Clarín (leopoldo Alas y Ureña)
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Biografía GER
Escritor español; n. en Zamora el 25 abr. 1852 y m. en Oviedo el 13 jun. 1901. Figura excepcional de la narrativa del s. XII, debe su fama a una sola novela, La Regenta, despiadada sátira de la vida provinciana. C. es puente de enlace entre la crítica constructiva de Larra y la actitud de los escritores del 98.Vida y obra. Aunque castellano de nacimiento, su infancia y juventud las pasó en Oviedo y salvo estancias más o menos prolongadas en Madrid, Salamanca y Zaragoza, toda su vida está vinculada a Asturias. Estudió la carrera de Leyes y se especializó en Economía política, cátedra que desempeñó en las Univ. de Salamanca y Zaragoza. En 1883 consiguió trasladarse a Oviedo y en su Universidad explicó sucesivamente Derecho romano y Derecho natural. Alternó la enseñanza con la literatura y la crítica. Fue asiduo colaborador de infinidad de revistas y periódicos, hasta el punto de que sus artículos se cuentan por centenares. Solía escribir sobre temas muy variados y demostró en ellos una gran erudición unida a un proverbial dominio de la lengua. Fue un constante debelador de las mediocridades y un profundo y formidable polemista. Aunque en sus primeros tiempos alardeó de anticlerical, tuvo la valentía de exponer su sincera conversión al ideal de fe católica en conferencias públicas dadas en el Ateneo madrileño y en multitud de artículos. Fue constante su preocupación por la enseñanza, hasta el punto de crear en la Univ. de Oviedo unos cursos de extensión universitaria. Alguna vez se acercó al teatro. Realizó una traducción de la novela Travail, de Zola, y prologó numerosas obras de autores noveles que a juicio del escritor eran auténticas promesas.Aparte La Regenta, Si( Único hijo y Speraitideo, novelas de gran extensión, el fuerte de C. estuvo en los cuentos, de los que ha dejado bellísimas muestras en Pipá y Adiós, Cordera; en la novela breve como Doña Berta, El gallo de Sócrates. Cuervo, Superchería y El entierro de la sardina, y, sobre todo, en los artículos críticos recogidos en dos colecciones, Solos de Clarín y Paliques. Su obra teatral Teresa constituyó un fracaso rotundo.No podríamos comprender la intención satírico-moral de sus novelas si no consideráramos su labor como críti-co. C. no se limitó a exponer las ideas de los demás; cuando se enfrentaba con cualquier obra literaria procuraba contrastar las ideas del escritor criticado con las suyas propias; de ese contraste deducía una serie de consecuencias más o menos objetivas, pero siempre sinceras. Pensemos en lo mucho de amargo humorismo que encierra su carácter, en las vicisitudes de su propia vida, en la formación naturalista recibida y en la constante observación de la realidad, unamos todas estas notas y surgirá una crítica personal y una obra de creación distinta a las demás, tan distinta que ni aun los hombres del 98 comprendieron su mensaje. La obra de C. no es muy extensa, pues nada confiaba a la improvisación y desde la primera hasta la última página de sus libros advertimos un conocimiento profundo de la ciencia y de la vida, una muy peculiar rectitud de intención, un respeto casi supersticioso por los auténticos valores culturales y un sarcasmo exacerbado por todo aquello que juzgaba solapada hipocresía. Hay un larvado inconformismo en su crítica y en su novela La Regenta, obra que él mismo calificó de sátira de malas costumbres."La Regenta". C. fue un hombre nacido para vivir en los grandes ambientes; tal vez si hubiese sido el novelista de París o de cualquiera otra gran ciudad no hubiera llegado a tales extremos críticos, pero el destino le hizo ser portavoz de una clase burguesa no muy sana, clase con la que debió convivir y a la que debió soportar. No nos extrañen, pues, ni su naturalismo, ni su amarga ironía, ni el violento pesimismo con que retrata el ambiente provinciano de Vetusta, el Oviedo de finales de siglo. Otro de los aciertos de C. fue el incorporar las técnicas más modernas a los mejores logros de la novelística anterior: el regusto por el detalle, la explicación morosa de cada situación, la exposición circunstanciada del alma de los personajes, el tempo lento casi proustiano se unen a la perspectiva aérea de la ciudad sorprendida en el ensueño del canónigo desde su observatorio del campanario. Se dice, y con razón, que La Regenta es la obra maestra del realismo español y que sólo cede ante la fuerza dramática de Fortunata y facinta, de Galdós; yo añadiría que es también la más acertada novela naturalista, pues hay una sabia dosificación de los presupuestos de ambas tendencias. La posible influencia de Madame Bovary, de G. Flaubert, no empaña la originalidad del escritor, ya que la intención es distinta. Flaubert se acercó a la mujer por la mujer misma. Creó un tipo femenino eterno hastiado de la vida. C. se vale de La Regenta para fustigar una sociedad a la que odia. El mundo de la Bovary es muy variado y muy pequeño al mismo tiempo. El creado por el asturiano es toda una ciudad con su animada y también monótona galería de personajes que se mueven a impulsos de una dinámica sabiamente estructurada.C. es a veces tendencioso, ciertos ribetes de anticlericalismo asoman casi a flor de piel, pero los clérigos presentan unos perfiles más reales que los galdosianos. Están mejor trabajados y por eso su índole natural entraña más maldad y desconfianza. C. fue más psicólogo y escritor que Galdós. Acertó a plasmar la hipocresía y la rutina de la vida provinciana en una sola obra perfecta. Vetusta es la síntesis ordenada de la Orbajosa y Ficóbriga de Doña Perfecta y Gloria, y supera a Pilares, el Oviedo de R. Pérez de Ayala, en contextura y grandiosidad. C. hizo protestas de su fe católica y, en efecto, se mostró respetuoso con la Iglesia como verdad trascendente, pero la España de su tiempo ni se prestaba al ingenuo juego espiritual ni las lecturas del novelista, Krause y Renan, eran modelos de acendrado amor a lo esencial cristiano. Separemos al C. ingenuo de los cuentos y narraciones, al hombre enamorado de la paz, de la belleza y de la nostalgia de la tradición española, del duro crítico al que duele la rutina, falsedad y miseria de la vida sin horizontes, típica de cualquier capital provinciana en la España del novecientos.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: L. ALAS (CLARN), Obras completas, 4 vol. Madrid 1913-29; J. A. BALSEIRo, Novelistas españoles modernos, Nueva York 1933, 348-381; 1. A. CABEZAS, Clarín, el provinciano universal, Madrid 1936; E. CLOCCHIAr7I, Leopoldo Alas, Clarín. Su crítica y estética, Quebec 1949; M. BAQUERO, Una novela de Clarín "Su único hijo", en Prosistas españoles contemporáneos, Madrid 1956, 33-125; íD, Exaltación de lo vital en "La Regenta", en ib. 127-72; E. J. GRAMBERG, Fondo y forma del humorismo de Leopoldo Alas, "Clarín", Oviedo 1958.
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