Crónica y Cronista I. Crónica. HIST.
Categoria:
Historia
Es el género historiográfico por excelencia de la Edad Media, junto con los anales (v. HISTORIA II), de los que se diferencia porque en éstos los sucesos vienen registrados año por año, sin formar relato unido, mientras que la c. adopta el estilo de narración seguida, enlazando los acontecimientos en su relación lógica. Algunas c. reciben tradicionalmente el nombre de cronicones (v. II), sin que ello signifique diferencia específica.Dadas las circunstancias en que se desenvuelve la vida cultural en la Edad Media, no extrañará que la mayoría de estas obras sean debidas a clérigos, más especialmente a los monjes de los monasterios repartidos por la Europa cristiana. Sólo a fines de la Edad Media éste, como otros, deja de ser un coto cerrado de los eclesiásticos. De igual modo, en un principio todas las c. occidentales se escriben en latín, hasta que a fines del s. XII y comienzos del XIII las lenguas vulgares comienzan a hacer su aparición en la literatura. No faltan, como en el caso de los cronicones, algunas escritas en verso.1. Temática y extensión cronológica. A imitación de la c. o cronicón de Eusebio de Cesarea (v.) que, traducido al latín por S. Jerónimo, sirvió de paradigma a todas las posteriores numerosas c. se remontan en su relato a la creación del mundo y de Adán, que sitúan en unos 4.000 ó 5.000 años "a. C., y a partir de ahí establecen las seis edades del mundo, encuadradas por otras tantas generaciones bíblicas (Noé, Abraham, David, la cautividad de Babilonia y Cristo, a partir del cual comienza la sexta edad). Otras c. dan por sabidas estas edades y comienzan con Cristo, Augusto, Teodosio, la caída del Imperio romano o en fechas más tardías. Junto a la sucesión de los Emperadores y los reyes, de los obispos y abades, que constituyen la línea argumental de estas historias, suelen consignar ciertos sucesos llamativos de carácter astronómico y meteorológico (aparición de cometas, eclipses, auroras boreales, etc.) o de otro género (nacimientos de niños y animales monstruosos, con dos cabezas, etc.) a los que, según las antiguas creencias que perduraron durante toda la Edad Media, atribuyen influencia determinante en el destino de los hombres. Tampoco faltan noticias de otros acontecimientos de efectos más evidentes (tormentas, inundaciones, vendavales, sequías y hambres, etc.) que afectaban a la región del cronista o, si por su magnitud alcanzaban especial resonancia, a países lejanos.La historia de los tiempos o reinados más remotos suele estar recogida de uno o varios cronistas anteriores, sin ninguna originalidad. En cambio, el interés mayor suele residir en la exposición de la época que el autor ha podido conocer personalmente, para la que no precisa recurrir a fuentes ajenas, y en la cual la narración se suele hacer más detallada ,y viva. En cualquier caso, la mayoría de las c. cristianas las de la España musulmana son muy distintas en este sentido de la Alta Edad Media adolecen de excesiva sequedad y esquematismo. En los últimos siglos medievales se hacen más extensas, pero para nuestro gusto de hoy se centran demasiado en los aspectos históricos más externos (guerras, gestiones diplomáticas y tratados de paz, matrimonios de príncipes y princesas, etc.).Francia. La C. de Fredegario, así llamada desde el s. XVI, anónima y debida a varios autores sucesivos, fue escrita en Borgoña en el s. VIII, continúa la Historia Francorum de Gregorio de Tours (v.) y abarca del 584 al 642. Fue posteriormente prolongada hasta el 768, comienzos del reinado de Carlomagno. Como verdadera historia de este Emperador ,fue considerada durante toda la Edad Media la C. de Turpin (Historia Karoli Magni et Rotholandi), del nombre de este legendario arzobispo, supuestamente contemporáneo de la gran figura biografiada. En realidad, la obra está escrita en Santiago de Compostela, donde confluían las leyendas carolinas del camino francés, a fines del s. XI en su primera parte, y fue continuada en Viena de Borgoña. Las Grandes C. de Francia o C. de S. Denis son la historia oficial de los reyes franceses, que