Creacionismo (literatura) II. Literatura Española. LIT.
Categoria:
Literatura
Orígenes. El c. aparece en la literatura española como uno de los principales agentes de la transformación estética operada en la poesía lírica durante la primera veintena del s. XX. Coincidió su difusión con la decadencia de la escuela posmodernista, anclada en los tópicos de las viejas fórmulas, y con los tímidos intentos renovadores de la generación integrada por José Moreno Villa (18871955), Mauricio Bacarisse (18951931), Juan José Domenchina (18981959) y Ramón de Basterra (18871928; v.), cuyos primeros libros comenzaron a publicarse poco antes.Cuando en el verano de 1918 llega el poeta chileno Vicente Huidobro (v.) a Madrid con el programa artístico del c. y las noticias de los movimientos de vanguardia extranjeros, encontró en los jóvenes poetas del momento el ambiente propicio para la nueva estética, cuyo carácter subversivo había sido anticipado en el plano general del arte literario por Ramón Gómez de la Serna (v.), a quien se debe la difusión en España del manifiesto futurista de Marinetti, aparecido en 1910 en su revista Prometeo(v. FUTURISMO) y las primeras actitudes revolucionarias patentes en sus manifiestos El concepto de la nueva literatura (1909), Mis siete palabras (1910) y la Proclama de 1915. La escasa trascendencia de las posturas ramonianas en el terreno de la poesía lírica, confirieron un valor excepcional a la presencia del poeta chileno en España. En su domicilio de la Plaza de Oriente nace la primera tertulia de la lírica española de vanguardia (v. VANGUARDISMO). Asisten a ella Guillermo de Torre (1900), Alfredo de Villacián, Mauricio Bacarisse, el pintor cubista Delaunay y su esposa y los artistas polacos Marjan Paszkiewicz y Wladislaw Jahl, que poco después colaboraría con el grupo ultraísta. Rafael Cansinos Asséns (18831964) saludó su llegada como "el acontecimiento supremo del año".Huidobro logró captar el interés de los nuevos poetas. A la novedad de su credo poético se unía el ascendiente de su personalidad vanguardista, de su experiencia de combatiente en las barricadas de la revolución estética parisina durante los años de la I Guerra mundial. Con sus manifiestos, libros y tertulias dio a conocer las últimas tendencias europeas, facilitó libros y revistas editados sobre ellas, familiarizó a la nueva generación con los nombres fundamentales en el renacimiento de la nueva edad: Max Jacob, Paul Dermée, G. Apollinaire, P. Reverdy, Albert Birot, etc. A este viaje sucederían otros. Gerardo Diego los ha comparado en importancia a los de Rubén Darío por la aportación que hacían de "las buenas nuevas de la hora europea". En uno de ellos, en 1921, dio una conferencia en el Ateneo sobre "Estética moderna".Contenido del movimiento. En esta primera hora, Huidobro es el portavoz del nuevo mensaje lírico y a la vez sacerdote del nuevo culto. La poesía española recibe de él la estética creacionista, elaborada ya en sus líneas fundamentales por el chileno en la lectura que hizo en el Ateneo de Santiago de Chile de su manifiesto Non serviam en 1914, y perfilada durante su estancia en París con los contactos personales y su colaboración en la revista del cubismo NordSud durante 1917. De la capital de Francia trae su último libro: Horizon carré (1917), en cuya primera página vuelve a insistir sobre sus principios poéticos: "Crear un poema tomando a la vida sus motivos y transformándolos para darles una vida nueva e independiente. Nada anecdótico ni descriptivo. La emoción ha de nacer de la única virtud creadora. Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol".En Madrid publica en ediciones privadas y de corta tirada cuatro libros más: Ecuatorial y Poemas árticos, en castellano, y Hallali y Tour Eif fel, en francés, aparecidos todos entre julio y noviembre de 1918. Añade a estas obras la discutida "segunda" edición de Espejo de agua, en el que se lee como pórtico su poema Arte poética: "Que el verso sea como una llaveque abra mil puertas;una hoja cae; algo pasa volando; cuanto miren los ojos, creado sea,y el alma del oyente quede temblando. Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; ...¿Por qué cantáis la rosa, oh, poetas? ¡Hacedla florecer en el poema! ".Era una visión inédita. El poeta se convertía en un demiurgo y el poema, desligado de toda imitación, de toda realidad ordinaria, se transformaba en un impulso creador de mundos interiores logrados por asociaciones imaginistas, por palabras renacidas en el choque lírico, libremente creador, desvinculado en su euforia creacional de las relaciones causales y espaciotemporales. El objetivo no es cantar, ni recrear, sino crear en su absoluta dimensión, haciendo un nuevo Génesis con la contribución de un nuevo verbo.Difusión y principales representantes. La teoría creacionista, ejemplificada con los libros del autor y con los poemas posteriormente publicados en las revistas Grecia y