Celtas. Historia HIST.
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Historia
1. Introducción. Los c. son un pueblo que se extiende por todo el interior de Europa y gran parte del Occidente, dejando sentir su influencia fuera de sus territorios ocupados, e interfiriéndose con la expansión del mundo clásico. Los c. forman uno de los grandes grupos étnicos de que hablan las fuentes antiguas, al situarlos en el occidente europeo ya en el S. VI a. C., época en que, según Hecateo de Mileto, la colonia focense de Massalia era vecina de la Céltica y en que, según el Periplo de Avieno, los c. habían empujado a los ligures (v. LIGURIA II) hasta los Alpes. Según Heródoto, los c. habitaban en la región de las fuentes del Danubio, ocupando las regiones atlánticas hasta las columnas de Hércules. En su expansión, Éforo, en la segunda mitad del S. IV a. C., les atribuye todo el noroeste del mundo conocido.Antes de las primeras noticias históricas sobre los c., sumidos ya en la cultura de La Téne (v.), eXIstió el viejo fondo céltico del final del Bronce y de principios del Hierro, de la cultura de los túmulos, paralelo a lo ¡lírico (v. ILIRIA), de la cultura de los campos de urnas (v. URNAS, CULTURA DE LAS) y a lo germánico. Algunos grupos de ese viejo fondo céltico indudablemente se desarrollaron dentro de la cultura de Hallstatt (v.). Prescindiendo de esta última civilización, que no corresponde exactamente a todos los grupos célticos, en el estudio de los pueblos c. se obtiene documentación firme a partir del S. VI a. C., cuando se inicia la cultura de La Téne, cuyo nombre proviene de un yacimiento suizo del río Thiéle, situado en una encrucijada de vías. Esta cultura, aunque oriunda de una amplia región de Europa central, afluyó posteriormente hacia Occidente, ocupando la totalidad de Francia y parte de la mitad nordoccidental de la península hispánica, extendiéndose desde las Islas Británicas hasta los Balcanes, con penetraciones en Rusia meridional y en el Ponto. Incluso pueden probarse ramificaciones anatolias, de la misma manera que la actuación de mercenarios c. en Asia, Sicilia, Cartago, Egipto, etc. La cultura céltica de La Téne es un producto del impacto mediterráneo sobre la cultura de Hallstatt, siendo su paralelo hispano la iberización.2. Tribus. Atendiendo a los datos suministrados por Hecateo, la céltica, del S. VI a. C. corresponde al hinterland de la Liguria, desde el Rin hasta el Atlántico y los Pirineos. Las tribus se van subdividiendo, mientras cambian de territorio, siguiendo generalmente una dirección E O. Los biturigos, asentados entre los ríos lndre y Loira, con su epicentro en Avaricum (Bourges), ocupan la Aquitania en la desembocadura del Garona, donde aparecen los biturigos viviscos, que fueron sometidos por César en el 50 a. C. Los volcos, originarios de Baviera y partícipes de las invasiones de Macedonia y Grecia, se subdividían desde el S. IV a. C. en dos grupos situados entre el Ródano y los Pirineos: al E los arecomicos y al O los tectosagos, sometidos por los romanos en el 118 a. C. La confederación de los aulercos comprendía tres grupos situados, los eburovices al sur del bajo Sena, en Évreux, y los otros dos grupos al oeste del río Sarthe: los diablintos en Mayenne y los cenomanos en Le Mans. Al S y SE de Francia los c. se mezclaron, formando sociedades mixtas celtoligures y celtibéricas en sentido lato. El viejo fondo hallstáttico de tribus diseminadas, convertido en cultura de La Téne por el impacto mediterráneo, concentra el habitat y levanta los oppida contra los que luchará César.Conforme avanza la segunda mitad del primer milenio, los datos sobre las tribus célticas son más abundantes y concretos. Los arvernos, establecidos en la actual Auvernia y rivales de los eduos, crearon en el s. ii a. C. un dominio que se extendía desde el macizo central y el Ródano hasta el Atlántico, habiendo sido sometidos por César en el 51 a. C. después de la conquista de Alesia. El poder de los arvernos se basaba en la posesión de la inexpugnable fortaleza de Gergovia, que dominaba las vías de penetración del Ródano al Atlántico. En el 121 a. C. los romanos apoyaron a los eduos en la conquista de la hegemonía de esta región. Los eduos en época de César habitaban la Borgoña y el Nivernesado con su capital Bibracta, poseyendo el puerto de Cabillonum en el Saona. Una rama de los eduos eran los insubros, participantes en la invasión