Crítica Literaria II. Literatura Española. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Antecedentes y comienzos: los comentaristas. Con anterioridad al s. XVIII, cuando de una manera evidente aparece la c. l. en España y en otros países europeos (Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, Portugal), se encuentran algunas obras que poseen sentido de valoración crítica, aunque sólo parcial o de atisbos. Hay que considerar como iniciador al marqués de Santillana (v.) en su Carta o Proemio al Condestable de Portugal. También puede incluirse a Enrique de Villena (13841434), cuya obra Arte de trovar (1433), así como la de Juan del Encina (v.) muestran cierto sentido crítico. Mayor interés tienen los comentaristas que surgen en el estudio de los poetas famosos, como Garcilaso (Sánchez de las Brozas, 15231601; v.), Fernando de Herrera y Góngora (Pedro de Valencia; Salcedo Coronel); fray Luis de León (v.), en la apología que hace de los libros de S. Teresa (v.); Quevedo (v.), en la introducción que escribe al editarse, por primera vez, las poesías de fray Luis. C. elogiosa es la que encontramos en los numerosos vejámenes de los certámenes poéticos o en poemas laudatorios como el Canto de Turia de la Diana enamorada, de G. Gil Polo (m. 1591); El laurel de Apolo, de Lope de Vega (v.); El Viaje del Parnaso, de Cervantes (v.); aunque en el famoso escrutinio de la biblioteca de D. Quijote, su autor destaca una especial actitud crítica. También en el Canto de Calíope, de La Galatea, sigue a Gil Polo. Diego Saavedra Fajardo (v.), en República literaria, merece citarse. Quizá el mayor crítico de todo este periodo, hasta llegar al s. XVIII, es Baltasar Gracián (v.) en su Agudeza y arte de ingenio. A pesar del sentido, en parte, tendencioso de su criterio estético, hay juicios literarios de acertada justeza.2. Crítica de influencia francesa e italiana. El advenimiento de los Borbones al trono español (1700) y el poderoso influjo que ejercen los escritores franceses en toda la Europa del s. xvici sitúan a España bajo el signo literario, en parte, francés. A este influjo hay que añadir el italiano. Boileau (v.), sobre todo, por la parte francesa, y Metastasio, Muratori y Goldoni (v.), por la italiana, son los modelos que implantan modas, normas y preceptos. Presidiendo en los juicios literarios la razón y el buen gusto se ejerce la c. más para destacar los defectos que los aciertos de los escritores que les anteceden. La estrechez con que contemplan la obra literaria les convierte en rígidos dómines cuya c. no ha tenido apenas pervivencia. El principal preceptivista de este periodo es el aragonés Ignacio Luzán (170254), buen conocedor de las lenguas y literaturas francesa e italiana. De todos sus escritos sólo se ha salvado del olvido la Poética (1737), en la que intenta "subordinar la poesía española a las reglas que siguen las naciones cultas". Así, salen malparados Lope y Calderón al tratar de ellos como dramaturgos. Góngora también sufre la arbitrariedad de su juicio. En cambio, vuelca su admiración hacia Lupercio L. de Argensola (v.) por motivos morales, clasicistas y de paisanaje. Agustín de Montiano y Luyando (16971764), dramaturgo de muy escaso mérito, tiene reputación de crítico, y sus Discursos sobre las comedias españolas, en dos volúmenes, son traducidos al francés y tenidos en cuenta por Lessing en su Werke (1794). A causa de su excesiva preocupación por el orden y las reglas es incapaz de apreciar el valor de los clásicos españoles, llegando, en la Aprobación que escribe a la edición de El Quijote de Avellaneda, a considerar esta novela muy superior a la de Cervantes.3. Crítica erudita y polémica. Distinta es la actitud que toman, respecto a los clásicos españoles, otra serie de críticos no ofuscados por prejuicios neoclásicos. El valenciano y bibliotecario real Gregorio Mayáns (1699-1781) es el crítico y erudito más importante de su época, hasta el punto de que muchas de sus opiniones y juicios siguen siendo válidos y aceptados por la c. moderna. Hombre de mucha