Cerdeña (sardegna). Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
I. Lengua. Entre las lenguas de la familia románica, el sardo ocupa un lugar importante por su localización en la isla de C. y por su característica tendencia conservadora. De las hablas dialectales de la isla, sólo dos son ajenas al sardo: el catalán del Alguer, de rasgos arcaizantes, hablado por unos 20.000 hab. en este pueblo del noroeste de la isla, y el genovés de Carloforte y Calasetta, pueblos situados en dos pequeñas islas del sudoeste, que data del s. XVII, mientras el alguerés remonta al s. XIV. Las variedades lingüísticas propiamente sardas son fundamentalmente la meridional (o campidanés) y la central (o logudorés). Otras modalidades dialectales bien definidas, pero más cercanas al corso que al sardo, son el sasarés, en la parte noroccidental de la isla, y el galurés, en la zona más septentrional. Hay lingüistas que distinguen además el nuorés, que no es para otros sino una variedad del logudorés, el cual, aunque no tan homogéneo como el campidanés, se considera como el sardo más puro por lo cual lo prefieren los poetas dialectales.Características. El sardo puede ser agrupado con las lenguas de la Romania occidental por la conservación de la -s final latina, no sólo en la desinencia del plural, sino también en los derivados de los neutros latinos como hacía el español antiguo. Pero se separa de las lenguas del occidente de la Romania tanto por el mantenimiento de las protónicas y postónicas, aunque éste es fenómeno limitado a los dialectos rústicos del logudorés central, como por la conservación de las oclusivas intervocálicas. El rasgo más típico de su fonética es la fidelidad al vocalismo latino tónico, distinguiendo las continuaciones de la i breve y u breve etimológicas, que se fundieron con la e y o largas en el resto de la Romania (sólo el rumano mantiene la u). En el sistema consonántico destaca en el logudorés, a diferencia del campidanés, el mantenimiento del sonido velar latino de k ante vocal palatal: caelum- kelu. En los grupos iniciales de consonantes formados por labial o velar más l (pl, bl, fl, cl, gl), lo normal en logudorés y campidanés es la conservación o, si acaso, la mutación de l en r (prus, tramare); sólo en los dialectos del norte, sasarés y galurés, se da, como en el toscano, la vocalización de la l: pienu frente a prenu. Los sonidos cacuminales o invertidos son característicos del sur, aunque no privativos de él: frateddu; y normales las vocales paragógicas incluso en los españolismos: adios(u); y asimismo el desarrollo protético de un sonido vocálico ante r inicial, como en vasco: arríu, río. En el campo morfológico, lo más distintivo es la forma del artículo, derivado, a excepción de los dialectos septentrionales, de ipsum y no de illum: su, sa, sos, sas.En cuanto al léXIco, cuyo fondo fundamental es el latín, dejando aparte los contactos entre el vasco y una serie de vocablos del sustrato prelatino paleosardo, dos son las características más acusadas: la tendencia arcaizante, por la que mantiene voces perdidas en otras lenguas romances (sa domo, con el valor de casa) y la abundancia del superestrato catalano-español, frente a los escasísimos elementos germánicos y árabes (estos últimos casi todos a través del español). Son centenares las palabras catalanas y castellanas que se han incorporado a los dialectos sardos, apposentu, bottas, bóveda, cadira, calentura, gravellu, corbatta, impanada, findeus, lástima, matracca, muschittu, sabatteri, seu (nombre dado a la catedral en la capital), vinagrera, etc. No puede sorprender esta intensa infiltración teniendo en cuenta que la isla fue española durante casi cuatro siglos y que el catalán primero y el castellano después fueron las lenguas, oficiales de C. Es más, la lengua castellana sigue usándose hasta un siglo después de haber sido cedida la isla al Piamonte (1720).Durante siglos, la lengua sarda no fue lengua de cultura. El catalán fue lengua de la administración y de las leyes e incluso lengua hablada en las ciudades durante los s. XV y XVI. Y desde la segunda mitad del XVI hasta mediados del XVII, el castellano fue sobre todo la lengua literaria. No puede extrañar, pues, que la tradición cultural y artística de C. sea casi exclusivamente hispánica.2. Literatura. Las primeras manifestaciones culturales en latín, obras teológicas y epístolas, se dan en C. desde el S. IV al vi. Después, tras 10 siglos de silencio, que no pudo llenar la falsificación de las llamadas Carte di Arborea, aparece un autor en castellano: Antonio de Lofraso, militar natural de Alguer, que publicó en Barcelona Los diez libros de Fortuna de Amor (1573). Se trata de una extraña novela pastoril, mezcla de prosa y de verso donde, entre digresiones y sutilezas de enamorados, se desenvuelve el leve hilo argumenta) referido a los amores entre el pastor Frexano y la pastora Fortuna. Si la prosa está mal construida, los versos son duros e inarmónicos. Lo que hay a veces de blando y delicado es consecuencia de la acumulación de tópicos pastoriles derivados de Montemayor, Garcilaso y Boscán. El libro, del que se burló Cervantes, figuraba en la biblioteca de D. Quijote. Aunque desconocidas por la crítica, se conservan otras dos obrillas sin relieve del militar alguerés: el Discurso de la gloriosa victoria, en octavas, sobre la batalla de Lepanto, y Los mil y doscientos consejos enviados a sus hijos, en tercerillas, sobre los siete estamentos que considera en las profesiones