Castilla Condado HIST.
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Historia
1. Orígenes. Para comprender el nacimiento del condado de C. y su carácter institucional, hay que tener presentes dos hechos: la invasión musulmana y la despoblación de la Meseta como consecuencia de la táctica guerrera de Alfonso I.Cuando los musulmanes llegan a la región del Duero y a los campos góticos, muchos de los habitantes de aquella tierra, entre los cuales abundaban las comunidades góticas establecidas allí desde el S. VI (provincias de Palencia, Valladolid, Segovia, Soria y Burgos), iban a refugiarse al otro lado de los montes Cántabros. Otros pactaron con los conquistadores, pero tres décadas más tarde, al estallar la lucha entre árabes y beréberes, estos últimos abandonan la defensa de la Meseta y se dirigen hacia el sur. Es el momento en que Alfonso I aprovecha para crear un desierto estratégico entre la sierra central y los montes de Asturias y Cantabria. "En todos los castros, villas y aldeas que ocupó (dicen las crónicas del s. Ix) mató a los pobladores árabes y a los cristianos se los llevó consigo a la patria", es decir, a Cantabria: zonas de Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza y las Bardulias. Así quedó despoblada la Meseta, ca. 750, en espera de mejores días.Estos días llegaron medio siglo más tarde con la victoria de Lutos (794) y el fracaso de la ofensiva de Hisám I contra Alfonso II el Casto. Va a empezar la repoblación, que es la forma primera de esta etapa de la Reconquista. Hay prisa por buscar espacio vital para las multitudes que vivían amontonadas "en tierra muy angosta de viandas fallida". El abad Vitulo funda asentamientos en Area Patriniani o en Espinosa de los Monteros (800); el obispo Juan, en Valpuesta (804); el conde Gundesindo, en Bricia y Sotoscueva (811); los monjes lebaniegos de Nazaoba, en tierras de Cervera. Son colonias de agricultores que bajan con sus aperos y rebaños y se establecen en los valles, mientras que el infanzón con sus guerreros lo hace en las alturas cercanas para proteger sus cultivos. En el 814 los Anales Castellanos registran un éxodo compacto desde los Picos de Europa al norte de Palencia y Burgos con estas palabras: "Salieron los foramontanos de Malacoria (al parecer, las Mazcuerras), y vinieron a Castilla". Algún tiempo antes, está tierra se llamaba Bardulia, pero ya ha empezado a tomar este otro nombre, que significa los castillos, en árabe al-Qil¿i’, por los muchos que van levantándose en todas las alturas. El nombre aparece por vez primera en un documento del 800 refiriéndose al distrito de Espinosa de los Monteros, Medina de Pomar y Villarcayo, pero como la repoblación se hace a base de castillos, irá designando toda la tierra repoblada.2. Primeros repobladores. Un magnate, Nuño Núñez, funda Brañosera en el 824; un hijo suyo, Fernando Muñoz, llega al Ebro y sobre una alta roca alza el castillo de Castrosiero, cuya iglesia todavía subsiste. Los repobladores son en su mayoría vascones en la zona oriental y godos y cántabros en el centro y el oeste, es decir, gentes poco romanizadas y rebeldes también a las tendencias de romanización de los reyes de Toledo. Vienen con sus antiguas costumbres, con sus leyes tradicionales, con su latín mal aprendido y transformado ya en un romance muy peculiar y con sus cantares de gesta (v. ÉPICA). La distancia del centro de la monarquía desarrolla este espíritu particularista. No se da un paso sin el fuero, el pergamino fundacional, que los repobladores guardan con apego apasionado. Existe el fuero dado a una villa, como el de Brañosera o el de Castrosiero, el que disfrutan varios núcleos de población, como el de Barrio, Berbebia y San Zadornil, y el que se concede a todos los pobladores de un alfoz como el de Lara o el de Sepúlveda (v. CARTA PUEBLA). Así organizada esta tierra de afuera, ofrece el aspecto de un conjunto de pequeñas repúblicas o comunidades, unidas por los lazos del mismo espíritu y obligadas a procurar su autodefensa frente a los continuos ataques de los musulmanes, ya que el poder central puede apenas interesarse por ellas, sobre todo en los últimos tiempos del octogenario Alfonso II (792-842) y durante los años revueltos de Ramiro I (842-850), en que proliferan los ataques de fuera y las conjuras interiores. Sin rebelión contra Oviedo, como la cosa más natural, estos repobladores foramontanos tienen que encomendar a algunos hombres buenos, jueces o