Castiglione, Baltasar
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Biografía GER
Una de las figuras más características del Renacimiento italiano, tanto en su aspecto moral como político y literario. Su vida se desarrolla en un periodo en el que se suceden acontecimientos decisivos para la historia de Italia.De ilustre familia lombarda, n. en Aldea de Casatico (Mantua) el 6 dic. 1478, estudia griego y latín en Milán con los humanistas Demetrio Calcondila y Giorgio Merula, educándose como gentilhombre en la corte de Ludovico el Moro, en el esplendor de las artes y refinamiento de costumbres. Participa con el marqués Francesco Gonzaga, en la batalla de Garigliano, ganada por los españoles. Conoce a Guido de Montefeltro y acepta su invitación de residir en la corte de Urbino. Entabla amistad con Rafael, que pinta su retrato conservado hoy en el Louvre.Viudo, decide abrazar el estado eclesiástico. Disfruta de enorme prestigio (ganado siendo embajador ante León X como conciliador en el conflicto entre el Papado y el Imperio) y Clemente VII lo nombra nuncio apostólico ante Carlos V (julio de 1524), encargo delicadísimo debido a la tensión Papado-Imperio que finalizaría con el Saco de Roma. La conciliación Papa-Carlos V (Bolonia 1529-30) no pudo disfrutarla C., que m. en Toledo el 17 en. 1529.Perfecto cortesano, su obra es reflejo de la experiencia de su vida social como diplomático, secretario de príncipes y amigo de artistas y escritores. Su égloga Tirsi nace para cantar a la duquesa Elisabetta de Urbino, entre los amigos de la corte. Sus escritos en latín, de elegante composición y gran capacidad de imitación de los clásicos, carecen generalmente de rasgos personales. Sus rimas en lengua vulgar, sin originalidad, faltas de efusión lírica e introspección, características de la época, se manifiestan con la idéntica incapacidad de confesión del yo íntimo que aparece en sus cartas (muy interesantes como aportación a la historia del momento); entre éstas destacan, por su erudición, las dirigidas a Pietro Bembo (v.) y la escrita a León X sobre las antigüedades de Roma y su restauración, de gran rigor científico y expresión de un noble culto a la Antigüedad, común a artistas y escritores del mundo romano renacentista. Igualmente importante, la réplica al Diálogo de las cosas ocuridas (sic) en Rotna, en el que Alfonso de Valdés (v.) juzga el Saco como justo castigo del clero corrompido, defendiendo con ello la supremacía del Estado sobre la Iglesia.En II Cortegiano (El Cortesano) se propone: a) realizar un retrato del perfecto hombre de corte y de la perfecta mujer palaciega; b) presentar un cuadro de la vida cortesana de Urbino, caracterizándola por su aspecto aristocrático, incluso en lo espiritual, y c) ofrecer una colección de breves tratados sobre los temas más discutidos de la época. Lo consigue de modo armónico, según un esquema escrupulosamente meditado, en el que la corte aparece como paraíso terrestre de la cortesía, ejemplo de amistad aristocrática y consecuencia de la serena belleza de la duquesa, centro efectivo de la vida cortesana, signo inconfundible de mesura social, dado que el duque, siempre enfermo, se retira pronto de noche, a la hora de agradables reuniones.El diálogo ciceroniano se une a la tradición literaria antigua que el Humanismo quiso resucitar. Aunque contenga traducciones, incluso literales, de los clásicos (Plutarco y Cicerón), literatura y experiencia vital no se disocian, propugnando la dignidad del individuo de manera que parece la corte creada para él y no al contrario.Las cuestiones fundamentales se distribuyen en cuatro libros: en el primero, Ludovico de Canossa (siempre recuerda ambiente y personajes auténticos) trata de las cualidades físicas y morales del perfecto cortesano; en el segundo, Federico Fregoso habla de cuáles son las circunstancias en las que el cortesano debe de dar prueba de sus dotes; en el tercero, Giuliano de’ Medici modela la figura de la mujer cortesana, y en el cuarto, Octaviano Fragoso expone cuáles deben de ser las relaciones entre el cortesano y el príncipe, a la par que Pietro Bembo habla del amor como pura pasión espiritual que, a través de la mujer, eleva al conocimiento del Sumo Bien.Da mayor extensión a los ejemplos que a los principios, manifiesta una actitud contraria a los convencionalismos, sostiene el criterio de que cada acto del cortesano ha de llevar una nota de señorío, sin la que quedaría carente de significación. La obra fue traducida al castellano por Boscán (v.).Aunque la imagen de la época es inexacta y unilateral, su originalidad consiste en la convicción que tuvo de ser el testigo e intérprete de un momento de madurez en la civilización italiana, manteniendo la dialéctica de que esta madurez de los tiempos había conducido a los hombres a ser más capaces de realizar el bien y, por ello, más conscientes de su actuación como seres humanos. Así, el nexo entre lengua y sociedad es más fuerte que el de otras obras coetáneas; incluso defendió, con criterio moderno, el uso de formas dialectales, frente a la actitud purista.M. GIL ESTEVE.
BIBL.: Fuentes: B. CASTIGLIONE, 11 Cortegiano e una scelta delle opere minori, ed. a cargo de B. MAIER, Turín 1955; ln, El Cortesano, trad. por BOSCÁN, Buenos Aires 1945.-Estudios: P. LORENZETTI, La bellezza e l’amore nei trattati del Cinquecento, Pisa 1922; G. G. FERRERO, Studi sul Castiglione, en "Rev. di sintesi letteraria" II (1935), 160-175; M. Rossl, Baldesar Castiglione, la sua personalitá, la sua prosa, Bar¡ 1946; V. CLAN, 11 libro del Cortegiano, Florencia 1947; A. CORSANO, L’ideale estetico morale del Castiglione, "Rassegna d’Italia" VII (1947).
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