Carlos XII de Suecia
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Biografía GER
N. en Estocolmo, el 17 jun. 1682. Monarca efectivo a los 15 años de edad (1697), es el tercer soberano de la dinastía Zweibrücken (v.). La historia de su reinado es la historia de la rápida desintegración del Imperio sueco en el Báltico, tenaz edificación de los monarcas, sus predecesores, de las dinastías Vasa (v.) y Vasa-Zweibrúcken a lo largo de dos siglos, cuya formación y decadencia es preciso recordar brevemente.Desde la misma hora de su independencia nacional, Suecia nace con una vocación expansiva hacia el Báltico oriental. Los herederos de Gustavo Vasa, el padre de la nacionalidad, reciben ya una Suecia acrecida en esta dirección, a cuya tendencia se suma luego la atracción hacia el golfo de Riga, común a otros Estados bálticos, por la oportunidad que ofrece la descomposición del Estado eclesiástico medieval de la Orden de Livonia; atracción de índole militar y estratégica, pero sobre todo económica, ya que las ciudades alemanas de Livonia y su puerto de Riga controlan el comercio moscovita con el Occidente.A comienzos del s. XVII, la rivalidad polaco-sueca por el dominium maris baltici acaba con la rotunda victoria de Gustavo Adolfo, al arrancar a Polonia la deseada Livonia, además de otros enclaves, y a Rusia las zonas costeras de Carelia e Ingermania, hasta el lago Ladoga, con lo que Suecia dominaba y cobraba aduanas en todo el comercio fluvial interior del Dvina, Niemen y Vístula. Durante la guerra de los Treinta Años (v.), y para completar el objetivo de hacer del Báltico un lago sueco, Gustavo Adolfo y su hija Cristina volvieron su estrategia hacia el Báltico occidental, a costa de Dinamarca y del Imperio, con lo que Suecia adquiría los estuarios de los grandes ríos alemanes, Oder, Elba y Weser, y la posibilidad de controlar también su comercio, así como el libre acceso al mar del Norte a través de los canales fluviales que conducían al puerto de Bremen.Faltaba, sin embargo, redondear el dominio sueco sobre el Báltico meridional, uniendo estas nuevas adquisiciones occidentales con las anteriores anexiones orientales en Livonia. Éste fue el sueño a que se entregó, en guerra abierta con todos los otros Estados bálticos, el abuelo de C., Carlos X (1654-60). En su corto reinado de seis años, Suecia conoció el límite máximo de su expansión, al arrancar a Dinamarca (paz de Reskilde, 1658) les tierras hoy suecas de Escania, Blekinge y Bohuslán. Sin embargo, fracasaron los verdaderos sueños de Carlos X: adueñarse de los estrechos daneses, del ducado de Prusia, de la Pomerania polaca y de Curlandia, que hubieran redondeado el dominium maris baltici. La coalición europea puso un freno definitivo (paz de Oliva, 1660) a toda ulterior expansión de Suecia.Tras de algunos desastres que evidencian la decadencia militar de Suecia, Carlos XI (1672-97) abandona la política belicista y se dedica por entero a la política interior, para restablecer el poder absoluto del monarca, someter a la nobleza, a la Dieta y al Senado (Ley Regia de 1683), reorganizar la administración, restablecer la economía y el equilibrio de las finanzas, reducir la deuda pública, mejorar la enseñanza y reorganizar el ejército y la marina. Con ello logró contener la decadencia sueca.C. recibía, por tanto, un Estado recuperado y fortalecido cuando murió su padre, pero al que su desatentado belicismo iba a llevar a la miseria. La historia del reinado de C. es la de la rápida volatilización del Imperio sueco y de la debilitación de sus energías nacionales, empezando por su propia población masculina. Es verdad que la pérdida de su Imperio báltico era inevitable a mayor o menor plazo, por la conjunción de apetencias de los otros Estados y porque en el calendario diplomático europeo había sonado la hora del equilibrio báltico; pero la obstinada y poco realista política del joven monarca aceleró y agravó las consecuencias de esta liquidación.El absolutismo monárquico legado por su padre fue en las manos de este monarca de 15 años, autoritario y soñador, violento y cabeza de hierro, un instrumento de destrucción. Obsesionado por la lectura de los Eddas y de los historiadores clásicos, su gran ambición fue la de igualar a los grandes caudillos militares de la Antigüedad y de su propia dinastía. Ambicionaba el poder y el mando, y su coronación a los 15 años, contra el testamento de su padre que establecía un Consejo de Regencia hasta los 18, fue por aclamación del Senado y la Dieta, pero en virtud, según afirman algunos historiadores, de una intriga del propio heredero y de su consejero y futuro canciller, Piper. Frío, orgulloso, duro e implacable para con los demás y consigo mismo, C. estaba adornado de grandes cualidades: la austeridad monacal de su vida, sus dotes militares de caudillo nato, su alto sentido de la autoridad, no las