Castilla la Nueva Arte. Edad Media ARTE
Categoria:
Arte
Las primeras manifestaciones artísticas de C. la N. en la Edad Media corresponden a la época visigoda, de la cual quedan algunos restos, particularmente en Toledo: pilastras de mármol como las emeritenses en las iglesias de S. Salvador y S. Leocadia de la capital, y en la casa de Ruiz de Luna en Talavera de la Reina; ruinas de cabeza de Griego (S. VI, Cuenca) y la iglesia de S. María de Melque con reformas mozárabes. El famoso tesoro visigodo hallado en Guarrazar (Toledo) corresponde a estos momentos.Toledo, capital artística de la región, abunda en arte musulmán. Son notables la muralla de la ciudad, las puertas del Cristo de la Luz (s. X), las de Bisagra (la antigua del 830 y la nueva del s. X, muy alterada), y la de Alcántara, del s. XI. También existen varias mezquitas, la del Cristo de la Luz (999), la de las Tornerías y restos en S. Salvador, dos baños, etc. En toda C. la N. hay restos de alcazabas avanzadas cordobesas, como Escalona, cuyas torres son del s. XIII, el palacio de D. Alvaro de Luna, de 1435-48, la fortaleza de Zorita de los Canes y dos arcos en el puente de Guadalajara. También está representado en Toledo el arte mozárabe, con iglesias como las de S. Sebastián, S. Román, y la torre de la iglesia de Santiago del Arrabal, todos del s. X al xi, reformados posteriormente (s. XIII-XVI). El mudéjar ha dejado bellas torres, como las de Illescas (s. XIV) y S. Nicolás en Madrid (s. XIII); iglesias en Guadalajara, Talavera, y Santiago del Arrabal y S. Tomé en Toledo; además son de especial interés las sinagogas de S. María la Blanca (ca. 1200) y del Tránsito (comenzada en 1366), ambas en Toledo. Existen yeserías en las casas, cúpulas, castillos y murallas en algunas zonas de la región.Reconquistada Toledo (1685), defienden las fronteras las órdenes militares establecidas en castillos edificados casi todos sobre ruinas musulmanas, y se repuebla una vasta zona, lo que provoca el nacimiento de la arquitectura románica, que alcanza escaso auge en C. la N. Hoy sólo existe alguna muestra de este arte en la provincia de Guadalajara. Lo cisterciense se reduce a algunas ermitas: convento de Cabrera (Madrid), Cófcoles (1167), Buenafuente (1244) y Alcocer (ca. 1260) en Guadalajara; Calatrava la Nueva (1217) en Ciudad Real, y la catedral de Sigüenza (con elementos románicos y góticos).
Las casas de la sierra de Guadarrama, de granito, planta única y chimenea sobre toda la cocina, difieren de las alcarreñas sólo por sus rojizos muros del rodeno local. No se sabe si tuvieron segunda planta, pero caso de existir ésta sería de madera y entablada. Las fachadas entramadas son posteriores (quizá del s. XIV). En la zona llana de Madrid y Toledo son de tapial descubierto; en La Mancha presentan enlucido de cal; son muy características las plazas porticadas. Otro grupo importante es el toledano de cajones de mampostería y ladrillo (mudéjar).Después de las Navas de Tolosa (1212), dado el gran avance reconquistador que esta victoria supuso, florece por toda C. la N. el arte gótico. La catedral de Toledo es la máxima representación de dicho estilo, y su influencia en Cuenca y en el Monasterio de El Paular es patente. La arquitectura gótica llega a su máximo esplendor con el llamado "estilo isabelino": S. Juan de los Reyes en Toledo, trazada por J. Guas (v.), y el Palacio del Infantado (Guadalajara), del mismo arquitecto. De este momento son también el castillo de Manzanares el Real (ca. 1480) y el de Belmonte.En escultura aparece un primer foco ¡talo-francés del s. XIII (catedral de Toledo), que se transforma en flamenco (s. XIV) con los Egas (v.) y seguidores: sepulcro de D. Alvaro de Luna, comenzado en 1430, y el de Lupiana (ca. 1435), en el Mus. Arqueológico Nacional. El trasaltar de la catedral toledana, en el que trabaja Copin de Holanda, y el retablo mayor (1486-1527) de la misma catedral, obra de varios artistas, son obras señeras que influyen notablemente en toda C. (el famoso Doncel de la catedral de Sigüenza puede servir de ejemplo).Edades Moderna y Contemporánea. Debido al gran desarrollo económico de España a partir de 1492, tiene lugar un enorme florecimiento artístico (plateresco). Toda la región se llena de edificios de nueva planta, de carácter civil y religioso, y de obras de arte de todo orden.Las obras del card. Cisneros en Torrelaguna y Alcalá (colegiata, 1497-1509, capilla y paraninfo de la Universidad) son muy representativas. Con los Mendoza, en Guadalajara, tiene lugar una reacción más purista, p. ej., S. Antonio de Mondéjar (1487-1509), y alcanza gran altura con A. de Covarrubias (v.), R. Gil de Ontañón (v.) y P. de la Cotera.Con el traslado de la capital a Madrid y la construcción de El Escorial (v.) y las casas reales (El Pardo, La Fuenfría, Vaciamadrid, Aranjuez, Aceca, etc.), el foco de influencia pasó a la nueva capital. Los arquitectos J. Bautista de Toledo (v.), J. de Herrera (v.), los Mora (v. GóMEZ DE MORA, JUAN), Villarreal y otros cubren desde