de Italia en el S. V a. C. Merced a la alianza con los romanos conservaron su independencia hasta el 61 a. C., en que fueron vencidos por los suevos, arvernos y secuanos unidos, pero defendidos por César, fueron finalmente sometidos en el 51 a. C. Los secuanos, extendidos por el valle del Sena (Sekuano), fueron a establecerse al final del S. IV a. C. en el Franco condado.Los helvecios (v. HELVETIA), que habitaban primitivamente en Germania entre el Rin y el Main, eran famosos por su riqueza en oro procedente de las arenas del Rin. Con las invasiones de los cimbros del 113 a. C., en las que tomó parte la tribu helvética de los tigurinos, abandonaron el Württemberg, para instalarse en Suiza, al N. de Oberland. En el 58 a. C. a causa de las razzias de los suevos, emigraron, capitaneados por Orgétorix, hacia las Galias occidentales, siendo detenidos por César en su avance.3. Estructura social. La estructura social de los c. se basa en la civitas, es decir, en el conjunto de ciudadanos que componen un pueblo, siempre más fuerte que el oppidum, la fortaleza o ciudad-estado, que no tiene fuerza entre los c. frente al poder de la tribu, de carácter ancestral y de fuertes raíces en la Prehistoria. La tribu abarcaba varios clanes y familias con sus clientelas. Las clientelas familiares, transformadas en personales, llegan a destruir la autoridad patriarcal de las tribus. El concepto griego y romano de libertad no eXIstía entre los c., ya que las civitates se estructuraban en castas autoritarias y masas de clientes que formaban ejércitos tribales.4. Economía. El comercio funcionaba a través de las civitates. Según la distribución de los hallazgos arqueológicos, puede definirse la intensidad y la dirección del comercio. En el S. V[ a. C. la región celtizada del bajo Ródano y las zonas vecinas hasta la Borgoña, se llenan de productos griegos e itálicos, mientras que a partir del S. V los hallazgos de estos productos escasean, a la vez que abundan sobre todo los objetos de coral en el nordeste, en el bajo Rin y en Baviera, a donde penetran las importaciones mediterráneas a través del Po y del Tesino. Este cambio de rutas y centros comerciales de la Céltica está condicionado por la política cartaginesa (v. CARTAGINESES), que intercepta los intereses griegos de Massalia. A pesar de este cambio económico, el sudeste y el centro de las Galias no deja de seguir importando materias primas, como ámbar, coral y pasta vítrea, como únicos productos extranjeros. Naturalmente al disminuir las importaciones reducidas exclusivamente a armas, mobiliario y otros objetos fabricados en serie, da un gran avance el artesanado local. La cerámica campaniense, barata, hace su aparición y desplaza los vasos locales del sudeste de las Galias y de la región transalpina. Con las victorias romanas sobre Cartago, el comercio se regularizó, traficándose productos agrícolas, como vino y aceite, hacia el interior de las Galias. Estas importaciones eran menores que los productos exportados, consistentes en ganadería, carne seca, pieles, tejidos y minerales, siendo el ámbar un producto que, proveniente del Báltico, atravesaba las Galias. Entre los metales era el oro la base de la economía comercial. Por eso la expansión céltica se dirige muy primordialmente a zonas ricas en agricultura y en minas y sobre todo en oro, como en Galicia e Irlanda, lo cual explica los grandes movimientos de pueblos. Pero también estas emigraciones tomaban a menudo el carácter de mercenariado, como sucedió en ciertas monarquías helenísticas o en Cartago, de aquí que no se admita el nulo sentido imperialista de la expansión céltica, ya que esto presuponía una fuerte organización central que no eXIstía. La expansión céltica se realizó en función de factores económicos y demográficos, llegando a crear una auténtica unidad cultural europea, compleja, de carácter continental, aunque participasen de esta unidad las Islas Británicas, herederas de las viejas civilizaciones del Bronce, con un comercio caravanero y sus instituciones de tipo tribal.La economía céltica da un gran paso con la introducción de la moneda en el s. ni a. C. Del tributo de las ciudades griegas y de los sueldos de los mercenarios, comenzaría a afluir entre los c. del Danubio estáteras de oro de Filipo II, que contribuyeron decisivamente a la introducción de la moneda de módulos y tipos del mundo helenístico, utilizándose la plata para la economía