puso al servicio de ningún proyecto constructivo y prudente, sino sólo de su apetencia personal de gloria y de un rencor vindicativo contra sus enemigos. "Su heroísmo fue de orden destructivo, y su muerte fue el único servicio que rindió a Suecia" (D. Ogg).La historia del reinado de C. es la historia de la gran guerra del Norte (v.) (1699-1721), que empezó dos años después de su coronación y finalizó tres años después de su muerte en campaña. Durante estos 19 años, C. no hizo ni pensó en otra cosa que en guerrear, permaneciendo ausente de su patria durante casi todo el reinado. Durante su larga ausencia de 15 años seguidos le suplió como intermediario en el gobierno un Consejo de Regencia, al que se asoció su hermana Ulrica Leonora, sin otra finalidad que la de observar el estricto cumplimiento de las difíciles órdenes que los correos del rey traían desde los campos de batalla de Polonia y Sajonia, o desde su prolongado y voluntario exilio de cinco años en Turquía, y que consistían en incesantes peticiones de hombres y dinero. Tres ejércitos suecos -el del rey, aniquilado en Poltawa, el de Krassau, que defendía Pomerania, y el de Stenbock, que capituló asimismo en Alemania- desaparecieron en estos años, sin que C. cejase ni por un momento en sus proyectos de revancha militar.En 18 años, Suecia perdió el 30% de su población masculina como consecuencia de una sangría de 8.000 hombres por año, en una población de sólo un millón de hab. Las finanzas estatales y la economía nacional siguieron el mismo camino. Durante 15 años el país se vio privado de su soberano, y además se le prohibió gobernarse por sí mismo. Cuando C. se negaba a regresar de Turquía, ante los desacuerdos entre el Senado y el Consejo de Regencia, éste suplicó a la princesa Ulrica Leonor que tomase el lugar del rey durante su ausencia. C. accedió a que lo hiciera, pero sólo en calidad de simple representante personal suyo, y sujeta a todas las órdenes que el enviaba desde el mar Negro, con lo que el problema de la unidad y celeridad del gobierno siguió sin resolverse. Además, desde el matrimonio de esta princesa con el príncipe heredero de Hesse-Kassel, se enfriaron las buenas relaciones entre ambos hermanos, a causa de la insostenible situación del gobierno y, sobre todo, de las preferencias de C. a favor del príncipe Carlos-Federico de Holstein-Gottorp, hijo de su hermana mayor Eduvigis Sofía y del duque Federico de Holstein, como heredero de la corona. Esta inclinación explica el nombramiento del barón de Goertz, servidor de la casa de Holstein, como canciller del reino (1715), el cual inspiró la última fase atlántica, la aventura noruega, de la política exterior de C.Es justo recordar que no fue C. quien inició la guerra del Norte, sino la alianza de soberanos belicistas como él, que pensaron aprovecharse de su juventud para materializar sus ambiciones sobre Livonia (Augusto II), sobre la "véntana báltica" de Carelia e Ingria (Pedro I), sobre la Pomerania anterior (Federico III) o sobre la Escania y el Schleswig-Holstein (Federico IV de Dinamarca). Menos de dos años necesitó C. para batir a esta coalición en todos los frentes. Pero C. no quiso detenerse aquí, cuando podía haber obtenido una paz favorable para Suecia y retirarse con su prestigio intacto. En lugar de esto, siguió desgastando a su pueblo y su propio prestigio en guerras sin propósito, como no fuera el de vengarse y humillar a sus enemigos. Cuando murió de un balazo en el asedio de Fredrikshald (11 dic. 1718), dejaba tras de sí un país en ruinas. La nobleza y el pueblo vengaron en la persona de su canciller, el alemán Goertz, el absolutismo y los sacrificios a que C. los había sometido. La monarquía salió debilitada de esta experiencia, pues la Dieta recuperó el poder y puso fin al absolutismo Vasa. Coronada reina Ulrica Leonora (marzo 1719), consumó las consecuencias diplomáticas de las derrotas de su hermano, entregando a la coalición aliada la totalidad del Imperio báltico sueco (V. NYSTAD, PAZ DE). Suecia dejaba de ser una potencia europea para replegarse en sus modestos destinos peninsulares.V. t.:SUECIA (Historia); ZWEIBRÜCKEN, DINASTÍA; VASA, DINASTÍA; NORTE, GUERRA DEL.A. EIRAS ROEL.
BIBL.: D. OGG, L’Europe du XVII siécle, París 1932; I. ANDERSSON, SUeriges Historia, Estocolmo 1952; VOLTAIRE, Histoire de Charles XII, París 1891; C. J. NORDMANN, La crise du Nord au début du XVIII siécle, París 1956; ID, Charles XII et 1’Ucraine de Mazepa, París 1958; L. KONOPCZYNSKI, Le probléme baltique dans l’histoire moderne, "Rev. Historiquen CXLII (1929); W. CZAPLINSKI, Le probléme baltique au XVI et XVII siécles, Actas XI C.I.S.H., IV, Estocolmo 1960; D. EECKAUTE, Le Commerce russe au milieu du XVII siécle d’aprés la correspondance du chargé d’attaires suédois Rodés, "Rev. Historiquel CCXXXIII (1965).
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