Cerámica. Arte. ARTE
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Arte
1.Intrducción. La palabra c. proviene del griego ceramicós, arcilloso, que, a su vez, deriva de céramos, arcilla. Por c. se entiende no sólo el arte de fabricar vasijas y otros objetos de barro, loza y porcelana, de todas clases y calidades, sino sus mismas labores.La c. engloba una serie de productos dispares que, sin embargo, poseen cierto número de elementos comunes tanto en su composición como en su fabricación. La materia prima consiste esencialmente en un silicato de alúmina, en forma de rocas silíceas, a partir del cual, mediante hidratación, se obtiene una pasta más o menos plástica, apta para recibir la forma deseada. Después de lograda ésta, el objeto se deja secar a la sombra, pasando luego al horno para su cochura; entonces, mediante su transformación química, se convierte en otra materia, el barro cocido. Dentro, pues, de la palabra c. quedan comprendidos: la terracota, el barro vidriado, la loza (v.), el gres y la porcelana (v.). El quehacer cerámico es uno de los mejores testimonios de la evolución espiritual y material de la Humanidad, ya que formas cerámicas nuevas suponen la irrupción en la Historia de otros pueblos y civilizaciones.La técnica c. desde la Edad Media hasta nuestros días presenta muchas modalidades, aunque siempre se mantengan ciertas operaciones comunes. Las arcillas se transforman previamente en barro, purificado mediante la decantación y putrefacción de las sustancias orgánicas, recibiendo a continuación la forma deseada por torneado, modelado o a molde. Son también esenciales las cochuras, cuyo número varía según el tipo de producto.2. Cerámica medieval. a. Cerámica visigoda. La primera c. medieval europea y, concretándonos a España, la visigoda, carece de personalidad, y supone la decadencia progresiva, tanto desde el punto de vista técnico como artístico, de la terra sigillata romana. Como novedad figura la fabricación de ladrillos funerarios, decorados a molde, preferentemente con el crismón. Sin embargo, a partir del s. X, el panorama cerámico europeo inicia una transformación. España desempeña en ello un papel decisivo ya que, a través de los musulmanes, asimila prontamente las enseñanzas venidas del Medio Oriente. Ello supone una revolución en el campo de la técnica y de la ornamentación, que alcanza primero a los hornos de al-Andalus y después a los mudéjares y moriscos, pasando luego a otros alfares europeos.b. Cerámica islámica arcaica: S. VIII al XII. Cerámica Califal. La civilización musulmana nos ha legado una c. de gran perfección, cuyo lugar de origen es difícil de precisar. Tanto en Persia (Rhages y Susa) como en Mesopotamia (Samarra) y Egipto (Al-Fustát, el actual Cairo), se han encontrado restos muy antiguos de diversos tipos de c. que emplean ya el vidriado plumbífero o el estannífero: c. con decoración en relieve (v. i); con decoración grabada sobre engobe y bajo cubierta de plumbífero transparente, en verde, amarillo y negruzco; con decoración pintada sobre vidriado estannífero y, finalmente, con decoración de reflejo metálico, la c. más rica del Islam. Todos estos tipos están comprendidos dentro del término loza, ya que utilizan vidriados sobre el cuerpo de arcilla. En cuanto a los motivos ornamentales, predominan los sasánidas, aunque también se acusa a veces la influencia de la porcelana china. En este periodo aparece ya la c. aplicada a la decoración arquitectónica, con los azulejos de reflejo metálico del m¡hráb de la mezquita de Kairuán, probablemente importados de Mesopotamia.A lo largo del s. X se fabrica en al-Andalus la llamada c. califal, estudiada principalmente a través de las labores halladas en Bobastro, Elvira y Medina Azahara. Se trata de piezas de vajilla, cuya producción más artística es la decorada en verde de óxido de cobre y negruzco de óxido de manganeso, sobre engalba blanca y bajo cubierta de plumbífero transparente. Los temas ornamentales entran de lleno en la estética musulmana y consisten en motivos epigráficos, de fauna y sencillas hojas, generalmente vistas de perfil. Aunque se hayan encontrado en al-Andalus algunos fragmentos de lozas decoradas con reflejo metálico, no parece probable que estén fabricadas en la Península; debe tratarse de piezas abbasíes importadas. La