fueron reuniendo en un gran conjunto los monjes de S. Denis desde el s. XII y que en sucesivas ampliaciones llegan hasta 1461. Fueron traducidas al francés a partir del s. XIV. Es famoso el ejemplar que lean Fouquet ilustró a mediados del XV con 51 miniaturas policromas. Las C. de Froissart relatan en francés los acontecimientos de la guerra de los Cien Años, hasta 1400. Aunque no tiene suficiente espíritu crítico, se hacen muy entretenidas por el sabor periodístico que supo darles Froissart (v.) en un francés vivo y pintoresco. Para componer su obra, que el autor retocó continuamente, no dudó en entrevistarse con los personajes principales que figuran en su relato, con objeto de conocer los hechos de su propia boca.Alemania. La C. regia de Colonia es del máximo interés para conocer la época de los Emperadores Stauffen y llega hasta 1237. La C. universal sajona o C. imperatorum saxonica, desde el comienzo del mundo hasta 1248, es la Historia universal más antigua escrita en alemán. La C. de Limburgo, interesante documento lingüístico del dialecto renano, con numerosos versos y noticias sobre poetas líricos alemanes, abarca de 1336 a 1398 y es útil también para la historia del traje y de la cultura en general. Pero probablemente la más importante sea la C. de los emperadores (Kaiserchronik) del s. XII, en versos alemanes. Llega desde Julio César a Conrado 11 (1147) y fue continuada hasta Federico II y posteriormente hasta Rodolfo de Habsburgo.Italia. La C. de S. Benito de Montecassino, compuesta en este célebre monasterio, casa matriz de la Orden benedictina, abarca del 529 al 867, continuada después hasta el 872 y el 913, y es importante para la historia de la Italia lombarda. En dialecto de la isla y de autor anónimo, la C. del ribellamentu de Sicilia contra el rey Carlos relata el alzamiento siciliano contra los franceses en 1282.Bizancio. Para la C. de Morea, v. II. Es interesante la Cronograf la o Historia Crónica de Juan de Malalas, natural de Antioquía, que llega hasta el 563, aunque la fecha de composición no se conoce (entre los s. VI y IX), y que está llena de fábulas y falsedades. De entre las demás cronografías bizantinas destaca la de Miguel Pselo (v.), siquiera sea por el nombre del autor, más conocido como filósofo y hombre de estado fue primer ministro a fines del s. XI, y que abarca del 976 al 1077.Otros países. La C. Boemorum o de Pulkava llega del700 al 1330 y la también bohemia C. aulae regiae es importante para el s. XIV en ese reino eslavo. La C. Slavorum, debida al clérigo alemán Helmold de Bosau, comienza con las campañas de Carlomagno contra los sajones y llega hasta 1172, dando cuenta de la expansión del cristianismo y del Imperio alemán entre los pueblos eslavos. Su continuación natural es la C. o Chronicon Slavicum, que llega al 1485. La C. Polonorum llega al 1113, pero probablemente no está escrita en el país. Completa y fidedigna está considerada la C. principum Poloniae, que abarca del 800 al 1382. La C. Cracoviae, debida a un arcediano polaco, abarca del 965 al 1395 y es en realidad una gran compilación de carácter analístico. La C. de Austria (C. des Landes Osterreich) alcanza hasta 1398.2. Crónicas españolas de los reinos cristianos. La c. latina más antigua a partir de la conquista de la Península por el Islam es la Bizantinoárabe del 741, cuya denominación indica la fecha en que se detiene su narración. No es seguro que su autor fuese español, pues la atención dedicada a la Península, con noticias tomadas de S. Isidoro, es escasa. Información más copiosa ofrece sobre la historia bizantina y, en especial, sobre la expansión musulmana, no ocultando su admiración por Mahoma, por lo que se deduce que debió utilizar varias fuentes bizantinas y árabes.La C. mozárabe del 754, así llamada por la fecha en que termina, era conocida antes como C. del Pacense, Anónimo de Córdoba o Continuatio Hispana. Dedica especial atención a España, aunque el hilo conductor de la narración sigue siendo la sucesión de los Emperadores bizantinos, sin olvidar a los árabes. El autor, indudablemente un mozárabe que vive en la España