Catalanismo HIST.
Categoria:
Historia
Movimiento político que reivindica un autogobierno para Cataluña, al mismo tiempo que defiende los valores históricos y culturales de esta región española. En la península Ibérica, las diferencias regionales han dado lugar a fuertes patriotismos locales en los momentos en que el poder central ha manifestado su debilidad. Pero el caso de Cataluña tiene unas características culturales y económicas que le han hecho peculiar. Cultural y lingüísticamente, Cataluña ha estado ligada siempre al sur de Francia. Desde la Edad Media fue una región rica de comerciantes emprendedores con fueros especiales y esparcidos por el Mediterráneo, ya que no les fue permitido el comercio con América.El conde-duque de Olivares (v.) decidió cambiar su situación de privilegio, provocando una violenta sublevación el día del Corpus de 1640 y la búsqueda de protección en el rey de Francia por parte de los catalanes. Medio siglo más tarde se produce de nuevo el levantamiento contra el gobierno de Madrid. Se construye en ese momento el Castillo de Montjuich para dominar la ciudad; seis universidades son clausuradas y abolidos todos sus privilegios y fueros, a cambio de ciertos derechos en el comercio con América y el apoyo en la industrialización. El decreto de Nueva Planta, promulgado por Felipe V, suprimió muchas de las formas culturales y costumbres, y otras las colocaba bajo el centralismo monárquico. La centralización disgustó a los gremios de la ciudad y en especial a los payeses, quienes profundamente arraigados en el medio tradicional, agobiados además por una penosa cosecha y, alimentados por los realistas ultraderechistas, provocaron en el s. XII un levantamiento en favor de la causa carlista (v. CARLISMO).Con la apertura del comercio con América, la industria textil catalana tuvo un considerable crecimiento, para decaer nuevamente en la guerra de la Independencia, en la etapa absolutista de Fernando VII, y en el periodo de la ocupación de Cataluña por las tropas francesas; Cataluña resurge en el segundo tercio del s. XII; construye nueva flota mercante y, a través de las finanzas, mantiene una creciente influencia política que lleva al partido moderado hacia la descentralización. Pero una vez que el moderantismo llegó a su apogeo, acusó más y más su política centralizadora que la burguesía pagó al precio de obtener del Gobierno un régimen de proteccionismo arancelario que le permitiese industrializar plenamente la región.El carlismo, desde sus comienzos en 1832, había penetrado profundamente en el campo catalán, porque no sólo representaba el clericalismo a ultranza, sino también la autonomía y la defensa de los privilegios locales.Otro de los factores del nacimiento del c. surge al entrar en escena la problemática económica con la pérdida de Cuba, en la que industriales catalanes tenían cuantiosos intereses. De esta manera, cuando los sentimientos de frustración y de sumisión se hicieron patentes en la conciencia de los catalanes, fabricantes, clases acomodadas y la tradición carlista, se unieron en un afán desintegrador de la política española.El 23 feb. 1873 se proclamó la I República, uno de cuyos pasos debía ser la implantación de los Estados federales. Tanto el presidente (Figueras), como el ministro de la Gobernación (Pi y Margall), ambos catalanes, en su deseo de perpetuar el movimiento, aconsejaron el sometimiento al sufragio. Pero la Diputación catalana tomó la iniciativa de los hechos proclamando el Estat Catalá y disolviendo el ejército, para constituir inmediatamente otro de voluntarios, cosa que molestó a Figueras, cuyo progresismo no hubiera llegado a tanto. La indisciplina del ejército catalán afianza a los carlistas, que se apoderan de Navarra, País Vasco y Cataluña y aceleran la decadencia de la I República.La Renaixenga y el catalanismo. El movimiento catalán incubado durante estos años como algo mecánico y polarizado por la burocracia centralista, no adquirió suficiente fuerza hasta que el pueblo tomó conciencia de las fuerzas que le oprimían. Es entonces cuando se vuelve sobre sí mismo, trabaja el uso literario de su idioma, su pasado, su Derecho, sus costumbres y todo lo que despierte al futuro partiendo del pasado. En la génesis del movimiento que había de dar paso al c., tiene considerable interés la Renaixenca (v.), que comenzó siendo un fenómeno literario, pero pronto hubo de verse implicado en la política. El término "región" exclusivamente geográfico, toma su acepción política por primera vez en la Renaixenca. En las reivindicaciones renacentistas de Cataluña confluyeron dos factores opuestos: por un lado, los carlistas, defensores de los fueros, dando un matiz tradicionalista a su evocación del pasado, y, por otro, los progresistas y los sectores que representaban las fuerzas vivas de la sociedad catalana.La Oda a Cataluña, de B. C. Aribau (v.), hubiera sido un