Cellini, Benvenuto
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Biografía GER
Vida. Orfebre, escultor, medallista, entallador de sellos y escritor italiano. N. en Florencia el 3 nov. 1500 y m. en la misma ciudad el 13 feb. 1571. Aprendió el arte de orfebrería y trabajó en él en Florencia y Roma (152327) permaneciendo cortas temporadas en Mantua y Nápoles. Durante los a. 1537 y 1540-45 permaneció en la corte de Francisco I de Francia y luego en Florencia, de nuevo, hasta su muerte. Es, sin duda, el más célebre de todos los orfebres. Escribió de 1558 a 1562 su biografía, que es uno de los grandes documentos de la historia de la Humanidad; es obra de una franqueza, de una sinceridad apabullante, que con frecuencia linda con el cinismo; tiene la virtud de hacer vivir todo un momento de la Historia con su lenguaje vivaz, sin adornos, espontáneo, como de calle y taller; no oculta las peculiaridades de su carácter, ni el alardear en ocasiones de sus fechorías. Se pinta a sí mismo como un hombre turbulento, apasionado, muy satisfecho de su obra y su personalidad, extraordinariamente orgulloso. A través de las páginas de esa "vida" tenemos noticia de sus actos y de los acontecimientos y mundo en que vive: cuando Torrigiano (v.) regresó a Italia para reunir un equipo de artistas florentinos y llevarlos a Londres, C. rehusó formar parte del grupo, pues odiaba al que había roto la nariz a Miguel Ángel, que por toda la vida sería el gran ídolo venerado de C. Después, para escapar a las consecuencias de una pelea, se trasladará a Roma, donde abrirá taller y trabajará hasta el saqueo famoso de la ciudad por los imperiales en 1527 (v. SACO DE ROMA). Parece que él tomó parte activa en la defensa romana y asegura que él fue quien disparó contra el condestable de Borbón, matándolo. Trabaja después en Mantua y Florencia, para volver en 1529 a Roma para trabajar a las órdenes de Clemente VII como orfebre y medallista. Los diez años siguientes están llenos de sus pendencias, una de las cuales se acaba con la muerte de su rival y, para hacer olvidar el recuerdo de sus violencias, se dedica de nuevo a viajar por Italia y Francia, en 1537, donde trabaja para el rey Francisco I, con el cual cumple sólo a medias, pero se considera descontento de la acogida.Así volvió a Roma, donde se le envió a prisión acusándole de haber robado joyas del Papa, durante el Saco; la prisión fue especialmente penosa y en una tentativa de evasión se hirió gravemente; la intervención del embajador de Francia le hizo recobrar la libertad, pero a costa de ir de nuevo a la corte de Francisco. Fue en esa estancia (1540-45) cuando hizo el famoso salero conservado en Viena, y el modelo de la Ninfa de Fontainebleau. En 1545 se le acusó de haber escamoteado plata entregada para sus trabajos (y, por otra parte, su rápida escapada a Florencia parece confirmar la acusación). De nuevo en su ciudad es recibido afectuosamente y con interés por el duque Cosme I de Médicis para el cual y para su esposa trabajará asiduamente y recibirá de ellos pruebas de atención; será primero el busto en bronce (1546) del duque, al mismo tiempo el encargo del Perseo que se instalará en la Loggia dei Lanzi en 1554; se retarda, amorosamente, en contar los detalles de sus relaciones con los duques y de la elaboración y fundición de su obra maestra; es sin duda uno de sus más floridos momentos. Los últimos 20 años de su existencia se pueblan de múltiples incidencias: las querellas encarnizadas con el escultor Bandinelli, un conato de hacerse religioso, un nuevo encarcelamiento por acusación de sodomía, un matrimonio secreto, etc. Pero también la redacción de la Vita y de tratados sobre orfebrería y escultura, con lo que queda completo el cuadro de su actividad.Obra. Este genio tumultuoso ha tenido en general "mala prensa" y, si bien su nombre ha permanecido, no se le ha visto casi nunca con simpatía y objetividad; el personaje ha deformado al artista. No hay duda de que en su momento fue el artista más significativo de Florencia, el más representativo; el más grande también. Su obra escultórica no ha recibido, como conjunto, la admiración que merecería en verdad; sólo su talento de orfebre extravagante ha permanecido, y esto envuelto en la riqueza del oro ennoblecedor; prueba bien evidente de la gloria de C. es el marchamo que se quiere adjudicar en todos los países de la Tierra a cuanta pieza de orfebrería refinada hay sin seguridad de autor. Así, los cellini son legión.El estilo de C. está marcado indudablemente por dos notas fundamentales: su calidad de orfebre y el ambiente manierista (v. MANIERIsmo). Hay un tono refinado y preciosista en toda su obra, e incluso esto se revela en las obras que no son orfebrería, sino bronces, como lo testimonian las figuras del pedestal de Perseo, de una exquisitez insuperable y que así fueron ofrecidas y juzgadas en el momento de su presentación a los duques, una noche, antes de colocarlas en el lugar a que las destinaba; él mismo dice: "Las coloqué en fila, un poco altas, de modo que lucieran bien. El duque vino en seguida a verlas, porque le dijeron que eran mejores que si fueran antiguas. Llegó con la duquesa y yo me apresuré a recibirlos... las dos altas personas se sentaron frente a las figuritas. Estuvieron admirándolas por más de dos horas"; ese clima es decididamente manierista, como lo es el sensual goce de las formas mórbidas, delicadas, depuradas y con marcados alargamientos de los miembros, el balanceamiento de los movimientos y la torsión de los cuerpos, la gracia artificiosa y la elegancia un poco afectada, pero indudable. Sin duda, C. intentó hermanar la belleza y delicadeza de los bronces antiguos, con el recuerdo de las sutilezas intelectuales de la escuela florentina sin olvidar como meta máXIma la fuerza y dramatismo de su admirado Miguel Ángel, cosa esta última que logró en su obra maestra, el Perseo. El goce por las obras bien hechas, bien concluidas, minuciosas y casi demasiado perfectas, con tersas, moduladas y sutiles superficies, aptas para el reflejo y el deslizar de la luz, nos revelan al orífice: basta comparar sus bronces con las figuras del salero del rey Francisco.La producción de C. nos ha llegado escasa. Vida tan agitada como la suya, sus rebeldías e inconstancias, su afán de vivir, sin duda le hicieron producir menos de lo que hubiese sido normal; pero, además, el hecho de una producción en metales (y más especialmente los ricos) está siempre sujeta al peligro de la fundición para su aprovechamiento material; sin duda ésta ha sido otra de las causas de la escasez actual de obras.La Ninfa de Fontainebleau es un gran relieve con evidentes arcaísmos y en el que se acusa al máXImo el alargamiento de las formas; el conjunto, un tanto heráldico, tiene tono de inmensa medalla. El busto de Cosme I (1546) es pieza de arte oficial de indudable perfección y un poco fría belleza, pieza también de virtuosismo, como si con ella quisiese asegurar al duque de la segura monumentalidad que prometía alcanzar en el Perseo, ante las dudas y escepticismos de Cosme, más por la inconstancia del artista que por duda real de su habilidad. El propio C. cuenta su pasión y emoción en la realización, en el fundido, de su famosa estatua; cuenta las incidencias y las arropa, sin duda, con el condimento anecdótico y casi romántico de una serie de detalles en que no falta ni la explosión del horno, ni el temporal, etc. La realidad es que la empresa era difícil, pues la actitud del personaje con la cabeza de Medusa pendiente de la cabellera de serpientes agarrada por la mano, alzada, con el brazo en triunfal gesto, imponía muy serias dificultades a la fundición. Pero el resultado fue óptimo y la bellísima estatua, mezcla de gracia y vigor, es una de las mejores obras de la escultura florentina. El pedestal, de mármol, se enriquece con las maravillosas estatuillas a que antes nos hemos referido y que son testimonio de la ductilidad del artista, así como la placa de la lucha de Perseo con el dragón, obra también de ejecución primorosa, hoy trasladada al Mus. Nac. de Florencia, para ofrecer espejo al Narciso de mármol, en que se repite la actitud de la Andrómeda del relieve. Ese Narciso, exquisito, tiene curiosas concomitancias con algunas cosas de Rodin y del estilo 1900. Obra peculiarísima es él desnudo Cristo en mármol, conservado en El Escorial, regalado en 1562 a Felipe II por el duque de Toscana; en su cabeza no hay duda del recuerdo de los Cristos miguelangelescos. De los tesoros de orfebrería que fabricó poco indudable nos ha llegado; la pieza más famosa, el salero de Francisco 1 (Viena), es obra complicada, en donde las figuras ofrecen los caracteres y actitud de la manierista Ninfa contemporánea. Más hermosa todavía es la Copa-Nautilus conservada en el palacio de Buckinham, de muy probable atribución; menos segura es la bella sirena de oro del Mus. del Prado.V. l.: ORFEBRERÍA; MEDALLA.FEDERICO TORRALBA.
BIBL.: F. RusSOLI, Scultura italiana: il Rinascimento, Milán 1967; T. HARLOR, Benaenuto Cellini, Madrid 1925; E. CAMESASCA, Tutla Topera del Cellini, Milán 1955; B. CELLINI, Memorias y otros escritos, Barcelona 1959.
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