Criminalidad DER.
Categoria:
Derecho
Concepto y causas. El término c., derivado de criminal, que a su vez procede del latín criminúlis, significa tanto la calidad o circunstancia que hace que una acción sea delictiva, como el cómputo de los crímenes o delitos cometidos en un territorio y tiempo determinados.Es un hecho ya constatado la correlación existente entre la contextura general de la sociedad y la cuantía y calidad de la delincuencia. El fenómeno de la delincuencia en una sociedad dada está en razón directa a su desarrollo políticoeconómico y cultural. Por eso todos los países superdesarrollados, en los que las estructuras sociales tradicionales hubieron de transformarse para adaptarse a las exigencias que la industrialización impone, arrojan unos índices de c. más acusados, cuantitativa y cualitativamente, que los de aquellos otros países que aún no lograron su desarrollo industrial. En su consecuencia, "la proporción de delitos en una colectividad", como afirma Hurwitz, "es la contrapartida negativa de las normas de conducta aceptadas en esa agrupación, que a su vez dependen de la organización y cultura de la misma" (o. c. en bibl., 237).El factor de la c. o de la delincuencia evidencia indudablemente una desorganización social. Tal desorganización no se produce en la sociedad tradicional, en donde los elementos ambientales son firmes y consistentes, sino en la sociedad de nuestra época, con sus rasgos de movilidad y de cambio precipitado en todas las áreas, que gravita sobre las colectividades humanas que la integran haciéndolas más inestables, menos firmes en sus convicciones, en sus ideales y en sus valores. En esta sociedad en la que los valores espirituales se desvanecen para marcar la supremacía de lo material, en ese bienestar que se identifica con el confort, el hombre no está preparado para resistir el influjo de las corrientes de pensamiento en boga, habida cuenta dé que estas corrientes se envuelven con un disfraz de desarraigo, de rebeldía, de pugna con cuanto se encuentra establecido. El pensamiento existencialista ha contribuido poderosamente en este sentido, con su desposesión nihilista ante el absurdo, especialmente entre la juventud (v. ADOLESCENCIA Y JUVENTUD II), cuya fragilidad se pone de manifiesto al asumir su enorme responsabilidad ante la sociedad enque se encuentra instalada. Al producirse esto así, de un modo indirecto, es notorio el desajuste moral y social en que yacen esas estructuras básicas a través de las cuales el hombre, desde los primeros estadios de la vida y en su ulterior y progresivo desenvolvimiento, ha de ir forjándose para adaptarse a la convivencia social (v.), como son la familia, la escuela, la literatura, el cine, la propaganda, los medios masivos de información y la calle.Entre las instituciones que con mayor fuerza han sufrido los embates demoledores de nuestra época se encuentra la familia (v.). El liberalismo (v.) a ultranza, con su exagerado sentido de lo individual, inició la descomposición familiar desde el prisma de la cohesión social. El socialismo (v.), en su fase más radical, y los movimientos que le siguieron, consideraron a la familia como un producto de la burguesía (v.), atacándola en su esencia, a través de una planificación de los nacimientos y manteniendo y acelerando el desarrollo de la institución deplorable del divorcio vincular, que también el liberalismo proclamó a los cuatro vientos. El pensamiento pontificio trató de corregir estas torpes concepciones de la unidad familiar desde la encíclica Rerum novarum, reiteradamente, a través de diversos documentos, ha tratado de proteger dicha unidad.Delito y corrupción moral. La incapacidad de la escuela tradicional para proporcionar el bagaje cultural que la época actual exige quizá sea debida a esa inercia tradicional. Tal causa, indudablemente, ha coadyuvado a esa situación de rebeldía por parte de las nuevas generaciones, que se encuentran sin la suficiente preparación para encararse con las responsabilidades de una profesión o empleo. De una situación de rebeldía (v.) o de inadaptación social es fácil incidir en el campo delictivo, y aún es muy difícil el deslinde conceptual si entendemos como delictiva la conducta de una persona totalmente desaprobada por la comunidad, pese a que no sea válida la referida definición si la circunscribimos a los tipos penales. En este caso únicamente sería delictiva aquella conducta si además de ser desaprobada por la omunidad estaba definida como tal en la ley penal y sancionada con una pena. Pero aquel concepto puede ser correcto para el sociólogo, porque a la c., especialmente a la infantil y juvenil, pertenece también la corrupción moral en sus diferentes formas.Es muy difícil, en cada caso concreto, la delimitación entre acción punible y corrupción moral. No siempre es el delito (v.) lo más importante, pues un estado de corrupción moral puede afectar mucho más profundamente al sujeto y tener consecuencias más graves. En el estado de corrupción moral (V. ALCOHOLISMO) yace a menudo una tendencia al delito, y es por esto por lo que deben confundirse siempre bajo el concepto de criminología (v.) de la infancia y de la juventud, tanto hechos punibles como fenómenos de corrupción (V. DELINCUENCIA JUVENIL II).La razón de ser de la c. sigue constituyendo una incógnita que el hombre trata de resolver en su ansia de llegar hasta lo más profundo de su propio ser. La persona humana es aún, paradójicamente, la mayor incógnita con la que ha de enfrentarse el hombre, y su conducta delictiva o de mera inadaptación social está plagada de sombras que psicólogos, juristas y sociólogos tratan de iluminar.V. t.: LACRAS SOCIALES.L. MENDIZÁBAL OSES.
BIBL.: ’S. HURWITZ, Criminología, Barcelona 1956; F. AYALA, La crisis actual de la enseñanza, Buenos Aires 1958; 1. K. GALBRAITH,CRIMINOLOGIALa Sociedad opulenta, Barcelona 1960; P. R. DAVID, Sociología criminal juvenil, Buenos Aires 1965; R. K. MERTON, Teoría y estructura sociales, México 1964; J. MARTÍN CANIVELL, Aspectos problemáticos de la prevención y la predicción de la delincuencia juvenil, "Rev. del Instituto de la Juventud", 19, Madrid 1968, 55 ss.
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