Casares Gil, José
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Biografía GER
Químico español; n. en Santiago de Compostela el 10 mar. 1866 y m. en la misma ciudad el 21 mar. 1961. Perteneciente a una familia de profesores universitarios, en 1888 logró la primera cátedra de Análisis Químico y Técnica Física de la Facultad de Farmacia de Barcelona, de la que pasó a la de Madrid en 1905. Organizó las enseñanzas básicas de la carrera. En 1896 fue en viaje de estudios a Munich, donde trabajó bajo la dirección del prof. Adolph Baeyer. Con este motivo conoció las técnicas de la investigación química, que tanto esplendor tenían entonces en Alemania. Fue condiscípulo de R. Willstátter, Wieland y otros, con los que mantuvo estrecha amistad toda su vida. Deseoso de completar su formación con el conocimiento de otras escuelas, estuvo en París con H. Moissan (v.), el descubridor del flúor y autor de brillantes técnicas de investigación en bajas y altas temperaturas. Más tarde, en 1899, se trasladó a los EE.UU., donde trabajó en Nueva York con Smidt en la separación de metales :Zobles y tierras raras. Con todo este bagaje de experiencia pronunció el célebre discurso de apertura del curso 1900-01 en la Univ. de Barcelona, en el que expuso el atraso de las Universidades españolas, en las que, a pesar de haber excelentes conferenciantes, no se producían aportaciones originales a una ciencia que caminaba a pasos agigantados. Fue el precursor del desarrollo actual de la Química en España.BiBl.: R. CASARES, Recuerdos de una vida: José Casares Gil, Madrid 1987 (Monografías Beecham n.° 34).**AUROMAN CASARES.
**BIOCASAS Y NOVOA, FERNANDO DE
Vida. El más significativo de los arquitectos gallegos del s. XVIII, quizá sólo superado en originalidad por su contemporáneo Simón Rodríguez (v.). Ambos fueron herederos de la gran arquitectura barroca iniciada en Galicia por Domingo de Andrade. El primero continúa en la línea de las proporciones armoniosas, mesuradas, con ornamentos rítmicamente dispuestos, de origen orgánico, menudo y floral, sometido todo a estructuras y módulos clásicos; el segundo se atuvo, más bien, a volúmenes y ornamentos plásticos, abstractos y anticlásicos. Se supone que C. nació en Santiago de Compostela entre 1680 y 1690. Realizó su aprendizaje artístico con el monje-arquitecto fray Gabriel Casas, quien en 1708 lo propuso como sucesor suyo en las obras del claustro de la catedral de Lugo. También se formó junto a Domingo de Andrade (v.), a quien asimismo sucedió en la maestría de la catedral de Santiago, haciendo posible la continuidad artística del barroco compostelano iniciado 30 años antes por Peña de Toro, bajo la dirección del fabriquero Vega y Verdugo. Casado en 1718 con Da María Rosa Vázquez Navarrete, tuvo tres hijos del matrimonio. M. en Santiago hacia 1749.