de su época.En los tres nombres que nos ofrece la poesía sarda del s. XVI se perciben tres posibilidades lingüísticas: la española, que a pesar del más que mediocre Lofraso habrá de triunfar; la italiana, representada por Rime diverse (1596) de Pietro Delitala, modesto volumen lleno de sardismos lingüísticos y con dedicatoria en castellano; y la plurilingüe, intentada por Jerónimo Araolla. Éste es autor de un largo poema sardo (1582) sobre los patronos y mártires de su ciudad natal, Sácer (Sassari), y de un volumen de Rimas diversas espirituales (1597), en sardo, italiano y español, que termina con un soneto trilingüe. Las cinco composiciones en español son de circunstancias, dirigidas a personajes de la época y caracterizadas tanto por su austeridad formal como por su ascética visión del mundo. El panorama se completa con la obra poética del virrey español Juan Coloma, que imprimió en Cáller (Cagliari) su Década de la Pasión (1576), mientras un médico sardo, Juan Tomás Porcell, publicó en España su Información y curación de la peste en Zaragoza (1565), rara muestra de literatura científica.En el s. XVII, culmina la literatura hispanosarda con tres nombres de cierta importancia. El primero, del que nada se sabe, es Jacinto Arnal de Bolea, autor de una extensa novela titulada El Forastero (1636) en la que está incluido un poema barroco-caballeresco, Encomios en octavas a un torneo, publicado aparte anteriormente. Su argumento es complicadísimo, con residuos de novela bizantina en la nueva perspectiva que lo erótico tiene en la novela cortesana. El material poético de esta obra miscelánea, retorcida e hinchada, tiene a veces valor autónomo; y paradójicamente el verso tiene notas de frescura que jamás alcanza la prosa, siempre elusiva y colorista, cargada de metáforas y perífrasis. "Difícil encontrar, en la misma España, una tan acabada asimilación y reiteración de recursos estilísticos e imágenes típicas del Góngora más audaz; difícil, sobre todo, una tan perfecta adaptación a la prosa como lo logró el hasta ahora ignorado Jacinto Arnal de Bolea" (J. Arce, España en Cerdeña, 187).Más conocido es José Delitala, n. en Cáller en 1627, a quien se debe la Cima del Monte Parnaso Español (1672), en cuyo título trata de emular a Quevedo, su modelo junto con Góngora y Calderón. Los recursos barrocos de algunas composiciones alternan con otras en las que el verso adquiere gracia popular. Su temática es muy variada, destacando los asuntos históricos con personajes hispánicos, desde Viriato a su coetáneo Carlos I1. Estilísticamente es un culterano contenido y sobresale en el soneto entre una gran variedad de formas métricas. La última figura destacable de este siglo es un novelista y poeta, José Zatrilla, n. también en Cáller (1648), autor de Engaños y desengaños del profano amor (1687), obra que pertenece a la forma extensa de novela cortesana, y de un Poema heroico, en 100 octavas, dedicado a la "décima musa", su coetánea sor Juana Inés de la Cruz (Barcelona 1696). El título de su novela es típico de la mentalidad contrarreformista del momento y adecuado a la historia de un amor adúltero entre personas de alta condición social. La lengua es correcta, con ligeros matices culteranos o conceptuosos; su gran defecto es el muestrario de cultura mal digerida, justificada al margen con la autoridad correspondiente. Para aludir al teatro, pobrísimo en la isla, se cuenta con una Pasión de Cristo, de F. J. Carmona, representada en 1629; y con un Antíogo del Arca, que se llama a sí mismo "primer Lope sardo", que publicó El saco imaginado (1658). Curioso el experimento, que ya pertenece al siglo siguiente, del Libro de comedias, del capuchino fray Antonio María de Estercili, escritas en sardo, pero con ’títulos y acotaciones en castellano.En el s. XVIII se asiste a la disolución de la tradición literaria española: testimonios inéditos de poesía religiosa refugiada en los conventos de monjas y hasta una anónima Vida de S. Antonio Abad, en octavas, publicada en 1700. Y todavía un nombre verdaderamente importante, Vicente Bacallar y Sanna, n. en Cáller en 1669, educado en España y m. en La Haya (1725), donde era embajador de Felipe V. En realidad, tanto su actividad diplomática como literaria pertenecen a la Historia de España, hasta el punto de figurar entre los fundadores de la Acad. Española y ser considerado por ella como una de las autoridades de la lengua. Baste, pues, mencionar su labor de historiador en los Comentarios de la Guerra de España y su creación poética en Los Tobías (1709). Desde entonces hasta hoy, la literatura sarda, con incursiones en las lenguas vernáculas, sin olvidar entre ellas la poesía en el catalán de Alguer, cultivada en la actualidad por Rafael Sari, fue incorporándose paulatinamente a la literatura italiana hasta culminar a principios del presente siglo en los nombres de Salvatore Farina, Sebastiano Satta y Grazia Deledda (v.).J. ARCE FERNÁNDEZ.
BIBL.: J. ARCE, España en Cerdeña. Aportación cultural y testimonios de su influjo, Madrid 1960; M. L. WAGNER, La Iingua sarda. Storia, spirito, forma, Berna 1951; íD, Los elementos español y catalán en los dialectos sardos, "Rev. de Filología Española" IX (1922) 221-265; E. TODA Y GÜELL, Bibliografía española en Cerdeña, Madrid 1890; F. ALZIATOR, Storia della letteratura di Sardegna, Cagliari 1954; F. ELÍAS DE TEJADA, El pensamiento político del reino hispánico de Cerdeña, Sevilla 1954.
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