Cerdaña GEOG.
Categoria:
Geografía
Comarca del Pirineo oriental, formada por la fosa tectónica homónima y las montañas que la rodean. Su hábitat celta parece haber influido en la nomenclatura del territorio. Formó parte, después de la conquista romana; de la provincia Tarraconense y, en esta época, comprendía ya algunas ciudades importantes, como Julia Líbica (la Llivia actual). Su historia, desde la época de las invasiones hasta el S. VIII d. C., no presenta ninguna particularidad ni especial personalidad histórica (v. ROSELLÓN). En el S. VIII aparece oscuramente un condado de C. que tenía como capital la villa de Hix, próXIma a Puigcerdá; esta última iría ganando importancia hasta sustituir a Hix como capital en el s. XII.La C., junto al Rosellón, Ampurias y Cataluña, formaba la Marca Hispánica (v.) en la administración carolingia, en el s. ix. La desmembración del Imperio era ya un hecho a fines de ese mismo siglo, durante el reinado de Eudes, y los condes pasaron de ser simples funcionarios a ejercer el dominio efectivo de sus territorios. La evolución fue lenta e imprecisa; pero, en semejante situación crítica, una familia se aprovechó para imponer su hegemonía sobre todo el territorio de la antigua Marca Hispánica. Los descendientes de un antiguo conde de Carcasona que vivió en la época de Carlomagno, Bellón, se distribuyeron los territorios comprendidos entre Carcasona y el Ebro, como investiduras que fueron concedidas por los reyes francos. Un hijo de Bellón, Suniefredo, acaparó los condados del Urgel-Cerdaña, Barcelona-Gerona y Narbona; otro, Suniario 1, los de Ampurias y Rosellón; otro, Gislafredo, el de Carcasona. Suniefredo, a su vez, repartió sus condados entre sus hijos del siguiente modo: Wifredo el Velloso recibió el bloque Urgel-Cerdaña-Barcelona-Gerona; Mirón, el señorío de Conflent (al E de C.); Radulf, el Besalú; y Suniefredo II la abadía de Arlés. De este modo va a quedar C. incorporada a la historia feudal de Cataluña. Hacia el comienzo del s. X, el condado de C. fue entregado a un hijo de Wifredo el Velloso, Mirón II, constituyendo así una unidad relativamente autónoma con respecto a los condes de Barcelona y pareja a otros condados pirenaicos, los de Besalú y Rosellón. A Mirón II le sucedió su hijo Seniofredo (927-967) y a éste su hermano Oliva Cabreta (967-990), a quien heredó su hijo Wifredo II (990-1035) y, después, su nieto Raimundo (1035-68). La dinastía terminaba, a comienzos del s. XIl, con Guillermo Jordá, muerto sin descendencia.La influencia catalana fue muy fuerte, como lo atestigua la adhesión del condado de C., primero, y del Rosellón, después, a los Usatges catalanes, primer código feudal que establecía los derechos y deberes de señores y vasallos en todos los campos, así como las disposiciones sucesorias y cuya parte más antigua fue redactada entre 1058 y 1068. De este modo, los condes de Barcelona, que accederían a la realeza en 1137, por el matrimonio de Ramón Berenguer IV con Petronila, la heredera de Aragón, disponían de una legislación común en todos los territorios transpirenaicos que se disponían a absorber. Esta relación con la historia de Cataluña culminó en el primer cuarto del s. XII con la anexión de C. al condado de Barcelona (v.), por herencia a favor de Ramón Berenguer III, conde de Barcelona. En las complicadas relaciones políticas entre Cataluña y Aragón, la C. fue cedida a este último en la persona de Alfonso II y en esta situación permanecerá hasta finales del s. XIII (1276) cuando, muerto Jaime 1, fue heredada por su hijo el rey de Mallorca.El reino de Mallorca fue creado por Jaime I para su hijo menor Jaime y estaba constituido por las islas de Mallorca y de Ibiza, recientemente conquistadas a los musulmanes, y las posesiones que la corona