Crónica y Cronista II. Cronicón. MEDIOS
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Del sustantivo chronicon, latinización posclásica del adjetivo griego correspondiente, que significa "relativo al tiempo" (chronos, tiempo). No responde a un tipo determinado de fuentes (v. HISTORIA II) dentro de la historiografía medieval (v. MEDIA, EDAD I, 2), pero con este nombre, coexistente en no pocos casos con otra denominación, se conocen tradicionalmente cerca de 900 abras que en realidad son, bien anales, cuando los sucesos se registran año por año, sin otra conexión, o bien crónicas (v. I), cuando el relato está compuesto de manera más flexible y unitaria.Algunos autores han pretendido reservar el nombre de c. a las obras de tema universal, por oposición a las crónicas, que serían de tema nacional, mientras que otros prefieren adjudicarlo a las crónicas más breves y escuetas. Pero estas supuestas distinciones no encuentran base en la mayoría de los casos o se prestan al equívoco. En efecto, gran número de c. tratan simultánea o sucesivamente de historia universal y nacional o regional.Temática y extensión material. A este respecto no se diferencian de las crónicas. Junto a las obras de historia universal o nacional o de un pueblo invasor (p. ej., el C. de gestis normannorum in Francia), hay muchos c. de tema más particular, como fundaciones de iglesias y monasterios, historias de sedes episcopales y conventos (incluyendo, con frecuencia, los documentos de las donaciones más importantes de reyes, príncipes y prelados), cosa no extraña si tenemos en cuenta que la mayor parte de los c. fueron compuestos en estas instituciones eclesiásticas. Independientemente del tema, la extensión es muy varia; los hay de muy pocas páginas y aun líneas escuetos anales, aunque a veces abarcan desde el nacimiento de Cristo hasta el s. XII y XIII en tanto que otros sobrepasan las 100 y las 200 páginas (C. universal de Eckhard, C. de Otto de Frisinga, ambos alemanes del s. XII).Lengua y forma literaria. Dejando a un lado los bizantinos, naturalmente en griego, la mayor parte de los c. están escritos en latín, pues sólo a partir de fines del s. XII o comienzos del XIII comienzan a aparecer algunos en idioma vulgar. No faltan algunos en verso (C. rhythmicum o metricum), tanto en latín como en lengua vulgar, como el danés de fines del s. XV, obra maestra de la poesía nacional, los dos suecos, el escrito en Austria en la lengua del país y la Crónica de Morea, llamado también c., que narra las conquistas realizadas en Grecia por los guerreros occidentales en el s. XIII y del que se conocen dos traducciones en griego versificadas, además de otras tres en francés, catalán e italiano.Principales cronicones europeos. El primer c., del que arrancan todos los demás c. y crónicas de la Europa cristiana a lo largo de la Edad Media, es el escrito en griego por Eusebio de Cesarea (v.) (ca. 260340), cuya versión latina, debida a S. Jerónimo (v.), gozó de amplia difusión en Occidente. Después del de S. Jerónimo merecen citarse el Epitoma C. de Próspero de Aquitania (v.), que continúa al de S. Jerónimo hasta el 447 y es interesante para conocer el sur de las Galias durante las invasiones germánicas; y el de Casiodoro (v.), que abarca desde la creación hasta el 519.De entre los numerosos c. escritos a partir de entonces, algunos de los más característicos y que dan al mismo tiempo idea de la amplia escala europea que alcanzó, como otras, este género de la historiografía medieval, son: el llamado C. Paschale, obra bizantina que llega hasta el s. VII, después continuado hasta el xi. El de Moissac (sur de Francia), que comprende desde el s. IV al 818. El de Rotario, compuesto en Italia en la segunda mitad del s. VII y que trata del origen de los lombardos. EJ C. Saxonicum, fuente principal, junto con la Historia de Beda (v.), para la primitiva época de la Inglaterra anglosajona. El C. de Quedlinburg o Annales de Quedlinburg, que llega hasta 1025 y es importante para la historia de los Elñperadores alemanes. El C. breve de Noruega o Historia de Noruega, que abarca hasta fines del s. XII. El C. Slavicum, del 814 al 1845, continuador de la Crónica Slavorum de Helmold de Bosau (v. I) y de interés para la expansión alemana al E del Elba. El celebrado C. de