Celtas. Arqueología.
Categoria:
Cultura
Paulatinamente se van desvelando los problemas sobre el origen y significado de los pueblos c. que a partir de la Edad del Bronce (v.) configurarán el poblamiento de Europa. Los c. aparecen en el sur de Alemania, países renanos, este y centro de Francia. La arqueología, con su testimonio sobre la vida y formación de este pueblo en los momentos inmediatamente anteriores a la aparición de las primeras noticias históricas, la filología y la antropología, han servido para construir básicamente la idea del pueblo c., antropológicamente caracterizado por la generalización del rito funerario de la incineración (v. FUNERARIO, ARTE); filológicamente unido al origen de los idiomas indoeuropeos, problema este muy debatido, dado eJ escaso conocimiento sobre la formación del idioma céltico, desgajado sin lugar a dudas de esa gran familia lingüística; y arqueológicamente dependiente de dos manifestaciones culturales básicas: las denominadas cultura de los Túmulos y cultura de los Campos de Urnas.Desde el punto de vista de la ciencia arqueológica, el problema del origen del pueblo c. va unido a la cultura de los Túmulos; especie de sustrato protocéltico que da lugar al nacimiento de los pueblos célticos históricos. Esta cultura, que se desarrolla en la Edad del Bronce desde el centro de Francia al valle del Saale, con extensiones marginales hacia Polonia y Yugoslavia, ofrece, pese a su notable dispersión, una unidad indiscutible, aunque algunos tratadistas vean subdivisiones comarcales y cronológicas. Étnicamente se trata de un hibridismo racial formado en Alemania central al final del Neolítico centroeuropeo; se extiende por regiones antes inhabitadas, con una economía pastoril basada en el ganado de cerda, que aprovecha los inmensos encinares que cubren Europa en la etapa climática y suboreal y progresivamente se infiltran en los valles fluviales del centro europeo, desplazando a poblaciones neolíticas de agricultores. Desde el- punto de vista arqueológico, reciben el nombre de pueblos de "la cerámica de cuerdas", por la manera de adornar sus útiles cerámicos con impresiones de cordones retorcidos sobre el barro aún húmedo, y junto con estas cerámicas distribuyen, hasta Suiza por el S y hacia el N por el Rin, un rito de enterramiento consistente en grandes túmulos formados por piedras y tierra, teniendo en un principio la incineración como rito funerario base, que paulatinamente, al entrar en contacto con nuevos elementos etnográficos, se convierte en inhumación en la gran mayoría de los casos. Como pueblo pastor, aferrado a un conservadurismo excesivo, mantiene durante mucho tiempo su utillaje de piedra, incluso en épocas en que sus vecinos conocen ya la metalurgia. Estos pastores imponen sus formas culturales a partir del Bronce 11 por toda la Europa central, basados en elementos culturales muy diversos y de muy distintas razas, mezclando tipos alpinos, procedentes de las culturas palafíticas europeas, con grupos mediterráneos hispano-franceses, haciendo además acto de presencia, con fuerte influjo, el pueblo del Vaso Campaniforme (v. CAMPANIFORME, CULTURA).Económica y socialmente, este pueblo conserva muchas de sus tradiciones de la Edad de Piedra y su personalidad aparece muy confusa hasta bien entrada la Edad del Bronce, cuando posiblemente por medio de la piratería, se acoplan a los utensilios de bronce. Sus únicos elementos materiales importantes son en esta época el metal, el ámbar y las cuentas de vidrio, con los que poco a poco establecen una serie de rutas comerciales. Sus poblados suelen ser pequeños, en lugares de difícil acceso, lomas altas, tierras abruptas, construidos cerca de los túmulos funerarios a base de chozas de madera de forma cuadrada o de planta cuadrada e, incluso a veces, su habitat se reduce a la utilización de simples cuevas. Sus utensilios más corrientes son la daga, la lanza punzante y el escudo redondo, las hachas sin perforar y los cuchillos. Tienen una gran importancia sus objetos de adorno, entre los que destacan los brazaletes cincelados, los alfileres de cuello estrecho y los collares de cuentas de ámbar y vidrio, siendo peculiar de las mujeres adornarse con anillos y tobilleras.El otro elemento cultural básico está formado por la población de los Campos de Urnas, cuyo origen hay que situar al E de la cultura de los Túmulos y está formado en Lausacia, continuando la denominada cultura de Aunjetitz, poblando las tierras bajas del centro de Europa con una gran variedad de culturas locales, cuyo elemento cultural básico es el