bóveda del mexuar de la mezquita de Córdoba presenta, al lado de la riquísima ornamentación de mosaicos, una sencilla faja de piezas cerámicas decoradas en verde y manganeso. Éste es el único ejemplar conocido de decoración arquitectónica de barro vidriado en el arte califal (v. MUSULMÁN, ARTE).c. Cerámica islámica desde el s. XIII al XV. Lozas persas y nazaríes. En la Persia selyucí fueron célebres por sus producciones las ciudades de Kashan y Rhages, en cuyos hornos alcanza gran perfección la loza de reflejo metálico decorada con figuras de rasgos orientales. La llamada loza Mina¡ es, por el contrario, policromada, y su difícil técnica eXIgía tres cochuras.La loza del reino granadino de los nazaríes se fabricó preferentemente en Málaga, por lo cual se la conoció con el nombre de obra de Málaga. Debido a su perfección técnica y a su belleza, se difundió por toda la Península y se exportó a diversos puntos de Europa y del Mediterráneo oriental. Su fabricación requería tres cocciones. Después de la primera o bizcochado, la pieza se recubría de una capa de óxido de estaño; cuando ésta se secaba, sobre la superficie pulverulenta resultante se aplicaba la decoración azul, pasando nuevamente la labor al horno. Posteriormente se procedía a la decoración dorada, utilizando un líquido integrado esencialmente por óxidos de plata y cobre, junto a otros elementos secundarios variables, todo ello diluido en vinagre. Finalmente, se procedía a la tercera cochura.Entre las labores nazaríes destacan los vasos de la Alhambra, grandes jarrones ornamentales en los que alternan los motivos epigráficos y los atauriques (labor ornamental con yeso). Otro capítulo importante de la c. nazarí es el de las piezas destinadas a la decoración arquitectónica, que hoy todavía embellecen los muros de la Alhambra. Se emplearon las técnicas del alicatado y del azulejo. Los alicatados están integrados por piececillas monocromas, los aliceres, recortadas de grandes losetas previamente vidriadas en azul, verde, ocre y negruzco, y con ellas se realizaron composiciones geométricas muy complicadas. También se fabricaron azulejos cuadrados de reflejo metálico, en relieve y de cuerda seca. Dentro de esta última técnica sobresalen las albanegas de la Puerta del Vino de la Alhambra. La c. de cuerda seca, que alcanza su plenitud en las piezas de vajilla de la época de los Reyes Católicos, requería dos cochuras. Después de la primera, con ayuda de un estarcido, se trazaban los contornos de la decoración, repasándolos luego con una mezcla de manganeso y grasa consistente; la superficie quedaba así cubierta de una serie de compartimentos, donde se depositaban los óxidos colorantes que, al recibir la segunda cochura, no se mezclaban entre sí gracias a las líneas o cuerdas secas de manganeso.d. Cerámica mudéjar y morisca. Las novedades de la cerámica hispanomusulmana pasaron rápidamente a los hornos cristianos, frecuentemente en manos de mudéjares (v.). El foco principal fue el valenciano con las producciones de Paterna y Manises. Paterna se especializó, desde la segunda mitad del s. XIII hasta el XV, en la fabricación de labores decoradas en verde y manganeso sobre vidriado estannífero blanco, mezclando la temática musulmana con la occidental. Tienen especial interés los motivos figurados, sobre todo femeninos, relacionados con algunas pinturas de las techumbres de madera del mudéjar levantino. También se fabricaron labores decoradas solamente en azul sobre blanco, así como socarrats o ladrillos pintados, sin vidriar, con motivos figurados, heráldicos, de fauna o de flora. Estas piezas se emplearon sobre todo en la ornamentación de aleros y techumbres, haciendo oficio de tabicas.Manises, por el contrario, se especializó en las piezas de vajilla -platos, cuencos, escudillas, jarras, alfabeguers- de reflejo metálico, análogas en un principio a las malagueñas nazaríes, a las que acaba desbancando en los mercados. Esta producción tuvo una vida muy larga -desde el s. XIV al XVIIt-, acusando una progresiva decadencia técnica y una evolución temática que va desde los motivos musulmanes -atauriques, alafias, piñashasta los occidentales, con preferencia por la heráldica y la figura. En Manises se fabricaron también, especialmente durante los s. XV y XVI, azulejos decorados en azul con temas musulmanes