lectura, de preparación amplia y muy sólida, de sereno juicio y algo vanidoso, ha dejado una enorme producción literaria que abarca materias muy distintas. A él se debe la primera biografía de Cervantes escrita para la edición inglesa de El Quijote (1738), patrocinada por lord Carteret. Edita las poesías de fray Luis de León (1761), a Vives, y elogia a Quevedo, etc. Merecen destacarse sus obras Orígenes de la lengua española (1737) y la Retórica (1757), en la que sigue más a los preceptistas latinos que a Luzán y sus continuadores. Los ejemplos que selecciona patentizan su buen juicio. También hombre de saber y sensibilidad crítica es su hermano, elcanónigo Juan Antonio Mayáns. Edita, con docto prólogo, El pastor de Fílida, de L. Galve de Montalvo. El bibliotecario J. J. López de Sedano (1729-1801), polemista con Iriarte a causa de su publicación de la Epístola a los Pisones, traducida por Vicente Espinel, saca a luz entre 1768 y 1778, los nueve tomos del Parnaso español, abundante "colección de poesías de los más célebres poetas castellanos", no siempre acertadamente escogidas, pero interesante por el número de ellas y por las notas y comentarios, aunque éstos no le sitúan como crítico de consideración. Tomás Antonio Sánchez (1732-98) publica, por vez primera en España, en los cuatro tomos de Poesías anteriores al siglo XV (1779-90), la poesía medieval, desde el Cantar de Mío Cid y los poemas y poetas del Mester de Clerecía (v.), que hasta Sánchez no habían obtenido la atención de eruditos y críticos. La preparación y celo excelentes que muestra en esta empresa no son acompañados de gran agudeza crítica. El benedictino Martín Sarmiento (1695-1771), amigo, defensor y anónimo colaborador del P. Feijoo, en su Memoria para la historia de la poesía y poetas españoles (1775, ed. póstuma) se revela como excelente erudito y agudo crítico. Antonio de Capmany (1742-1813), filólogo e historiador, ofrece un meritorio discurso preliminar y útiles observaciones críticas en su extensa antología de la prosa Teatro históricocrítico de la elocuencia española (1786-94).Algunos célebres literatos neoclásicos ejercen accidentalmente la c. l. movidos más por motivos polémicos y satíricos que serenos y justos. José de Cadalso (v.), con Los eruditos a la violeta (1772), y Juan Pablo Forner (v.), en versos (El asno erudito, 1782, contra Iriarte) y en discursos (Sobre el origen y progresos del mal gusto en la literatura), se señalan como ásperos y mordaces, destacando sus c. negativas. Forner, en su obra póstuma Exequias de la lengua castellana, hace revisión de los escritores que han contribuido al enaltecimiento o empobrecimiento de ella. Nicolás Fernández de Moratín (v.) en sus tres folletos Desengaños al teatro español, ataca a los dramaturgos del siglo áureo, especialmente a Calderón y a sus discípulos, mostrando ingenio y parcialidad. Su hijo, Leandro Fernández de Moratín (v.) evidencia un claro sentido crítico, no exento, en ocasiones, de ironía en su Correspondencia y de feliz sátira en La derrota de los pedantes, donde destaca sus ideas estéticas y su pesimismo por la decadencia de la literatura y, claro está, su fidelidad extrema por las reglas neoclásicas. En su importante estudio Orígenes del teatro español, patentiza su independencia de criterio con acertadas opiniones y juicios. La razón es, según Moratín, la que debe guiar el juicio literario.Es de capital importancia en la erudición y crítica de este periodo literario el grupo formado por los jesuitas expulsados por Carlos III (1767) y residentes en Italia. Esteban de Arteaga (174799), más célebre por sus tratados de estética, ejerce la c. en Del gusto presente in letteratura italiana y en su oposición a la influencia árabe en la poesía española en Dell’influenza degli arabi sull’origine della poesía moderna in Europa (1791). El valenciano Juan Andrés, en Origen, progreso y estado actual de toda la literatura, en siete tomos (178295), acomete el primer intento de una historia de la literatura universal. Sus preferencias y juicios están