Castilla la Nueva Arqueología y Prehistoria. HIST.
Categoria:
Historia
Desde el punto de vista histórico-arqueológico, la región natural de la España interior es la Meseta, que engloba la mayor parte de los antiguos reinos de Castilla y de León, con los límites orográficos de la Cordillera Cantábrica al N (que deja la provincia de Santander en otra región natural), la Sierra Morena al S, al E las sierras Ibéricas, que dejan Logroño en el valle del Ebro y al O las zonas de Extremadura y Portugal. Los caminos esenciales de las culturas históricas son los del Duero, el Tajo y el Guadiana y los pasos desde la periferia al interior, escasos y difíciles (Pancorbo, Jalón-Henares, terrazas de Almansa, Despeñaperros, Pajares).Paleolítico. Los estudios prehistóricos de la Meseta empiezan con Casiano del Prado, en el s. XII, y continúan con Vilanova y Piera, el marqués de Cerralbo y la escuela moderna de Obermaier y sus discípulos. Son evidentes las huellas de glaciaciones en las sierras de Gredos, Guadarrama, Demanda, Urbión y el Moncayo; también los restos de vulcanismo en Valverde de Calatrava (Ciudad Real); en la época glaciar, el clima de la Meseta sería análogo al actual de Polonia. Los más importantes yacimientos paleolíticos están en el valle del Manzanares, alrededores de Madrid; así las terrazas fluviales de 30 m. junto a la ermita de S. Isidro con industrias abbevillienses continuadas por otras achelenses, tayacienses, ., levalloisienses y musterienses; hallazgos análogos proceden de las terrazas del larama y más antiguos aún son los de las del Tajo, en las proximidades de Toledo. Los yacimientos, al aire libre, no permiten más que una clasificación tipológica, con bifaces de una industria que se ha llamado isidrense y que llega hasta el Paleolítico medio en que se inicia el matritense. Otro hallazgo de gran importancia es el de Torralba y Ambrona (Soria), realizado por el marqués de Cerralbo, a principios de siglo y renovado por recientes excavaciones, donde a más de 1.100-m. de altura, junto a una antigua laguna, han aparecido restos de numerosos elefantes, rinocerontes, ciervos y caballos, con industria de bifaces achelenses. En 1966 la Univ. de Zaragoza ha encontrado industria musteriense en el fondo del vestíbulo de la cueva de Los Casares (Guadalajara). Se anuncia también el hallazgo de toscos pebble-tools en la provincia de Burgos.En el Paleolítico superior, frente a la gran riqueza de la zona cantábrica, de la que parece deudora, la Meseta presenta la extensión gravetiense en el abrigo de la Aceña (Santo Domingo de Silos, Burgos) y el rico foco de la comarca de Madrid con industria matritense en la que hay niveles auriñacienses desde el tipo de Abrigo de Audi al gravetiense. En estos areneros se halla también el solutrense, con técnica de retoque bifacial y puntas pedunculadas de tipo ateriense y esbaikiense, localizadas por Obermaier y Pérez de Barradas, aparte de puntas típicas de pedúnculo y aletas y de Sauce en el Arenero de Martínez, El Sotillo, los Vascos, Valdivia y Nicasio Poyato. El magdaleniense, tan rico y abundante en la zona cantábrica; es pobre y esporádico en la Meseta, como en todo el interior; puede localizarse en las cuevas burgalesas de El Caballón (Oña) y Peñacoba y, con algunas dudas, en la capa de limos rojos, sobre el matritense 111, en el Manzanares. Del arte paleolítico poseemos escasos restos en la cueva de Penches (Oña) y de Atapuerca (Ibeas), en Burgos; los grabados confusos y prácticamente inéditos de El Reguerillo (Torrelaguna, Madrid) y las escasas pinturas y abundantes grabados de Los Casares (Riba de Saelices, Guadalajara) con representaciones de rinoceronte, glotón, felinos, ciervos, caballos, un ave y una larga serie de interesantes antropomorfos, grabados con diversas técnicas auriñacienses y magdalenienses. La cueva de La Hoz (Santa María del Espino), próxima a la anterior, tiene un grupo de grabados de caballo, uno de ellos casi en relieve, de la misma datación. Respecto del arte rupestre levantino la única localidad con abrigos es Villar del Humo (Cuenca), que se sitúa en las sierras orientales contiguas a la de Albarracín, fuera