Córcega (corse, Corsica) II. Historia. HIST.
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Historia
La antigüedad del poblamiento de esta isla la atestiguan los monumentos megalíticos de la región de Fontanaccia y una importante cultura de edificios funerarios circulares (cultura de las torres) en la zona de Sartene y Filitosa. Su poblamiento fue ibérico al O, ligur al N, fenicio al E y norteafricano al S. La colonización griega aparece con la fundación de Alalia (540 a. C.) y, en la segunda mitad del s. IV a. C., fue invadida por los cartagineses que hubieron de cederla a los romanos después de la I Guerra púnica.Tierra de conflictos. A partir de los primeros contactos con los romanos, establecidos por T. S. Graco en el 238 a. C., comienza para C. una ininterrumpida lucha por su independencia. Hacia el 163 a. C., la ocupación romana está prácticamente terminada; y Mario, Sila y César, sucesivamente, la fortalecen utilizando Aleria como capital e importando colonos romanos hasta que Augusto la convierte en provincia imperial. Con la romanización, C. recibe un temprano cristianismo que afecta sobre todo a la zona oriental y cuya importancia se determina por la existencia, en el s. VI, de seis diócesis: Accia, Ajaccio, Aleria, Mariana, Nebbio y Sagone.C. es una zona de afluencias con frecuentes cambios denominadores; los hérulos y ostrogodos llegan en el s. V; los bizantinos en el vi, convirtiéndola en colonia imperial (552); y en el s. VIII se produce la invasión lombarda y la cesión de la isla al papa Esteban II por parte de Pipino el Breve (Quiercy 755), que confirma Carlomagno a Adriano I, con lo que la isla se incluye oficialmente en los Estados Pontificios (v.). Este carácter de "moneda de cambio" fue creando en los corsos un fuerte espíritu independentista, cuya evolución constituye una constante histórica hasta los tiempos napoleónicos. Sus primeras manifestaciones se advierten en el periodo de la dominación africana. Sin poder hablar de una ocupación militar, los musulmanes asolan en frecuentes incursiones de piratería las costas corsas desde comienzos del s. VIII a principios del s. XI, esforzándose los reyes merovingios en rechazarlos, por sus intereses en Italia, ayudados de caudillos corsos como el semilegendario Hugo Colonna (s. IX) y sus descendientes, que simultanean la expulsión de losinvasores con la creación de un feudalismo, en su propio beneficio, cayendo en seguida en luchas intestinas por la hegemonía. El ejemplo más sangriento lo constituyen los caudillos Bianco y conde Arrigo, iniciadores de una larga guerra familiar continuada por sus descendientes (Biancolacci y Cinarchessi) y complicada por la enfeudación de la isla al Papado que, en su destierro de Avignon, no puede ejercer su control (s. XIII y XIV). La situación de crisis atrae a los Estados más próximos, Pisa y Génova, a disputarse un posible dominio de C., pretensiones inicialmente estorbadas por el nacionalista Sinucello Giudice, que consigue una fugaz unidad política hasta su muerte en 1299.Génova y el nacionalismo corso. La lucha entre el Papado y el Imperio favorece las ambiciones de otros Estados como Aragón con Pedro III en su expansión mediterránea, Francia con Carlos de Anjou y, por supuesto, Génova incitada por su proximidad geográfica. Tales tensiones se ven contrarrestadas por repetidos brotes de nacionalismo, a lo largo del s. XIV, destacándose el de S. Buccio de Alando, el movimiento seudomístico de los giovannani y el del conde Arrigo. El s. XV supone un debilitamiento de la intervención internacional que deja libre el terreno a los genoveses contra los que un hijo natural de Arrigo aglutina el nacionalismo corso, asociándolo al apellido Rocca. Esta situación culmina en 1447 en que el Papa enfeuda sus derechos sobre C. al dogo de Génova, quien, a su vez, entrega la explotación y administración de la isla a la Banca de S. Jorge, cuya actuación inicia uno de los más duros periodos de resistencia corsa. En el s. XVI, sus reiteradas ambiciones sobre C. empujan a Francia contra Génova, que logra mantenerse dominadora después de la paz de CateauCambrésis (v.). Este periodo produce el mayor héroe de la resistencia corsa, Sampiero, y el convencimiento de que sólo Francia puede liberar a C. de la dominación genovesa. En el s. XVIII la conciencia nacionalista colectiva inicia una larga guerra que pronto puede calificarse de conflicto internacional entre las dos líneas mediterráneas (Francia y España contra Génova y Austria). Así, en 1732, después de una paz que nadie acepta, la renovación de esta guerra, llamada de los Cuarenta Años, favorece el surgimiento de un cierto gobierno nacionalistademocrático dirigido por Costa, que proclama la independencia de la isla y cuya tarea continúa otro héroe nacional, Paoli, que intenta al mismo tiempo una reforma económica del país según las bases de la Ilustración (v.).Córcega francesa. Su incapacidad para dominar el nacionalismo impulsa a Génova a solicitar la cooperación francesa (tratado de Compiégne 1764), lo que constituye una atractiva oportunidad para las ambiciones galas. Toda Europa, los ilustrados sobre todo, observan por entonces a C. como ejemplo de valor y de las posibilidades de aplicación de las fórmulas políticas ilustradas, y el propio Rousseau prepara para ella una Constitución utópica. La intervención francesa termina, como era previsible, por un tratado (Versalles 1768), en el que Génova cede a Francia la soberanía provisional de C. a cambio de una renta anual. Esta transacción ofende el honor corso y provoca un nuevo levantamiento entre cuyos dirigentes figura Carlos Bonaparte y, por supuesto, Paoli. El nacionalismo, sin embargo, se inclina hacia una integración francesa confirmada oficialmente en los Estados Generales de 1789; aunque Paoli aprovecha la crisis de la Revolución francesa para paralizar el anexionismo e incluso la intervención inglesa de Nelson, y consigue que el patriotismo dirigido por aquél acepte una integración con Inglaterra, los éxitos napoleónicos borran todas las oposiciones y C. vuelve definitivamente a Francia. Confirmada por el congreso de Viena (1815) la situación corsa, desde entonces se identifica plenamente con la historia francesa, sobre todo con la especial atención que le dedica Napoleón III.V. t.: FRANCIA IV y V.ÁLVAREZ SANTALV.
BIBL.: I. A. GAI, La Tragique Histoire des Corses, París 1946; P. ARRIGHI, Histoire de la Corse, París 1966; A. ALBITRECCIA, Histoire de la Corse, París 1947. qC.
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