Livonia, del 1186 al 1227, fundamental para la región noroeste de Rusia, también colonizada por germanos. El PolonoSilesiacum comprende hasta el 1278, y el C. pictunz Vindobonense trata del pueblo húngaro hasta 1330.Cronicones españoles. Época visigoda. EJ más antiguo es el de Hidacio, obispo de Aquae Flaviae en la Galecia, que narra los sucesos acaecidos en España en los a. 379468, con especial referencia a los suevos que ocupaban la provincia del cronista. La crisis políticoreligiosa del reinado de Leovigildo (v.) y su resolución favorable con la conversión de Recaredo I (v.) están recogidas en la crónica o c. de Juan de Bíclaro. Junto a otras obras históricas, S. Isidoro de Sevilla (v.) compuso, basándose en los escritores que le precedieron, un C. maius de carácter universal, desde el comienzo del mundo hasta el 615 que, como el resto de su producción, fue muy utilizado hasta la Baja Edad Media. Muy breve es el anónimo C. de Vulsa (Laterculus regum visigothorum), que contiene la lista de los reyes godos, con sus años de reinado, hasta Ervigio.Época de la Reconquista, hasta Alfonso X. Omitiendo algunas crónicas de los s. viii y ix que reciben también a veces el nombre de c., empezaremos la serie con el c. anónimo incluido en la Silense (v. I), que relata los reinados de Alfonso III y de sus hijos. El C. de Sampiro, del nombre de su autor, clérigo zamorano del s. XI, relata la historia del reino de León desde el 866 al 982. El C. regum Legionensium de Pelayo, obispo de Oviedo que, continuando a Sampiro, se centra especialmente en los reyes leoneses del 982 al 1109, llega al extremo de la sequedad y esquematismo propios de la historiografía cristiana de la época.De entre los posteriores citaremos los principales de cada región, según la distribución de Gómez Moreno y Sánchez Alonso:Gallegoportugueses. El C. Complutense, así llamado por haber sido encontrado en Alcalá, pero que presta especial atención a la región portuguesa desde fines del s. VIII hasta 1065. El C. Lusitanum (Chronica Gothorum) llega hasta 1184 y manifiesta un fuerte nacionalismo portugués. El C. Iriense, que alcanza el 982, es más bien una historia eclesiástica de Galicia.Castellanos, El C. de S. Isidoro de León, por el lugar donde se halló, se conoce ahora como Anales castellanos primeros; llega hasta el 939 y fue muy utilizado en los s. X y XI. Los c. Ambrosiano y Burgense forman, con los Anales Compostelanos, lo que actualmente se llaman Efemérides Riojanas y comprenden desde el nacimiento de Cristo hasta la toma de Sevilla (1248). El c. Villarense o Liber Regum, redactado hacia 1200, al parecer por un monje de Fitero, es el primero escrito en romance.Catalanoaragoneses. Hay noticias de un c. aragonés del s. XII que abarca desde la conquista musulmana hasta 1137. De los catalanes citemos el C. Rivipullense, redactado por los monjes de Ripoll, que llega hasta 1191 y con el cual se halla estrechamente emparentado el C. Rotense.Rebasa el interés regional el C. Mundi del obispo Lucas de Tuy, historia general de España al tiempo que universal, con amplia utilización de escritores y crónicas anteriores y que llega hasta 1236, fecha de su redacción. También aprovecha abundantemente las historias precedentes el rerum in Hispania gestarum C. o Historia Gothica, del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada (v.), de carácter nacional y en la que identifica a los españoles con los godos, cuya historia traza desde Jafet hasta la Reconquista en 1243.Época a partir de Alfonso X. De este periodo citemos solamente el C. del Cerratense, anales en latín hasta 1252, y los de C. de Cardeña I y II, compuestos probablemente en la primera mitad del s. XIV y de los cuales el I empieza en latín, mientras que el II está enteramente en castellano.Aludamos finalmente a los falsos c., seudohallazgos o invenciones de ciertos eruditos de los s. XVI al XVIII, anónimos o atribuidos a autores reales o imaginarios, con los que se pretendieron fundamentar hechos reales o legendarios y contra los cuales se alzó contemporáneamente la crítica sensata de historiadores concienzudos como Nicolás Antonio (v.) y el P. E. Flórez (v.), que demostraron la falsedad de aquellas fantasías.ZABALO ZABALEGUI.
BIBL.: V. la de I.
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