la mitad del s. XVI hasta casi todo el XVII.La escultura del plateresco está representada ampliamente en la región: los sepulcros del card. Mendoza en la catedral toledana y de Cisneros en Alcalá (1517) son modelo y escuela, junto con A. Berruguete y F. Vigarny que trabajan en Toledo (sillería del coro de la catedral del primero; tumba del card. Tavera, en el Hospital de Afuera, del segundo) y sus continuadores. Quizá G. Becerra (v.) inicia con los escurialenses el gran taller central, con obras conservadas en Toledo, Alcalá y Madrid. También hay que citar en este momento a P. Leoni (v.), a la familia Arfe (v.), Domingo Beltrán y Juan Bautista Monegro.La plenitud del barroco en arquitectura tiene lugar de forma casi desenfrenada con los Churriguera (v.) (Nuevo Baztán, 1722), Narciso Tomé (v.) (Transparente de la catedral toledana, 1721-32) y P. de Ribera (v.) (portada del antiguo Hospicio de Madrid). El nuevo Palacio Real (1735). fue centro de todas las artes hasta bien avanzado el s. XII.En el s. XVII gran parte de la escultura de Madrid se conoce tan sólo por los documentos (las obras de Porras, los Herrera y Contreras se perdieron); la figura señera entre los típicos imagineros es el portugués M. Pereira (v.), sin olvidar la gran obra escultórica de J. B. Churriguera y P. de Ribera (retablos, portadas, etc.). Como en arquitectura, el Palacio Real y la Academia imponen cambios radicales (bocetos de mármol y estatuas de reyes o las fuentes de las reformas urbanas de Carlos III), destacando Felipe de Castro, Roberto Michel, J. Pascual de Mena (v.) (1707-97), L. Salvador Carmona (v.) y M. I. Álvarez de la Peña (v.). Todos ellos y los que trabajaban en la fábrica de _porcelana del Buen Retiro resumen la escultura del s. XVIII.Los tracistas italianos, F. Juvara (v.) y G. Sacchetti (v.) inician el neoclásico impuesto por la R. A. de San Fernando (1744; inauguración solemne, 1752) con figuras estelares como Ventura Rodríguez (v.), J. de Villanueva (v.) y seguidores (G. Velázquez, los López Aguado). La escultura en el s. XII no aporta figuras de primera fila, hasta las exposiciones de Bellas Artes (1856) y la gran escultura prodigada por los monumentos madrileños a personajes relevantes.Pintura. Capítulo aparte merece la pintura en C. la N. Traído por el gran mecenas, el arzobispo Tenorio (1397), trabaja en Toledo Starnirna. Con Jorge Inglés (v.) se introduce la pintura flamenca (1455). Después de Fernando Gallego (1440-1506; v.) los renacentistas Juan de Borgoña (v.), Pedro Berruguete (v.) y A. del Rincón, junto con F. Yáñez de la Almedina (v.) y F. Llanos (v.), en Cuenca llenan el s. XVI. Los rafaelescos A. de Pereda, F. Comontes y J. Correa de Vivar (v. las voces correspondientes) enlazan ya con el manierismo escurialense.Figura señera es la del Greco (1541-1614; v.) y dignos de mención son los iniciadores del retrato de corte:
A. Moro (m. 1576; v.), A. Sánchez Coello (m. 1588; v.) y J. Pantoja de la Cruz (m. 1608; v.), así como los del naturalismo: V. Carducho (m. 1638; v.), E. Caxés (m. 1634; v.) y seguidores del Greco: L. Tristán (m. 1642; v.), J. B. Mayno (m. 1649; v.), P. Orrente (m. 1645; v.), para llegar a la figura cumbre de Velázquez (1599-1660; v.). La escuela madrileña (v.) inicia en el apogeo barroco de Carlos II un resurgimiento curioso de fresquistas: Claudio Coello (m. 1693; v.), Donoso (m. 1690) y el extranjero Lucas Jordán (m. 1706; v.), que trabaja en Madrid, J. Antolínez (m. 1675; v.) y A. Palomino (m. 1726; v.), buenos pintores del lienzo también.
En el s. XVIII vienen numerosos extranjeros llamados por Felipe V (Ranc, Van Loo), Fernando VI (C. Giaquinto) y Carlos I11 (J. B. Tiepolo y A. R. Mengs), que decoran los techos de palacio y retratan a toda la corte. Junto a ellos figuran los poco brillantes académicos y los pintores de la fábrica de tapices (los Bayeu, J. del Castillo, etc.). Como enorme contraste surge la gran figura de Goya (1746-1828; v.), genio aislado como Velázquez y el Greco, e inspirador de todo el impresionismo.Retratista minucioso y decorador de techos fue Vicente López (1772-1850; v.), no alcanzado por sus hijos ni por J. A. Ribera (m. 1860), quizá el primer "pintor de historia", ni tampoco por A. Esquivel (v.). Entre los románticos destacan L. Alenza (m. 1845; v.) y E. Lucas (m. 1870; v.), ambos de inspiración goyesca; Federico Madrazo (v.) sobresale como retratista y como ilustrador de libros de arquitectura G. Pérez Villaamil (v.).F. IÑIGUEZ ALMECH.
BIBL.: J. M. CUADRADO y V. DE LA FUENTE, Castilla la Nueva, Barcelona 1885; M. GóMEz MORENO, Arte árabe y mozárabe, en Ars, 11; J. M. PITA ANDRADE, Itinerarios de Madrid, Madrid 1954; J. A. GAYA NUÑO, Arte del siglo XII, Madrid 1958; F. CHULA, Madrid y sitios reales, Barcelona 1958; CONDE DE CERILLO, Catálogo monumental de la provincia de Toledo, Toledo 1959; A. SANZ SERRANO, Cuenca y su provincia, Barcelona 1960. V. t. la bibl. de cada una de las capitales que componen la región.
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