alcaldes, las funciones de hacer justicia conforme a sus fueros y de dirigirles en su resistencia contra las razzias constantes de los moros. Ésta es la situación que refleja la leyenda de los dos jueces: Nuño Rasura y Laín Calvo. Sin duda ha habido otros muchos, pero la tradición popular ha conservado solamente estos dos.Desde que sube al trono Ordoño I (850-866) decide legalizar aquella situación, colocando esta zona oriental bajo el mando de un Gonde, dotado de amplios poderes y respetuoso con las tradiciones de la población. Recae el nombramiento en un pariente suyo, "cuñado" le llama un historiador árabe, Rodrigo (850-873), hombre de una gran personalidad, que repuebla Amaya (860), libra fuertes batallas en Pancorvo contra los cordobeses, lleva la ofensiva hasta Talamanca, y, cuando Ordoño muere, se hace el defensor de su hijo Alfonso III, entra triunfante en Asturias y le coloca en el trono. Su condado es la C. que describe el Poema de Fernán González: un pequeño rincón con un mojón en Hitero del Castillo y otro en Montes de Oca. Le sucede su hijo Diego Porcelos (883-894), que funda Burgos a la vez que Nuño Núñez se establece en Castrogeriz (884); poco después (902), otro magnate, llamado Gonzalo Fernández, hijo del Señor de Castrosiero, se establece en Lara, 25 Km. al S, frente a una fortaleza, de la cual dice el poema: "Moros tenía Cerezo en aquella sazón".3. Crecimiento de Castilla. Aunque lentamente, C. había ido creciendo y se había hecho peligrosa. Templados por la lucha, fuertes con la riqueza y el botín, orgullosos de sus fueros, los castellanos empezaban a ser una preocupación para los gobernantes por sus particularismos. Alfonso 111 de Asturias (v.), que fue un rey centralizador, lo cual le supuso cerca de una decena de conjuras y rebeliones, ve claramente el peligro. Suprime los condes vitalicios y parcela la tierra en diversos condados. Son años en que las noticias escasean y se va creando una oscura rebeldía. En el 910 sufre Alfonso el último complot, capitaneado por su hijo García y por el conde de C. Nuño Núñez, que obligan a abdicar al rey Magno. Con García, rey en León, los castellanos ven satisfechas sus aspiraciones de expansión. Se prepara la ocupación del territorio hasta el Duero, y en el 912 descienden: por occidente Nuño Núñez, que llega de Castrogeriz a Roa; por el oriente, Gonzalo Téllez, conde de Cerezo, que repuebla Osma, y por el centro, el conde de Lara, Gonzalo Fernández, que lleva sus gentes, primero a la antigua ciudad romana de Clunia y desde allí hasta dos plazas fuertes del otro lado del Duero: Haza y San Esteban de Gormaz. El año siguiente se produce el avance por la Rioja. Está ya casi conquistada y pronta a ser castellanizada, cuando García se siente enfermo y va a morir a Zamora (914).Ordoño II (914-924) vuelve a la política de su padre: condes que ocupan C., y la Rioja conquistada para Navarra. Hay un hondo malestar, que se manifiesta en la ausencia de los condes castellanos en la batalla de Valdejunquera. Ordoño los castiga con la cárcel, pero tiene que soltarlos más o menos voluntariamente. Desde ahora se destacan dos nombres, Assur Fernández y Nuño Fernández, representantes de dos familias rivales: la de Villasur al este de Burgos y la de Lara (v.) al sur. Cuando en el 925 surge el conflicto entre los hijos de Fruela 11 y Ordoño II, Nuño Fernández se declara por los primeros y tiene que retirarse con ellos al otro lado de los montes. Triunfa Alfonso Ordóñez, Alfonso IV el Monje, que tiene la audacia de hacer conde de Burgos a un magnate gallego: Guttier Núñez, y de Álava a un caballero de la zona oriental: Álvaro Herraméliz, porque se ha casado con Sancha de Navarra, hermana de su mujer Oneca. Cuando en el 930 los dos hermanos Alfonso y Ramiro se disputan el trono de León, Guttier Núñez y Álvaro Herraméliz se ponen naturalmente de parte de Alfonso, pero al S de C. hay otro conde, desconocido todavía, que se declara en favor de Ramiro. Es Fernando, conde de Lara, hijo del gran repoblador de las riberas del Duero, y de Muniadonna, que al parecer era nieta de Alfonso 111, a través de su hijo, acaso hijo natural, el "rey Ramiro". Este conde de Lara debió tener una intervención muy importante en el desenlace de aquella lucha, con la captura cerca de Burgos de Alfonso el Monje en el mes de julio del 931.4. Primeros condes. El 6 de noviembre Ramiro II era coronado en León y en esa misma fecha o poco después Fernando, hijo de