hecho solitario, de no haber eXIstido otras grandes figuras que le secundaron, entre los que destacó J. Rubió i Ors, compañero de Milá y Fontanals (v.) y de P. Piferrer en la ferviente etapa renacentista. Una de las obras más importantes de Rubió i Ors como historiador literario fue la Memoria sobre el renacimiento de la lengua y literatura catalanas. Sus poesías son el anuncio definitivo de la Renaixenca. En su pensamiento, la literatura era el instrumento de una finalidad propiamente política. Era consciente de la imposibilidad de revivir una literatura catalana sin un sentimiento de independencia espiritual del pueblo, e, inversamente, nada mejor para revivirlo como la lengua.La alborada de la Renaixenca, aunque cronológicamente llegó ca. 1859 con la restauración de los Juegos Florales (v. PREMIOS LITERARIOS), espiritualmente se formó en 1841, cuando la Acad. de Bellas Letras de Barcelona convocó un certamen literario para premiar la mejor poesía catalana o castellana que refiriese la expedición de los catalanes a Oriente. Para M. Milá y Fontanals, la fiesta de los Juegos Florales era un refugio en las jornadas trágicas de la lengua. Pero A. de Bofarull sería el que apuntase el paralelismo que el historiador descubre entre lengua-Estado político y, a partir de él, se hizo fatalmente necesaria la reivindicación del c. literario y político. No cabe duda de que los Juegos Florales fueron producto de un impulso erudito, pero también, desde sus primeros tiempos, se impregnaron de sabor popular. Representantes de la tendencia erudita fueron J. Rubió i Ors, M. Aguiló y M. Milá y Fontanals; de la popular, P. Piferrer y J. Verdaguer (v.), entre otros.El federalismo en relación con el catalanismo. En 1850 un grupo de colaboradores del periódico Bien público inició una campaña basándose en la "cuestión catalana" que, según J. Vicéns Vives, "fue el punto de partida por el cual el provincialismo desembocaría en el regionalismo". Pi y Margall se traslada muy joven a Madrid y se convierte en el teórico del federalismo. Desde su primera obra, La reacción y la Revolución, publicada en 1854, hasta Las Nacionalidades (1876), su doctrina evoluciona desde una abstracción, hasta una adaptación de las teorías del sistema de tradición pactista catalana. Al lado del federalismo de izquierda, del que también se proclamaron defensores los anarquistas catalanes, estaba el federalismo de derechas representado por el católico fervoroso F. Romaní y Puigdengolas, autor de El Federalismo en España, venido a estas filas por una reacción contra el centralismo. Ambas corrientes se unen gracias al poder de síntesis de V. Almirall, uno de los más autorizados teóricos y definidores del c.V. Almirall (1841-1904), abogado, hijo de un industrial barcelonés, militante a los 25 años en el partido demócrata y conspirador con V. Balaguer (v.), forma parte en la Revolución de septiembre de 1868 y después abraza la causa federalista. En Madrid funda un diario, El Estado catalán; lanza el primer diario en lengua catalana, El diari catalá, en 1879, que cambiará tres veces de nombre (Tibidabo, La veu de Catalunya, Lo catalanista), pasará por distintas suspensiones y dejará de publicarse en 1881. Almirall es el primero que sistematiza la doctrina del c. en tanto que critica la organización unitaria del Estado en su libro, redactado en francés, L’Espagne telle qu’elle est, que provocaría tempestades de ira en el Gobierno de Madrid. Su ruptura con Pi y Margall, determinó el nacimiento del Centre Catalá en 1882, primer núcleo político del c. Pero Almirall no tuvo éXIto, y la razón de su fracaso quizá sea la misma que determina la destrucción del regionalismo y el nacimiento de un nacionalismo decadente, defensor del status de clase.De la escisión del Centre Catalá saldrá el grupo más conservador, cuyo portavoz será el periódico La Renaixenca. En 1887 nace el primer partido catalanista la Lliga de Catalunya, que colabora con el poder central y cuenta con el apoyo de jóvenes universitarios que fundan para sí mismos el Centre Escolar Catalanista, situado en el mismo local social que la sede del partido y dirigido por Verdaguer y Callés. Entre aquellos jóvenes cabe destacar figuras de gran relieve como Puig y Cadafalch, Durán Ventosa y Prat de la Riba. El impulso catalanista se vio investido de nueva savia; su terminología cambió, de forma que se adoptó la palabra nació para referirse a Cataluña. Ya no se piensa en llevar a cabo un programa realista de reivindicaciones de la región, sino de unos planteamientos extremistas en defensa de las estructuras burguesas y del status privilegiado de las gentes catalanas. Los problemas de Cataluña son desligados de la problemática general de España y, al particularizarlos con el apoyo indirecto del poder central, se alejan más de la realidad.Así, los republicanos radicales se presentan a las elecciones con el secreto apoyo de