Chibchas. Lengua.
Categoria:
Cultura
El sustrato ch. fue el elemento más importante en la integración étnica y cultural de Colombia (v. COLOMBIA III) en los tiempos prehispánicos, tanto por su antigüedad como por las formas altamente desarrolladas que alcanzó su cultura y la elevada densidad de sus grupos (v. i). Todo parece indicar que en un momento dado de aquella época, la población ch. ocupaba casi toda la porción occidental del territorio de la actual Colombia, y que varios de sus componentes habían penetrado inclusive hasta las zonas bajas del Oriente. Cerca de medio millón de kilómetros cuadrados habían cubierto estas poblaciones, desde el nivel del mar, hasta alturas cercanas a los 3.000 m., es decir, a través de todos los pisos térmicos de la zona cordillerana. La supervivencia de pueblos de habla ch. en el golfo de Urabá, como los cunas; en la Sierra Nevada de Santa Marta, como los arhuacos; en la frontera con Venezuela, como algunos de los grupos motilones; en los límites entre Boyacá y los Llanos, como los tunebos, y en el sur como los cuaiqueres, nos indica la vasta extensión de esta familia lingüística centroamericana, que llegó a Colombia en una época que aún no se ha precisado, pero que ya en el s. v de la Era cristiana estaba asentada en los altiplanos fríos de Cundinamarca y Boyacá, según los recientes análisis de C 14 hechos en muestras arqueológicas procedentes de esta zona.Como han anotado varios investigadores, el amplio ámbito de la zona, que puede considerarse como una de las más importantes familias lingüísticas de América, ha sido plenamente establecido con los trabajos de Schmidt, Lehmann, Beuchat y Rivet, Loukotka, Jijón y Caamaño y Alden Mason. En lo que respecta al territorio colombiano, Sergio Elías Ortiz integra así el cuadro de la población ch., con base en sus afinidades lingüísticas: a) grupo chibcha, que incluye los tunebos y los dodocubi, en la sierra de Perijá, lo mismo que los grupos desaparecidos de Cundinamarca, Boyacá y los Santanderes; b) grupo arhuac, con los grupos de la Sierra Nevada de Santa Marta y regiones vecinas; c) grupo kuna, en el golfo de Urabá, incluyendo el Bajo Atrato; d) grupo barbacoa, que se extiende por el sur hasta las cabeceras del Putumayo; e) grupo páez; f) grupo coconuco; g) grupo andaki; h) grupo betoi; i) grupo cofán.Teniendo en cuenta la importancia del grupo ch., por el número de sus componentes y por el grado de desarrollo de ciertos aspectos de su cultura, las autoridades eclesiásticas de la conquista juzgaron conveniente que la transculturación de estas poblaciones nativas se adelantara mediante la utilización de la lengua vernácula. Fue así como se elevó el ch. a la categoría de lengua de civilización, como se hizo con otros idiomas americanos. A los grupos misioneros se les impuso entonces la obligación de aprender el ch. para sus campañas de evangelización y se exigió esta lengua como requisito para poder desempeñar los curatos y parroquias. Tales exigencias hicieron necesarias las cátedras de ch. en los colegios y universidades de aquel tiempo, y fueron muchos los sacerdotes que lo aprendieron y otros que lo conservaron y perfeccionaron, como es el caso de varios mestizos, los llamados lenguaraces, quienes se ocuparon también de escribir varios textos que hoy han permitido el estudio sistemático de la lengua. Las mismas circunstancias explican la conservación de la lengua por más de un siglo y la supervivencia de muchos de sus vocablos en la toponimia, fitonimia, zoonimia y aun en muchos patronímicos, en Cundinamarca, Boyacá, Santander, Nariño, Cauca y otras regiones.El grupo ch. que vivía en la Cordillera Oriental, en los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, a la llegada de los españoles, en el s. xvi, se le denomina también mosca o muisca en algunas fuentes bibliográficas. Tanto uno como otro término son legítimos, pues figuran con tal sentido en las crónicas de la época de la conquista de estos pueblos. Chibcha según fray Pedro Simón, significaba entre estos nativos ’gente’, su propia nación, y chum o cum quería decir ’báculo’ o ’sostén’, de donde resulta el nombre Chibchacum con que designaban a una de sus más importantes divinidades. La voz mosca o muisca quería decir ’habitante’ o ’morador’. L. V. Ghisletti, que ha realizado un detenido estudio de las fuentes relacionadas con la lengua muisca, anota, entre otros, como rasgos característicos: 1) gran uniformidad en la toponimia; 2) vocabulario bastante rico, especialmente abundante en palabras compuestas; 3) da la impresión de lengua poco deformada, en la que los diversos procedimientos fonéticos no han borrado todavía la imagen precisa del morfema original; 4) carencia de formas propias del dual, y mucho menos del trial o cuatrial, lo que permite suponer que la contextura del lenguaje carece de elementos arcaicos o que los ha eliminado; 5) cuadro de consonantes bastante rico; 6) el nombre carece de número. Tampoco tiene una desinencia para el género, debido quizá a la rigidez de la construcción sintáctica y al empleo de calificativos de número y de sexos; 7) prefijación, utilizada especialmente en los términos de parentesco. La infijación es muy reducida, en contraste con la sufijación, que es la más frecuente; 8) riqueza pronominal.L. DUQUE GÓMEZ.
BIBL.: S. E. ORTIZ, Lenguas y dialectos indígenas de Colombia, en Historia extensa de Colombia, III,1, Bogotá 1965, 31-37; L. DUQUE GÓMEZ, Tribus indígenas y sitios arqueológicos de Colombia, en Historia extensa de Colombia, II, 1, Bogotá 1966; L. V.. GHISLETTI, Los muiskas. Una gran civilización precolombina, Bogotá 1954.
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