y occidentales. La mejor obra conservada es la cúpula del convento de la Concepción Francisca de Toledo.Los hornos de Andalucía, sobre todo los sevillanos, fabricaron brocales, grandes tinajas y pilas bautismales, con decoración en relieve de temas musulmanes y cristianos, recubierta a veces con vidriado verde, o siguiendo la técnica de la cuerda seca. También se hicieron alicatados similares a los granadinos de la misma época, como los del Alcázar de Sevilla (Patio de las Doncellas), y azulejos de cuerda seca y de cuenca o arista. Estos últimos se decoraban con ayuda de unas estampillas, aplicadas sobre el barro aún blando, con lo que se obtenían unas aristas que separaban las zonas cóncavas donde se depositaban los diferentes óxidos colorantes después de la primera cochura; los temas ornamentales fueron primero lacerías musulmanas, pero a comienzos del s. XVI se introducen motivos renacentistas. De los hornos toledanos proceden azulejos de cuerda seca (azulejo cuadrado, decorado con la técnica de la cuenca o arista, a base de temas góticos, esencialmente de cetrería), así como tinajas, brocales y pilas bautismales, vidriados o no. En el arte mudéjar aragonés tuvo gran importancia la decoración de barro vidriado en ábsides (Seo de Zaragoza), portadas (Morata de Jiloca) y torres (Utebo). Teruel se especializó en piezas de vajilla con dibujos en verde y manganeso, sobre vidriado estannífero; destacan sus jarras con ojos a la altura del vertedor. En cambio, los hornos de Muel, tomando como modelo las lozas de Manises, realizaron preferentemente piezas de reflejo metálico; esta producción se extingue a comienzos del s. XVII al ser expulsados los moriscos. La cerámica morisca de Cataluña presenta dos versiones esenciales: la decorada en verde y manganeso, en la que se especializó Manresa, y la de reflejo metálico de Barcelona y Reus, cuya producción continúa hasta el s. XVII, con una evolución temática y una progresiva popularización.3. Cerámica renacentista. a. La mayólica italiana. Desde comienzos del s. XVI Ia mayólica italiana, superando las tradiciones moriscas, consigue el primer puesto en Europa. Y ello no sólo por la asimilación de la estética renacentista, sino por el empleo de una nueva técnica, la decoración policroma aplicada sobre el vidriado estannífero, conseguida con la llamada paleta de gran fuego. Esta gama cromática se lograba con los óxidos de cobalto (azul), cobre (verde), antimonio (amarillo), hierro (ocre) y manganeso (negruzco amoratado). Estos óxidos se aplicaban sobre la capa de vidriado estannífero crudo, procediéndose después a la segunda cochura, en la que se vitrificaban a la vez el esmalte blanco y los mencionados óxidos. La gama cromática era limitada, ya que dichos colores son los únicos que toleran, sin alterarse, las elevadas temperaturas que se requieren para la vitrificación del esmalte. De ahí el nombre de paleta de gran fuego.El panorama cerámico de la Italia renacentista es muy complejo, debido en parte al pluralismo político, ya que la mayoría de los hornos son cortesanos y nacen o se sostienen por el mecenazgo de los grandes señores que rivalizan entre sí en el terreno político y artístico. La ciudad de Florencia destacó por los relieves y esculturas en barro vidriado de Lucca della Robbia (v.) y sus sucesores. La capital de la mayólica italiana es, sin embargo, Faenza, con una abundantísima y variada producción, en la que sobresalen las labores de la Casa Pirota. Las piezas de fines del s. XV llevan todavía ornamentación gótica, pero en seguida se asimilan los temas renacentistas. Son característicos los fondos en azul oscuro, sobre los que destacan grutescos en blanco, y las figuritas que ocupan el centro de platos, tondini y fuentes. El esmalte llamado a bereitino, de tonalidad lavanda, constituye el fondo de muchos paisajes. En Caffagiolo y Siena se fabricaron también piezas de gran calidad. Castel Durante fue la cuna del más famoso pintor de c., Nicolás Pellipario, célebre por sus decoraciones historiadas en pleno, en las que la superficie de la pieza sirve, a modo de lienzo, para desarrollar amplias composiciones, a veces con numerosos personajes, generalmente con fondos de arquitectura. Fue famoso el servicio fabricado para Isabel de Este, repartido hoy entre varios museos. En todos estos