mediatizados por las ideas de su tiempo. Esta obra es traducida al castellano por su hermano Carlos. Francisco Javier Lampillas (173181) adquiere fama con su Saggio storicoapologetico della letteratura spagnuola, en seis volúmenes (177881), prontamente traducida al castellano. Trata principalmente de la hispanolatina con sentido polémico. Sobre estos jesuitas y otros de importancia literaria, cfr. Miguel Batllori, La cultura hispanoitaliana de los jesuitas expulsos, Madrid 1966.4. El siglo XIX. Este siglo representa un avance en la c. l. Mariano José de Larra (v.), Fígaro, se muestra bastante ecléctico en sus c., aunque pesa en él una particular influencia neoclásica. También se siente influido por la c. francesa de su momento, identificándose en la relación de la literatura con lo social y lo político. Sus ideas en este aspecto las expone en sus artículos de c. teatral y en el titulado Literatura. Francisco Martínez de la Rosa (v.), en su Poética, patentiza su fidelidad a las ideas de Boileau y, dentro de este cauce, muestra poca originalidad, aunque tiene algunos aspectos de cierto interés. Los artículos y conferencias de Alberto Lista (17751848) adolecen de falta de sensibilidad y de prejuicios, mostrando, por otra parte, agudeza en la observación. Se detiene más en lo secundario que en lo principal y, sobre todo, en la moralidad de la obra. Bartolomé José Gallardo (17761852) une a su condición de bibliófilo la de máximo conocedor de la literatura española. Menéndez Pelayo le considera el único capaz de escribir una historia de la literatura española. Reacciona contra las reglas retóricas del neoclasicismo proponiendo y fomentando el conocimiento y valoración históricos de la literatura.Manuel Milá y Fontanals (181884, v.) es catedrático de la Univ. de Barcelona. Se le puede considerar como el iniciador de la c. española de los estudios de literatura comparada. Publica trabajos críticos y eruditos en revistas extranjeras ("Rev. des langues romanes" y "Romania"). Las relaciones entre la poesía popular catalana y la épica castellana las establece y analiza en su Romancerillo catalán (1882); ya anteriormente, en De la poesía heroicopopular castellana (1874) hace consideraciones clarividentes que son consideradas por Menéndez Pidal. Quizá su obra más trascendental es De los trovadores en España (1861), en la que traza las influencias de la lírica provenzal en Cataluña, Castilla y Portugal. Muchos de sus trabajos están dedicados a la literatura catalana. Deja sus papeles a su discípulo predilecto, Menéndez Pelayo, quien dirige la edición completa de sus obras, en 8 vol., publicados en Barcelona 1888-96.Antonio Rubió y Lluch (1856-1936), discípulo de Milá y Fontanals, y sucesor suyo en la cátedra, da gran impulso a los estudios de investigación y c. de la literatura catalana, cuya asignatura enseña en la institución Estudis Universitaris Catalans. Es elegido Académico de la Española (1927). Entre sus obras destacan: La expedición y dominación de los catalanes en Oriente juzgadas por los griegos (1883), El sentimiento del honor en el teatro de Calderón (1882) y ediciones como la de Curial e Güelfa (1901).5. Menéndez Pelayo y su escuela. Con Marcelino Menéndez Pelayo (v.) la c. española alcanza categoría universal. Sus 40 años de incesante trabajo han dejado abundantísima obra. Dámaso Alonso ha estudiado su evolución crítica en Menéndez Pelayo, crítico literario (Madrid 1956). Comienza a manifestarse por "una frenética, y aun fanática, adoración de la belleza, fin único, para él, del arte, adoración que le lleva a no admitir más forma lírica que la horaciana y a abominar de casi toda la moderna literatura europea, y a desdeñar y aun execrar, la poesía popular y la poesía y el pensamiento germánicos, para, al fin de ese periodo, llegar ( ¡quién lo hubiera dicho! ) a la afirmación rotunda de que tanto lo bello como lo feo son objeto posible del arte, y a la admisión y deleitosa comprensión de la poesía popular y de la literatura moderna, tras haberse sumergido profundamenteen el pensamiento