Carta LIT.
Categoria:
Literatura
Es la forma más libre e indeterminada y, por tanto, más expresiva, del género epistolar. Los preceptistas clásicos intentaron establecer rigurosos límites, tanto a la forma como al contenido de este género tan poco preciso. En las preceptivas y retóricas antiguas encontraremos clasificaciones hasta el infinito, partes de que debe constar, estilo y materia. Todo inútil; la c. no se deja analizar, se nos escapa por ser la forma más sencilla y humilde de todos los géneros. Cierto es que en tanto obra de arte poseerá unas características propias. El griego Demetrio, el retórico, antólogo de c., ensaya un estudio del tema y abre un portillo a los estudiosos. De acuerdo con su clasificación y las adiciones de Proclo, se redactaron las mejores c. latinas y todo el sueño de la Edad Media se redujo, como en otras muchas cosas, a sistematizar los resultados de los teóricos de la Antigüedad. Alberic de Monte Cassino (¿1101?-ca. 1140), en su Ars Dictaminis, fijó los límites de la c., respetados por todos, en cinco cláusulas inamovibles y en el siguiente orden: salutatio, captatio benevolentix, narratio, petitio y conclusio.La técnica del género se hizo tan compleja que fue necesario crear todo un formulario más retórico que objetivo. En consecuencia, muy pocos fueron capaces de redactar una c., no ya literaria sino familiar, viéndose obligados a crear todo un cuerpo burocrático especializado en el formulario de c., los secretarios, elemento indispensable en las cancillerías europeas. La c. literaria fue utilizada como técnica novelesca o bien sirvió para la expresión natural de los pensamientos más íntimos, la exposición sistemática de ideas o para la evocación de una época vista con especial sensibilidad. En el caso primero, la c. al estar en el meollo de la ficción novelesca, sirvió para una narrativa gradual y subjetiva, muy propia de la época humanista, del Renacimiento y del realismo decimonónico. Recordemos La cárcel de amor, de Diego de San Pedro (s. XV). Una novela modelo centrada en la técnica epistolar es Pepita Jiménez, de J. Valera (v.). Existen obras enteras constituidas por c. cruzadas entre destinatarios inexistentes y que servían a su autor para exponer ordenadamente una crítica de la vida. Las Cartas persas de Montesquieu (v.) y las Cartas marruecas de José Cadalso (v.) son modelos en su género. Un enorme interés personal, vivencial y de época, muestran los epistolarios, exquisitos por su delicadeza, de tantas escritoras francesas que exteriorizaron su alma a través de ellos.Nadie como el poeta P. Salinas ha visto las estrechas conexiones entre la feminidad y la c.: "Mientras que en la historia de la literatura el número de varones eminentes es abrumadoramente superior al de mujeres, en cambio si se mira a la epistolografía pura, a la carta sin más propósito que la comunicación humana, el trato de almas, veremos resplandecer los nombres femeninos, más numerosamente y con más fulgor que los de hombres. ¿Cómo podría formarse una antología de cartas masculinas -de personas privadas, por supuesto, no de genios literarios- comparable a una que recogiese las epístolas de Eloísa, de Madame Sévigné, de la monja portuguesa, de Mademoiselle de Lespinasse, de Lady Montagu, de Jane Carlyle, en primer plano de excelencia, seguidas de docenas de otras personalidades exquisitas de mujer que se han revelado en ese arte de la carta? No se mire esto como simple capricho de la casualidad. La aptitud especial de la mujer para la epistolografía íntima, tan reiteradamente probada, desde la Edad Media hasta hoy, sin duda ha de responder a algún rasgo psicológico particularmente femenino" (v. o. c. en bibl., 69).Hay toda una época, el s. XVlli, que puede estudiarse casi exclusivamente consultando las c. de Voltaire (v.). El pensador francés supo fundir en ellas la elegancia, la claridad y la sencillez. Las c. literarias, salvo algún recurso estilístico, importancia histórica y valor expresivo, mantienen en el fondo los rasgos propios de la c. familiar. Predomina en ambas un estilo personal y sencillo, íntimo y con calor de humanidad. La noticia y el pensamiento fluyen ágilmente sin detrimento en la hondura y originalidad. Se rehúye la cita erudita. El periodo corto define una soltura expositiva de que carece cualquier otro género afín.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: P. SALINAS, Defensa de la carta misiva y de la correspondencia epistolar, en El Defensor, Madrid 1967, 17-113; F. LóPEz ESTRADA, Antología de epístolas, Barcelona 1960-61, 3-160; R. BAEZA-A. REYES, Literatura epistolar, Barcelona 1951.
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