Gonzalo, es decir, Fernán González (v.), era nombrado conde de C. La primera carta que le presenta gobernando el condado es del 18 mar. 932. Entra nombrado por el rey, pero respetando las tradiciones forales del país: "Los castellanos, dice Lucas de Tuy, se sometieron al rey Ramiro reconociendo sus derechos, mas no sin exigir de él ciertas condiciones, que el rey les concedió". Y como si esto fuera poco, Fernán González se casa a los pocos meses con la viuda del conde alavés, Álvaro Herraméliz, que había muerto en la pasada guerra, y así queda convertido desde el mes de agosto en conde de C. y de Álava.El condado, doble condado, ha quedado formado y unificado. Ahora se va a luchar por la subsistencia contra los musulmanes y por la independencia frente a León. Las recias personalidades de sus condes Fernán González, García Fernández y Sancho García, logran convertirle en uno de los núcleos más fuertes y originales de la España cristiana.Tiene sus leyes propias, sus fueros populares, que le dan un fuerte matiz democrático. Se los respeta, se procura su confirmación por los condes y, a ser posible, su ampliación. Es tierra de hombres libres, donde es difícil encontrar la clase de los casatos, apegados a la tierra; y el hombre libre puede conquistar la nobleza con el valor y la riqueza indispensable para disponer de un caballo y un escudero. Así nace la clase noble de los caballeros villanos, documentados ya en los fueros de Castrogeriz (978), pero indudablemente anteriores. Frente a la oligarquía aristocrática y episcopal, que forma el consejo del rey en León, C. ofrece el aspecto de un conjunto de grupos democráticos, unificados en la cima por un jefe, que mantiene y respeta las leyes y costumbres tradicionales. La Iglesia es respetada, pero los obispos no son de nombramiento real, y si algunas veces aparecen al lado de los condes, nunca figuran en la corte leonesa, como los obispos del otro lado del Pisuerga. Hay monasterios ilustres, fundados y mimados por los condes o por algún magnate. Muchos de los que hay en la región: S. Félix de Oca, Santillana, Cardeña, Covarrubias, Arlanza, Silos, Oña, Valeránica, etc., son centros de vida religiosa y a la vez económica, con centenares de vacas, millares de ovejas y docenas de yuntas. Mientras los caballeros luchan, ellos dirigen las actividades agrícolas, ganaderas y culturales. Cada monasterio tiene su escritorio, en que se copian los libros litúrgicos, las obras de los Santos Padres, y otras de carácter histórico, moral o literario de la Antigüedad. Los más importantes son los de Cardeña, Silos y Valeránica, de los cuales se conservan producciones realizadas por una letra visigoda muy bella y preciosas miniaturas, como la Biblia de León del 960, obra de Florencio y Sancho de Valeránica, príncipe de los calígrafos hispanos medievales. Casi siempre estos artistas mencionan en los colofones de sus manuscritos el nombre de Fernán González, tal vez por la admiración que sienten por él y acaso también por el impulso y ayuda que de él reciben. Este conde es celebrado en dos cantares de gesta, que aprovecha un monje anónimo de Arlanza en el s. XIII para escribir en su honor el poema por la cuaderna vía que lleva su nombre. En ellos, C. ensalza a su libertador. Apresado fraudulentamente por los navarros, permanece un año en prisión de la cual sale (961) después de firmar un tratado por el que reconoce como rey de León a Sancho el Gordo, y éste admite las libertades castellanas. No era la completa independencia, que nunca había pretendido C. Ésta sigue formando parte del reino de León, pero gozando de plena autonomía, aunque sus condes acuden a la corte en las grandes ocasiones, y en los diplomas castellanos figura siempre, al lado de sus nombres, el del rey leonés.5. Lucha contra el Islam. Al morir Fernando, su hijo García continúa denodadamente la lucha contra el Islam. Llega triunfante hasta Soria, Almenar y Noviercas. Conquista Atienza; sitia sin éxito Gormaz; funda para su hija Urraca el infantado de Covarrubias, y sin desalentarse un solo momento, sigue resistiendo en la frontera del Duero, animosamente, aun después de aparecer (979) el genio incontrastable de Almanzor (v.), que le conquista las plazas más importantes del sur del condado: Atienza, Sepúlveda, Cuéllar, Osma, San Esteban y Clunia. Hay un partido favorable a la paz, capitaneado por su mujer y su hijo Sancho, a quienes apoya el dictador cordobés, y la guerra civil