interna y el oro para el comercio exterior. Además de la vía danubiana, el foco de la colonia de Massalia fue el introductor de la moneda griega en la Céltica occidental y en Italia septentrional, moneda que fue suplantada por la romana.5. Islas Británicas. La expansión céltica afectó también a las Islas Británicas, de lo cual tenemos las primeras noticias en el S. IV a. C., aunque comenzase en fecha anterior. Los nombres de los pueblos atrebates y parisii indican su origen galo. En el s. I a. C. varias tribus belgas penetran en Inglaterra, celtizando las zonas más desarrolladas y conservándose hasta el s. I d. C. la organización social céltica como una autonomía tribal. El carácter conservador del celtismo británico se observa en su estructura de fortificaciones junto a los ríos, en el uso del carro de guerra por parte de los jefes, aparte de ciertas costumbres prehistóricas en la comunidad de mujeres. La agricultura estaba retrasada, la ganadería muy próspera y la minería, principalmente de estaño, gozaba de justa fama, a pesar de que César dice que los bretones, habitantes del sur de Inglaterra, importaban el bronce de las Galias. La moneda de lingotes metálicos perduró hasta el final del s. I a. C.6. Expansión oriental. Desde el Rin medio y bajo el núcleo político y económico de los c. en el S. V a. C., deja sentir su influencia en las mesetas de Bohemia y Moravia, acrecentándose el celtismo en estas regiones en los siglos siguientes con las fases media y tardía de La Téne. Los poblados se emplazan en alturas, como el oppidum de Stradonice, construido por los boienos en el s. I a. C. y destruido por los marcomanos ca. el 10 a. C. El poblado estaba rodeado de murallas en terrazas de piedra, abarcando 140 Ha. con casas rectangulares de madera, talleres, forjas, etc., y con unos materiales arqueológicos que definen su riqueza y sus relaciones comerciales con el Mediterráneo y con toda la Céltica. En su expansión los c. prosiguen al sur del Danubio por el Nórico, basándose en la exigua población indígena y en su superioridad militar. Los topónimos Taurus (tauriscos) y Vindobona (Viena) son de los pocos vestigios que quedan de esta ocupación, a parte de los antropónimos célticos de la Panonia, conservados en la epigrafía romana del s. I d. C. Pero esta expansión es débil y debida a pequeñas comunidades que se mezclan con las poblaciones indígenas.7. España. Es evidente que grupos célticos atravesaron los Pirineos hacia la península Ibérica. Los túmulos de incineración, de raíces hallstátticas, aparecen diseminados en la mitad nordeste y centro de la Península. Aparte de la temprana fecha de los primeros túmulos hispanos precélticos, a partir del S. VI a. C., los ajuares, compuestos de fíbulas diversas, broches de cinturón, espadas de antenas, lanzas, arneses de caballo y cerámicas denotan una clara raigambre céltica. El primer autor clásico que habla de c. en la Península es Heródoto: "Los celtas están fuera de las columnas de Hércules y limítrofes a los kynessioi que en el Occidente son el último pueblo de Europa" (11,33). Aristóteles (Meteorológicas, I, 13,19) habla de la montaña de Pyrene en la Céltica. Éforo, ca. el 350 a. C., mostraba la extensión de la Céltica que llegaba hasta Cádiz (Estrabón, 11,19). Eratóstenes influido por Estrabón, afirma que las costas occidentales de la Península pertenecían a los c. (Estrabón, 11,4,4). Las fuentes, sobre todo por parte de Estrabón, Mela, Plinio y Ptolomeo, se hacen más específicas a partir de la conquista romana, época en que los pueblos c. de la Península habían sufrido una fuerte evolución autónoma. Esta cultura hispana de tipo céltico, coetánea a la de La Téne, ha sido denominada poshallstáttica.Entre las tribus célticas desde el S. VI al III a. C. hay que mencionar a los cempsas al sur de Portugal y a los sefes. Los arubos de Galicia son los ártabros (v.) posteriores. Los beribraces habitaban en los límites de Castilla y Valencia. Desde el S. III a. C. eran denominados callaeci (v. GALAICOS) los pueblos del noroeste de la Península, eXIstiendo distinción entre los cállaeci lucenses y los callaeci bracarenses (v. BRACAROS), cuyos centros eran Lucus Augustus y Bracara respectivamente. Los c. habitaban también entre el Duero y el Tajo por la parte de Lusitania, en el suroeste de la Península y entre los oretanos (v.). En el alto Ebro y al nordeste de la Meseta se menciona a los berones y a los