Cataluña. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
La gran importancia de C. en la Historia de España se basa en su privilegiada situación como vía de penetración y contacto respecto a Europa y el Mediterráneo. Habitada desde tiempos remotos, se conservan importantes testimonios del Paleolítico y del Neolítico (v. 1i1). En la estructura étnica de sus pobladores protohistóricos se distinguen tres elementos primordiales: el pirenaico, el capsiense y el ibérico (éste el mejor representado), a los que se añade ca. el 900 a. C., el celta, portador de la cultura del hierro. Pero fueron los griegos focenses (v.) quienes marcaron más profunda huella en la región, al fundar las colonias de Emporio (Ampurias) y Rode (Rosas). También los etruscos (v.) pusieron pie en el litoral catalán fundando Tarraco (Tarragona), alrededor del 550 a. C.Romanos y visigodos.En el s. III a. C. las Guerras púnicas (v.) convirtieron a C. en frecuente campo de batalla. Si en un principio se mantuvo fuera del influjo cartaginés, al establecerse en el Ebro la línea de máXIma expansión de los africanos (226 a. C.), después Aníbal rompió las hostilidades, cruzó el Ebro y sometió el territorio de C. Por ser importante su posición para los abastecimientos del ejército púnico en Italia, los romanos, al mando de Publio y Cneo Escipión, desembarcaron en Ampurias (218 a. C.), iniciando la penetración en España. AneXIonada por Roma, C. fue incluida primero en la Hispania Citerior y, más tarde, en la Tarraconense (v.), manteniendo siempre la capital en Tarragona. Durante la agonía del Imperio romano llegaron los visigodos (v.) (414), capitaneados por Ataúlfo, aunque se retiraron pronto a la Septimania. Sólo cuando Roma cayó en poder de los bárbaros (476), la ocupación visigoda fue definitiva. Su capital, que se mantuvo algún tiempo en Narbona, se trasladó a Barcelona y, luego, a Toledo. En tiempos de Wamba.el conde Paulo (673) se sublevó en C., proclamándose rey del territorio oriental, aunque pronto fue sometido.La Cataluña medieval. Derrotada la monarquía visigoda por los musulmanes, a comienzos del S. VIII, sólo ofrecieron resistencia en C. algunas ciudades de la costa, que, ya ocupadas, sirvieron de apoyo, para el paso a Francia, de las tropas del emir Al-Hurr. Pero las posiciones musulmanas no resistieron el empuje de los francos (v.), quienes, bajo Ludovico Pío (v.), tomaron Gerona (795), Vich, Cardona, Caseras y Barcelona (802), colocando aquí la capital de la Marca Hispánica (v.), cuyos límites extremos se situaron en el Llobregat y el Gayá por el S y el Noguera Ribagorzana por el O. Ante la inseguridad de su dominio en la Marca, los francos pretendieron extenderse hacia el sur y, así, llegaron a Tarragona (809) e hicieron tributaria a Tortosa (811), con lo que la frontera alcanzó el Ebro. Pronto la hostilidad hacia Francia se hizo patente y cundió el deseo de independencia. Wifredo el Velloso (v.) reunió bajo su mando los condados de Barcelona, Ausona, Conflent, Urgel, Cerdaña, Besalú y Gerona, relajando su dependencia de los reyes de Francia. La posibilidad de una C. unida políticamente fracasó, sin embargo, a su muerte (897), al fragmentarse de nuevo, con el condado de Barcelona (v.) como el más importante.El término C. aparece por vez primera en un poema del s. XII que relata la conquista de Mallorca. Sobre el origen de esta palabra existen varias teorías: unos la hacen derivar de Gotolandia, país de godos; otros de castlans o catlans (castillo); hoy se relaciona con laketans, una de las tribus que en la Antigüedad habitaba el territorio. De cualquier forma, C., representada por el condado de Barcelona, va a mantener cuatro directrices de expansión: por el S hacia la frontera musulmana; por el N, hacia la Galia meridional; en el E, por el Mediterráneo; y al O, hacia Aragón. De estas cuatro líneas de expansión únicamente se frustrará la francesa (tratado de Corbeil, 1258). La más trascendental será la occidental, plasmada en la unión de C. y Aragón mediante el matrimonio (1137) de Petronila (V. ARAGÓN, REINO DE), con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (v.), aunque sin afectar a las respectivas instituciones. Esta unidad hizo que la participación catalana en la Reconquista estuviese implícita en las acciones del reino de Aragón. Por fin, la política mediterránea se iniciará con la intervención en Sicilia de Pedro III el Grande de Aragón (v.).C., que inicialmente tuvo una organización