, les permitían una adecuada alimentación. Sus casas eran de dos tipos: el caney circular y el bohío rectangular y grande para el cacique y sus mujeres, con las que se formaban pueblos con cierto orden urbanístico. De estatura media y más esbeltos que los ciboneyes, también adornaban su cuerpo con pinturas y gustaban de collares, artes para la nariz y orejas de diversos materiales, entre ellos el oro. Parece ser que no andaban completamente desnudos y el tamaño de las naguas de las mujeres estaba en relación con la posición social, usándolas más largas las de más encumbrado rango social. Su jefe político era el cacique y socialmente se distinguían dos grupos: señores o nitainos y la clase baja o naborías. En sus costumbres morales se daba la poligamia y se admitía la prostitución, pero no el incesto. Gustaban de los ejercicios físicos (simulacros de guerra) y de los deportes (juego de pelota), así como de las fiestas con danzas y músicas en las que se bebía abundante chicha. Su vida social y artística estaba íntimamente ligada con la magia y religión, de tipo animista, vinculada al cemí, un fetiche dotado de vida inmortal, con poder sobrenaturalo mágico, al que había que halagar con cultos por ser cruel y vengativo.2. Descubrimiento. Recién llegado a las Antillas, en su primer viaje, Cristóbal Colón tuvo noticias de una gran isla al occidente que supuso sería el buscado Cipango o fabuloso Japón de Marco Polo. Hacia allí dirigió sus naves pisando tierra cubana por primera vez (27 de octubre) en la bahía de Bariay. Algo más de un mes permaneció Colón por la costa norte de C. desde su extremo oriental hasta Gibara, desde donde decidió enviar una embajada al interior de la isla en busca del supuesto rey y corte asiáticos con cartas y presentes de los reyes de Castilla. No hallaron los mensajeros de Colón la fastuosa ciudad buscada, sólo un pequeño poblado de 50 casas, pero eso sí, vieron, por primera vez, la planta del tabaco y el uso que del mismo hacían los indígenas.En su segundo viaje (1494) recorrió casi toda la costa meridional; ancló en las bahías de Guantánamo y Santiago, bordeó el cabo Cruz y, tras una desviación hacia el S, en la que tocó Jamaica, volvió sobre las costas cubanas internándose por entre sus cayos (sur de Camagüey) a los que denominó, colectivamente, "jardín de la Reina" por el verdor de su vegetación. Bordeando ya la costa propiamente dicha, reconoció la bahía de Cochinos, costeó la península de Zapata y penetró en la ensenada de Broa recalando próximo a Batabanó. Finalmente, recorrió las costas de Pinar del Río hasta la ensenada de Cortés. En esta expedición, en que como en la anterior buscó afanosamente el reino del Gran Khan, conoció nuevas cosas y se dejó llevar de la fantasía cuando no de la obstinación. Pudo ver los flamencos de rojo plumaje, presenció la pesca de la tortuga que practicaban los indios valiéndose del pez guaicán; su imaginación . le llevó a creer que había encontrado huellas de leones y grifos, indios vestidos de blanco, gentes que "tenían rabo como las bestias", etc. Al no continuar su navegación hacia Occidente, no pudo comprobar la insularidad de C. y obligó a sus hombres, bajo juramento, a que afirmasen que se trataba de la tierra firme donde comenzaban las Indias. En su cuarto viaje tocó también la tierra cubana en sus costas meridionales.A pesar de ser C. la mayor de las Antillas, permaneció durante algunos años ignorada o al margen de las exploraciones y conquistas españolas. Sebastián de Ocampo verificó su reconocimiento (150910) tratando, según algunos cronistas, de comprobar su insularidad (que ya había reflejado cartográficamente Juan de la Cosa) o, según otros, de conocer sus condiciones para efectuar poblamiento de españoles.3. Conquista. La conquista de C. se encomendó a Diego Velázquez (v.), que pasó a ella en 1510 acompañado de unos 300 hombres entre los que se encontraban Cortés (v.), el futuro conquistador de México, y algunos de sus famosos capitanes. La ocupación de la isla se llevó a cabo en tres etapas: primero se establecieron los españoles en las proximidades de Guantánamo, donde hubieron de vencer la resistencia indígena dirigida por el cacique taíno Hatuey, emigrado de La Española. Tras varios meses de lucha, en una región montañosa y difícil, vencieron los conquistadores y fundaron la primera villa española de la Asunción, en la comarca de Baracoa.Cumplida la primera etapa, se organizó una doble expedición, al mando de Francisco Morales y Pánfilo de Narváez (v.) que ocuparon las regiones de Maniabon y Bayamo respectivamente. Ambos capitanes fueron bien acogidos en principio por los indígenas, pero a pesar de ello se cometieron abusos que originaron la sublevación de éstos. Pacificados los indios y, tras organizar la explotación económica de estas regiones, se proyectó en 1513 la ocupación total de la isla para lo que se prepararon tres columnas expedicionarias, una por tierra y dos por las costas. La primera, al mando de Narváez y Juan de Grijalva, de la que también formaba parte el clérigo Las