Cervantes ganó la atención de los poetas del momento, pero no logró formar una escuela diferenciada ni implantar su norma con carácter definitivo en el estilo de aquella generación poética, seducida a la vez por el ultraísmo (v.) y por las personales tendencias. No obstante, son perceptibles las formas creacionistas en la última parte del libro de Eliodoro Puche Motivos líricos (1919), en poemas aislados de Hélices (1923) de Guillermo de Torre y en algunos trabajos de Joaquín de la Escosura.La mejor representación del movimiento está en las obras de Gerardo Diego (v.): Imagen (1922), Limbo (escrito entre 191921 y publicado tardíamente, en 1951) y, sobre todo, en Manual de espumas (1924), libro escrito después de un viaje de su autor a París en el que tuvo ocasión de conocer con mayor profundidad las teorías creacionistas de Huidobro y la técnica del cubismo, del que se pretende una trasposición poética. Los modos creacionistas se hacen más difusos en obras posteriores del autor santanderino y desaparecen en su expresión formal, pero el poeta nos advierte la importancia que tuvieron a lo largo de su obra: "La poesía creacionista, dice, da sentido a toda mi obra y la enseñanza que para mí se derivó de aquellos descubrimientos con tanto entusiasmo perseguidos, vino a completar eficacísimamente la muda educación cotidiana de los clásicos" (Antología, Salamanca 1958). En manos de G. Diego el c. adquiere sus máximos valores artísticos por la riqueza sugestiva de sus imágenes, el emotivo impulso de su tensión creadora y las felices intuiciones de sus poemas.El segundo poeta importante del c. fue el bilbaíno Juan Larrea (n. 1895), que. como G. Diego encontró en Huidobro la orientación de su poesía, singularizada desde sus colaboraciones en Grecia y Cervantes por el empleo de la imagen fantástica y subconsciente, muy próxima a la surrealista (v. SURREALISMO). Esta trayectoria de su obra ha permitido a Luis Cernuda considerarle como un antecedente de las imágenes oníricas de García Lorca, Alberti y Aleixandre. Sus poemas no han sido publicados en volumen hasta 1969, fecha en que la editorial Einaudi de Turín los dio a la luz con el título de Versione celeste. Aparecieron antes en las revistas ultraístas, en la revista de G. Diego Carmen, en Création de Huidobro y una parte de ellos fue recogida por G. Diego en su famosa Antología (191531). Residió en París desde 1924 y allí fundó con Huidobro y César Vallejo (v.) la revista Favorables. París. Poemas (1926), y posteriormente participó en la publicación de los exiliados españoles en México Cuadernos Americanos. En 1943 publicó su libro en prosa Rendición de espíritu.Evolución: el ultraísmo. Aparte estas influencias directas, el c. tiene un valor trascendental en la revolución poética inmediata, el ultraísmo (v. i) español, a la que presta los elementos iniciales y en la que encuentra su última forma de pervivencia. íntimamente ligado a las inquietudes del primer momento renovador, el ultraísmo tuvo a gala la apertura indiscriminada hacia todo lo que ofrecía aires renovadores, en oposición al contenido unitario, concreto del c. Lo que para unos era transformación en un sentido creador perfectamente determinado, se convirtió para el "ultra" en un compromiso explícito con cualquier forma o teoría capaz de aportar un progreso a la creación poética. El c. se configuró como grupo, con dogmas estéticos propios; el ultraísmo apareció como una reacción tumultuosa sin más cohesión interna que el propósito de suplir, como fuese, la última evolución literaria, el modernismo (v.).El grupo ultraísta surgió de la tertulia sabatina que en el café madrileño El colonial mantenían los poetas jóvenes en torno a la figura comprensiva de Rafael Cansinos Asséns, que, en aquellos años, gozaba de un prestigio extraordinario, acrecentado por el papel de guía que asumió en los primeros tiempos de la vanguardia. El progreso estético exterior dado a conocer por Huidobro había despertado el deseo de "poner el reloj con el meridiano literario de Europa" e inmediatamente apareció el primer manifiesto Ultra a finales de 1918. A partir de esta fecha las intenciones del grupo quedan definidas en artículos, manifiestos, declaraciones y poemas. El segundo manifiesto aparece en junio de 1919 firmado por Isaac del Vando Villar y es, ante todo, una defensa de la revolución ultraísta y una reafirmación de su línea combativa. El tercero, es el Manifiesto Vertical de Guillermo de Torre, aparecido en el n° 50 de la revista Grecia (nov. 1920).La semilla de la renovación comienza a florecer en los apasionados intentos de nuevas formas expresivas, realizados por todos los poetas del grupo y por aquellos que sin formar parte auténtica del movimiento se sintieron temporalmente atraídos por su juvenil entusiasmo. Los poemas se publican en revistas de vida efímera, creadas o colonizadas por el ultraísmo: Grecia, Cervantes, Ultra, Cosmópolis, España, Tableros, Perseo, Reflector, Horizonte, Vértices, Alfar, Plural, Ronsel, Parábola, Meseta, localizadas en distintos puntos geográficos, y en ellas confluyen casi todos los escritores ultraístas del momento. El movimiento se hizo sentir muy pronto en los medios literarios por la actitud iconoclasta de que sus componentes hicieron gala en los años de activismo, por sus polémicas airadas y el tumulto que acompañó a las veladas literarias organizadas en Sevilla en 1919 y 1920 y las que se celebrarían en Madrid en enero y abril del siguiente año.El periodo de vigencia del ultraísmo abarca los años comprendidos entre 1918 y 1922, fecha en que puede darse por concluida su fuerza tras el cansancio originado por la pugna con el elemento literario, conservador. Al elucidar las causas de su dispersión no puede olvidarse la aparición de una promoción nueva, la de los poetas que formarán la generación del 27 (v.), en la que se incorporaban los valores de la vanguardia a los temas tradicionales y la misma falta de cohesión doctrinal que fue característica del movimiento ultra. Los esfuerzos de los teóricos del ultraísmo, G. de Torre, Eugenio Montes (n. 1897), J. L. Borges (n. 1899), con alguna intervención de G. Diego, no lograron impedir la dispersión ni la indisciplina, fomentada por los mismos principios estéticos de que partía el movimiento. Su amplitud hizo posible la aceptación de doctrinas de origen diverso: cubismo (v.), futurismo (v.), dadaísmo (v. BRETON), expresionismo (v.) y, si hemos de creer la afirmación del manifiesto dadá (París 1921), habría que incorporar como fuentes orientadoras el unanimismo (v.), el neoclasicismo (v.) y el paroxismo. Imposibilitados para la síntesis carecieron de una auténtica normativa y sus rasgos podrían fijarse a través de las proclamas y de las obras producidas por el grupo, y por una selección de los que resultaron más comunes.Producción poética y características ultraístas. En el aspecto temático despreciaron lo anecdótico y lo descriptivo, el confesionalismo y la efusión erótica rindiendo culto a la velocidad y al maquinismo, y, en el más propiamente técnico, pretendieron la supresión de los elementos ornamentales, y las frases medianeras; buscaron para la palabra "su sabor prístino de primera vez pronunciada" (G. Diego) y, en su preocupación por el verso como unidad individual representativa de una visión inédita de las cosas, rindieron culto a la metáfora de múltiples resonancias. El c. fue el antecedente inmediato de la originalidad tipográfica, que sustituyó la puntuación por el escalonamiento de las palabras y los espacios en blanco, y ofreció una imagen visual del poema de la que se pretendía obtener un adicional valor expresivo. Los ultraístas buscaron sobre todo un arte puro, unos contenidos nuevos con los que se ganaran zonas de la sensibilidad no explotadas, incidiendo incluso en las relaciones subconscientes. En realidad, lo intentó todo sin que sus logros resultaran definitivos. Careció del genio creador que sublimara su credo generoso, pero consiguió con la valentía de su impulso abrir veneros intactos que habrían de beneficiar a los poetas posteriores, especialmente los que integran la generación del 27.La producción poética del movimiento fue recogida en las revistas de la época y en algunos libros compuestos por poetas que con mayor o menor plenitud se hicieron eco de sus procedimientos: Espejos (1921), de Juan Chabás Martí (18981954); Hélices (1923), de Guillermo de Torre; La rueda de color (1923), de Rogelio Buendía; Alalás (1923), de Eugenio Montes; Poemas póstumos (1924), de Isaac del Vando Villar; Surco y estrella (1925), de Juan Gutiérrez Gil¡; El ala del sur (1926), de Pedro Garfias; Sed y urbe (1928), de César M. Arconada (196064) y el tardío Talismán de distancias (1934), de César A. Comet. A estas obras habría que añadir algunos poemas de Juan González Olmedilla, Adriano del Valle (18951958), Xavier Bóveda y Rafael Lasso de la Vega que también cultivaron las formas innovadoras. V. t.: ULTRAÍSMO.M. SANTANO CILLEROS.
BIBL.: V. HUIDOBRO, Poesía y Prosa, Madrid 1957 (pról. de A. DE UNDURRAGA, Teoría del creacionismo, 15186); G. DE TORRE, Historia de las literaturas de vanguardia, Madrid 1965; M. AuB, La poesía española contemporánea, México 1954; 1. F. CIRRE, Forma y espíritu de una lírica española (19201935), México 1950; G. DE TORRE, Tres conceptos de la literatura hispanoamericana, Buenos Aires 1963; fD, La aventura estética de nuestra edad, Barcelona 1962; D. ALONso, La poesía de Gerardo Diego, en Poetas españoles contemporáneos, Madrid 1958; G. VIDELA, El ultraísmo, Madrid 1963; R. CANSINOS ASSÉNS, El movimiento vanguardista poético, Madrid 1924; M. DE LA PEÑA, El ultraísmo en España, Ávila 1925; F. C. SAINZ DE ROBLEs, Los movimientos literarios, Madrid 1957; R. GÓMEZ DE LA SERNA, Ismos, en Obras completas, II, Barcelona 1957.
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