hornos triunfa la estética renacentista, empleándose preferentemente en la decoración de las pie. zas de vajilla (platos, fuentes, jarras, albarelli) los grutescos en sus múltiples versiones y los temas mitológicos y bíblicos. En estas pinturas se pone de manifiesto el dominio de la perspectiva y el escorzo y cierta afición por el desnudo.En la segunda mitad del s. XVI destaca Orazzio Fontana, nieto de Pellipario, instalado en Urbino y creador del estilo barroco-rafaelesco, en el que toma como modelo la decoración de las Estancias del Vaticano. Por influencia del estilo llamado a compendiarlo se prefieren los fondos blancos, destacando sobre ellos pequeños grutescos de suave policromía. El centro de estas labores, generalmente hechas a molde, se reserva para una escena historiada. Pésaro, Deruta y, sobre todo, Gubbio, -se especializaron en la incorporación del reflejo metálico a las mayólicas policromadas, que adquieren así su máXIma belleza. El maestro Giorgio Andreoli, de Gubbio, decoraba con lustre, no sólo las piezas salidas de su taller, sino las procedentes de los demás grandes hornos italianos que, una vez terminadas, se enviaban a Gubbio para recibir el reflejo metálico con el que se enriquecían aún más sus policromías.b. Azulejos renacentistas sevillanos. En época muy temprana, a comienzos del s. XVI, vivía en Sevilla un artista italiano, Niculoso Francisco, il Pisano, que dominaba ya la técnica de la mayólica y que pasa por ser el introductor en España de estas novedades ligadas al Renacimiento. Instalado en Triana, su éXIto fue rápido, ya que recibió en seguida importantes encargos de azulejos. Entre ellos sobresale el de la capilla de los Reyes Católicos del Alcázar. Esta obra, firmada y fechada (1504) consta del retablo y del frontal. Niculoso funde aquí diversos estilos y tradiciones, pero la obra supone una novedad, especialmente por la incorporación del azulejo a la decoración de muros, a base de temas historiados, cuyo desarrollo exige muchas piezas, que así se convierten en soporte de importantes composiciones pictóricas. Niculoso se inspiró, para los motivos centrales del retablo y frontal (Visitación y Anunciación) en grabados góticos hispano-flamencos, pero en los temas decorativos secundarios emplea ya grutescos renacentistas sobre un característico fondo ocre. Toda la policromía se debe a la paleta de gran fuego, lo que demuestra su conocimiento de la mayólica. Entre las principales obras de il Pisano figura también la portada del convento de S. Paula. La semilla sembrada por este artista tardó en fructificar, ya que su obra no tuvo inmediatos continuadores. Hay que esperar unos 30 años para que reaparezca el gusto por las grandes composiciones de azulejos. Este hecho se relaciona con la llegada a Sevilla, procedente de Amberes, de otro pintor alfarero, Frans Andries, introductor de las decoraciones renacentistas flamencas. En el último tercio del s. XVI se realizaron las extensas composiciones de azulejos de las salas bajas del Alcázar de Sevilla, obra de Roque Hernández y Cristóbal de Augusta.4. Cerámica de Talavera de la Reina. Aunque consta la existencia de hornos anteriores, el apogeo de la c. talaverana se inicia a mediados del s. XVI, cuando la técnica de la c. pintada de origen italiano se difunde por los hornos españoles. Todas las labores talaveranas son de loza, decorada en azul de cobalto o policromada con la paleta de gran fuego, siempre sobre vidriado estannífero blanco, o esmalte. A lo largo de los s. XVI, XVIIy XVIII los hornos de Talavera realizaron numerosos conjuntos de azulejos e infinidad de piezas de vajilla y adorno. La primera obra documentada es la de los azulejos encargados por el P. Villacastín, a partir de 1570, al alfarero Juan Fernández, para decorar varias estancias del monasterio de S. Lorenzo de El Escorial. Aquí se inicia una relación entre los alfareros talaveranos y los jerónimos de El Escorial que continuará hasta el primer tercio del s. XII, en que los monjes son expulsados como consecuencia de la desamortización. Por eso puede afirmarse que el monasterio de El Escorial es el cliente más fiel, a lo largo de tres siglos, de los hornos talaveranos.Los primeros azulejos escurialenses realizados por Juan Fernández, y conservados en gran parte, están ornamentados con motivos