Madrid. El Gobierno contrata pistoleros para que provoquen y desafíen a los anarquistas. En innumerables casos, la propia policía colocaba las bombas a las puertas de los hogares pacíficos de ciudadanos para intimidar a los nacionalistas catalanes o para crear situaciones en las que se hiciera necesaria la intervención del poder central para suspender las garantías constitucionales (cfr. Gerald Brenan, El laberinto español, París 1962, 25, 55 y 56, con bibl. ampliatoria).Figura de enorme interés para comprender la evolución del c. fue la de E. Prat de la Riba (1870-1917), hijo de modestos propietarios rurales, abogado, y nombrado en 1890 presidente del Centre Escolar Catalanista, en cuyo discurso de entrada se vislumbra la superación del regionalismo y el paso al nacionalismo. Con los escolares salidos del Centre, forma otro grupo, instrumento de lucha política: Unión Catalanista. En 1894, Prat es premiado por su tesis doctoral Compendio de doctrina catalanista. Nombrado secretario de la junta permanente de la Unió, se acuerda el estudio de unas bases para una constitución catalana: las Bases de Manresa. Pero la ausencia de V. Almirall y, en general, de toda la izquierda catalanista, determinó el que se acordasen principios que defendían una situación clasista de la sociedad catalana.La vuelta a la Península del general Polavieja dio esperanzas a ciertos sectores cautos de la burguesía catalana, ya que intentaba atraer, con su programa de descentralización, a las fuerzas del c. Los elementos económicamente fuertes de Barcelona constituyen la Junta regional de adhesiones al programa Polavieja. Pero el desastre colonial, que lleva consigo la pérdida de numerosos centros de abastecimiento y comercio, hizo que cundiese el descontento, que determinó el fracaso del programa. El movimiento de protesta es conocido con el nombre de Tancament de caixes.En 1901 se crea el partido la Lliga Regionalista, fusión del Centre Nacional Catalá y la Unió Regionalista, que produce el primer éXIto electoral del c. Prat tiene su propaganda perfectamente montada con periódico y partido. En 1906 publica el libro más importante, La Nacionalitat catalana; pero 1908 es el año decisivo para él. El 29 de abril es elegido presidente de la Diputación Provincial de Cataluña, con lo que acaba la etapa de agitador y comienza la del hombre de gobierno.La explosión de la Semana Trágica (v.) fue una seria advertencia, que ni Prat ni sus seguidores quisieron comprender, ya que separó definitivamente a los hombres de la Lliga del proletariado barcelonés. Privados de esta fuerza, buscan el compromiso de Madrid, para seguir ocupando un puesto; pero estos compromisos estaban destinados por el Gobierno de Madrid a destruir las fuerzas más activas de la descentralización.El Gobierno liberal se vio obligado a aprobar, bajo amenaza de sublevación militar, la ley de jurisdicciones, el 20 mar. 1906. La réplica del c. a esta ley fue el movimiento denominado Solidaridad Catalana, y la creación y desarrollo rápido de un partido republicano de izquierda: el partido radical, cuyo jefe, Alejandro Lerroux (v.), fue un demagogo, incitador del pueblo al saqueo y a la barbarie, para que la situación se hiciese insostenible. Lerroux gana las elecciones de 1910, pero ¿de quién recibe ese apoyo fortuito? Era un acérrimo anticatalanista y el c. no podía progresar, en tanto aquél dominase las clases medias y bajas de la ciudad.La dura represión del c. por el poder central y el aliento a determinados grupos extremistas como el de Lerroux, llevaron a Cataluña a una situación de terrorismo destructor, que hizo olvidar las ideas de emancipación, de libertad regional, de intento de solución de los problemas españoles desde dentro, para quedar toda la labor convertida en unos pequeños brotes de nacionalismo, que responde a intereses del capital burgués y no al de colectividad.La Lliga, dirigida por Cambó (v.), se alió con el poder central, participando en diversos ministerios y colaborando con el general Primo de Rivera en la tarea de frenar el avance del movimiento obrero. La juventud de la Lliga se separó, para formar Acció catalana (1922), y en el mismo año, F. Maciá constituyó la organización denominada Estat Catalá. El c. de todos estos grupos, incluido la Esquerra, quedó desbordado por grupos que preconizaban la revolución social en Cataluña y en toda España.MARTA JOSÉ SOBEJANO.
BIBL.: Fuentes: V. ALMIRALL, Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña, Barcelona 1885; fD, España tal cual es, Barcelona 1886; fD, Lo cátalanisme, Barcelona 1888; íD, Escritos catalanistas, Barcelona 1878; F. PI y MARGALL, Las Nacionalidades, Madrid 1936; ÍD, La reacción y la revolución, Madrid 1854; fD, La qüestió de Catalunya davant el Federalisme, Barcelona 1936; E. PRAT DE LA RIBA, Compendi de doctrina catalanista, Sabadell 1894.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.