Casas (v.), se componía de 100 hombres españoles y númerosos indios. Por mar, siguiendo la costa norte, se fletó un bergantín para el reconocimiento y vigilancia de las operaciones de Narváez; un grupo de canoas, en las que iba el propio Velázquez, recorrería la costa sur. La operación estuvo bien planeada y se realizó con éxito, si bien fue dura para los que marcharon por tierra debido a los obstáculos naturales. Respecto de los indígenas no hubo prácticamente dificultades; recibieron bien y facilitaron aprovisionamientos a los hombres de Velázquez, pero se dio matanza de ellos en el pueblo de Caonao (próximo a Camagüey) comenzada por la imprudencia de un soldado y con gran indignación por parte de Las Casas.4. Organización y administración en el siglo XVI. Hasta 1524 duró la gobernación de Velázquez quien, una vez ocupado y pacificado el territorio, emprendió la tarea de su organización política y económica con rapidez v eficacia. En 1515 se habían fundado ya las ciudades de Bavamo, Trinidad, Sancti Spíritus, Santiago, Santa María del Puerto Príncipe y San Cristóbal de La Habana. En esa época la isla era un lugar apetecible para los pobladores españoles que cruzaban el Atlántico; los naturales eran pacíficos, la obtención del oro se ofrecía con características prometedoras; la ganadería, especialmente la de cerda, se multiplicaba sin límites en estos primeros años. Igualmente pródiga se mostró la tierra con los cultivos agrícolas del cazabe, maíz y otros productos llevados de España. Pero este auge inicial duraría poco tiempo: los yacimientos de oro se agotaron rápidamente; los afanes expansionistas de Velázquez, concordantes con los de los demás españoles en América en aquella época, le llevaron a organizar expediciones descubridoras a las tierras continentales determinando, en principio, una gran merma de hombres y esfuerzos para C. y que más tarde se viese ésta relegada a segundo término ante las prometedoras riquezas del imperio azteca. La población india, sometida al régimen de encomiendas (v. REPARTIMIRNTOS) se redujo aceleradamente y Velázquez conoció el fracaso de casi todas sus aspiraciones.Las ambiciones políticas y económicas, cuando no el deseo de marchar a nuevas y prometedoras tierras, se apoderó de los pobladores de C., circunstancias que marcarán la primera mitad del siglo y problemas con que hubieron de enfrentarse sus gobernadores, entre los que destacaron Hernando de Soto (v.) y Gonzalo Pérez Angulo. Éste aplicó las ordenanzas que abolían el sistema de encomiendas, medida impopular entre los vecinos, a lo que no se habían atrevido otros gobernadores. Ante el fracaso minero se inició en esta época el cultivo y elaboración del azúcar que, junto a la ganadería, era la base económica; se dieron ya las dificultades comerciales, cuya solución fue el contrabando con los extranjeros que frecuentaban aquellos mares, estableciéndose el rescate de pieles por esclavos y diversos productos. Con ello, la piratería (v.) halló facilidades a sus fines, cuando no se mostró violentamente. Célebre fue en esta época el ataque del hugonote francés Jacques Seres (1555), que llegó a penetrar en La Habana y permanecer en ella casi un mes. La hostilidad de los piratas obligó a construir fortific"ciones iniciadas bajo el mando de Hernando de Soto.La población se redujo considerablemente. En los primeros años de la colonización se estimaba que había unos 3.000 españoles y más de 60.000 indios. Pasados tres decenios, los primeros apenas llegaban a 1.000 y los indígenas se habían reducido a unos 5.000. Ya se había iniciado la introducción de negros que, por estas fechas. se calculaban en unos 700. La vida del reducido grupo español se limitaba a sus afanes de alcanzar rango social y riquezas, en continuar, en lo posible, las costumbres v formas sociales de la Península utilizando el trabajo de los indios y negros. Con el auge de la ganadería la población se diseminó, en parte, por los campos.Si en la primera mitad del XVI C. fue plataforma de conquistas continentales, en la segunda se convirtió en lugar estratégico para la defensa de las Américas atacadas ya, también, por la piratería inglesa. La destrucción de La Habana por Sores fue un toque de atención que marcó el nuevo rumbo. Las obras de fortificación fueron la primordial tarea del gobernador Diego de Mazariego y de sus sucesores en el mando. La penetración de los franceses en la Florida y su expulsión por Menéndez de Avilés (v.) repercutió en C., ya que la isla formaba parte del plan bélico en cuanto a suministros, como plaza fuerte y punto de partida. Menéndez de Avilés tuvo dificultades con el gobernador García Osorio sobre la provisión de recursos y por la guarnición que estableció en La Habana, por lo que solicitó del rey la gobernación de C., lo que se le concedió en 1567. En consecuencia, la isla se convirtió en una dependencia de la Florida regida por los lugartenientes de Avilés que se ocuparon de acondicionar el puerto habanero. Esta situación y forma de gobierno no agradaba a los cubanos, que se quejaron