Celo Biológico CIENCIA
Categoria:
Ciencia
La perpetuación de las especies se garantiza mediante la función reproductora, realizada en forma asexual o sexual. Esta última, por formación de células especiales denominadas "gametos", diferenciados en óvulos y espermatozoides (v. REPRODUCCIÓN I). Estos elementos, por fecundación (v.), externa o interna en el cuerpo de la hembra, originan el nuevo ser, previo un complejo proceso de desarrollo embrionario (v. EMBRIOLOCíA). Cada especie tiene unos periodos óptimos para ejercitar las funciones reproductoras, que pueden ser más o menos amplios, vinculados estrechamente con las condiciones ambientales y las particularidades de las especies. La predisposición fisiológica de los individuos reproductores se evidencia, en muchos casos, por manifestaciones externas ostensibles y se conoce, ciñéndonos al mundo animal, con el nombre genérico de celo, pudiendo, dicho fenómeno, adoptar múltiples fases y modalidades. En la mayoría de los animales, los machos suelen disfrutar de atributos sobresalientes: tamaño (mayor o menor), colores vistosos, cantos singulares, apéndices, gesticulaciones, etc., todo ello con varias excepciones en favor de las hembras que, o bien presentan una gran similaridad con el macho o hasta llegan a superarlo en atributos (v. SEXUALIDAD I). En algunas especies, se reúnen en un mismo individuo los dos sexos (hermafroditas) aunque por lo regular no se autofecundan, pudiendo sólo actuar como machos o hembras indistintamente. En los animales este fenómeno no es muy frecuente, pero lo posee una gran mayoría de plantas fanerógamas (v.).En los insectos y arácnidos, p. ej., se dan casos de manifestaciones del c. y su consiguiente consecuencia, que es la fecundación de la hembra, como las "danzas nupciales" de ciertas arañas, y el "vuelo nupcial" de la reina, en las abejas. En los mamíferos, el estro es el periodo en que la hembra está en posesión de óvulos maduros para ser fecundados. Hay grupos que tienen un estro al año, como los rumiantes salvajes (en cautividad es continuo), el corzo y gamo, muflones, etc., coincidiendo con la primavera del país a que corresponden. Grupos poliestrinos hay muchos: roedores, simios y animales domésticos, en general, por modificación de sus caracteres. Finalmente hay hembras poliestrinas cuya ovulación se extiende sólo a un periodo o estación, como el reno, jirafa y una gran mayoría de cérvidos y bóvidos salvajes. El c. de la hembra, en cada una de las especies, se compagina con el del macho, y va acompañado de signos, más o menos evidentes: olor, hinchazón de la vulva, colorido de la región circundante, gesticulaciones, etc. Los recursos que llegan a esgrimirse son muy variados, y algunos de gran espectacularidad externa. La danza del avestruz, las sutilezas de las grullas, el ronroneo de los felinos, el canto de las aves, la adopción de plumajes y apéndices complementarios, el fuerte olor de glándulas especiales; toda una gama de atributos a cual más ingenioso son desplegados, y, una vez conseguido su objetivo, desaparecen o quedan ocultos. La caída de los cuernos de los ciervos, el eclipse del bello colorido de las aves, etc., son ejemplos de ello.Estudios recientes, parecen demostrar que la intencionalidad sexual corresponde más a la hembra que al macho y que es ésta la que elige a aquél para ser fecundada. El croar insistente de la rana, o el cantar de los pájaros, así como la lucha de los ciervos, forman parte de la problemática que se desarrolla entre los machos, teniendo como base fundamental la posesión de un territorio y su consolidación. Ésta parece ser la gran premisa, lograda la cual, y en fase cronológica posterior, hace acto de presencia la hembra, escogiendo siempre un macho que esté en posesión de "propiedad". Bajo este concepto el macho moviliza todos sus argumentos y recursos supeditándolos a esta consecución para cumplir la misión reproductora.V. t.: REPRODUCCIÓN 1; SEXUALIDAD 1.A. JONCH CUSPINERA.
BIBL.: 1. D. CARTHY, La conducta de los animales, Pamplona 1967; N. TIMBERGEN, Social behaviour in animals, Londres 1953; W. C. ALLEE, The Social Life of Animals, Nueva York 1938.
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