Catalana, Escuela (pintura) ARTE
Categoria:
Arte
Cataluña es la única región que ofrece en España un desarrollo continuado de la actividad pictórica durante la época gótica. Esta fecundidad, aparentemente inagotable, no expresa sólo un dinamismo, del cual esta región ha proporcionado otras manifestaciones en los dominios más diversos, sino que supone también una puerta abierta al exterior, ya que supo acoger los impulsos procedentes de diversos centros creadores de Occidente para conseguir una renovación.En un primer momento penetra un estilo que dominaba en Francia desde la mitad del s. XIII. Dicho estilo se caracteriza por la preferencia dada a la línea sobre el tono local: el gusto por los contornos netos y precisos conduciendo a una simplificación del modelado, que puede llegar hasta la desaparición de éste. Por otra parte, existe una clara tendencia a tonalidades claras y a matices delicados. El prestigio que alcanzó entonces la arquitectura explica los amplios empréstitos que ésta hizo a la pintura de su repertorio decorativo: gabletes, pináculos y ventanales, sin omitir la ocasión de pequeñas composiciones monumentales.Por ósmosis, podría decirse que el estilo gótico lineal llega a través de los Pirineos. Hacia 1330-40, este estilo toma en Puigcerdá, la capital de la Cerdaña, formas idénticas a las que son entonces propias de la región de Aude. Sigue la penetración en el interior de Cataluña, de S. Domingo de Puigcerdá a la catedral vieja de Lérida.Los progresos del estilo gótico francés fueron muy pronto contrarrestados por la entrada en juego de influencias italianas. En Barcelona, éstas caracterizan la producción del pintor del rey de Aragón Ferrer Bassa (v.), cuya actividad se desarrolla de 1324 a 1348, año de su muerte. De una obra que debió ser considerable no queda más que un testimonio único, pero muy valioso, las pinturas murales que cubren la totalidad de los muros de la capilla de S. Miguel, el oratorio privado de la abadía de Pedralbes (1346). El pintor, que no ignora las seducciones de la pintura sienesa, aparecía, entretanto, más sensible a la lección de Giotto y dirige todos sus cuidados a un tratamiento casi escultural de la figura humana y a las investigaciones sobre el espacio en el cuadro.Los pintores catalanes no se mantuvieron en el difícil camino al que Ferrer Bassa quería atraerlos. Inmediatamente después de su muerte, los talleres barceloneses adoptaron plenamente los procedimientos sieneses (v. SIENA, ESCUELA DE). En esto no hacían más que seguir el ejemplo de una gran parte de Europa occidental.Dos pintores de calidad introdujeron la manera elegante de Siena: Ramón Destorrents, pintor e iluminador de los libros del rey Pedro el Ceremonioso, y un artista anónimo, a quien se designa bajo el nombre de Maestro de San Marcos, nombre que obedece a su obra maestra, el retablo de este evangelista en la Seo de Manresa. Ramón Destorrents fue el maestro de Pedro Serra (v. SERRA, FAMILIA), uno de los cuatro hermanos pintores que aseguraron el mantenimiento de las influencias sienesas hasta fines del s. XIV. Se debe también a la familia Serra el haber hecho triunfar el retablo sobre todas las demás manifestaciones de la actividad pictórica. Esta gran difusión del retablo corresponde a los progresos del culto funerario y al desarrollo de devociones privadas, de particulares y también de corporaciones y cofradías. A partir de la mitad del s. XIV un tipo único de retablo se impone por lo general. El soporte de la pintura consiste en un trabajo de carpintería constituido según el sistema de tabiques. Los fondos, de la misma manera que los nimbos, son dorados. Se doraban igualmente los bordes y los montantes. En las capillas oscurecidas por los retablos que obstruían las ventanas, el oro aportaba su preciado resplandor y proporcionaba a las escenas representadas una especie de luz espiritual.A principios del s. XV, el pintor Luis Borrasá (v.), nacido en Gerona en el seno de una familia de pintores, pero instalado en Barcelona a partir de 1383, introdujo en la capital catalana los signos vanguardistas del profundo cambio estilístico designado con el nombre de "estilo internacional". Se entiende por esto un arte surgido de la fusión de elementos muy diversos, unos de origen parisino, otros procedentes de Italia, los terceros, finalmente, característicos de los países nórdicos, Flandes