de los obligados servicios de alerta y porque la preeminencia en el interés por la Florida perjudicaba sus intereses. Igualmente, la principal labor de los restantes gobernadores fue la defensa y construcciones militares con dicho fin, en las que intervino el arquitecto italiano Bautista Antonelli. Las rivalidades entre los alcaides de la Fortaleza v los gobernadores aconsejó reunir ambos mandos, lo que tuvo lugar, por primera vez, en el capitán Juan de Tejada (1589). No desaparecieron por ello las pugnas entre autoridades debido al fuero que gozaba el personal de la flota o navíos que anclaban en La Habana, gentes ávidas de expansiones, dadas al juego y las bebidas, que ocasionaban molestias al vecindario sin que la autoridad insular pudiese evitarlo, por competir al mando de las flotas.Aunque en esta segunda mitad del XVI la administración pública tuvo marcadas características militares, se realizaron también obras públicas y de tipo social como el abastecimiento de agua a la capital o el establecimiento de ordenanzas municipales, llevadas a cabo por el oidor Alonso de Cáceres, que dieron personalidad jurídica a los cabildos frente a las injerencias de los gobernadores en los asuntos civiles. El predominio de La Habana era ya un hecho indiscutible, recayendo sobre ella las atenciones con merma del campo y de las restantes poblaciones, especialmente Santiago, que quedó un tanto al margen. Los azúcares y cueros seguían siendo la base económica y comercial, incrementándose el tráfico con la Península, pero el contrabando de pieles continuaba fructífero. Según las ordenanzas de Cáceres se repartieron la mayor parte de las tierras en hatos y estancias; se inició la minería del cobre (Santiago del Prado) y su fundición. A todo ello hay que agregar la explotación de los bosques.La población blanca se incrementó por nacimientos (la inmigración española fue corta) y por los soldados de la guarnición que se quedaba en el país. Los indios seguían decreciendo numéricamente y se procuró agruparlos en algunos pueblos como Guanabacoa. Los negros, en cambio, aumentaron con nuevas introducciones de esclavos. Respecto a las formas de vida, en La Habana se dieron progresos en las viviendas, sustituyendo los bohíos por casas de mampostería, y también algo en los ajuares. Debido a la piratería, a los jíbaros y negros cimarrones, la seguridad personal era un tanto precaria en las ciudades por las noches y en los campos.5. El siglo XVII. El del s. XVII señaló una nueva fase en el régimen político de C. Una real cédula (1607) dividió la isla en dos gobiernos: el de La Habana, a cargo de un capitán general, y el de Santiago, bajo el mando de un capitán a guerra subordinado al anterior en algunos aspectos. Al de La Habana correspondía este distrito y los puertos de Mariel, Cabañas, Bahía Honda, Matanzas y 50 leguas al interior. Al de Santiago esta ciudad, Bayamo, Baracoa y Puerto Príncipe. Quedaron al margen Trinidad, Remedios y Sancti Spíritus. Las razones para esta nueva organización administrativa fueron varias: el alejamiento de Santiago respecto de La Habana con difíciles comunicaciones que impedían una adecuada y directa acción administrativa; la necesidad de proteger, frente a la piratería, la zona oriental de la isla y la mejora y aumento de sus poblaciones. A estas razones y ventajas se contrapusieron en la práctica, desde el principio, la rivalidad entre las autoridades cuyos límites y matices de mando no se habían dilucidado bien, por lo que al terminar el siglo se creyó oportuno reunificar de nuevo.La acción contra la piratería permaneció como preocupación predominante; el valor estratégico de C., del puerto habanero en las comunicaciones entre España y América, se perfilaba cada vez más en la opinión de las autoridades españolas. Una situación que marcó su destino y desarrollo. Por una parte, las estancias de las flotas constituyeron un incentivo de riquezas al tener que daralbergue, alimento y diversiones a los pasajeros. Por otra, el contrabando se incrementaba, especialmente en la región oriental, a tal extremo que un intento de su contención y castigo de contrabandistas en Bayamo provocó una insurrección. Los cubanos consiguieron de la corona el perdón de los apresados, lo que se celebró con fiestas en toda la isla. Las mismas autoridades expresaron, en más de una ocasión, que este comercio ilícito era una necesidad circunstancial y vital. Un nuevo producto se insertó en la economía cubana, el tabaco, que con el tiempo adquiriría gran auge y fama por sus cualidades.No se tienen estadísticas ciertas de la población en esta centuria, pero se sabe que el incremento de los blancos contó con una corta inmigración y que, en cambio, la introducción de negros fue considerable. Se estima que, a fines del siglo, C. contaba con unos 50.000 hab., siendo la mitad de ellos negros y mulatos. Entre los blancos se distinguían claramente españoles y criollos con un sentido estos últimos de resistencia a lo ordenado por las autoridades españolas, como lo demostraron en la represión del