aragonesa había conservado en la Francia meridional después del tratado de Corbeil entre Jaime 1 y S. Luis, es decir, el señorío de Montpellier, la baronía de Aumelas, el vizcondado de Carlat y los condados de Rosellón, C., Conflent y el Vallespir. Después de sufrir los avatares de este efímero reino mallorquí, C. volvió a la corona de Aragón en 1344, con Pedro IV, al igual que el resto de los condados pirenaicos, excepto Montpellier, que quedó en poder de la corona francesa.El cambio de dinastía en Aragón, cuando entró a reinar la casa castellana de los Trastámara (v.), provocó problemas intestinos que iban a afectar al destino político de C. Alfonso el Magnánimo, sucesor de Martín el Humano y, por tanto, segundo rey de la nueva dinastía, desarrolló una política imperialista en el Mediterráneo que gravó onerosamente sus Estados y provocó el malestar general en Cataluña. Cuando le sucedió su hermano Juan lI (v.), la tirantez se acentuó al enfrentársele, como defensor de la causa catalana, su propio hijo, D. Carlos, príncipe de Viana. Prisionero D. Carlos de su padre, estalló la revolución catalana de la Generalitat, en defensa de las "libertades de la tierra". Juan 11 capituló, pero la muerte inesperada del príncipe de Viana agudizó el problema enfrentando las clases sociales: los payeses de remensa, fieles al rey, junto al clero y a la nobleza; las corporaciones artesanales y la burguesía, en franca rebeldía. Juan II buscó la ayuda del rey de Francia, Luis XI, y, para garantizar un "préstamo" de 700 lanzas (equivalentes a 300.000 escudos de oro), le hipotecó el Rosellón y la C. El tratado se firmó en Bayona (1462) y dio motivo al rey francés para poner pie en la C. Sin esperar el resultado del contrato, Luis XI ocupó militarmente los territorios hipotecados y proclamó la anexión de los condados de Rosellón y C. En sus nuevos territorios, considerados como provincia francesa, Luis XI estableció un virrey y un Parlamento, apoyándose en una familia local, los Oms; así, Bernard de Oms actuó como gobernador junto al virrey lean de Foix. Utilizada como arma de chantaje, Luis XI quiso negociar con la C., prometiendo su apoyo a Fernando el Católico en su lucha contra la nobleza castellana, caso de una negociación favorable que le permitiera conservar el Rosellón y la C.; pero ni Fernando ni su padre Juan II aceptaron. Posteriormente, Carlos VIII de Francia la devolvió (habían transcurrido 30 años), en virtud del tratado de Barcelona, como presa para contentar a Fernando el Católico, en vísperas de que el rey francés emprendiese su apresurada expedición a Italia. Carlos VIII quería tener las espaldas guardadas y, por ello, firmó un tratado tan beneficioso al rey español quien, a cambio, se comprometía a no intervenir en Nápoles, meta de la expedición francesa (1493).El Rosellón y la C. constituyeron el punto de fricción más sensible entre Francia y España, en el s. XVII (V. RoSELLÓN). Por fin, en 1659, por la paz de los Pirineos (v.), entre Luis XIV y Felipe IV, éste cedió a Francia la parte oriental del condado de C. (capital Montlouis), pese a las protestas del obispo de Urgel que mantuvo la reclamación de sus derechos hasta loss del s. XII. Por su parte, la zona occidental del condado de C. (capital Puigcerdá), fue repartida entre las provincias barcelonesa, gerundense e ilerdense. El condado de C., por lo demás, siguió avatares históricos paralelos a los del Rosellón, cuyo conocimiento es preciso para la comprensión de C.V. t.: ROSELLÓN; FRANCIA IV Y V.C. ALVAREZ SANTALÓ.
BIBL.: A. RovIRA I VIRGILI, História Nacional de Catalunya, Barcelona 1926; B. 1. ALART, Origens de la nacionalitat catalana, Barcelona 1878. V. t. la bibl. del art. ROSELLÓN.
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