y Alemania occidental. Estilo elegante y afectado, expresa los gustos aristocráticos y refinados de la sociedad del momento. Sin sacrificar los fondos de oro, Borrasá vuelve a la búsqueda del paisaje y la perspectiva. A su talento de narrador une un gusto muy vivo por lo pintoresco. Su contemporáneo Ramón de Mur es más arcaico, más hierático también, pero quizá pretendió expresar de esta manera el misterio de su vida interior. Permanecerá en el maestro de Guimerá, autor del enorme retablo pintado para esta localidad en 1412 y que se encuentra hoy en el Mus. de Vich.La expresión más refinada del estilo internacional estuvo representada un poco después por Bernardo Martorell (v.), que cultivó en el arte catalán, con una delicadeza más seductora, los elementos de renovación desarrollados en Occidente a principios de siglo. Éstos conciernen a la personalidad de las figuras, a la forma de tratar los paisajes, al uso de la perspectiva y a una nueva distribución de la luz. Al final de su carrera el artista dedicó una atención continuada a los volúmenes y a las formas y a la búsqueda de una técnica más fluida y más libre.Ya antes de la muerte de Martorell, sobrevenida en 1452, un pintor originario de Valencia, Luis Dalmau (v.), había introducido en Barcelona las novedades flamencas. El cuadro de los Conseillers pintado en 1445 para la capilla del Ayuntamiento, parecía inaugurar en la capital del principado de Cataluña el reinado de un arte surgido directamente de los Van Eyck (v.). De hecho, este estilo iba a marcar profundamente los comienzos del último gran maestro de la escuela catalana medieval: Jaime Huguet (v.). Sin embargo, no fue tal el camino en el que éste debía finalmente comprometerse. Sea por preferencia personal, sea por satisfacer las exigencias de una clientela popular y burguesa, Huguet volvió a las tendencias mediterráneas de la escuela local, por lo que se limitó a llevar las técnicas tradicionales al grado más alto de sus posibilidades. Su evolución, esencialmente psicológica, se mantuvo fuera de las grandes corrientes europeas, y supuso la conquista de un mayor realismo, pero también de una gran riqueza decorativa.Por primera vez el proceso evolutivo, que había funcionado regularmente desde el comienzo de la época gótica, se encontraba detenido y con él desaparecieron las fuentes mismas de la vida. La parálisis que alcanzó al campo artístico no era más que un aspecto de una crisis más general que afectaba a la economía, a la sociedad y al porvenir mismo de Cataluña. La decadencia de los talleres barceloneses está atestiguada por las últimas producciones de Huguet. Dicha decadencia se precipita con sus sucesores, aunque algunos de ellos, como los Vergós (v.), lograron mantener durante un cierto tiempo una buena calidad técnica.Esta carencia local ocasionó la llegada de artistas extranjeros. Es así como Barcelona retuvo durante algún tiempo al gran errante Bartolomé Bermejo (v.). En 1490 éste ejecutó allí una de sus más grandes obras, la Piedad del canónigo Luis Desplá (Mus. de la catedral), en donde el tema religioso no es más que un pretexto. Lo esencial no es quizá la admirable figura del donante, sin embargo tan asombrosamente presente, sino que más bien parece que el drama se desarrolla en el cielo tormentoso, donde la luz es su principal antagonista. La técnica más moderna del paisaje contrasta así con el arte patético surgido de Van der Weyden.Otros artistas son originarios de las regiones septentrionales de Europa, que desde generaciones abastecerán a España de talentos. Se ha identificado el autor del retablo del maestro del altar de S. Cugat del Vallés, fechado en 1502, con el pintor Ayne Bru (v.) (nombre catalanizado, con muchas variantes, refiriéndose quizá a la villa de Brünn). Aquí el expresionismo germánico está moderado por la influencia del norte de Italia.La sucesión de los estilos más diversos, traídos por los artistas de paso, ilustra el declive de la escuela local, prisionera de su provincianismo y de sus arcaísmos.MARCEL DURLIAT.
BIBL.: CH. R. POST, A History ol Spanish Painting, Cambridge (Mass.) 1930-66; E. LAFUENTE FERRARI, Breve historia de la pintura española, 4 ed. Madrid 1953; J. GUDIOL RICART, Pintura gótica, en Ars, IX; fO, S. ALCOLEA y J. E. CIRLOT, Historia de la pintura en Cataluña, Madrid s. a.
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