contrabando. El clero, numeroso proporcionalmente, adquirió gran relieve como clase social, pues era dispensador de cultura, poseía grandes riquezas y se compenetraba con la población respecto de sus necesidades y problemas. Durante este siglo se fundaron las poblaciones de Matanzas y Santa Clara.6. La isla en el siglo XVIII. El cambio de la dinastía reinante en España, de sus relaciones políticas europeas, tuvo destacada repercusión en la isla. Cuando Felipe V resolvió su situación por el tratado de Utrecht (v.), el rey y sus ministros proyectaron su atención a los asuntos americanos y en C., como en los demás países, se impuso el centralismo, cuya primera medida fue crear. un nuevo cargo político, el teniente del rey, para sustituir al gobernador por ausencia o muerte. Con ello se excluía en esta misión o prerrogativa a los alcaldes ordinarios; se trataba de mermar facultades al cabildo, como también se hizo al prohibirle que mercedase tierras.La tónica general fue una gobernación de tipo militarista con nombramiento de capitanes y tenientes de guerra para las diversas poblaciones, según su importancia. Los franceses, hasta entonces enemigos, se convirtieron en aliados y protectores del puerto de La Habana, que recibió grandes contingentes de fuerzas navales francesas. La isla, centro hasta entonces de los ataques y depredaciones piráticas, pasó a ser en estos años base de expansión y hostilidades contra los ingleses, bien con tropas regulares o con corsarios autorizados que actuaron contra las posiciones inglesas de Norteamérica y Jamaica. Hasta Nueva York y Boston llegaban los corsarios procedentes de C. en busca de presas, siendo famoso uno de ellos, Juan del Hoyo Solórzano, jefe de una verdadera flota, que capturó a los británicos en Campeche más de 20 embarcaciones cargadas de palo de tinte. Estas actividades favorecieron, parcialmente, la economía insular.La defensa de la isla originaba fuertes gastos a la real hacienda y las autoridades españolas se fijaron en la producción del tabaco, entre otras razones, como posible fuente de ingresos para hacer frente al presupuesto. En consecuencia, una real cédula (1717) decretó el monopolio de su compra, según una tarifa fijada, y la creación de una factoría en La Habana con sucursales en Bayamo, Trinidad y Santiago, que se encargaría de adquirir la producción y de regular su envío a Sevilla. Una medida económica impopular, que produjo malestar e inquietud entre los cosecheros y comerciantes del tabaco. A estos últimos, por quedar excluidos de sus especulaciones; a los cultivadores, a la larga, los privaba de las ventajas de la libre demanda. El descontento no tardó en manifestarse en la capital, Santiago, Caney y Arimao. Los de las cercanías de la capital se mostraron violentos dirigiéndose a ella armados; hasta los conventos religiosos protestaron contra el monopolio por tener censos sobre las tierras tabacaleras. No logró el capitán general dominar la situación creada y resignó el cargo, marchándose de la isla con los funcionarios de la factoría.A todo ello se sumó un nuevo contratiempo: la protesta de los azucareros por el alto flete de los transportes del azúcar a España. Sin embargo, la corona no cedió en sus empeños, nombrando gobernador a Gregorio Guazo Calderón, militar de conocida energía, que implantó de nuevo el monopolio y reprimió con mano dura otras sublevaciones (172023), llegando a condenar a muerte a 11 rebeldes, cuyos cadáveres fueron expuestos públicamente. Tan dura actuación fue reprobada por el rey y, durante algunos años, se suspendió el monopolio oficial del tabaco.Tres gobernadores sucedieron a Guazo Calderón en el mando, durante la primera mitad de este siglo, años en los que cabe destacar dos acontecimientos: uno de orden interior como la creación de la Real Compañía del Comercio de La Habana, a la que se concedió el monopolio mercantil y de transporte entre C. y España. Durante 20 años rigió esta compañía el comercio cubano, que si bien favoreció a un grupo de comerciantes y hacendados pertenecientes a la misma, no aportó ventajas a la economía del país propiamente. El segundo acontecimiento, de carácter exterior, fue la ocupación de Guantánamo por los ingleses (1740), que permanecieron allí varios meses. El asedio de los guerrilleros cubanos, los rigores climatológicos y enfermedades determinaron que los británicos abandonasen la posición.La población de la isla conoció un gran incremento, calculándose la totalidad de ’ la misma, hacia 1750, en unos 160.000 hab., de los que la mitad radicaban en La Habana y sus proximidades. La división de clases se daba ya más acentuadamente y entre los blancos acomodados se despertó el afán de títulos nobiliarios, honor que procuraban a cambio de donaciones para obras eclesiásticas y públicas o como recompensa por la fundación de nuevos pueblos en los campos o fincas de su propiedad. Por otra parte, el cultivo del tabaco dio origen a una clase de trabajadores blancos con gran sentido de la solidaridad entre ellos. Entre los negros se distinguían netamente