Caza. Economia. ECON.
Categoria:
Economía
Entre las actividades con contenido económico más primitivas de la historia del hombre, la c. ocupa uno de los primeros lugares, como medio natural de procurarse alimentación. Incluso la concentración y existencia de antiguos pueblos cazadores ha formado parte de determinadas etapas de la historia de la civilización, hasta que la racionalización de la agricultura y la ganadería, además de la fijación de unas fórmulas sociales y colectivas determinadas, han hecho desaparecer en gran parte la c. como medio de manutención. Así ha ocurrido con las tribus indígenas que poblaron en otro tiempo las praderas del norte de América y también con las masas de cazadores indios que ocuparon por mucho tiempo las zonas del sudeste de América meridional. En África del Sur, los bosquimanos constituyeron un pueblo cuya aportación económica colectiva consistía fundamentalmente en la c. de antílopes, cebras, rinocerontes y avestruces, y en gran parte la dieta alimenticia de sus componentes estaba formada por las carnes y los productos de estos animales (huevos, grasas, etc.); sin embargo, hoy sólo existen grupos de estas sociedades cazadoras diseminados en los alrededores del Kalahari.En la actualidad, también existen reducidos núcleos de pueblos cazadores en algunas regiones selváticas de América del Sur (pueblos onas), en las latitudes de la taiga con frondosas masas forestales y en la tundra. En ambas partes se practica la c. de osos, lobos, armiños y martas. Los esquimales realizan una abundante actividad cazadora de aves durante el otoño, hasta que se producen las migraciones masivas, y de gran parte de los animales terrestres antes de la formación de los grandes hielos. Incluso durante los fríos invernales, cazan caribús, morsas y osos, además de algunas especies de aves acuáticas. Con menos carácter absorbente, pero también de manera fundamental, algunos pueblos de Malaca y Borneo realizan una actividad cazadora de envergadura, en cuanto a la organización esmerada de la misma. En la cuenca amazónica, la c. de los indígenas se basa en los cerdos salvajes, los pavos y, en menor cuantía, la pantera y el mono.En general, la distribución económica de las especies zoológicas susceptibles de c. es la siguiente: la denominada región neoártica, constituida por Groenlandia y las zonas de Alaska y Canadá, contiene renos, osos blancos y focas. En Estados Unidos la riqueza cazadora se centra en los lobos, antílopes, búfalos y osos grises, principalmente. La región neotropical, en la que se encuentra inserta Iberoamérica, reúne poblaciones notables de llamas, vicuñas, jaguares y tapires. En la región paleoártica (Siberia y Norte de Rusia) renos, lobos, bisontes, armiños, morsas y osos blancos. La extensa superficie africana ofrece cocodrilos, leones, elefantes, hipopótamos, hienas, girafas y avestruces. En Australia aves de plumaje brillante y canguros.La versión más moderna de la c. no cuenta con las necesidades de mantenimiento y alimentación, sino de forma ocasional y aislada. En la actualidad, un interesante renglón económico lo constituye la obtención y comercio de las pieles preciosas procedentes de determinados animales que, a través de la c. o de una organización cuidadosa de cría, procuran ingresos notables a sus explotadores. En este sentido, animales como el armiño, eJ castor, la marta del Canadá, la marta cebellina, el zorro, la ardilla, la nutria, la chinchilla, etc., dan lugar a esta forma moderna de aprovechamiento de la c. Canadá y URSS son las naciones de mayor producción de esta clase de pieles, además de Estados Unidos, los países nórdicos de Europa y Afganistán.La ilimitación inicial existente en la c. de manutención y comercial, en cuanto al espacio e intensidad disponibles para su ejercicio, ha sido moderadamente reducida, en los países más organizados, para evitar la exterminación de las especies, ya que la excesiva actuación sobre ciertos animales ha producido reducciones muy sensibles en sus poblaciones, hasta el punto de peligrar su propia existencia zoológica.A. MAURÍN FLORES.
BIBL.: 1. FERNÁNDEZ-REYES, Parque nacional de Odesa, Madrid 1965.
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