Cerdeña (sardegna). Historia. HIST.
Categoria:
Historia
En la Edad del Bronce tuvo C. una gran actividad metalúrgica, debido a la abundancia de hierro, plomo y plata. Restos de esta civilización son las tumbas de enormes tamaños, los dólmenes y particularmente las numerosísimas nuragas (cerca de 6.500) torres-fortaleza de piedra en forma de cono truncado. En la lucha entre griegos y fenicios por la supremacía del Mediterráneo, C. resultó parcialmente conquistada por los cartagineses (batalla de Alalia, 535 a. C.), que hicieron de ella la más importante base de aprovisionamiento en su lucha contra Roma. Aprovechando la rebelión de los mercenarios de Cartago (238 a. C.), Roma se apoderó de la isla, transformándola en el eje de su sistema ofensivodefensivo frente a África y España, y en un importante centro de aprovisionamiento de cereales. Tras la conquista de Egipto, C., convertida en provincia imperial, comenzó a perder su importancia.Ocupada por los vándalos en el 445, Justiniano logra reconquistarla en el 534 y hace de ella una de las siete provincias de la prefectura africana del Pretorio. El mal gobierno bizantino favoreció la momentánea ocupación de Totila (582) y, más adelante, la infiltración y consolidación de la autoridad papal. Desde el 711 hasta los comienzos del s. XI, fue víctima de numerosas incursiones árabes, hasta el punto de que para defenderse de ellas tuvo que dividirse en cuatro judicaturas (Logudoro, Cagliari, Arborea y Gallura), forma autónoma de gobierno y una de las instituciones políticas más originales del Medievo.La querella entre Génova y Pisa por el dominio de la isla dio lugar a una serie de guerras, en las que llegaron a intervenir el Papa y el emperador Federico II. Tras una serie de acontecimientos, C. acabó por quedar bajo el dominio directo de Pisa de 1190 a 1283, año este último en el que, aun contando con la ayuda de Venecia, Pisa es desbancada por Génova. Mientras tanto, Bonifacio VIII (v.), con el fin de bloquear las aspiraciones de los angevinos a controlar la isla, aspiraciones que Génova fomentaba, había concedido C. en feudo a Jaime II de Aragón (1295). Bajo esta presión, Pisa se vio obligada a ceder en 1326 todas sus posesiones a la Corona de Aragón; pero C. se rebeló contra los nobles catalanes y aragoneses, que habían tomado posesión de la isla, y se hizo necesaria una intervención personal de Pedro IV de Aragón (v.) para restaurar el orden (1386). Poco después de su partida, la insurrección estalló de nuevo, durando hasta 1420, año en que Alfonso V (v.) de Aragón, que se vio obligado a trasladarse en persona a la isla, normalizó la situación. El descontento contra la nobleza catalana y aragonesa, que una vez más se produjo en la isla, requirió muchos años después la intervención de Felipe II que, para poner remedio a la situación, tomó una serie de medidas dirigidas a mejorar las estructuras sociales, civiles y económicas de C. y a fomentar la cultura mediante la instauración de las Univ. de Cagliari y Sassari. Pero no fue capaz de acabar con los privilegios de los nobles, de manera que durante todo el s. XVu se desarrolla una sorda lucha entre los virreyes enviados de España y la nobleza isleña.A raíz de la guerra de Sucesión española (1701-14), C. pasa a formar parte de Austria (1713). Felipe V, por consejo del card. Alberoni, intentó reconquistar C. (1717), pero el proyecto no llegó a realizarse y a continuación de la guerra de la Cuádruple Alianza, la isla pasó a manos de Víctor Amadeo II de Saboya (1720), que se tituló rey de C. La nueva administración de los Saboya emprendió una labor de reorganización de la confusa situación administrativa, jurídica y económica, producida por la rapacidad de los barones locales; pero la obra de reforma se interrumpe en tiempos de Carlos Manuel III (1730-73) y la isla acaba cayendo en la misma inercia política, económica y cultural que el Piamonte (v.).Las tentativas de ocupación de la isla por parte de la nueva Francia revolucionaria, encuentran en ella una valerosa resistencia. Esta resistencia al dominio francés se combinó con un movimiento político interno que luchaba por la total autonomía y que se concluye con la expulsión de los piamonteses en 1793. El movimiento separatista, promovido inicialmente por los grandes vasallos, se encontró, sin embargo, envuelto inesperadamente en una grave insurrección agraria, acaudillada por Gian Maria Angioj, que reivindicaba la abolición de los privilegios feudales. Después de algunos éXItos iniciales, Angioj tuvo que huir (1796) y C. fue víctima de una violenta represión aristocrática y feudal. Las reformas continuaron bajo Carlos Alberto (1831-49), y en 1847 tuvo lugar la abolición de la autonomía administrativa de la isla, al unirla a otras provincias del continente, reservándose el derecho de enviar sus propios representantes al parlamento subalpino. El nuevo reino de Italia representa para la isla el comienzo de una etapa de industrialización. Durante el periodo fascista las reivindicaciones autonomistas se reproducen, y los partidos políticos antifascistas, durante la resistencia, incluyeron en sus programas las bases para la descentralización. Incluso llegaron a surgir algunas proposiciones separatistas. Una vez instaurada la república, la Asamblea Constituyente aceptó y aprobó un proyecto de autonomía (1948), de manera que actualmente C. es una de las cinco regiones autónomas que poseen un estatuto especial.GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: E. PAIS, Storia della Sardegna e della Corsica durante il dominio romano, Roma 1923; R. BESTA, La Sardegna medievale, Roma 1909; C. ZERVOs, La civilization de la Sardegna, París 1954; J. ARCE, España en Cerdeña, Madrid 1950; V. SALAVERT, Cerdeña y la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, Madrid 1950.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.