dominada por el Islam, lamenta con gran vehemencia la invasión musulmana que ha ocasionado la desgracia del país y muestra su partidismo provitizano y antirrodriguista.Las c. siguientes están ya producidas en los núcleos norteños de resistencia, especialmente en AsturiasLeón. La más antigua de las conocidas es la C. Albeldense, así llamada por haber sido hallada en el monasterio riojano de Albelda, denominada anteriormente también Epítome Ovetense. Junto a distintos epígrafes de carácter enciclopédico (nociones de geografía universal y nacional, las siete maravillas del mundo, virtudes destacadas de los distintos pueblos, etc.) basados en obras conocidas, resume la historia de los reyes godos y de los que considera sus legítimos continuadores, los soberanos de Asturias y Navarra, hasta el 883, al lado de una breve historia de los árabes que empieza desde Abraham.La C. Profética, como la llamó Gómez Moreno, se refiere a una profecía de Ezequiel que, aplicada libremente al caso español, significaría que la dominación árabe terminaría a los 170 años de iniciada, esto es, hacia el 883, que es cuando la compone un clérigo mozárabe, fiado en su cumplimiento a la vista de la crisis por que atravesaba el emirato y que parecía presagiar su inminente ruina. Su texto pasó completo a la C. de Alfonso III y mutilado a la Albeldense.La C. de Alfonso III presenta dos redacciones, atribuida una al propio rey y la otra a Sebastián, obispo de Salamanca. Aunque se detiene en el 866, comienzo del reinado de Alfonso III, es posterior a la Albeldense, con la que está relacionada. Son muchos los problemas suscitados en torno a sus dos redacciones y su relación con la Albeldense, estudiados por BarrauDihigo, García Villada, Gómez Moreno y Sánchez Albornoz, entre otros.La C. o Chronicon de Sampiro, obispo de Astorga en el segundo cuarto del s. XI, continúa la C. de AIso III y sólo se ha conservado inserta con interpolaciones en el Chronicón dé Pelayo (redacción pelagiana, hasta el 982) y, al parecer menos manipulada, en la Silense (hasta el 999).La C. gothorum pseudoisidoriana fue llamada así por Mommsen, que la fecha en la primera mitad del s. XI, poco después de la de Sampiro, y la atribuye a un mozárabe toledano. Es una Historia universal hasta la llegada de los árabes a España, y en ella aparece por primera vez la leyenda de la "Cava", la hija del conde Julián, cuya seducción atribuye a Witiza, haciéndole así responsable de la invasión y destrucción del reino.La C. Silense, así llamada por haber sido atribuida a un monje de Silos, modernamente se piensa que la escribió un monje, tal vez mozárabe, avecindado en León, hacia el segundo decenio del s. XII. Hace historia del reino hispanogodo desde Leovigildo y se muestra antiwitizano. Parece que su propósito fundamental fue trazar una biografía laudatoria de Alfonso VI, pero la narración se detiene a la muerte de Fernando I (1065). Utilizó crónicas anteriores, como la de Alfonso III, y tal vez otras perdidas.La C. del obispo don Pelayo o Chronicon regum Legionensium es una compilación debida a este prelado ovetense (110129), cuya parte original es la comprendida entre los reinados de Vermudo II y Alfonso VI (982 a 1109). Se detiene en hablillas de poca monta y en relatos absurdos, mientras pasa por alto figuras importantes (al Cid no lo nombra) y sucesos trascendentales (la toma de Toledo es sólo aludida de pasada).La C. Najerense, llamada también C. leonesa y C. miscelánea, cuyo origen riojano Menéndez Pidal ha demostrado cumplidamente, está fechada hacia 1160. Su primera parte comprende desde la creación del mundo hasta el final del reino hispanogodo, aprovechando ampliámente a S. Isidoro; la segunda, hasta el comienzo del reinado de Fernando I; y la tercera, los reinados de Fernando I y sus hijos Sancho II y Alfonso VI. A las noticias proporcionadas por c. como la de Alfonso III y la Silense añade leyendas épicas de tema navarrocastellano, sobre el que aporta novedades.C. de Alfonso VII (C. Adefonsi Imperatoris). Hace la historia de este Emperador leonés hasta 1147. La primera parte está dedicada a narrar las