aristocrática y feudal, se convirtió poco a poco en un país mercantil de desarrollo urbano, manteniendo relaciones comerciales con los pueblos mediterráneos, incluidos los musulmanes. Esta expansión marítima se vio favorecida con la dinastía de los Trastámara (v.), a partir del Compromiso de Caspe (v.) en 1412, estrechándose la vinculación de C. con Nápoles y Sicilia. La política autoritaria y enérgica de Juan 11 (v.) suscitó algunos choques con los catalanes (1462-79), quienes llegaron a destituir al rey y ofrecer la corona a Enrique IV de Castilla (v.), a Pedro, condestable de Portugal, y a Renato de Anjou; en 1479, Juan II decidió jurar las constituciones catalanas con lo que se puso fin al conflicto. Esta crisis desbarató la economía de la región, abatió su marina y dejó al Rosellón (v.) en poder de los franceses. Además, su economía se debilitó con el desplazamiento de las rutas comerciales hacia el Atlántico tras la caída del Mediterráneo oriental en poder de los turcos.Fueros y centralización. Al unirse Castilla y Aragón bajo los Reyes Católicos, C. se integra en la realidad geopolítica unitaria de España, aunque manteniendo sus fueros tradicionales. Esto ocurre cuando la decadencia con que se enfrentaba C. a finales del s. XV se ve acentuada por el problema social que plantean las continuas revueltas de los payeses de remensa (campesinos adscritos a la tierra), que pretendió resolver Fernando el Católico en la Sentencia de Guadalupe (1486), por la que los payeses podían redimir su condición a costa de una compensación económica.La Casa de Austria mantuvo las instituciones y privilegios de C., como Estado autónomo dentro de la monarquía hispana, si bien Felipe IV y el conde-duque de Olivares intentaron imponer un sistema unitario semejante al de Castilla y, al mismo tiempo, reclamaron una mayor participación de las fuerzas catalanas en la guerra de los Treinta Años (v.). Todo ello provocó un alzamiento (v. CATALUÑA, REVOLUCIÓN Y GUERRA DE) que, comenzando en el Ampurdán, se extendió por toda C., teniendo lugar en Barcelona el famoso Corpus de Sangre (7 jun. 1640), que culminó con la muerte del virrey, conde de Santa Coloma. La Generalitat (organismo creado en el s. XIV, cuya misión primordial era velar por el respeto de las leyes y derechos generales del territorio) acordó proclamar la república y, para conseguirlo, se pidió ayuda a los franceses, ofreciéndose a Luis XIII el título de Conde de Barcelona. La crisis continuó hasta 1652, cuando Juan José de Austria (v.), tras reconocer los derechos constitucionales y privilegios de C., puso fin a las hostilidades. No obstante, la guerra había causado una profunda perturbación, agravada por el conflicto hispano-francés que concluyó con la paz de los Pirineos (v.) (1659), por la cual el territorio del Rosellón y parte de Cerdaña pasaron a Francia.A la muerte de Carlos I1 (1700), los Estados de la antigua Corona de Aragón se decidieron por el pretendiente austriaco, buscando, por temor a la probable centralización borbónica, el mantenimiento del federalismo tradicional. La victoria de los Borbones supuso para C. la pérdida de su régimen foral y su equiparación a la administración central castellana, situación que recibió forma legal en el decreto de Nueva Planta (1716). El virrey fue sustituido por un capitán general, a la vez presidente de la Audiencia. De la Administración se encargaría el intendente. Con el nuevo régimen, C. comenzó a trabajar en su reconstrucción económica, en cuya tarea la pequeña burguesía, muy abundante, tuvo un papel extraordinario. Por otra parte, Carlos III (1759-89) supo congraciarse con los catalanes mediante una política de acercamiento, fruto de la cual fue la creación en Barcelona de la Soc. Económica de Amigos del País (1783), y la apertura a sus productos manufacturados de los mercados peninsular y americano. Del comercio con las colonias obtuvo C. en breves años los capitales necesarios para multiplicar su potencialidad comercial y colocarse en este sentido a la cabeza de las regiones de España, de forma que su fisonomía social se diferenció pronto del resto del país, al par que se acentuaba la fricción con el poder político castellano.Industrialización y regionalismo. Durante la guerra de la Independencia (v.) se constituyó en Lérida la junta Suprema de C.; pero, a pesar de la defensa heroica de algunas ciudades (Gerona) y de la batalla de Bruch, los franceses ocuparon todo el territorio, dividiéndolo