estético alemán". Ha creado la historia de la literatura española, ejerciendo una c. histórica y sintética. A su enorme sabiduría y erudición, que le han permitido no sólo el estudio histórico, profundo y seguro, de la literatura en lengua española, sino también su comparación, buscando influencias y contrastes con las extranjeras, se unen su exquisita sensibilidad y privilegiado gusto, como puede verse en los admirables prólogos y selección de trozos poéticos de su Antología de poetas líricos castellanos. "Garra certera de su gusto, que, entre cientos de páginas o miles de versos, sabe extraer los puntos en que se condensa o articula la doctrina, o aquellos lugares en que a través de la palabra se concentran, en imagen nítida, el resplandor de la pura idea o las formas del mundo natural o los repliegues del alma humana" (D. Alonso). Es D. Marcelino crítico tolerante y generoso, aunque ejerce su c. sobre escritores opuestos a su manera de pensar, profunda y sinceramente católica. Desde sus comienzos literarios declara: "en arte soy pagano hasta los huesos."Entre los discípulos de Menéndez Pelayo hay que citar a Adolfo Bonilla y San Martín (1875-1926), con estudios sobre los libros de caballerías, sobre Cervantes, Luis Vives y otros escritores del Siglo de Oro; a Blanca de los Ríos (1862-1936), especializada en Tirso de Molina; Emilio Cotarelo Mor¡ (1857-1936), entre cuyas numerosas obras sobresalen Don Ramón de la Cruz y sus obras (1899), Iriarte y su época (1897); su hijo, Armando Cotarelo Valledor (1879-1950), especializado en el teatro cervantino y en las cantigas de Alfonso X el Sabio; Francisco Rodríguez Marín (1855-1943), prolífico publicista, ilustre comentarista de El Quijote y de otros libros de Cervantes, y especializado también en la poesía de los poetas sevillanos, cordobeses y granadinoantequeranos. Hay que citar también a Julio Cejador (1864-1927), erudito y crítico prolijo, editor de clásicos y autor de la Historia de la lengua y literatura castellanas, en 14 vol. (181520), obra que hay que consultar con cierta cautela, y del útil libro Tesoro de la lengua castellana, en dos vol. (1905-06).6. Menéndez Pida¡ y discípulos. Inmensa es también la labor de Ramón Menéndez Pidal (v.) en los campos lingüístico, filológico y crítico. Discípulo de Menéndez Pelayo, crea una manera y método que le independiza, logrando crear escuela. Las tres facetas a que nos hemos referido suelen estar unidas en los trabajos de c. de Menéndez Pida¡, así en sus obras Poesía juglaresca y juglares, El cantar de Mío Cid, Leyenda de los Infantes de Lara, El romancero, Teoría e investigaciones y las publicaciones monográficas sobre Cervantes, Lope de Vega, S. Teresa, Tirso de Molina, la primitiva lírica española, etc. El magisterio excepcional de Menéndez Pidal origina una escuela de ilustres críticos: Américo Castro (v.) con El pensamiento de Cervantes (1925), Santa Teresa y otros ensayos (1929), ediciones con estudios de Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina, sobre los erasmistas y, además de otras obras, su discutida España en su historia (1948); Dámaso Alonso (v.); Amado Alonso (18961952), profundo filólogo y crítico sobresaliente, incorpora a la c. española los métodos estilísticos de Vossler, Spitzer y Hatzfeld, c. formalística en contraposición con el historicismo positivista, imprimiendo su notable personalidad en trabajos sobre el ValleInclán de Las Sonatas, Lope de Vega, Guillén, los argentinos Güiraldes y Larreta, etc.; Federico de Onís (1885), autor de ediciones y estudios de fray Luis de León, Villarroel, Benavente, la literatura española en su esencia, etc. Todos los trabajos de Onís están reunidos en España en América (1955). Es importante, por el estudio y las introducciones, su Antología de la poesía española e hispanoamericana (1934), que abarca desde los premodernistas hasta la generación del 27; José Fernández Montesinos (1897), experto conocedor de Lope de Vega, une gran erudición y enorme inteligencia para desentrañar la obra literaria. Posee amenidad y claridad