vegetales, de florón principal y de florín arabesco, interpretados en azul sobre blanco. En esta obra se acusa ya la influencia de las ornamentaciones renacentistas flamencas, y el hecho se relaciona con el establecimiento de la corte y en Talavera de un pintor alfarero de Amberes, fan Floris, Juan Flores para los españoles, que fue nombrado criado de Felipe II en su calidad de maestro de hacer azulejos. Las piezas de vajilla fabricadas para el monasterio de El Escorial (platos, fuentes, orzas, jarrones) llevan escudos con el león rampante de los jerónimos y la parrilla de S. Lorenzo. Casi todas las composiciones talaveranas del s. XVI son de carácter religioso, destacando las del atrio de la ermita talaverana de la Virgen del Prado, procedentes del desaparecido convento de S. Antón, inspiradas en grabados manieristas italianos. El éXIto de la azulejería de Talavera fue extraordinario, continuando su producción a lo largo del s. XVII, Salón del Ayuntamiento de Toledo, y del XVIII, convento de Carmelitas, en Toledo también. La producción de piezas de vajilla fue variadísima. Los ejemplares más antiguos, dentro de la tradición mudéjar, van decorados solamente en azul oscuro sobre vidriado blanco imperfecto, con temas de fauna en el centro de los platos y una especie de mariposas estilizadas en el cerco. A fines del s. XVI se acusa la influencia de la mayólica italiana, especialmente de la faentina y urbinesca. Muy originales son las piezas de la llamada serie "punteada", con perfiles en azul y motivos en azul, amarillo-ocre y algo de verde, frecuentemente figurados. Muy numerosas son las labores (platos, jarros de pico, tinteros, pilas de agua bendita, botes) decoradas en azul, naranja y manganeso, fabricadas desde fines del s. XVI y a lo largo del XVII.Sin embargo, lo más característico de la producción talaverana es la serie policroma, en la que se plasman todas las posibilidades cromáticas de la paleta de gran fuego; los temas preferentes son las cacerías, a veces inspiradas en grabados de Stradanus y A. Tempesta, acoso de toros, juegos de niños, escudos y ciertos temas vegetales, entre los que figura la llamada flor de patata. En la primera mitad del s. XVIII predomina la decoración en cobalto, el célebre azul talaverano, con paisajes de árboles estilizados, escudos y animales. La decadencia de los hornos se hace evidente al avanzar la centuria, y para tratar de sobrevivir imitan las labores de la fábrica de Alcora, introductoras en la Península de las modas francesas. La guerra de la Independencia fue un rudo golpe para estos artesanos, y por eso la producción del s. XII es mucho más reducida y muy popular. Entre los temas ornamentales figuran en esa época los bustos de Fernando VII y algunos héroes de la guerra. A comienzos del s. XX la fabricación parece renacer con los hornos de Ruiz de Luna quien, imitando las labores renacentistas de azulejos y piezas de vajilla, evidencia su dominio de la técnica.La producción de Puente del Arzobispo está íntimamente relacionada con la de Talavera de la Reina, siendo difícil, en ocasiones, la atribución concreta de una pieza a uno u otro centro cerámico. Únicamente adquieren originalidad, dentro de su carácter esencialmente popular, las labores de los s. XVIII y XII decoradas con paisajes y animales policromados, en los que sobresale el característico tono verde esmeralda.5. Cerámica catalana. Cataluña conoció desde el s. XVI la mayólica italiana, pero hasta el s. XVII no se fabricaron en sus hornos labores propiamente renacentistas, ya que continuaban aferrados exclusivamente a las tradiciones moriscas. Estas nuevas lozas (platos, orzas, botes de farmacia) van policromadas con esfinges, pájaros y flores. El cerco de los platos suele llevar una orla independiente, frecuentemente con margaritas, reservándose el centro para un tema figurado de acusada personalidad; también son frecuentes los barcos. En el s. XVIII decae este tipo de loza policromada, prefiriéndose la decorada en azul. Esta producción se había iniciado ya en la centuria anterior, con las series llamadas de la corbata y de la ditada. Tales nombres proceden de la decoración del cerco de los platos; la primera consiste en unos temas que lejanamente recuerdan una palma o una corbata de tipo chalina; la ditada o dedada alude a los sencillos