de la Meseta propiamente dicha.Del Mesolítico a la Edad del Bronce. Debido a un clima más cálido y seco, sobreviven las anteriores culturas de cazadores hasta la llegada de los invasores neolíticos y de los metalúrgicos, cuya penetración en la Meseta debió ser lenta y tardía, procedentes de las tierras más avanzadas del Mediodía y Levante, que conocieron pronto la agricultura, la ganadería y la metalurgia. Así el fenómeno megalítico muestra un potente foco en las tierras de Salamanca y Zamora y otro mucho más débil en las provincias de Madrid y Guadalajara, con el sepulcro de corredor Portillo de las Cortes, en Aguilar de Anguita, con hermosas puntas de flecha y disquitos raspadores. La escasez de investigaciones y datos movió a configurar una "cultura central" (por su situación) o de las cuevas (por la forma normal de vivienda y enterramiento), que no es viable sin que sea fácil sustituirla por una síntesis clara de estos primeros tiempos de la Edad del Bronce; se habla de ciertas influencias almerienses, procedentes de Levante; de un riquísimo núcleo de vaso campaniforme en Ciempozuelos (Madrid) y Somaén (Soria), seguramente originario del valle del Guadalquivir, y la ya citada expansión del megalitismo portugués hacia el E. De una fase anterior al vaso campaniforme pueden ser los fondos de cabaña del poblado de Las Mercedes (Madrid), materiales de la cueva del Reguerillo o de la extremeña del Boquique con una técnica decorativa en la cerámica que recibió su nombre, además de Solana de la Angostura (Encinas, Segovia), el poblado del Sabinar (Montuenga) y la cueva del Asno (Soria).Sobre esta oscura cultura se implanta el vaso campaniforme (v. CAMPANIFORME, CULTURA) con gran riqueza y muchos hallazgos, sobre todo el de Ciempozuelos, con tumbas de fosa que contenían un punzón y un puñalito de cobre y 12 vasijas con rica decoración incisa profunda y puntillado, con incrustaciones de pasta blanca. Los hallazgos se han repetido en las provincias de Madrid y Toledo (Algodor), figurando en los ajuares objetos de bronce y hachas pulimentadas. También se ha encontrado vaso campaniforme en el Manzanares (Villaverde) unido a cerámicas decoradas con incisiones de soles y ciervos, como en el arte rupestre esquemático (Las Carolinas). En la cueva de la Mora de Somaén se encontraron tres niveles, el inferior con campaniforme de buen estilo, el intermedio con la misma cerámica más tosca y el superior con cerámicas lisas de la Edad del Bronce; con estos datos se supuso que tras la llegada del vaso campaniforme llegó a la Meseta la cultura de Almería, con una fase antigua que conservaría dichas cerámicas, aunque de tipo más degenerado que Ciempozuelos, y otra más moderna, ambas registradas en los alrededores de Madrid y la segunda con su más importante yacimiento en Cantarranas (Ciudad Universitaria), que tenía dos hileras de chozas con sus basureros junto a la entrada, señalándose aquéllas por los postes carbonizados; sus ajuares se componían de cerámica lisa y sílex de tipo almeriense, la metalurgia por la malaquita encontrada en el arenero de los Vascos y la riqueza de la industria de sílex por el magnífico puñal de San Fernando de Henares. De todo este oscuro periodo, en crisis la mayor parte de lo escrito hasta ahora, quedan cerámicas decoradas con incisiones o lisas de muchas estaciones de la sub-meseta N difíciles de fechar y que pueden llegar hasta fines de la Edad del Bronce. Finalmente, hay numerosas estaciones de arte rupestre esquemático en Las Batuecas, Pereña y Garcibuey (Salamanca), Camasobres (Palencia), Sepúlveda (Segovia), Candeleda en la Sierra de Gredos, la cueva de Atapuerca (Burgos) y numerosas en la provincia de Soria, con el interesante grupo de Valonsadero.Edad del Hierro. Es seguro que las antiguas culturas eneolíticas continuaron en la Meseta, con algunas modificaciones, hasta la Edad del Hierro, en la que ocurren dos invasiones importantes con radicales cambios culturales, la de los centroeuropeos del Hallstatt (v.) y la de los iberos de las costas del Sur y Levante y de los valles del Guadalquivir y Ebro, siendo muy escasas las influencias directas