expositiva. Sus trabajos sueltos están recogidos en Ensayos y estudios de literatura española (México 1959). Son importantes los libros dedicados a la novela y novelistas contemporáneos, Introducción a una historia de la novela, Costumbrismo y novela y sobre Galdós, Fernán Caballero y Pereda. Pedro Salinas (v.) ha sido director de la rey. "Indice literario". Aplica a sus críticas un sentido psicológico, estilístico y de base cultural. Ha estudiado a Jorge Manrique, Rubén Darío, Meléndez Valdés, etc., y es quien recrea, por no decir que crea, el concepto de la llamada generación del 98 (v.). Jorge Guillén (v.) ha centrado, en su breve y rigurosa labor crítica, la relación poesíalenguaje. Rafael Lapesa (1908), fundamentalmente lingüista y filólogo, sigue en sus trabajos de c. el método de Menéndez Pidal. Valiosos son sus libros La trayectoria poética de Garcilaso y La obra poética del Marqués de Santillana. Manuel García Blanco (1902) ha dedicado los últimos y fructíferos años de su vida al estudio crítico de la obra de Unamuno; Ángel Válbuena Prat (1900), historiador de la literatura española, especializado en el teatro español y, en particular, en Calderón y sus autos sacramentales; Juan Chabás (1898-1954), autor de un excelente manual de literatura española y de una historia de la literatura contemporánea, en la que se muestra arbitrario y apasionado con frecuencia.7. Escritores, críticos independientes. Una c. muy personal la ejercen un grupo de escritores que alternan esta manifestación de su personalidad con la de novelista y ensayista. Leopoldo Alas, Clarín (v.), y Juan Valera (v.) son los principales críticos de su momento con amplia resonancia entre los lectores. Clarín ejerce una c. bastante rígida, a veces en demasía, y doctrinal, dada su condición de catedrático. Valera es más liberal y garboso en sus apreciaciones, aunque no puede evitar ciertos prejuicios debidos a su formación clasicista. A pesar de no comulgar con la nueva concepción poética que significaba el Rubén Darío de Azul, muestra comprensión y tiene el mérito de haber pronosticado, antes que nadie en España, el genio de Rubén (S. Beser, Leopoldo Alas, crítico literario, Madrid 1968; M. Bermejo Marcos, Don Juan Valera, crítico literario, Madrid 1968). Emilia Pardo Bazán (v.), influenciada por la manera de actuar los críticos franceses, tiende al ejercicio de una c. que intenta comprender y explicar la obra. Para ello, el crítico debe analizar el estilo, el fondo y la conjunción de estos dos aspectos. Sus ideas, en esta actitud, están expresadas en su discutida obra, entonces y aún hoy, La cuestión palpitante (1883). José Ixart (185295), agudo, buen conocedor de su oficio y un poco displicente, es un destacado crítico teatral. Sus trabajos periodísticos se encuentran en El arte escénico en España (189296). Sagaz e ingeniosa es la c. del poeta Federico Balart (18311905) en los periódicos, en la que, según Clarín, da consejos a los criticados. Hoy conservan un valor interesante para la historia de la literatura.Muy inteligente, con gran independencia, se manifiesta Ramiro de Maeztu (v.), conocedor, por su condición de políglota, de la literatura universal. En su c. evoluciona desde una intransigencia polémica hasta una continuidad de los ideales de Menéndez Pelayo. Azorín (v.) es un crítico personalísimo y extraordinario. Comienza agresivoy cauto ante los escritores de su tiempo para luego convertirse, en la apreciación de los clásicos, en un descubridor de la sensibilidad en las obras que juzga, en la inteligencia íntima de los textos y en la comprensión interna de los autores. Unamuno (v.) vuelca su personalidad en los trabajos críticos. Su c. es peculiarísima. No veía, en general, objetivamente los textos sino a él mismo, lo que le placía y lo que le desagradaba. Sirva de ejemplo su interpretación de El Quijote o el importante prólogo que pone al libro Alma, de M. Machado. Eduardo Gómez Baquero, Andrenio (18661929) es el modelo ejemplar del crítico. Sus trabajos están llenos de comprensión, ecuanimidad y