dificultades internas de los primeros años de reinado, con las rebeldías nobiliarias, las tensiones con Alfonso el Batallador y las guerras con Navarra y Portugal tras su solemne coronación imperial. A la política exterior de reconquista contra los almorávides se dedica la segunda parte, que ilustra sobre la continua guerra en la frontera del Tajo. El libro se cierra con el poema en que se canta la campaña de Almería, que condujo a la conquista de este puerto musulmán en 1147.C. latina de los reyes de Castilla. Especialmente importante para el reinado de Alfonso VIII, en el que se centra con gran detenimiento y que constituye la parte principal de su narración, la cual comienza con la muerte de Fernán González (970) y llega hasta 1236. Cirot, su editor, supone que pudo escribirla un tal Domingo, obispo de Palencia.Las Gesta comitum Barcinonensium et regum Aragoniae fueron compuestas en varias etapas, en su primera redacción, durante la segunda mitad del s. XII y la primera mitad del XIII, en el monasterio de Ripoll, gran centro de la cultura en Cataluña durante esta época. La narración comienza con Wifredo el Velloso y llega hasta la muerte de Jaime I (1276). En la segunda redacción,se prolongó la historia hasta los primeros años del reinado de Jaime II.El Chronicon Mundi o C. del Tudense, debida a Lucas, obispo de Tuy, es una gran compilación de Historia nacional enlazada con la universal, escrita a instancias de Da Berenguela, madre de Fernando III, y dividida en cuatro libros. En el primero, tras unas disertaciones entre las que no falta una dedicada a ensalzar las excelencias de España, a la manera de S. Isidoro, sigue al mismo santo sevillano en su cronicón, con algunas modificaciones. En el libro segundo rectifica en parte la historia isidoriana sobre los vándalos, suevos y godos con datos tomados de Hidacio, Orosio y sobre todo el Biclarense. En el libro tercero, continúa con la España visigoda, desde donde la dejó S. Isidoro (v.) en su historia, sirviéndose de la C. de Alfonso III, de la Silense y de S. Julián (v.). El libro cuarto comprende desde Pelayo hasta la conquista de Córdoba (1236), para lo que utiliza las c. anteriores, si bien para el último periodo parece haber recurrido simplemente a sus conocimientos personales. Junto a un gran entusiasmo nacionalista hispánico, muestra a lo largo de su obra una considerable falta de espíritu crítico y una notable desenvoltura en la utilización de los autores que maneja.Del mismo s. XIII es la Historia Gothica o Rerum in Hispania gestarum Chronicon, compuesta por el arzobispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada (v.) a instancias de Fernando III. Es una historia nacional en la que, como Isidoro, identifica al pueblo español con el pueblo godo, cuya genealogía remonta hasta Jafet. Además de todas las crónicas anteriores utilizó al Tudense y, lo que es muy significativo y característico, a escritores e historiadores musulmanes, que le permiten referir la invasión y ocupación del reino godo, p. ej., con mucha mayor extensión y puntualidad que las c. cristianas precedentes. Del texto latino de la Historia Gothica se hicieron varias versiones en romance castellano y una en catalán y sirvió de referencia fundamental para los historiadores posteriores.La Primera C. general o Estoria de España fue planeada y mandada componer por Alfonso X en lengua castellana, por lo que viene a ser la primera historia de España escrita en romance. Menéndez Pidal, que ha estudiado los problemas planteados por esta obra, supone que sólo la primera parte, desde la creación hasta la invasión musulmana, fue redactada en tiempo del Rey Sabio. La segunda, desde Pelayo hasta Fernando III, se escribía bajo Sancho IV. Es fundamentalmente una simbiosis de las obras del Tudense y del Toledano y ha sido objeto de numerosas refundiciones, entre las que destacan la C. abreviada, escrita por D. Juan Manuel (v.) hacia 1320, las C. generales segunda, tercera y cuarta y la C. de veinte reyes, compuesta hacia 1360.La C. de 1344 o Segunda C. general, refundición de la anterior, como acabamos de decir, llega hasta