Creacionismo (literatura) III. Literatura Hispanoamericana. LIT.
Categoria:
Literatura
El c. debe ser considerado como uno de los numerosos movimientos artísticos de vanguardia que florecieron en Europa alrededor de la década de 1920. Superrealismo, dadaísmo, ultraísmo, c., etc., representan esfuerzos por renovar las artes llevándolas hacia expresiones originales, desligadas de las precedentes y hasta opuestas a ellas. La mayoría de los intelectuales y de los artistas de la época se sumaron a aquella actitud revolucionaria que, mirada con cierta perspectiva histórica, resulta un tanto pretenciosa y pueril. Nadie podrá, sin embargo, negar la significación de las escuelas de vanguardia en la historia del arte ni los numerosos frutos alcanzados gracias a ellas.El chileno Vicente Huidobro (v.) y el francés Pierre Reverdy (18891960) fueron los progenitores, a menudo en disputa, de este movimiento. Gerardo Diego (v.) y Juan Larrea (n. 1895), se identificaron luego, gracias a la influencia de Huidobro, con la nueva estética. Ésta corresponde al desarrollo extremo de una línea de reacción contra las teorías imitativas de las artes, iniciada en el Romanticismo. En el prefacio del Cromwell, Víctor Hugo proclamaba la total libertad del artista frente a los modelos y frente a las exigencias de las preceptivas. Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé usarían esta libertad no sólo respecto de los modelos y cánones, sino respecto de la realidad misma; el poema se habría de bastar a sí mismo, prescindiendo de los soportes de relación a personas, situaciones y cosas en que tradicionalmente descansaba. La sola imaginación y la mera palabra poética deberían contener y bastar al poema.Tal actitud encontró una expresión aún más radical en la escuela creacionista, que pretendió una absoluta autonomía para la creatura poética; ésta ha de ser independiente de la realidad externa y no pretende ningún parecido con ella. El poeta no quiere seguir sirviendo a la naturaleza, sino ser su amo. Será al menos el dueño de otra realidad: la que invente, la que logre crear con su verbo. Vicente Huidobro remata su Arte poética, con el célebre verso, compendio de toda la escuela: "El Poeta es un pequeño Dios". Se trata de forjar un nuevo mundo, posible sólo en la poesía. Este mundo "no es hermoso porque recuerde algo, no es hermoso porque nos recuerde cosas vistas, a su vez hermosas, ni porque describa hermosas cosas que podamos llegar a ver. Es hermoso en sí y no admite términos de comparación. Y tampoco puede concebírselo fuera del libro".Horizonte cuadrada titula Huidobro uno de sus libros. Con tal nombre se resume esta posición de desligamiento de lo real y el intento de crear algo válido en el orbe de la palabra; encierra, en efecto, algo que nadie puede ni podrá ver ni palpar, pero que existe en la fantasía del autor. Esto es lo que importa, lo único que importa, precisamente porque el resto ya existe en la naturaleza. Al poeta corresponde, de acuerdo con tal concepción, inventar cosas o situaciones que todos desearían ver, pero que jamás alcanzarían sin la labor de aquél. El poeta resulta así insustituible creador. Sin él quedaría sin existencia toda una zona posible de realidad. Su palabra se aleja de lo anecdótico y de lo descriptivo y no se satisface en el mero desvelamiento de aspectos enigmáticos de la vida. Es una poética ambiciosa que no desdeña ningún elemento tradicional para realizarse. Trabaja, no obstante, preferentemente con la imagen creadora, casi siempre de dimensiones grandiosas, cósmicas. A menudo recurre a la tipografía novedosa del tipo de los Caligramas de Apollinaire (v.). Evita todo lugar común y emplea cuidadosamente el adjetivo, que suprime cuando no da vida.En el caso de Huidobro, además, el c. va acompañado de una sugestiva dosis de humor, que confiere a sus escritos en prosa y en verso cierta liviandad grata e inteligente. El poeta chileno se mantuvo siempre fiel al creacionismo. Ya antes de su primer viaje a Francia, en 1914, empezó a elaborar sus principios, los que cobraron fuerza y cohesión al contacto con pintores, escultores y poetas europeos. Picasso, Hans Arp, Max Jacob y otros, son en este sentido compañeros de la escuela. Horizon carré, Tour Eif fel y Hallali, todos anteriores a 1920, son los primeros libros propiamente creacionistas de Huidobro, el cual logra, sin embargo, versos definitivos en sus obras en español de la misma época: Poemas árticos, Ecuatorial y Altazor. Los postreros cantos de esta última constan sólo de frases casi ilegibles, de grupos desconcertantes de sonidos que no representan ningún elemento conceptual y que no cuentan siquiera por su posible eufonía: es una muestra de la esencial imposibilidad de que el c. logre las metas señaladas por sus inventores; fenómeno, por lo demás, que ellos habían previsto y que, sin embargo, no detuvo la iniciativa.Gerardo Diego alternó el cultivo de la poesía tradicional con la creacionista. Más de una vez ha confesado su deuda con el poeta americano, cuya maestría reconoce hidalgamente. Imagen (1922), Manual de espumas (1924) y Poemas adrede (1932) contienen lo principal de su obra creacionista. El autor pretende una trasposición poética de la pintura cubista, lo que equivale a fundir dos o tres temas distintos en un mismo poema:Después de ver el cuadro la luna es más precisa y la vida más bella.El espejo doméstico ensaya una sonrisa y en un transporte de pasióncanta el agua enjaulada en la botella.El interés por poemas de interior, la presencia frecuente de metros regulares y muy rítmicos y la ya aludida alternancia en el cultivo de poesía de vanguardia y poesía tradicional caracterizan el paso de Gerardo Diego por un credo poético que ha abandonado al parecer definitivamente en su madurez. En definitiva, el c. vale como una tendencia, como un ideal de poesía libre y autónoma, superadora de toda imitación. Esto y la belleza indiscutible de muchos poemas de Reverdy, Huidobro, Diego, Larrea y otros es el saldo positivo de una escuela que en su tiempo fue motivo de polémica ardiente entre grandes escritores y que hoy va siendo, injustamente relegada al olvido.H. MONTES BRUNET.
BIBL.: D. ALONSO, Poetas españoles contemporáneos, Madrid 1952; C. Goic, La poesía de Vicente Huidobro, Santiago de Chile s. f.; V. HUIDOBRO, Obras completas, Santiago de Chile 1964; H. MONTES, Poesía actual de Chile y España, Barcelona 1963; J. ROUSSELOT y M. MANOLL, Pierre Reverdy, Poitiers 1965; G. DE TORRE, La aventura estética de nuestra edad, Barcelona 1962; G. VIDELA, El Ultraísmo, Madrid 1963.
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