Chile. Etnografia y Folklore.
Categoria:
Cultura
Por su larguísima costa, altas montañas, sus tierras desde las templadas y más bien cálidas hasta las nieves y los hielos de la Antártida, y sus diferentes grupos raciales, se comprende que presente muy variadas formas en cuanto a su etnografía y folklore.La casa. Es siempre baja, sin duda por temor a los terremotos. Al norte, en la provincia de Tarapacá y en los pueblos de las montañas las casas son de piedra y de barro de un solo piso. En la ciudad de Iquique las de madera, pintadas de colores muy vivos, contrastan con las modernas. En los pueblos de Parinacota y otras regiones hay casas muy bajas, con puerta y una o dos ventanas de piedra encaladas, con cubierta a dos vertientes de fibras vegetales, incluso la iglesia. En Chiloé hay casas lacustres, de madera.El traje. En el Altiplano siguen usando los trajes típicos, con varias polleras de lana de vicuña, alpaca o cabra, mantón grueso liso o a cuadros, cayendo cuadrado por la espalda; en realidad es como el heredero de la prenda rectangular que usaban en regiones de Extremadura, el ventioseno. El peinado es de dos gruesas trenzas y se tocan con un sombrerito duro, redondo, puesto muy plano para librarse del frío; y contra el calor usan sombreros de paja como el chupalla, que hacen de hojas de achupalla, y es de copa pequeña y ala ancha. En las regiones bajas, al igual que en las zonas templadas de España al comienzo de siglo, se utiliza falda con vuelo, chambra o blusa y un mantoncillo de crespón, que con los pañuelos servía para enlazarse y bailar en rueda.La alimentación. Es muy variada. La costa ofrece pescados y mariscos de calidad, además de las algas como el chochayugo, larguísima, que mide hasta 300 m., y cuya parte más sabrosa es desde el disco de adhesión hasta la ramificación; la toman asada, frita o hervida. El chupe de mariscos con salsa de pan es muy picante. Lo mismo que la carne, condimentan el pescado con muchos ingredientes. Los choros o mariscos asados en brasa se comen en crudo con limón y cebolla. Hay carnes muy variadas que gustan tomar cocidas, como el ajiaco con cebolla, ají, patatas, pan y jugo de limón y naranja; la carbonada, carne frita cocida con toda clase de verduras. El charquicán con tasajo desmenuzado, patatas, arvejas, porotas y espárragos, cebolla frita, tomate. De este tipo de guiso de carne con diversos ingredientes hay muchas variedades, cada una con su nombre; uno es el charquicán de trilla, que sirven durante esta faena acompañado de costilla de vaca. Toman, como en toda América, mucho maíz y papas en guisos diversos. Las bebidas son variadas; el mate con huesillo es un refresco hecho de maíz o de trigo metido en lejía, con lo que suelta el hollejo; se lava y se pone con agua azucarada al sol; con el mate hacen varias bebidas y no faltan buenos vinos que produce el país.El arte popular. En Norte Grande y en las serranías hay tejedoras que emplean la lana de guanacos, llamas, alpacas y vicuñas. No se han desterrado los telares primitivos horizontales; son semejantes a los también andinos del Perú y Bolivia. Las tejedoras de La Ligua, en Aconcagua, han dado nombre a sus tejidos, los liguanos. Son de destacar los molles, verdaderos cuadros de tiritas cosidas. Sus minas les dan materiales para fabricar piezas curiosas como cuchillos curvos. En Norte Chico, transición entre lo seco y lo fértil, donde hay buenas frutas, hacen con ellas y azúcar una pasta que trabajan en forma dé vegetales y colocan en unas bandejas de la misma pasta. En esta región tienen fama los tejidos choapinos, con la curiosidad de que Choapa no está en ella. En Núcleo Central, en Rari de Linares, hacen cestas de raíces de álamo combinadas con quilina y crin, y piezas en miniatura que se conocen con el nombre de Panimavide. De Curicó es una cestería frágil y graciosa