la toma de Algeciras (1344) por Alfonso XI, al que se atribuye sin suficiente base la iniciativa de su redacción. Utiliza ampliamente cantares de gesta y fuentes musulmanas, como la c. del moro Rasis.Las Tres C., así llamadas por los manuscritos, comprenden los reinados de Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV (12521312); son prolongación de la C. general y están compuestas por mandato de Alfonso XI en los últimos años de su reinado.La C. de Jaime I, escrita en catalán y en forma autobiográfica, comienza con el matrimonio de los abuelos del rey, Alfonso II y Sancha. Es probablemente debida a un notario real, inspirado y asesorado por el propio monarca a fines del reinado. Además de la original en catalán (llena, por otra parte, de castellanismos y aragonesismos) se conocen una versión latina, ordenada por Jaime II en 1314, y otra aragonesa del mismo s. XIV.La C. del rey en Pere e dels seus antecessors passats fue compuesta por Bernat Desclot (v.) en la segunda mitad del s. XIII. Llega desde Ramón Berenguer IV hasta la muerte de Pedro III el Grande, que es la figura en quien se centra verdaderamente el autor, coetáneo de los dramáticos sucesos del reinado, que relata con gran imparcialidad, al tiempo que con fuerza y garra literarias. Utilizó documentos oficiales, a veces incorporados a la narración en forma de diálogo, y, para los reinados anteriores, las Gesta comitum Barcinonensium ya citadas.La C. o descripció dels fets e hazanyes del ynclit rey don Jaume, primer, rey d’Aragó... e de molts de ses descendents, también en catalán, es obra de Ramon Muntaner (v.), comenzada en 1325, y que abarca desde el nacimiento de Jaime I (1204) hasta la coronación de Alfonso IV (1327). Como partícipe personal en los episodios narrados, desborda de apasionamiento y de entusiasmo por Cataluña. Fundamentalmente, trata de la expedición catalanoaragonesa a Oriente..C. de San Juan de la Peña, así llamada desde que Zurita la atribuyó a un monje de este monasterio altoaragonés. En realidad se debe a iniciativa de Pedro IV el Ceremonioso. Se escribió en tres versiones; catalana,aragonesa y latina. Comienza con la España primitiva y sigue con la historia fabulosa de los godos, al modo del Toledano. A partir de la reconquista advierte que sólo tratará de los reyes de Navarra y Aragón, y llega hasta la muerte de Alfonso IV (1336). Utiliza las Gesta comitum Barcinonensium y las c. de Desclot y Muntaner.C. de Pedro IV. En forma autobiográfica, si bien se ha demostrado que la compuso Bernard Dezcoll por encargo del rey, el cual redactó el prólogo y señaló el título que debía llevar la obra, a saber: Llibre en ques contienen tots los grans fets endevenguts en nostra casa dins lo temps de la nostra vida, comentpantlos a nostra nativitat. Se conservan los capítulos primero al sexto, que comprenden de 1319 a 1366, y notas sueltas del periodo 137480.La C. de los fechos subcedidos en España desde sus primeros señores hasta el rey Alfonso XI se debe al prelado navarro fray García de Eugui, obispo de Bayona y confesor de Carlos III el Noble de Navarra, hacia 1400. Resume las c. castellanas y añade una historia de Navarra, llena de fábulas y errores, hasta la muerte de Carlos II el Malo (1387).Las C. de los reyes de Castilla Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III fueron compuestas por el canciller de Castilla Pedro López de Ayala (v.), testigo destacado de los sucesos que narra en este revuelto periodo de la historia castellana. A pesar de su personal inserción en la guerra civil (partidario primero de Pedro el Cruel, lo abandonó por su hermanastro Enrique de Trastámara al ver que los fechos del primero non iban de buena guisa), se muestra historiador imparcial, a la par que escritor brillante, sobre todo al narrar el dramático reinado de Pedro I.La C. de Juan II de Castilla comprende desde 1406 a 1454 y la parte relativa a 140634 se atribuye al judío converso Alvar García de Santa María. Historiador concienzudo e imparcial, no disimula su admiración por Fernando de Antequera, de quien hace la historia como rey de Aragón (141216).La C. de los reyes