penetración. "Qué excelente profesor perdió la Universidad", en opinión de Menéndez Pidal. Se preocupa de los escritores de su tiempo tanto los que inmediatamente le preceden como los que conviven con él. En la línea de Andrenio hay que situar al equilibrado profesor y poeta Enrique DíezCanedo (18791944). Hombre de gusto, estudioso, conocedor de la literatura francesa, muestra un especial interés por el modernismo (v.) y los poetas hispanoamericanos. M. Fernández Almagro (18931966), alterna los estudios históricos con la crítica literaria periodística y estudios sobre los escritores del 98, mostrándose agudo y generoso.8. Ensayismo crítico. Ortega y Gasset (Y.), cuya c. evoluciona en sus años de escritor, crea o recrea un ensayismo crítico que forma escuela. Lo que propone Ortega es encontrar, descubrir los valores humanos que encierra la. obra literaria y partir; para juzgarla, desde el punto de vista del autor y no del crítico. Considerar la obra en sí. Como en el caso de Unamuno, sus críticas interesan más por el pensar y juzgar de Ortega, lo que dice, que por el análisis crítico sobre el autor o el libro. A veces sus hallazgos son definitivos en algunos aspectos esenciales. Seguidores suyos: Fernando Vela (1888); Antonio Marichalar (1893); Antonio Espina (1894); Benjamín Jarnés (18881949); Guillermo de Torre (190071), con muy extensa labor de crítico y de historiador de las literaturas de vanguardia; José Bergamín (1897), hábil e ingenioso, José María de Cossío (1893), en el que se alían su impresionante cantidad de lectura de autores españoles de todos los tiempos, su generosa objetividad al juzgar y su criterio independiente. Con igual agilidad se enfrenta sobre un aspecto de c. erudita que se lanza, con logrado acierto, a valerosas empresas como Cincuenta años de poesía española (18501900) o Fábulas mitológicas de España. Amplia y variada es la producción crítica de Guillermo Díaz Plaja (1909) en la que se muestra sagaz y d’orsiano. Conjuga perfectamente las facetas de historiador y de crítico de la literatura. Carlos Clavería (1909) ejerce con una profunda apoyatura del conocimiento de los textos y enorme bibliografía su convincente crítica.En la misma condición están también Eugenio Asensio (1902) y Antonio RodríguezMoñino (1910), aunque los trabajos de éste van hacia la labor erudita en la que es figura máxima. Investigador y crítico es Joaquín de Entrambasaguas (1904) con muy extensa obra crítica. Ernesto Giménez Caballero (1899), ingenioso y penetrante; el P. Félix García (1897), agustino, que alterna el estudio de los clásicos con la c. de ellos. E. Correa Calderón (1899), excelente conocedor de Gracián y autor, en colaboración con Lázaro Carreter (1823) de una historia de la literatura contemporánea. Éste posee, por su parte, amplia producción crítica. Rafael de Balbín (1910), editor escrupuloso de clásicos, investigador y crítico de Bécquer. Gonzalo Torrente Ballester (1910) une a la c. el ensayo, así en su Literatura española contemporánea; menos personales son sus c. periodísticas. Enrique Moreno Báez (1908), además del enfoque del análisis literario, atiende a su valor formativo, moral, filosófico. Alonso Zamora Vicente (1916) pertenece, por su formación, a la escuela de Menéndez Pidal, con intensificación del estudio del estilo e identificación con el autor en su creación. Ricardo Gullón (1908) busca en su c. el pensamiento del escritor y su manera expresiva en la evolución de su obra. José Manuel Blecua (1913), con erudición literaria y análisis de estilo, fundamenta sus criterios apreciativos.El mismo procedimiento emplea Luis Guarner (1902). Luis Felipe Vivanco (1907), penetrante analizador de la poesía contemporánea; destaca su fundamental libro Introducción a la poesía contemporánea (1957). José Luis Cano (1912), infatigable crítico, vertido, sobre todo, en el entendimiento de la obra poética y en trabajos sobre ella. Jorge Campos (1916) comparte la investigación con la c. de autores de hoy. Emilio Orozco (1909), minucioso observador del texto y penetrante