de las colonizaciones orientales. Tampoco son frecuentes las noticias literarias sobre la Meseta, que sólo es citada repetidamente cuando se convierte en escenario de las campañas de Roma contra los indígenas, especialmente contra lusitanos y celtíberos. La invasión (o invasiones hallstátticas) produce formas culturales peculiares en el interior de la Península; así lo vemos en las estelas funerarias con relieves, depósitos de bronces, el casco de plata de Caudete, cerámicas a mano excisas (con extensión desde Numancia a la provincia de Ávila y el Manzanares), con otras decoraciones,o lisas; los poblados son castros, como los de la provincia de Soria o los burgaleses de Yecla y Pancorbo, o el importantísimo de Sanchorreja, todos ellos con largas perduraciones a veces hasta lo romano.Acerca de la cronología de las invasiones indoeuropeas por los Pirineos y el valle del Ebro hay diversas opiniones; Bosch Gimpera supone que en el S. VIi llegarían los berones y los pelendones y la gente de Las Cogotas y de Madrid; dos oleadas más ca. el 600 y la primera mitad del S. VI completarían la ocupación de la Meseta. Para quienes suponen, como Almagro, que hubo una sola invasión continua, la entrada se realizaría de una forma constante y pausada, a partir del S. VIII. En cuanto a los iberos, propiamente dichos, sólo ocuparon zonas marginales de la Meseta, aunque su cultura influyó mucho, sobre todo en lo material; las zonas de fricción podemos verlas entre los celtíberos o en los llanos de Albacete, en la zona que domina el acceso desde Levante (poblado de Meca, santuarios de Montealegre) y en el valle del jalón. En el centro, después del 500, se siguen manteniendo las culturas de tradición céltica.Los celtíberos son bien conocidos por las necrópolis excavadas por Cerralbo en Guadalajara y Soria (Aguilar de Anguita, Luzaga), de incineración, con urnas marcadas por estelas que forman calles, vasos primero a mano y luego a torno en los que se depositan, con las cenizas, armas de hierro, cuya metalurgia era famosa en el valle del Jalón, en ocasiones con niquelados de plata y con formas particulares como el puñal corto, a veces con antenas atrofiadas y el pilum arrojadizo, lanzas, cascos, escudos, bocados de caballo y herraduras; también adornos como las fíbulas anulares, de La Téne o zoomorfas, broches de cinturón de uno o varios garfios, brazaletes, diademas, colgantes, cuentas de collar y muchos utensilios de la vida cotidiana. La ciudad de mayor importancia arqueológica es Numancia, con copiosos hallazgos que se guardan en Soria (Museo monográfico numantino), conservándose superpuestas las ciudades celtibérica y romana y restos de ocupaciones de la Edad del Bronce y hallstáttica, aparte de una variada cerámica a torno, pintada y policroma, gris-ahumada, con pinturas rojo-negruzcas de una remota inspiración ibérica, etc. Hallazgos semejantes se repiten en Uxama (Osma, Soria) y Clunia (Peñalba de Castro, Burgos) y muchas otras ciudades en toda la provincia de Soria (Termancia, Voluce, castillo de Ocenilla).De las culturas llamadas poshallstátticas, que mantienen la tradición de la I Edad del Hierro, encontramos una variedad cultural en las estaciones de Monte Bernorio (Alar del Rey, Palencia), situado en las cumbres frente a los montes Cántabros, cuya necrópolis ha dado un puñal con vaina terminada en una contera con cuatro discos, y sobre todo en Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila), con acrópolis cubierta por grandes casas rectangulares, recintos exteriores para el ganado y fuertes muros protegidos por esculturas de verracos, persistiendo una cerámica arcaizante con incisiones, estampados, incrustaciones y decoración de soles, en su mayor parte a torno; la necrópolis con 1.500 sepulturas de incineración y sus correspondientes estelas dio cuatro espadas de hierro de antenas y nueve puñales del tipo de Miraveche, estación de la provincia de Burgos, emparentada también con Monte Bernorio. Del mismo tipo que la Cardeñosa es la necrópolis de La Osera (Chamartín de la Sierra, Ávila), con más de un millar de sepulturas en urna y ricos ajuares metálicos, con damasquinados