Chaco, Guerra Del HIST.
Categoria:
Historia
Antecedentes históricos. Los antecedentes más remotos de la g. del Ch. entre Bolivia y Paraguay por la posesión del Ch. Boreal, pueden rastrearse en las discusiones nacidas por el dominio de este territorio, ya en el periodo de gobierno español en América, pues los nuevos Estados surgidos a consecuencia de la emancipación se formaron territorialmente sobre la base de las correspondientes divisiones administrativas españolas.Durante el s. xix concretamente desde 1810 hasta el último cuarto de esa centuria, Paraguay había convenido, según Bolivia, en reconocer que su territorio no iba más allá de la orilla opuesta del río de ese nombre, pero después de las pérdidas territoriales sufridas por sus guerras con Argentina, Brasil y Uruguay, Paraguay había empezado a desear una compensación en las llanuras del Ch. Así, p. ej., en 1876, Paraguay y Argentina firmaron un tratado de arbitraje sobre el Ch. Boreal, aunque salvando los posibles derechos de Bolivia, cuya protesta dio origen al arbitraje del presidente estadounidense Hayes, que falló (noviembre de 1878) a favor del Paraguay. Las conversaciones celebradas entre los dos litigantes desembocaron en la firma de un primer tratado, de 1879, en el que Bolivia aceptó la división del Ch. por el paralelo 2205, pero este tratado no fue ratificado por el parlamento boliviano. En 1887, el tratado de TamayoAceval dividió el Ch. en tres partes: una, desde la desembocadura del Pilcomayo en el Paraguay, hasta la unión del Apá con este últimó, zona que sería paraguaya; otra, desde el Apá hasta el meridiano 63°, que debería someterse al arbitraje del rey de Bélgica; y una tercera, desde esa latitud hasta Puerto Pacheco, que sería zona boliviana. Pero de nuevo quedaron rotas las negociaciones, esta vez por el avance paraguayo, que ocupó dicho puerto. Tras la fracasada misión Baptista, de 1891, el 23 nov. 1894 Se firmó, con la mediación uruguaya, el tratado Ichaza-Benítez, cuyas concesiones territoriales a Bolivia consideró excesivas el Congreso paraguayo, que rechazó el convenio y creó una Comisión científica (que no llegó a funcionar) para el estudio del problema con arreglo a los derechos paraguayos.A principios de 1907, el canciller argentino logró que los representantes de Bolivia y Paraguay acordaran someter su litigio al presidente de la Argentina. La resolución de éste provocó la protesta boliviana, que dio lugar al protocolo Ayala-Mugía de 5 abr. 1913, en el cual las dos partes se comprometían a firmar un tratado definitivo en un plazo máximo de dos años. Nada se hizo, sin embargo, salvo propuestas y contrapropuestas, cuya única consecuencia útil fue la aparición por ambos lados de estudios muy amplios sobre el problema. Mientras tanto, Paraguay fue construyendo fortines y preparándose para sostener sus derechos. Bolivia denunció estos actos y Paraguay hizo lo propio contra su vecina, hasta que el 26 feb. 1927 se produjo un primer incidente sangriento por la llegada del teniente paraguayo Rojas Silva al fortín boliviano Sorpresa. El Gobierno argentino logró, sin embargo, reunir a bolivianos y paraguayos, que suscribieron el acuerdo de Buenos Aires (22 abr. 1927), el cual sólo sirvió para celebrar nuevas conversaciones; tampoco éstas tuvieron resultado positivo, pues las partes se mantuvieron en sus respectivos puntos de vista, aunque, por lo menos, declararon que no acudirían a las armas para resolver el conflicto.La guerra. Pese a esta declaración, menos de cinco meses después de suscrita, el 5 die. 1928, los paraguayos atacaron el fortín Vanguardia y se retiraron después a su punto de partida. En seguida, Paraguay pidió la reunión de la Comisión investigadora creada en el tratado de Santiago de Chile en 1923 (el pacto Gondra), mientras los bolivianos atacaron y tomaron los fortines paraguayos Boquerón y Mariscal López. Este primer choque terminó, sin embargo, en arreglo pacífico gracias a la Conferencia Int. de Conciliación y Arbitraje de las Repúblicas Americanas, que hizo posible la firma, el 3 en. 1929, del protocolo Medina-Ramírez, ratificado por los gobiernos litigantes y que creó una comisión para investigar lo sucedido. El 12 nov. 1929 los miembros neutrales de esta Comisión lograron la aceptación de tres puntos principales: 1) olvido de las ofensas mutuas; 2) restablecimiento del orden en el Ch. con la misma situación en que se hallaba antes de diciembre de 1928, y 3) reanudación de las relaciones diplomáticas. Por fin, en abril de 1930, el canciller uruguayo logró las firmas boliviana y paraguaya, y ambos Estados reanudaron sus relaciones.Pero el problema tenía muy hondas raíces políticas y patrióticas, y no era fácil, por tanto, que los gobernantes de los países respectivos se atrevieran, como dice Basadre, a adoptar actitudes conciliadoras que las oposiciones respectivas pudieran explotar en su beneficio. Por eso no sorprenderá