en su valoración literaria y estética, aporta importantes conclusiones. Rafael Benítez Claros (1919), con preocupación total de captación del texto y autor en su fondo y forma. Juan Luis Alborg (1914), historiador de la literatura española y de la novela actual, de equilibrado juicio y de formación humanística. Luis Granjel (1920), biógrafocrítico muy documentado, de inteligente juicio y dedicado especialmente a las figuras del 98. Antonio Gallego Morell (1923) comparte el estudio de los clásicos con los modernos. Eugenio G. de Nora (1923), atento lector, independiente de juicio y sagaz en su c. Gonzalo Fernández de la Mora (1924), minucioso, da mayor alcance al pensamiento que a la forma, aunque no menoscaba ésta. Carlos Bousoño (1923), agudo y peisonal en su c. e interpretación de los textos. Alberto Sánchez (1912), interesado en la c. de clásicos. Así también Francisco Sánchez Castañer (1908); Martín de Rjquer (1914), especializado en lo medieval y renacentista catalán y castellano; Félix Ros (1912), hábil y agudo; Francisco López Estrada (1918), que combina erudición y c.; José Martínez Cachero (1924), documentado y penetrante; Antonio Vilanova (1923), investigador completo y crítico documentado; J. M. Roca Franquesa (1916), autor, en colaboración con E. DíezEcharri (190163) de una importante y extensa historia de la literatura española; Emilio Alarcos Llorach (1895), investigador intenso y perspicaz crítico; José García López (1924), autor de un excelente manual de historia de la literatura española y de trabajos de c. y erudición; Arturo Zabala (1912) alterna la investigación y la c.; Enrique Azcoaga (1912), con c. ensayística.En revistas y periódicos ejercen la c. Pedro Laín Entralgo, Antonio Tovar, Antonio Valencia, Ángel Lacalle, Ernesto Veres D’Ocón, José Ombuena, Enrique Badosa, Miguel Dolc, Rafael Morales, L. Vázquez de Prada, Rafael Vázquez Zamora, José García Nieto. Ramón de Garciasol, Francisco García Pavón y Luis Jiménez Martos.9. Los poetas críticos. Terminemos citando a unos pocos poetas, extraordinarios, que han ejercido la c. l. de una manera intermitente o en un corto periodo. Juan Ramón Jiménez (v.) ofrece un enorme interés en sus trabajos, recogidos en varios volúmenes, con un criterio muy particular, poco objetivo, discutible, por tanto, por basarse más en él que en la obra o autor que juzga. No obstante, hay en sus escritos inteligencia, hondura, a veces juicios definitivos y, también, en ocasiones, maliciosa intención valorativa o interpretativa. Sus trabajos sobre el modernismo y el 98 y los escritores que integran estos grupos son imprescindibles. Lo mismo los que dedica a algunos de los poetas que pertenecen a la llamada generación del 27. El intenso y gran poeta Luis Cernuda (190463) es también arbitrario cuando se refiere a la literatura de su tiempo, ecuánime y agudísimo al enfrentarse con Bécquer (v.), Campoamor (v.), los Alvarez Quintero (v.) y otros escritores anteriores a él. En dos volúmenes se ha recogido la obra crítica de este poeta. Gerardo Diego (v.) ha escrito y escribe excelente y magistral crítica en periódicos y revistas, descubriendo valores estéticos, evidenciando calidades y rasgos definitorios que no se han tenido en cuenta por otros críticos. Es pena que no se decida a reunir estos trabajos, desperdigados, en uno o varios tomos. Leopoldo Panero (v.), el trascendental poeta, se muestra hábilmente comprensivo en el entendimiento de la obra, penetrante en su interpretación, ponderado y seguro en sus juicios. Luis Rosales (1910) alterna su espléndida producción poética con la investigación y c., muy meditada, de resultados muy positivos. Especialmente ha puesto su atención en figuras como Cervantes y el conde de Villamediana, y en la creación poética.R. FERRERES CIURANA.
BIBL.: E. DE ZULETA, Historia de la crítica española contemporánea, Madrid 1966 (desde Menéndez Pelayo hasta nuestros días. Es un libro completo aunque no exhaustivo, con amplia bibl. y juicios sobre los críticos).
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