los esclavos, por lo general campesinos, y los libres, que radicaban en las poblaciones. Estos últimos y los mulatos acaparaban los oficios y artesanías manuales. El clero, que contaba ya con buen número de criollos, seguía siendo influyente. Las formas de vida también progresaron, extendiéndose el gusto por las modas europeas, la ostentación en el mobiliario, carruajes, servidumbres, fiestas, etc. Otro tanto podría decirse de la cultura, con fundaciones de nuevos centros docentes a cargo de los dominicos y jesuitas. Urbanísticamente, La Habana, Santiago y Puerto Príncipe se enriquecieron con nuevos templos y mejores viviendas particulares. Holguín, Morón y Bejucal surgieron como nuevas poblaciones.7. Dominación inglesa de La Habana. Un hecho significativo de la segunda mitad del s. xvrii fue la ocupación de La Habana y sus proximidades por los británicos (agosto de 1762), tras asediarla durante dos meses el almirante George Pocok con un gran número de navíos y más de 10.000 hombres. Fue una ocupación corta en cuanto al espacio y al tiempo, ya que por el tratado deVersalles la capital cubana se reintegró a España (julio de 1763) y prácticamente el dominio inglés no afectó al resto de la isla. No obstante, el botín que obtuvieron fue cuantioso: barcos de guerra, gran cantidad de azúcar, tabaco y cueros, además de varios millones de pesos en plata acuñada. Los ingleses no modificaron, sustancialmente, el régimen administrativo insular; su gobernador procuró no provocar innecesarias novedades, pero, a pesar de ello, la población se les mostró hostil. Los eclesiásticos también pusieron resistencia al exigírseles un impuesto de guerra y la cesión de un templo para el culto anglicano, por lo que el obispo Pedro Morell tuvo grandes diferencias con el mandatario inglés.La finalidad de la conquista era comercial y en este sentido hubo cambios. Múltiples navíos británicos visitaron el puerto de La Habana, desembarcando gran cantidad de mercancías y esclavos y embarcando azúcares y cueros. Este breve dominio inglés ha sido interpretado, con exageración, como muy beneficioso al desarrollo de C., tanto en el aspecto económico por las actividades comerciales, la introducción de gran número de esclavos, como por haber puesto de manifiesto la gran importancia del puerto habanero. En realidad, esto ya se sabía y el desarrollo de la isla ya estaba en marcha.8. De 1763 a 1800. Tras la evacuación inglesa se inició una nueva época de reformas políticas y desarrollo económico. Una más acertada gobernación, a cargo de brillantes capitanes generales (conde de Ricla, frey Antonio Bucarelli, marqués de la Torre, Luis de las Casas, conde de Santa Clara) coincidió con una serie de acontecimientos externos que determinaron un cambio favorable. Se crearon nuevas instituciones administrativas, como la intendencia, consulado y audiencia entre otras, que facilitaron las tareas gubernativas con resultados más eficaces. El conde de Ricla reorganizó las defensas tanto eri las fortificaciones como en las milicias; también se ocupó de sanear las rentas del fisco y de ampliar y facilitar el comercio. De nuevo C. se convirtió en una importante plaza fuerte y base de expediciones y de ella partió O’Reilly (1769) para la ocupación de Luisiana (que Francia había cedido a España), incorporándose este territorio a la gobernación de C. Las reformas económicas y comerciales influyeron, positivamente, en las rentas públicas, permitiendo al marqués de la Torre continuar las obras militares de su antecesor y ocuparse de otras de carácter civil que cambiaron el aspecto urbanístico de La Habana, además de propulsar mejoras en las comunicaciones con el interior (caminos y puentes), labor que continuaron sus sucesores en el gobierno Luis de las Casas y el conde de Santa Clara.Diversos acontecimientos internacionales (guerra de la Independencia de Estados Unidos y revolución de Haití entre otros) se proyectaron en C. favorablemente, incrementando su producción agrícola y movimiento comercial. Las modificaciones que se produjeron entre 1763 y 1800 no sólo fueron de orden político y económico. La población se duplicó, alcanzando la cifra de 300.000 hab. en 1800. Al incremento de la población blanca contribuyeron las inmigraciones procedentes de Florida, Santo Domingo y Canarias; se calcula que en estos años se introdujeron unos 80.000 esclavos. Las diferencias sociales y económicas se acentuaron al producirse un progresivo acaparamiento de riquezas en pocas’ manos. Era ya neto el matiz diferencial nacionalista entre los blancos criollos, por lo general hacendados, y los peninsulares, en su mayoría comerciantes o políticos y administrativos. Diferencias y cambios también en las costumbres y formas de vida, desde la ostentación y el lujo, la comodidad, hasta la dura vida campesina y de los esclavos, pasando por la sobria y modesta vida de las clases medias, desigualdades que fueron larvando futuras revoluciones. En el ámbito cultural los avances se concretaron en fundaciones de nuevos centros (Seminario de San