saber que las gestiones de la Comisión de neutrales de Washington no llegaran a feliz término. Así las cosas, en septiembre de 1931 se reprodujeron los choques armados. Desde entonces, los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente: tras las mutuas acusaciones de agresión y la retirada paraguaya (después anulada) de la Conferencia de Washington, ataque al fortín boliviano Mariscal Santa Cruz, ocupación boliviana de los fortines Corrales, Toledo y Boquerón, movilización general por ambas partes, asaltos al fortín paraguayo Falcón, batalla de Carayá y ofensiva ante el fuerte Arce; acontecimientos ocurridos durante los meses de julio y agosto de 1932. A fines de este último mes, los neutrales propusieron una tregua, que aceptó Bolivia con la condición de conservar las posiciones alcanzadas, lo que rechazó Paraguay.Reanudada la contienda, el ejército paraguayo, mandado por el coronel Estigarribia, desencadenó su contraofensiva con el sitio de Boquerón. que volvió a su poder, y con la toma de otros fortines. Favorecido por una crisis política boliviana, el avance paraguayo continuó por el norte y por el oeste en noviembre y diciembre de 1932. En este último mes, sin embargo, los bolivianos lograron detener la ofensiva enemiga en el lugar llamado Kilómetro Siete, donde se dio la batalla del fortín Saavedra, y pasaron después al ataque, que tuvo por resultado la recuperación de los fuertes perdidos y la conquista de algún otro, como el Mariscal Duarte. La guerra no se había declarado aún formalmente, pero el Paraguay lo hizo el 10 mayo 1933, menos de dos meses antes del detenimiento de la ofensiva boliviana, que tuvo lugar el 4 de julio de ese año frente a Nanawa, donde el ataque del general Kundt fue desarticulado, lo que determinó su retirada. Estigarribia, ya ascendido a general, pasó entonces a la ofensiva y se apoderó de la zona sita entre Corrales y Pilcomayo y de varios fuertes bolivianos. Tras un armisticio, pactado el 19 dic. 1933, en enero de 1934 no se había llegado a ningún acuerdo, y los paraguayos reanudaron su ofensiva, que no pudo ser detenida hasta marzo de 1934.Mediación de los neutrales y Conferencia de paz. El 12 jun. 1935, los representantes de Bolivia y Paraguay fueron convocados por la Comisión de mediación (formada por Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay) y firmaron una petición al presidente argentino para que convocase una Conferencia de paz. La reunión de la citada Conferencia constituía la culminación de toda una larga y complicada serie de gestiones internacionales en favor de la paz. Ya el 14 sept. 1932, los neutrales propusieron una retirada general de 10 Km.de profundidad, que Paraguay no aceptó. Tres días después los neutrales propusieron la suspensión de hostilidades con garantía militar, pero tampoco se logró acuerdo sobre esa base, como tampoco lo hubo en diciembre, cuando a tales propuestas se agregó la de unos técnicos británicos, españoles y estadounidenses de las respectivas Sociedades de Geografía, que deberían hacer la delimitación de toda la zona del Ch. Ante sus continuados fracasos, los neutrales decidieron apelar a Argentina, Brasil, Chile y Perú, países limítrofes de los contendientes. Éstos elaboraron, en efecto, una fórmula de paz, a la que Bolivia presentó varios reparos, que dieron al traste con el nuevo intento pacífico.
Entonces, aprovechando la declaración oficial de guerra hecha por Paraguay, Bolivia acudió a la Sociedad de Naciones, puesto que estimaba que su enemigo había incurrido en las sanciones previstas por el Pacto internacional. El Consejo de Ginebra hizo, pues, una propuesta con tres condiciones: cese de hostilidades, retirada de la declaración paraguaya de guerra, y arbitraje, que controlaría y vigilaría una Comisión de naciones. Bolivia y Paraguay aceptaron en principio esta propuesta, pero con la diferencia de aceptar Paraguay el cese de hostilidades seguido de las negociaciones, y creer Bolivia, en cambio, que éstas debían preceder o ser simultáneas al cese de la guerra. Estas diferencias y el fracaso mediador del ABCP (Argentina-Brasil-Chile-Perú), en septiembre de 1933, determinaron a la Sociedad de Naciones a declinar oficialmente la mediación, pero el asunto volvió de nuevo al supremo organismo internacional, que formuló nuevas proposiciones de paz, rechazadas por Paraguay en marzo de 1934. Por último, cuando las operaciones militares habían demostrado que el problema no alcanzaría solución por esa vía, se concertó el armisticio y el 12 jun. 1935 se reunió en Buenos Aires la Conferencia de paz, convocada por el presidente argentino general Justo. Los trabajos de la Conferencia, difíciles y largos, no terminaron hasta el 23 en. 1939, seis meses y dos días después de la firma (21 jul. 1938) del tratado de paz, amistad y límites entre Bolivia y Paraguay.J. DELGADO MARTÍN.
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