de paja teatina. Es interesante la cerámica de Talagrante, Pomaire y Quinchamali, negra y muy satinada; semejante la hay en Perú. Elaboran piezas utilitarias. En Quinchamali hacen además cántaros en forma de mujer, con una guitarra, figuras de cerdo y de perro. Todo ello se vende en la famosa feria de Chillán. Piezas de plata, estribos e incluso trajes de indios se hacen para el turismo. En la región de los canales, Chiloé y otras islas son de interés los poderosos, santos de madera enyesados y pintados, muy realistas, hasta con cabello humano, vestidos y con alhajas; son muy semejantes a la imaginería popular castellana. Chales, chilotes, alfombras, alfarería hecha por mujeres, y cajas de conchas y caracoles, tan socorridas en todo litoral, completan el panorama artístico popular.Las fiestas. Las religiosas son las mismas que las españolas. En Navidad, nacimientos, villancicos, representaciones de Reyes Magos, comidas especiales en las que alternaban las aves con platos de carne muy diversos. Entre los muchos dulces de almendra como el mazapán y alfajores, hay también los indígenas como el dulce de alcayote. La Cruz de Mayo se celebra sacando la cruz en procesión, y con ella van pidiendo por las casas; en Tenuco lo hacen de noche, en Peumo van hasta la cruz que está en un cerro. En algunos lugares tienen sus bailes especiales, como el de los chinos en Aconcagua. A S. Antonio se le piden las cosas perdidas y también el novio. Por S. Juan no faltan las fogatas; para su fiesta hacen el estofado de San Juan.El huaso. Los 75 caballos llegados a Chile con Pedro de Valdivia resultaron tan útiles que han constituido uno de los aspectos más representativos del país. Entre los que dedican su vida al caballo sobresale el huaso. Es el hombre a caballo por oficio. Acude a las labores agrícolas y donde hay potros y ganado en general; no falta en las fiestas, peregrinaciones, rodeos, ferias y mercados; es popular en Ch., representa las cualidades afirmativas del pueblo. Le gustan los adornos de cintas y botones. Su estampa es la del caballista andaluz con chaquetilla, calzón ajustado, faja, sombrero de tipo cordobés y polainas; lo más característico son las grandes espuelas de hierro, a veces niqueladas, que se asemejan a una estrella y gustan de lucir en los bailes. Del arreo de los caballos sobresalen los estribos de madera tallada o de metal labrado, que son una interesante muestra del arte popular. Entre las actividades del huaso sobresale el rodeo, que es la acción de reunir a los caballos; la hacen en otoño para llevarlos a los corrales y marcarlos. El rodeo se convierte en fiesta, de noche, a la media luna, en una pista circular, con un programa concertado. En los meses de estío celebran topeaduras entre los caballos para ver cuál tiene más fuerza.Las creencias. La muerte da lugar a reuniones y curiosas prácticas. Durante el velorio juegan a la pandorga, el primero, las palmadas y sobre todo se narran cuentos; incluso acuden narradores de la familia o desconocidos. Esto da a entender que el cuento se mantiene vivo. Avanzada la noche toman chocolate o café con malicia, que es un poco de aguardiente. El velorio dura dos días; hay, pues, necesidad de servir comidas. Cuando el difunto es un niño no sólo rezan, también cantan, porque es un angelito que desde el cielo les protegerá. En las zonas rurales de difícil comunicación se conservan los mingacos, reuniones de vecinos para hacer un trabajo común, a cambio de la comida y bebida. Dan lugar a narraciones de cuentos, cantos y bailes.N. DE HOYOS SANCHO
BIBL.: O. PLATH, Folklore chileno, Santiago 1962; T. LAGO, El huaso. Ensayo de Antropología social, Santiago 1962; Y. PINO SAAVEDRA, Cuentos folklóricos de Chile, Santiago 1960; O. PLATH, Folklore religioso chileno, Santiago 1960-63.
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