de plata y cobre. Todo este círculo tiene toscas esculturas de animales llamadas verracos o becerros, que representan toros, jabalíes o cerdos, puestos sobre una base rectangular, que se supone eran seres protectores del ganado, aunque no haya seguridad sobre su interpretación; se conocen por encima de los 300 y delimitan una zona entre el Tajo, desde Toledo a Talavera y el Guadarrama, hasta Portugal; los más famosos por su circunstancia histórica son los toros de Guisando (Ávila). La atribución de todos estos elementos culturales a un pueblo es incierta, aunque bien podría tratarse de los vetones.En la Meseta podemos situar las tribus indígenas en la época de las penetraciones cartaginesas y romanas en la forma siguiente: en el alto Duero y sus afluentes los celtíberos (v.), rodeados por los turmódigos y pelendones y formados por las tribus de los arévacos y los belos, titos y lusones, desde el jalón al Henares; los vacceos (v.) en el bajo Duero; entre esta zona y el Tajo los vetones (v.); en el alto Tajo los carpetanos y en el Cabriel los olcades; desde los montes de Toledo a Sierra Morena y en la región del Guadiana, los oretanos (v.), con un pequeño enclave de germanos.Los romanos en la Meseta. Las ciudades más importantes fueron Segóbriga (Cabeza del Griego, Cuenca), Segontia (Sigüenza, Guadalajara), Toletum (Toledo), Complutum (Alcalá de Henares), Titulcia (Bayona de Tajuña), Ercavica (Santaver), Caesarobriga (Talavera), etc. Restos de vías, con miliarios e inscripciones, se han hallado por el valle del Henares, el del Tajo, en la escalada de Guadarrama por el puerto de la Fuenfría; puentes en Toledo (Alcántara y S. Martín), Torrejón de la Calzada, sobre el río Guatén, Zulema en Alcalá y Fuentidueña de Tajo; acueductos en Toledo, desde el puerto de Yébenes, con castellum aquae, en relación con el pantano de la Alcantarilla o Alberquilla. Restos de fortificación se advierten en el Cerro del Viso o Alcalá la Vieja, en Segóbriga con un circuito interior y otro exterior con nueve torres, en Toledo, en Bayona de Titulcia, sobre el Jarama, con acrópolis sobre el cerro y numerosas cuevas abiertas en el acantilado y en Villa Seca de la Sagra, sobre el Tajo, frente a Algodor (Toledo). Son escasas las ruinas de templos, como las del de Hércules junto al circo de Toledo, el dudoso de Segóbriga; en cambio hay bastantes referencias epigráficas a divinidades en Alcalá (Diana, Fortuna, Marte, Ninfas), en Talavera (Togotes), Arganda (Ninfas) y Uclés (Airón), algunas indígenas como lo indican sus nombres. Teatros hubo, y quedan restos, en Toledo, junto al Hospital de Afuera y anfiteatro en Segóbriga, de planta prácticamente circular y 60 m. de diámetro mayor, capaz para 3.000 espectadores; circo en Toledo, de 422,5 m. de eje mayor y 100,5 de ancho. Entre los numerosos despoblados con restos romanos pueden citarse la villa de Villaverde Bajo (Madrid) en los areneros del Manzanares y cerca las de Santa Catalina, arroyo de la Gabia, Ventas del Espíritu Santo y Puente de Toledo, así como en la Casa de Campo y el Arroyo de los Meaques (Miacum); importante fue el de Carabanchel (mosaicos, una Minerva de Bronce) y los de San Fernando de Henares, sobre el Jarama, San Juan del Viso en Alcalá, Perales de Tajuña, Tielmes, Carabaña y Bayona; algunos restos en Móstoles, Torrejón de Velasco, etc. Termas se conocen en Segóbriga, Rielves con bellos mosaicos, Sacedón, Ajofrín. Sarcófagos estrigilados romano-cristianos en Segóbriga, Layos (Toledo) del S. IV y el de Puebla Nueva (Toledo). Algunos restos escultóricos se hallaron en Villaverde Bajo (Sileno del S. IV), el bronce helenístico con un asno beodo de Carabanchel, donde se halló una Minerva, otra de Sigüenza. Pinturas decorativas sobre estuco de Villaverde, Vaciamadrid y Valdecarros y mosaicos de Rielves, Villaverde, Alberquilla de Toledo y Aranjuez.A. BELTRÁN MARTÍNEZ.
BIBL.: L. PERICOT, La España Primitiva, Barcelona 1950; HE, 1; F. FUIDio RODRfGUEZ, Carpetania romana, Madrid 1934; H. LOSADA y R. DONOSO, Excavaciones en Segobriga, "Excavaciones Arqueológicas en España" 43, Madrid 1965.
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