de Navarra se atribuyó durante mucho tiempo a Carlos, príncipe de Viana. Se apoya en otra c. navarra anterior, la de García López de Roncesvalles, de comienzos del XV, y arranca del diluvio y de Túbal descendiente directo de Noé, que habría fundado Tafalla, según la leyenda para llegar hasta 1407. A partir del reinado de Teobaldo I (123453), ofrece buena información.La C. del Halconero de Juan II recibe este nombre por haber sido escrita por Pedro Carrillo de Huete, halconero mayor de dicho rey. Perdidos el comienzo, final y algunas partes intermedias de la obra, el periodo historiado comprende de 1420 a 1450. Fue refundida por Lope Barrientos, obispo de Cuenca.La C. de Enrique IV de Castilla, compuesta por el capellán y cronista oficial del rey, Diego Enríquez del Castillo, trata de reivindicar su memoria, atribuyéndole altas dotes y elogiando su clemencia y religiosidad, y forma duro contraste con las Décadas de Alfonso de Palencia (Alphonsi Palentini gesta hispaniensia...) escritas en latín ya en el reinado de los Reyes Católicos, por lo que no debe extrañar que la edulcorada imagen de la c. anterior quede convertida aquí en una pintura de negras tintas recargadas en la que Enrique IV sale muy malparado.3. Crónicas hispanomusulmanas. En contraste llamativo con las cristianas, especialmeüte las de la Alta Edad Media, las numerosísimas obras históricas compuestas en Andalus son profusas y ricas en detalles, si bien, respondiendo a la multiforme personalidad de sus autores, que al tiempo que historiadores suelen ser filósofos, poetas, juristas o gramáticos, no suelen ser de carácter exclusivamente histórico. Algunas de las más famosas son: La Historia de los emires de alAndalus (Tit’rii mulúk alAndalus) del llamado "mora Rasis", (Ahmad ben Muhammad ben Mñsá alRázi) natural de Córdoba, que comprende desde la Antigüedad hasta mediados del s. X, en que vivía el autor. Fue traducida e incorporada, muy defectuosamente, a la C. del 1344. El Ajbúr Maymit’a (Colección de tradiciones) es una compilación de diferentes escritos y autores realizada, según Sánchez Albornoz, a comienzos del s. XI. Del Kitáb alMugtabis, extensa obra del gran historiador cordobés Ibn Hayyán (v.), sólo se conservan fragmentos relativos a los emires del s. IX y al califa Alhaquem II. EJ Kititb alBayún, del historiador marroquí Ibn Id_ari, es una gran compilación relativa a Marruecos y a la España musulmana hasta los primeros taifas, escrita a comienzos del s. XIV. V. t.: MEDIA, EDAD I, 2; MODERNA, EDAD I, 2.J. ZABALO ZABALEGUI.
BIBL.: Reseña de las c. y cronicones de toda la Europa medieval cristiana, en A. POTTHAST, Bibliotheca Historica Medii Aevi, I, Berlín 1896 (reed. Graz 1957), 223319. Gran parte están publicadas en MGH, series Scriptores y Cronica; edición de c. francesas, en Recueil des historiens des Gaules et de la France; las españolas están reseñadas con detalle por B. SÁNCHEZ ALONSO, Historia de la Historiografía española, I, hasta la publicación de la c. de Ocampo (1543) 2 ed. revisada y añadida, Madrid 1947. Reseñas más breves de las principales c. ofrecen L. VÁZQUEZ DE PARGA y L. SÁNCHEZ BELDA en los artículos correspondientes del Diccionario de Historia de España, I, 2 ed. Madrid 1968; y L. G. DE VALDEAVELLANO, Historia de España, I, 4 ed. Madrid 1968, 4786; E. BENITO RUANO, La historiografía en la Alta Edad Media española. Ideología y estructura, "Cuadernos de Historia de España" XVII, Buenos Aires 1952, 50104; R. BALLESTEA, Las fuentes’ narrativas de la historia de Esparta durante la Edad Media, 4171474, Palma de Mallorca 1908; A. Huici, Las crónicas latinas de la Reconquista, I y II, Valencia 1913; M. GóMEz MORENO, Las primeras crónicas de la Reconquista, "Bol. de la R. A. de la Historia" (1932); M. COLL i ALENTORN, La historiografia de Catalunya en el període primitiu, Barcelona 195152; C. SÁNCHEZ ALBORNOZ, Investigaciones sobre historiografía hispana medieval (s. VIII al XII), Buenos Aires 1967 (recoge los diversos estudios del gran medievalista sobre c. españolas, tanto cristianas como musulmanas).
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