Obra. La obra de C. es muy vasta, pues comprende numerosos edificios eclesiásticos, algunos civiles y bastantes retablos. Comenzamos por la enumeración de estos últimos. El primero es el retablo de la capilla del Pilar de la catedral compostelana, diseñado en 1723 y realizado en mármol y jaspe por M. de Romay. Su forma de pagoda con cuerpos escalonados de estiradas proporciones acusa influencia de los retablos portugueses contemporáneos. Lo curioso es que C. empleó luego idéntico esquema compositivo en el espejo central de la fachada del Obradoiro. De 1730 data el enorme retablo de la iglesia de S. Martín Pinario, que ejecutó también M. de Romay en colaboración con otros artistas. Con gran originalidad se interpone a modo de mampara o iconostasis entre el presbiterio y el trascoro de la iglesia. Su forma se inspira quizá en la del monumento levantado en la catedral de Sevilla por B. S. de Pineda en 1671 para celebrar la canonización de S. Fernando: sobre el dinamizado cuerpo inferior se yergue un baldaquino, del estilo de los de Andrade, cuyo roto perfil se dibuja sobre el espacio vacío del fondo en gran alarde de perspectiva. Otros retablos de C. son los del crucero en la misma iglesia de S. Martín Pinario, el del convento de las Capuchinas y el de la capilla de la Azucena en la catedral.Entre sus obras arquitectónicas ocupa cronológicamente el primer puesto el claustro de la catedral de Lugo, continuado por C. sobre trazas de fray Gabriel Casas. Es un claustro procesional de un solo piso, solemne y rítmico gracias a las clásicas pilastras pareadas que separan sus arcos; los ornamentos menudos de tipo floral que lo esmaltan le confieren, sin embargo, una gracia y una elegancia muy dieciochescas. Le sigue la capilla del Pilar de la catedral compostelana, continuada en 1712 por C. a la muerte de Andrade. A la existente decoración de sartas de frutas, trofeos militares e insignias jacobeas, C. añadió placas recortadas y volutas de muelle, características en Compostela a comienzos del s. XVIII. Además levantó la cúpula octogonal sobre la base cuadrada de la capilla, colocando, como enlace, en las esquinas trompas en formas de veneras y rellenando el intradós de decoración ejecutada a escala menuda. C. fue llamado a Lugo en 1726 para construir la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes, que terminó su discípulo Ferro Caaveiro. Se trata de una capilla cilíndrica, cuyos pisos se levantan escalonadamente en ordenados y claros volúmenes arquitectónicos sin apenas alguna concesión al decorativismo. Su admirable efecto se ve realzado por el conjunto urbano de la plaza que preside. El mismo dominio, severo y solemne, de las masas arquitectónicas, que añora el fenecido clasicismo, demuestra C. en las iglesias de las Capuchinas de La Coruña y de las Dominicas de Santiago. En esta última ciudad intervino también C. en el enorme edificio de S. Martín Pinario para rematar ciertos detalles: construyó la capilla del Socorro y la sacristía de la iglesia, el ático y la escalinata de la fachada principal, y la graciosa fuente que centra el patio de las oficinas.Antes de emprender su obra maestra, la fachada del Obradoiro de la catedral, C. realizó una especie de ensayo en la portada de la iglesia del monasterio de Villanueva de Lorenzana, donde anticipó ya muchos de sus elementos. La del Obradoiro necesitó varios proyectos antes de comenzarse definitivamente en 1738. El triple objetivo que se perseguía, proteger el viejo pórtico de la Gloria, asegurar la iluminación de la nave y ofrecer al asombro del peregrino una nueva y deslumbrante portada, fueron conseguidos plenamente. La nueva fachada se ofrece como una gigantesca mampara transparente tendida entre las torres gemelas de la catedral. La enorme área de vidrio está vertebrada genialmente para obtener grandes superficies vacías, que recuerdan tanto las articulaciones góticas como las armaduras de hierro y hormigón de la época industrial. El ímpetu ascendente, así como el verticalismo de las torres (la de la Carraca fue levantada por el mismo C. a imitación de la ya existente), rememoran igualmente las grandes fachadas góticas; pero el escalonamiento de los planos en admirable efecto de perspectiva, la rotura de lós perfiles, la múltiple ornamentación donde a los elementos orgánicos menudos de tipo floral o de rocalla se asocian los cuerpos sólidos, los placajes y las planas volutas, confieren al conjunto un dinamismo y una fastuosidad plenamente barrocos. Realmente, con esta monumental fachada del Obradoiro llega el barroco gallego e hispánico a uno de sus más elevados hitos.V. t.: BARROCO V, 1; GALICIA VII.A. RODRÍGUEZ CEBALLOS.
BIBL.: O. SCHUBERT, Historia del Barroco en España, Madrid 1924; G. KUBLER, Arquitectura de los s. XVII y XVIII, Madrid 1957; M. MURGUIA, El arte en Santiago durante el s. XVIII, Madrid 1884; J. COUSELO BOUZAS, Galicia artística en el s. XVIII y primera mitad del XII, Santiago de Compostela 1933; M. CHAMOSO LAMAS, La arquitectura barroca en Galicia, Madrid 1955; íD, La fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago de Compostela, "Archivo español de Arte y Arqueología", XXXVI, 1936.
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