Napoleón en cuatro departamentos: Ter, Montserrat, Segre y Bocas del Ebro (1812). Terminada la contienda fue uno de los focos principales de rebeldía contra el régimen personalista de Fernando VII, resurgiendo el espíritu foral. Desde entonces, florece la Renaixenea (v.), movimiento literario que da nueva vitalidad al idioma catalán. C. continuó una dinámica evolución económico-social que se mantuvo progresivamente en todo el s. XII, basada en la revolución industrial y el proteccionismo.Desde la reforma administrativa de 1833, C. quedó dividida en las cuatro provincias (Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona), que aún perduran. Las turbulencias del reinado de Isabel 11 (v.) junto con el desarrollo industrial de la región, que motivó importantes concentraciones obreras, originaron, al mediar el siglo, la aparición de un movimiento republicano y democrático que participó activamente en el bienio progresista (1854-56), en la revolución de septiembre de 1868 (Prim) y en la Primera República (v.) (Estanislao Figueras y Pi y Margall, v.). En esta época republicana se llegó a la proclamación del Estado catalán (marzo 1873), dentro de la República federal española. Aunque la Restauración supuso el fin del federalismo, no pudo impedir que las circunstancias económicas catalanas provocaran la toma de conciencia de clase en la gran masa obrera y el ingreso de ésta en los partidos extremistas. Además, la crisis de 1898 motivó la creación de una Lliga Regionalista (1901), de gran fuerza política, que situó el problema catalán en el primer puesto, mientras la agitación social alcanzaba su punto culminante en la Semana Trágica de Barcelona (1909), el mayor acto de fuerza realizado por el anarquismo. Desde 1906 la Lliga dirigió el movimiento de Solidaridad Catalana contra la Ley de Jurisdicciones y, desde 1914, estuvo al frente de la Mancomunidad de C., organismo político-administrativo formado por las cuatro provincias para gestionar conjuntamente los asuntos de interés regional. Una asamblea de parlamentarios se reunió en Barcelona en 1917 y propugnó una reforma constitucional que, aunque no llegó a realizarse, produjo un acercamiento entre la burguesía y la Administración central, representado por los gobiernos de Unión-Nacional de Maura (v.)-Cambó (v.) (1918-21).La dictadura del general Primo de Rivera (v.) restauró el orden público pero no dio cauce a las aspiraciones autonomistas de la Lliga, lo que motivó que, desde entonces, los intereses políticos y obreros se coaligaran en un frente común, en el que junto a los grupos nacionalistas y republicanos estaban los anarcosindicalistas.Caído Primo de Rivera y su régimen, y celebradas las elecciones municipales de 1931, se proclamó la República catalana (16 abr.), pronto reducida a la condición de gobierno regional, la Generalitat de C.; las Cortes, en 1932, aprobaron un Estatuto de Autonomía. Las divergencias entre el Gobierno central y la Generalitat durante la Segunda República española (v.) culminaron con la suspensión del Estatuto, después de la revolución de oct. 1934. Desencadenada la Guerra civil española (v.), C. fue ocupada tras la batalla del Ebro, en 1939. Poco antes, un decreto de la nueva jefatura del Estado había derogado el Estatuto de Autonomía.Tras la muerte del general Franco (1975) y la aprobación de una ley para la Reforma Política (1976), fue restaurada la Generalitat (1977). La Constitución española de 1978 crea un "Estado de las Autonomías". El 25 oct. 1979, el 88,14% del pueblo catalán votante refrendó un nuevo Estatuto de Autonomía. Convergéncia i Unió ganó las primeras elecciones autonómicas en C. (1980), y Jordi Pujol fue nombrado presidente de la Generalitat.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: Además de la referente a sus cuatro provincias, son obras de interés: F. SOLDEVILA, Historia de Cataluña, Barcelona 1963; J. CARRERA y PUJOL, Historia política y económica de Cataluña, Barcelona 1946-47; J. REGLA, Felip 11 i Catalunya, Barcelona 1956; JD, Els segles XVI i XVII. Els rirreis de Catalunya, Barcelona 1956; E. ZUDAIRE, El conde-duque y Cataluña, Madrid 1964; J. VICÉNS VIVES, Cataluña en el siglo XII, Madrid 1961; P. VILAR, Catalunya dins l’Espanya moderna, 4 vol., Barcelona 1964-68; R. D’ABADAL, Els primers comtes catalans, Barcelona 1965; J. MERCADER, Felip V i Catalunya, Barcelona 1968; J. C. CLEMENTE, Cataluña hoy, Madrid 1970.
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