turmódigos. Los vacceos (v.) viven en las planicies de Burgos, Palencia, Valladolid, León, Zamora y Segovia. Al sureste de los vacceos se extendían los territorios arévacos con toponimia céltica y al suroeste los vetones (v.). En el s. ii a. C. los romanos llamaban celtíberos (v.) a los pueblos de la Meseta, aunque estrictamente los celtíberos habitasen la parte oriental, limitados por vacceos, berones, edetanos (v.) y carpetanos (v.). Entre las tribus celtíberas se distinguen dos grupos: los citeriores y los ulteriores. Correspondían a los celtíberos citeriores los lusones, tittos y bellos. A los celtíberos ulteriores correspondían las tribus de los olcades, lobetanos, turboletas, arévacos, y pelendones.8. El habitat. A pesar de su movilidad, los c. fueron grandes deforestadores de las regiones que iban habitando, ya que, desconociendo la mampostería, construían sus poblados casi exclusivamente de madera, sirviendo el bosque como límite de tribus o mejor, como tierra de nadie. Sus territorios estaban dotados de espesas redes de caminos que convergían en los oppida. Estas vías, que evitaban los valles y tendían a las alturas, engendraron el comercio entre las tribus, habiendo sido posteriormente reutilizadas y rehechas por los romanos. Además de las vías terrestres, fueron muy utilizadas las vías fluviales. El trayecto entre las costas del norte de las Galias y el Mediterráneo se salvaba en un mes, eXIstiendo entre las tribus el derecho de peaje. Los habitats célticos se reducían a dos tipos: los oppida, emplazados en alturas, fortificados natural y artificialmente, y los puertos fluviales, además de las pequeñas aldeas o vici. El estudio del habitat céltico presenta dificultades, debido a la corta duración de los yacimientos a causa de las constantes migraciones. Incluso, los grandes oppida pertenecen generalmente a la época tardía de La Téne, a un momento de los s. II y I a. C., época de grandes convulsiones que termina con la conquista romana (v. ROMA III, I), a pesar de su temprana aparición con las invasiones de los pueblos del norte y centro de Europa, de marcado carácter hallstáttico, según prueban las estratigrafías de algunos oppida. Si se exceptúan algunos yacimientos del sur de Francia, como Ensérune o Cayla de Mailhac, los restantes poblados célticos no obedecen a ningún plano urbanístico, constando de cabañas redondas primero y rectangulares después.9. Etnografía. A través de las fuentes y de la arqueología ha podido reconstruirse la vida de las poblaciones c., tanto en el centro y oeste de Europa como en la península Ibérica. En la Meseta hispana la mujer gustaba de llevar vestidos de colores y en Galicia de color rosa, utilizando también mantos y mantillas. Los hombres se vestían con el sagum de lana negra a manera de capa abierta. El alimento principal era la carne, casi cruda y sin sal, haciéndose gran consumo de bellotas, a veces amasadas para pan, y de cerveza, de trigo o cebada. La agricultura conocía el arado. El caballo era elemento esencial y muy particularmente para la guerra. La metalurgia del hierro se practicaba en España especialmente en la región del Moncayo y en Galicia. En cuanto a la familia, eXIstía la monogamia. Aunque la propiedad individual era una institución común, entre los vacceos se practicaba una especie de comunidad de la tierra. El régimen de gobierno en la Meseta tenía carácter democrático, eXIstiendo el Senado para la elección de caudillos adiestrados en la táctica de la guerrilla. Como rasgos espirituales de los c.- hispanos sobresalían la gratitud, la fidelidad, la generosidad, la arrogancia, el desprecio a la muerte, la resistencia al dolor, el valor, el amor a la independencia, la sobriedad y el respeto a los ancianos, aunque también eran normales la ferocidad, indisciplina y anarquía.Todos estos pueblos c. hispanos, a la vista de la arqueología no presentan el grado de evolución cultural de los pueblos ibéricos, en contacto directo con el Mediterráneo desde tiempos anteriores. Sin embargo, en algunos aspectos, como, p. ej., el bélico (eran eminentemente guerreros), superan en las armas a los pueblos de la periferia meridional y oriental. Incluso en arquitectura militar construyeron fortalezas, apenas superadas por los iberos (v.), como es el caso de Numancia, Termancia o los castres abulenses de La Osera o Las Cogotas (v. II).M. PELLICER CATALÁN.
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