estalla en el 992. García, aunque abandonado por muchos de los suyos, sigue resistiendo. Herido junto al Duero en un combate, es llevado a Medinaceli, donde muere a los pocos días, en mayo del 995. Los moros cantaron su valentía; los cristianos arrojaron toda la odiosidad sobre su mujer Ava en la gesta de La condesa traidora.Sancho guarda durante algún tiempo el pacto de paz con Almanzor. Entretanto reorganiza el condado, legisla y da amplias libertades, que le merecen el nombre de conde de los Buenos Fueros. Desde el a. 1000 se convierte en el mayor enemigo del háyib cordobés, y, cuando éste muere en 1002, de su hijo Al-Mudaffar. Al estallar la Revolución cordobesa, va hasta la capital del califato (1009) y se convierte en árbitro de los contendientes. Esta ayuda le vale la devolución de todas las plazas perdidas al sur del Duero. Es un gran político y a la vez un guerrero experimentado; pero su muerte prematura en 1017, dejando como heredero un niño de nueve años, da comienzo a una larga crisis que estuvo a punto de desintegrar el condado. Con pretexto de proteger a su sobrino, el pequeño García, Sancho III de Navarra (v.) intenta apoderarse del país, pero se lo impide el rey al-Mund_ir de Zaragoza. Fue sólo un aplazamiento. Al amparo de la anarquía interior, las fuerzas navarras ocupan poco a poco toda la zona oriental. Al fin, al cumplir los 19 años, con objeto de contrarrestar la influencia de Pamplona, el infante García pide la mano de la princesa leonesa Sancha, hermana de Vermudo 111. Sé dirige a León para casarse, acompañado por Sancho de Navarra, y cuando está hablando con la novia en el pórtico de la iglesia de S. Juan Bautista, los Vela (v.), unos magnates alaveses que habían sido arrojados de C. por su padre, le asaltan y le asesinan, el 13 mayo 1029. El suceso fue narrado por los juglares en el romanz del infante García.Sancho de Pamplona, que estaba casado con Da Munia, hermana mayor del infante, toma posesión del condado en nombre de ella y le da por conde al segundo de sus hijos, Fernando, a quien casa con Sancha, la que iba a ser mujer del infante muerto.Siempre había sido motivo de disputa entre León y C. la posesión de la tierra situada entre el Pisuerga y el Cea. Muerto Sancho el Mayor (1035) la querella renace entre el rey leonés y el conde de C. Vermudo avanza hasta la llanura de Tamarón, 20 Km. al O de Burgos; Fernando sale a su encuentro, y el 1 sept. 1037 cae muerto el joven rey leonés en el campo de batalla. Unos meses más tarde entra en la ciudad regia el vencedor, y el 22 de junio, en nombre de su esposa, hermana del muerto, es ungido rey de León; el que antes era sólo conde de C. es en adelante rey de C. y León. Era una C. disminuida, pues Sancho el Mayor había agregado a Navarra toda la parte oriental, siguiendo una línea que iba desde Santander a Montes de Oca y pasaba unos kilómetros al E de Burgos. Esta fue causa de otra guerra entre Fernando y su hermano García, rey de Pamplona. Al caer muerto este último en la batalla de Atapuerca, eJ 1 sept. 1054, C. recobra los territorios hasta la ría de Bilbao y las gargantas de Pancorvo. El resto, juntamente con la Rioja, vieja aspiración castellana, se agrega como consecuencia del asesinato, en Peñalén, de Sancho IV por sus hermanos, el 4 jun. 1076.V. t.: ASTURIAS, REINO DE; LEÓN, REINO DE; RECONQUISTA; REPOBLACIÓN.J. PÉREZ DE URBEL.
BIBL.: F. DE SOTA, Crónica de los príncipes de Asturias y Cantabria, Madrid 1681; F. BERGANZA, Antigüedades de España, Madrid 1719-21; L. SERRANO, Fuentes para la historia de Castilla, Valladolid 1906-30; R. MENÉNDEZ PIDAL, La leyenda de los Infantes de Lara, Madrid 1934; L. SERRANO, El obispado de Burgos y Castilla primitiva, Madrid 1935; J. PÉREZ DE URBEL, Historia del Condado de Castilla, III, Madrid 1945 (en el tercer tomo de esta obra encontrará el lector la enumeración de toda la documentación, diplomas y crónicas relacionadas con la historia del condado); L. SÁNCHEz BELDA, Cartulario de Santo Toribio de Liébana, Madrid 1949; J. DEL ÁLAMO, Cartulario de San Salvador de Oña, II, Madrid 1951. Para el completo conocimiento de las campañas de Almanzor contra C., conviene consultar dos textos árabes de reciente aparición: el libro del geógrafo almeriense AHMAD B. AL-UDRI, Kitab almasalik wa-1-amalik, ed. A. AL-AHWANI, Madrid 1965; y los poemas de IBN DARRAY AL-QASTALI, publicados por M. ALI MAKKI, Damasco 1961.
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