trazos gruesos del cerco, hechos con el dedo. En el centro de los platos suele haber temas figurados, escudos, algún animal, motivos vegetales, etc. También es frecuente el tema llamado de la figueta y las orlas denominadas de la panocha. Reciben el nombre de orlas de transición (del XVII al XVIII) diversos tipos de cenefas de trazos gruesos e incurvados. Son típicos del s. XVIIl los motivos de la butifarra, de las cintas y los tulipanes en reserva.En la segunda mitad de dicha centuria, los hornos catalanes, como los talaveranos, acusan la influencia de la loza francesa, directamente o a través de Alcora, siendo frecuentes las puntillas popularizadas de tipo Berain. Los primeros azulejos renacentistas catalanes se fabricaron en Manresa por un talaverano, Lorenzo de Madrid, y estaban destinados a la decoración de los muros del Palacio de la Diputación de Barcelona. Otros conjuntos importantes de fines del s. XVII son los de la capilla del Rosario de la iglesia de Valls (Tarragona), decorados con temas alusivos a la batalla de Lepanto, y los de la Casa de Convalecencia del Hospital de Santa Cruz y S. Pablo de Barcelona, obra de Ll. Passoles. Tienen gran interés dos conjuntos de azulejos del Museo de Arte de Barcelona, procedentes de la Fuente de la Salud de Alella (Barcelona); uno representa una corrida de toros y el otro, llamado La chocolatada, es una merienda campestre con numerosos personajes dieciocliescos que comen y bailan. Dentro de la azulejería catalana de los s. XVII y XVIII ocupan lugar destacado los llamados azulejos de oficios, en los que además de éstos, se representan aleluyas y fábulas. Algunos van decorados sólo en azul, pero abundan más los policromados. Esta producción se continúa en los azulejos de Casas (Adelantos del s. XX) y Nogués (borrachos), de contenido humorístico. La c. catalana alcanza nuevos valores con el modernismo. Recordemos la importancia que Gaudí (v.) concede a la c. vidriada como decoración arquitectónica.6. Cerámica portuguesa e hispanoamericana. En general, todas las gentes derivadas del tronco hispánico sienten predilección por la c. en sus diferentes versiones. Las exportaciones de azulejos sevillanos y talaveranos a Portugal fueron numerosos desde el s. XVI, dando origen a una producción muy rica y variada. Desde mediados del s. XVII aparece ya un tipo de azulejería solamente decorada en azul, típicamente portuguesa, plenamente barroca, de grandes calidades pictóricas: Capilla do Desterro del monasterio de Alcobaça. También adquirió gran renombre la fabricación de piezas de vajilla y de adorno donde, junto a influencias talaveranas, se acusa la de Delf y, sobre todo, del Extremo Oriente. Típicamente dieciochesca es la producción de la fábrica lisboeta do Rato, que imita las lozas francesas.En la fabricación de la c. indígena de los pueblos americanos, a la llegada de los españoles, se desconocía el vidriado. Sin embargo, dicha c. poseía una gran belleza debido a las calidades de su barro, cochura y decoración. En México, la ciudad de Guadalajara continuó con esta producción llamada búcaro, decorada en blanco, negro y dorado sobre engalba lechosa, con motivos de flora y fauna indígenas y otros temas españoles y filipinos. Hay piezas que se decoran con relieves y figurillas, dejándose el barro visto. Puebla de los Ángeles recogió prontamente la influencia de Talavera aprendiendo a vidriar y policromar en azul, verde, anaranjado y negruzco. A partir del s. XVIII predomina la influencia temática china. Más importante aún, dentro de la c. poblana, es el capítulo de la azulejería; con un ardor decorativo sin parangón, los alfareros de Puebla recubren con sus azulejos vidriados edificios enteros, como S. Francisco Acatepec en Cholula. Entre los conjuntos de azulejería española importados a otros lugares de América destaca el del convento de S. Francisco de Lima, en Perú, de procedencia sevillana y relacionado con el estilo de Cristóbal de Augusta. Para la c. de la época prehispánica, v. por países en el artículo de Arte dedicado a dicha etapa.7. Cerámica en los Países Bajos, Francia e Inglaterra. Las dos ciudades de los Países Bajos más famosas por su producción de c. son Amberes y Delft. La primera se especializó, desde los primeros años del s. XVI, en la fabricación de azulejos renacentistas, decorados