Carlos), agrupaciones cívicoculturales (la Sociedad Económica), con publicaciones periódicas y aparición de una élite culta entre la alta sociedad. No fueron extensivos estos progresos a las clases populares ni, en el conjunto, alcanzaron los límites que se dieron en la economía. En el aspecto religioso cabe destacar la expulsión de los jesuitas (1766), representados por una reducida pero rica e influyente comunidad. El crecimiento de la población y preponderancia de La Habana aconsejó crear un nuevo obispado, el de esta ciudad. El número de poblaciones se incrementó con las de Pinar del Río, Jaruco Güines, Madruga, Nueva Paz y Manzanillo.9. Proceso de la independencia. Salvo algunos intervalos de paz, las luchas por conseguir la independencia ocupan prácticamente todo el s. XIX en el acontecer histórico cubano. En los primeros 20 años se dieron el movimiento dirigido por Román de la Luz, la sublevación de los negros de Oriente (1812) y el movimiento liberal en favor del régimen constitucional de 1820. Todos ellos reflejaban una actitud y estado de ánimo, lo mismo que la creación de logias y sociedades secretas como las denominadas Soles y Rayos de Bolívar o la Gran Legión del Águila Negra.Las motivaciones determinantes de esta situación fueron múltiples y, de una manera especial, la inestabilidad política de España, que se proyectaba en las actuaciones de los gobernadores de la isla y agrupaciones políticas de los cubanos; la influencia del ejemplo y ayuda de los países hispanoamericanos emancipados; la intervención norteamericana con fines políticos y económicos; el problema de la esclavitud sobre el que se interponían, con diverso sentido, criterios ideológicos y razones económicas; la creciente desigualdad de tipo social y en la distribución de la riqueza, etc. Y, sobre todo ello, la realidad de que, a lo largo de tres siglos, la población cubana había adquirido el sentido nacionalista, su vinculación a la tierra, al país, y, en contraposición, el hecho de la acción española, al quedar reducidas las provincias americanas a sólo dos islas de las Antillas, se hacía sentir de una manera más directa.Sobre este transfondo y situación se sucedieron los acontecimientos y actividades gubernativas de las que cabe señalar, en razón de la brevedad, las realizaciones del gobernador Vives quien, para hacer frente a los peligros del interior y exterior, reforzó el ejército, mejoró las comunicaciones y dividió la isla administrativamente en tres departamentos. Su labor con estos fines fue positiva; incluso se le imputa un deliberado descuido en reprimir las malas costumbres con miras a distraer a los cubanos de sus afanes políticos e independentistas. Por el contrario, el general Miguel Tacón (1834) siguió una política de mano dura no sólo contra los juegos y demás vicios, sino en una persecución personal de todos aquellos que suponía podían conspirar contra la autoridad española. El profesor del Seminario, José Antonio Saco, fue una de sus víctimas y se vio obligado a emigrar. Los gobernadores Valdés y O’Donnell hicieron frente al problema de los esclavos, reprimiendo enérgicamente el último una conspiración en Matanzas (1844). Entre los ajusticiados con este motivo se hallaba un célebre poeta mulato conocido por el nombre de Plácido.Pese a este ambiente de intranquilidad, se dieron progresos de diversa índole y C. se convirtió en un gran centro productor de azúcar, además del tabaco y café, cuyos géneros vendía, en gran parte, a los Estados Unidos. El mecanismo se introdujo en los ingenios azucareros y en los medios de comunicación con los ferrocarriles. La población, para la primera mitad del siglo, acusó un gran incremento, sobrepasando con creces el millón de habitantes, de los que más de un tercio eran negros. En lo cultural se secularizó la universidad, se fundaron nuevos centros particulares de segunda enseñanza y se impuso más generalmente la primaria; el movimiento científico y literario fue muy amplio, significándose ya en este sentido una élite de criollos cultos.10. Del "grito de Yara" a la guerra de 1895. El proceso independentista seguía avanzando. Los criollos soportaban, cada vez menos, el centralismo impuesto por la metrópoli, el verse excluidos de los cargos públicos, el admitir, sin más, las tendencias políticas y los fallos personales de los diversos gobernadores. Se puede decir que, a partir de 1850, la independencia era ya un hecho irreversible. En este año y el siguiente se dieron intentos revolucionarios en Camagüey, pero sin consecuencias, y sólo la comprensiva labor gubernativa del general Serrano (1859) canalizó las inquietudes creando un partido político, reformista y democrático, que procuró agrupar a los criollos y peninsulares. Pero al ser relevado de su mando (1866) y cesar su política conciliadora, los cubanos reformistas se pasaron al campo separatista intransigente. El llamado "grito de Yara", en pro de la independencia, fue pronunciado (octubre de 1868) por Carlos Manuel Céspedes (v.) en su hacienda de la Demajagua, logrando la valiosa colaboración