enterramiento de sus individuos, en urnas, una vez incinerados. Al igual que en el caso de la cultura de los Túmulos, la raza creadora de estas civilizaciones es el resultado de una serie de mezclas, llevadas a cabo durante el Bronce medio y el final, a partir de elementos neolíticos danubianos, alpinos y dolicocéfalos nórdicos, no faltando tampoco elementos de la población del Vaso Campaniforme. Al principio llevan a cabo sus enterramientos en túmulos e incluso tienen una etapa en la que no predomina la incineración, y muchas veces forman grandes túmulos donde se coloca al enterrado con sus armas y objetos de uso particular, dando la sensación de tratarse de gentes de cierto realce social.Es una población sedentaria, pues sus enterramientos están formados por cientos de sepulturas y abarcan siempre diferentes periodos. Solían formar villas de disposición regular, sin protección militar alguna, con casas paralelográmicas que recuerdan el megaron micénico con un pórtico amplio, porche con pilares, hogar permanente en la habitación principal y paredes de vigas horizontales, sostenidas por postes con cubierta de ensamblaje de madera. Se trata de un pueblo agrícola que posee animales domésticos, entre los que juega un gran papel el caballo. Mantienen un comercio muy activo, fundamentado generalmente en la metalurgia y si no llegan a ser mineros, al menos se acercan mucho a los centros productores de mineral, como lo demuestran los campos de urnas de la Eslovaquia central.Su útil más típico está formado por el hacha tubular con o sin asa lateral, de aletas cerradas o el tipo de talón angular. Usaban anzuelos de bronce para pescar y conocían cuchillos y hoces de varios tipos y formas, además de artefactos de cuerno, hueso y piedra pulimentada. Su arma principal era el arco, con flechas de sílex, hueso o bronce; las puntas de lanza, lanceoladas y las espadas con empuñadura de lengüeta; sus elementos de ornamentación más comunes eran los alfileres de tipo de rueca, las fíbulas de tipo de arco de plata y espirales, los brazaletes y los cordones con espirales, conociendo también el oro, el ámbar y el vidrio.Los primeros hallazgos en España señalan al Pirineo como ruta secular de las relaciones entre aquélla y Francia para esta cultura de los Campos de Urnas, con una cronología muy tardía, pues si bien sus elementos culturales pueden colocarse tipológicamente dentro de los Hallstatt A y B europeos (v.), parece que a España llegan con posterioridad, sirviendo de ejemplo el hallazgo de la ría de Huelva, fechado en el 750 a. C. Desde el punto de vista filológico, se han dado tres versiones fundamentales para el estudio del poblamiento c. de la Península. E. Hübner defendió la tesis ligur, según la cual todo el Occidente, incluso España, habría sido indoeuropeizado por este pueblo, mientras que otros atribuyen tal hecho a los ¡lirios, y una tercera teoría a los c., como principales elementos transformadores de la etnogenia española. Las tres afirmaciones con sus defensores y detractores tienen sus puntos de vista muy discutidos, dados los inseguros puntos de apoyo que tienen. Lo cierto es que a partir del S. III, a medida que los historiadores romanos describen la geografía y etnografía de España, se intercalan las denominaciones de ibero y celtíbero (v.) para designar los habitantes de amplias zonas de la Península y que, efectivamente, los calificativos de iberos, c., ligures y otros, no son fáciles de repartir sobre el terreno peninsular, dado que muchas veces parecen estar las descripciones cargadas de gran confusionismo.Evidentemente, los romanos supervaloraron lo ibero; la arqueología va demostrando hasta qué punto fue falso o por lo menos convencional, señalando la importancia que en la formación de los pueblos prerromanos peninsulares tuvieron los elementos europeos, quedando en general lo ibero y africano sometido y con menor fuerza cultural, sobre todo en las regiones al norte del Tajo y Júcar, donde viven los núcleos de población más vitales de España y donde, desde el Paleolítico, se puede ver el predominio de lo que con Europa nos enlaza.V. t.: HALLSTATT, CULTURA DE;LA TÉNE,CULTURA DE.M. ALMAGRO BASCH.
BIBL.: 1. M. MALUQUER DE MOTES, Los pueblos de la España céltica, en HE 1, 111, 1954; M. ALMAGRO, La España de las invasiones célticas, en ib. 1, 11, 1952; H. HUBERT, Los celtas y la expansión céltica hasta la época de La Téne, México 1957; P. BoscH GiMPERA, Les mouvements celtiques. Essai de réconstitution, "Rey. d’Études celtiques", París 1957.
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