con la paleta de gran fuego, partiendo de la técnica de la mayólica. El principal introductor de este estilo fue Guido di Savino, identificado con Guido Andries, de Castel Durante. Pero la producción de Amberes no logra su completa personalidad hasta que no asimila los temas ornamentales de Piter Coecke Van Aelst y Cornelis Floris, a base de ferroneries y correas, con efectos de profundidad. Desde la segunda mitad del s. XVII, Delft ocupa el puesto principal en la c. europea; ello se debe en buena parte a que, ante la escasez de importaciones de porcelana china entre 1619 y 1680, los alfareros holandeses suplen con su propia fabricación la gran demanda. Aunque su producción es muy variada, predomina la técnica del gran fuego y la temática oriental, tanto en las piezas de vajilla como en las de adorno. El éXIto de la loza de Delft, cuyo antecedente es la original producción de Bernard Palissy (v.), declina ante el apogeo de las lozas francesas, especialmente las de Nevers, Rouen y Moustiers, que alcanzan su madurez, dentro de la técnica del gran fuego, en los últimos años del s. XVII y primer tercio del XVIII. En la segunda mitad de ese siglo, se impone la técnica del pequeño fuego, con la que se amplía la gama cromática, debido a que la decoración se pinta sobre el esmalte ya cocido, fijándose en una tercera cochura a fuego más suave de mufla. Los hornos de Estrasburgo, Niderville, Marsella y Sceaux tratan así de competir con la porcelana, dentro del estilo rococó. La c. Inglesa, inspirada frecuentemente en la del continente -gres alemán, lozas italianas y francesas, y porcelana sajona- alcanza su plenitud a fines del s. XVIII y comienzos del XII con las lozas de Josiah Wedgwood, de Staf fordshire, quien ejerció una poderosa influencia en toda Europa. Dentro del estilo neoclásico, fue un innovador técnico, utilizando gran variedad de pastas. Entre sus labores destaca la copia del famoso vaso Portland.8. Otras lozas españolas. Dentro de la c. española, la de Alcora representa la asimilación de las modas francesas de las épocas de Luis XIV y de Luis XV. El noveno conde de Aranda, fundador de esta manufactura en 1727, trajo para ello artistas franceses, especialmente de Moustiers, entre los que destaca lean Olerys, con sus delicadas ornamentaciones de guirnaldas y chinescos. Son también muy frecuentes en la primera época las puntillas y decoraciones de tipo Berain. Posteriormente se acusa la influencia rococó, con preferencia por las abigarradas rocallas, y luego la neoclásica, tanto en las piezas de vajilla como en relieves y esculturas (busto del conde de Aranda). Por influencia inglesa se trata de imitar también la loza fina o tierra de pipa, dejándose muchas piezas en blanco.Entre la loza fabricada a principios del s. XII figuran muchas representaciones de animales, que han recibido el nombre de fauna de Alcora. Técnicamente se abordan en la manufactura los tres procedimientos más difundidos en los hornos europeos, la loza de gran fuego, la loza fina y la porcelana, pero lo más típico de su producción corresponde a la primera modalidad. A comienzos del s. XII triunfan en España varias fábricas de loza fina estampada, siguiendo modas inglesas, destacando Sargadelos, Pickman, Cartagena y Valdemorillo. La fábrica de la Moncloa, surgida como continuadora de la Fábrica de Porcelana del Buen Retiro, realizó también muchos ejemplares de loza. La producción popular continuó mientras tanto en diversos alfares, especialmente valencianos, y los hornos de Manises conocen otra etapa de esplendor con la loza decorada en azul o policromada, de gran fuerza expresiva, en la que figuran las llamadas vajillas idílicas. Ya en este siglo, en su horno segoviano de San Juan de los Caballeros, los Zuloaga crearon lozas de gran calidad, demostrando un buen dominio de las más variadas técnicas cerámicas puestas al servicio de diferentes estilos. En la actualidad, la loza popular española, aferrada a sus tradiciones, continúa fabricándose en numerosos alfares diseminados por toda nuestra geografía. Así la producción de Fajalauza, en Granada, que sigue empleando su característica ornamentación de pájaros, hojas y flores, interpretada en azul o en verde y manganeso.V. t.: PORCELANA;LOZA.B. MARTÍNEZ CAVIRÁ.
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