de los líderes Máximo Gómez (v.) y Antonio Maceo (v.) y reunir para su causa hasta 10.000 guerrilleros. Diez años duró esta guerra (a la que los norteamericanos prestaron franco apoyo), que en algunos momentos fue favorable a los sublevados, los cuales, finalmente, fueron vencidos por el cansancio y mutuas rencillas, y hubieron de firmar la paz del Zanjón (1878), en la que se concedió amnistía a los insurgentes y se prometieron las reformas ya otorgadas a Puerto Rico. Las consecuencias de esta guerra fueron considerables en cuanto a la destrucción de pueblos, ingenios y haciendas y la dispersión de los esclavos adscritos a ellas.Tras el pacto del Zanjón se dio una tregua de 15 años en los que las autoridades españolas llevaron a cabo reformas políticas más en consonancia con la situación y anhelos del pueblo cubano. Los capitanes generales ya no disfrutaron de las facultades omnímodas que venían ejerciendo desde 1825, y fue posible la organización de partidos políticos insulares representativos de las diversas tendencias, como los liberales autonomistas y conservadores integracionistas. Una ley dada en 1880 estableció la abolición gradual de la esclavitud. Estos ventajosos cambios no llegaron a satisfacer a muchos cubanos que aspiraban a la autonomía y, de nuevo, rebeldes exiliados (Calixto García y José Maceo) prepararon movimientos revolucionarios. Incluso sin esperar su presencia se produjo un pequeño levantamiento (agosto de 1879) que duró unos meses, la denominada guerra Chiquita.Otras expediciones con los mismos fines tuvieron lugar en los a. 1883 y 1885, pero sin consecuencias. Ante esta situación, el Gobierno español, presidido por Maura, proyectó un programa de autonomía para C., pero fue rechazado. Finalmente, en 1895 una sublevación capitaneada por el poeta José Martí (v.), junto con Máximo Gómez y Antonio Maceo, proclamó la república, de la que Martí sería presidente. Este último murió en los primeros combates, pero Maceo llevó sus acciones bélicas desde Camagüey hasta Santiago. Los desembarcos de hombres y material para los sublevados desde Estados Unidos se sucedían y los hombres de Maceo llegaron hasta Pinar del Río, mientras los de Gómez se acercaron a La Habana. El general Martínez Campos (v.) fue sustituido por Weiler y fueron enviados a C. unos 200.000 soldados españoles. La guerra se complicó con el levantamiento rebelde de Filipinas y con la intervención y descaradas provocaciones de los norteamericanos, por lo que España concedió a los cubanos la ansiada autonomía (1897), pero ya era tarde. La gran potencia americana del Norte entraba de lleno en la contienda y sus tropas, con pretextos bélicos contra España, penetraron en el territorio cubano.Una serie de generales españoles (Lersundi, Dulce, Jovellar, Concha, Martínez Campos, Weiler) gobernaron la isla durante estos años, que administrativamente se dividió en seis provincias (Pinar del Río, Habana, Matanzas, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago). En el ámbito económico lo más destacado fue la concentración de la industria azucarera con la desaparición de pequeñas fábricas y la intensificación de las relaciones mercantiles con los Estados Unidos. Un hecho de carácter socioeconómico, ’.a abolición de la esclavitud (1880), arruinó a los propietarios de los pequeños ingenios que se convirtieron en colonos agricultores, cuyas cañas se molían en las grandes centrales, de las que, a la larga, se irían apoderando las compañías norteamericanas. La población, debido a las guerras, tuvo corto crecimiento y descendió el número proporcional de negros. En lo social se reflejó un movimiento doble: si por una parte se acentuaba la diferencia económica y surgía el proletariado, por otra la lucha por la independencia contribuía a la unión y solidaridad entre los cubanos. Para lo cultural las atenciones oficiales no fueron muy amplias por consumir las necesidades bélicas y políticas el interés y los presupuestos, y lo mismo ocurría respecto de las obras públicas. Es de notar los afanes culturales de la clase obrera, favorecidos a través de periódicos y con fines políticos.11. El siglo XX. Ocupada la isla por los norteamericanos, se proclamó la república (1901), pero la libertad política del país quedó limitada por la llamada enmienda Platt, ley que hubieron de aceptar los cubanos y en cuya virtud los Estados Unidos se reservaban el derecho de intervenir en caso de guerra civil o de conflicto con el exterior. Asimismo, C. hubo de ceder la base naval de Guantánamo (aún en poder de Norteamérica) y la ocupación temporal de la isla de Pinos. Tomás Estrada Palma (v.) fue elegido presidente y el general norteamericano Wood le entregó el poder, retirándose las tropas yanquis. Hasta 1959, la situación política se caracterizó por la lucha, a veces violenta, entre liberales y conservadores para alcanzar el poder y por una sucesión de Gobiernos sometidos a los dictados estadounidenses. Hasta 1930 destacaron en el mando político el liberal José Miguel Gómez y los conservadores Mario García Menocal y Alfredo Zayas. En dicho año se inició una dura lucha política para derribar al dictador Gerardo Machado (192432). Esta situación se prolongó hasta 1940, en que ocupó el poder Fulgencio Batista (v.). La tónica incesante durante estos años fueron las huelgas, encarcelamientos y asesinatos. El gobierno de Batista supuso algunas mejoras en lo económico y social y consiguió se suprimiese la enmienda Platt, pero la aparente retirada norteamericana en lo político coincidió con una mayor intervención en lo económico, secundada por la oligarquía insular.Sustituyeron a Batista, durante un periodo de ocho años (194852), Grau San Martín y Prío Socarrás. Al primero correspondió una época de prosperidad económica debido al elevado precio que alcanzó el azúcar con motivo de la II Guerra mundial. Pese a estas condiciones favorables, su labor desagradó al pueblo porque en lo interior toleró actuaciones de revanchas y crímenes contra los partidarios del anterior régimen, porque su comportamiento semejaba más al de un dictador que al de un presidente constitucional. En política exterior consintió que en C. se adiestrasen fuerzas destinadas a derrocar al presidente dominicano Trujillo. En su haber gubernamental hay que citar realizaciones de obras públicas y algunas mejoras económicosociales. En este sentido también fue beneficioso el mandato de Prío Socarrás, quien proyectó una reforma agraria, creó el Banco Nac. de Cuba y el de Fomento Agrícola e Industrial; equiparó, en sus derechos civiles, a la mujer con el hombre; y, sobre todo, creó el Trib. de Cuentas para controlar los ingresos y gastos públicos.Antes de finalizar su mandato, Prío Socarras fue derrocado por Batista, que se apoderó de nuevo del poder por un golpe de fuerza (1952), estableciendo una dictadura. Su Gobierno atacó todas las libertades: disolvió el Congreso, clausuró la universidad, silenció la prensa. Pese a la dureza de sus represiones, la oposición a su régimen, a la oligarquía aliada con los yanquis, y las reivindicaciones obreras se acentuaban por momentos; una oposición canalizada por Fidel Castro (v.). Éste, tras un audaz y. fracasado asalto al cuartel de Moncada, pasó a México, donde conoció a Ernesto Guevara (v.), célebre agitador comunista y* guerrillero. De nuevo volvió a C., estableciendo una lucha de guerrillas en Sierra Maestra; se atrajo las simpatías del pueblo y declaró la guerra total a Batista, que hubo de abandonar el poder. Durante más de 100 años el pueblo cubano se ha debatido por obtener su independencia y unas condiciones económicas y sociales favorables y justas. A pesar de tan larga lucha por estos afanes, Castro pudo denunciar, verazmente, la existencia de 600.000 cubanos parados, que 500.000 peones agrícolas trabajaban sólo cuatro meses al año y vivían en chabolas, que los obreros de la industria privada no gozaban de jubilaciones, denunció la existencia de 100.000 pequeños labradores que trabajaban tierras ajenas, de 30.000 profesores mal pagados, de 20.000 pequeños comerciantes abrumados de deudas, etc.En la actualidad, Castro es el primer ministro de la República presidida por Oswaldo Dorticós, un gobierno que se enfrenta con una total reorganización social y económica que le ha llevado a una radical oposición a los intereses norteamericanos y a la ruptura de las relaciones con ellos y con la mayoría de los países hispanoamericanos; a un rígido bloqueo político y económico. La ideología del nuevo régimen, netamente marxista, está muy lejos de los objetivos con que iniciaron Castro y sus seguidores la revolución cubana en la que se prometía unas elecciones libres, un régimen democrático y un gobierno constitucional.El nuevo camino emprendido por la nación cubana es pésimo en cuanto a sus resultados; aumentan los presos políticos y se extiende la pobreza; pero el grito de Yara que en 1868 proclama una C. libre aún resuena entre los cubanos, a los que continuamente se les recuerda como slogan político. Una soñada libertad que se ve sometida a la rigidez de una ideología materialista, a la influencia de China en loss y después Rusia, que representan en el Caribe un imperialismo lejano y exótico, pero efectivo y explotador. Cuba ha perdido esta vez la oportunidad de esa independencia tan cara a su pueblo y la posibilidad de una prosperidad real.J. GILBERMEJO.
BIBL.: F. MORALES PADRÓN, Historia general de América, Madrid 1962; R. GUERRA Y SÁNCHEZ, J. PÉREZ CABRERA, J, REMOS, E. SANTOVENIA, Historia de la nación cubana, La Habana 1952; C. MÁRQUEZ STERLING, Historia de Cuba desde Colón hasta Castro, Nueva York 1963; F. PORTUONDO, Historia de Cuba, La Habana 1945; E. TABIO y E. REY, Prehistoria de Cuba, La Habana 1966; F. FIGUEREDO SOCARRÁs, La revolución de Yara, La Habana 1968; H. PORTELL VILA, Historia de Cuba en sus relaciones con EE. UU. y España, La Habana 1938; Y. GUILBERT, Castro l’inlidéle, París 1961; H. THOMAS, Cuba, la lucha por la libertad (17621970), Barcelona 1974; A. RECARTE, Cuba: economía y poder (19591980), Madrid 1980.
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