Caribes. Historia. GEOG.
Categoria:
Geografía
Caracteres generales. Son miembros del grupo lingüístico c. Los diversos grupos étnicos que forman este gran conjunto cultural se encuentran en diferentes regiones de Centroamérica, las Antillas menores, la zona de los bosques tropicales de Sudamérica, e incluso en Florida. Son probablemente originarios de una región situada entre el alto Xingú y el Tapajoz (Mato Grosso). Sin embargo, los diferentes grupos c. presentan algunas peculiaridades locales, según sean las influencias de los pueblos vecinos con los que conviven. El grupo étnico que mayor influencia cultural ha ejercido sobre los c. ha sido el arawak (v. ARAUACOS), su enemigo más enconado.Los c. propiamente dichos vivían en las Antillas menores en el momento del descubrimiento colombino. Aunque parecen haber llegado a estas islas unos 100 años antes que Colón, fue aquí donde desarrollaron su cultura típica. Conforme a eso, y a pesar de que actualmente hay grupos c. en las regiones de la Sudamérica tropical atlántica, nos ocuparemos de los antillanos (v. ANTILLAS IV), considerando que éstos definen más claramente la cultura caribe nativa o sin mezcla europea.Los c. antillanos están prácticamente extinguidos, si bien existen algunos grupos, muy mestizados, en la Dominica, y otros de ellos se han mezclado con negros y viven ahora en Belice y Honduras. En general, los c. que habitan en el continente sudamericano son agricultores inferiores, y tienen una cultura semejante a la de los demás grupos étnicos indígenas que han hecho su adaptación a los bosques tropicales. En cuanto a los c. antillanos, se pueden señalar como caracteres predominantes, que las islas más definidamente caribes eran en el momento del descubrimiento las de San Vicente, Granada y Guadalupe, aunque también llegaron a ocupar la parte nordeste de Trinidad y probablemente el oriente de Puerto Rico. Acerca de su población en el momento del descubrimiento colombino, son poco precisos los cálculos que se han hecho hasta ahora, aunque para las Antillas podríamos estimar su población total en unos 25.000 individuos. Hacia 1700 se contaron unos 4.000, la mitad en Dominica, y el resto en San Vicente.Colón entró en contacto por primera vez con los c., en 1493, durante su segundo viaje. El primer poblado lo encontró en Guadalupe. De espíritu muy belicoso, atacaron ferozmente a los españoles en la isla de Santa Cruz. Posteriormente, británicos, franceses y holandeses expulsaron a los c. de todas las islas, confinándolos en San Vicente y en la Dominica. En 1675, y coincidiendo con la trata de esclavos negros, se mestizaron sobre todo en San Vicente. Los c. negros o mestizos resultantes fueron después expulsados y se radicaron definitivamente en la costa de Belice y en la de Honduras, lugar donde podemos situarlos ahora. Otros grupos, muy mezclados con európidos, y de los que sólo unos 150 pueden considerarse relativamente puros, viven en. la Dominica en régimen de reservación, siendo su total aquí de unos 500 individuos.Constituyen grupos somáticamente ágiles y robustos, cuyos varones miden un promedio de 1,59 m. y las mujeres 1,47 m. de altura. Tienen espalda ancha, y son mesocéfalos, con un índice de 80, anchos de cara y de nariz, y con brazos más bien largos.CostumbreS. VIvían en lugares elevados, situados junto a las corrientes y protegidos contra los ataques por sorpresa. Sus poblados eran pequeños, y cambiaban de lugar cuando se producía alguna defunción. Eran aldeas agrupadas en torno a una placita central en la que hacían sus reuniones nocturnas. La forma típica de la casa era oval, si bien luego evolucionó hacia una estructura más rectangular. Se trata de viviendas de unos 18 m. de largo por unos 6 de alto, a base de postes de madera combados y atados por sus extremos. Dicha estructura iba forrada con hoja de palma y paja. El piso era de tierra natural. Hombres y mujeres adultos vivían separadamente, de modo que los hombres habitaban casas donde trabajaban y comían, servidos por sus mujeres. Éstas vivían en casas más pequeñas, con sus hijos menores. El mueble básico era, y sigue siéndolo, la hamaca de algodón tejida en forma de red. También emplean mesas y taburetes de madera. Asimismo, y como los c. acostumbraban a desplazarse de isla en isla y salían a pescar con frecuencia, era común el campamento de postes de los que colgaban hamacas.Su indumentaria básica estaba constituida por un cubrepubis la mujer, y con frecuencia iban desnudos los hombres. Se trata de gente limpia que se bañaba todos los días en las corrientes. Se adornaban el cuerpo con escarificaciones y pinturas, y se agujereaban el tabique nasal, las orejas y el labio inferior. En estos agujeros se ponían huesecitos y objetos de concha, madera y piedras. Las mujeres libres llevaban tobilleras tejidas en algodón, y ambos sexos usaban brazaletes, garganteras y cinturones de diversos materiales. También llevaban amuletos pectorales destinados a protegerles de sus enemigos, y se ponían pendientes constituidos por calabacitas rellenas con garras de pájaro y trocitos de piel de jaguar que adquirían en el continente, todo ello para que les sirviera de fetiche protector.Vida económica. Eran muy buenos navegantes, con varias clases de embarcaciones: canoas, piraguas y balsas, las dos primeras fabricadas con troncos ahuecados. Algunas canoas podían llevar hasta 30 hombres e iban equipadas con mástiles, velas de algodón o esteras de fibras, y remos. Eran grandes pescadores de red, garfio y sedal, aunque también usaban veneno. Sus grandes producciones de pescado eran el cangrejo, los mariscos en general y la tortuga. Por tierra llevaban la carga en cestos apoyados sobre la espalda. Practicaban la agricultura, siendo sus cultivos más importantes la yuca, -el maíz, la batata, el frijol y la pimienta. Practicaban la recolección de vegetales silvestres, sobre todo la de frutales como el plátano, el guayabo, el papayo y la piña. También cazaban animales terrestres y pájaros. Comían las carnes asadas. Para cazar se ayudaban con el perro.En materia de industrias, la más importante era la construcción de embarcaciones, a cargo de los hombres, y la cestería, el tejido, la cerámica y las muñecas, a cargo de las mujeres. También era importante la producción de piedras labradas para hachas y cuchillos. Los productos económicos destinados a la alimentación básica eran de propiedad colectiva. Usaban como moneda para sus transacciones el tabaco en rollo. Cada isla tenía un jefe que supervisaba las tareas económicas, y otro que se encargaba de cuestiones guerreras, sobre todo de la dirección de la flota. Éste era el individuo de mayor prestigio.Organización social y religión. La organización social se fundaba en linajes matrilineales, de manera que cada aldea constituía una agrupación de familias presidida por un hombre que dirigía, además, la vida ceremonial del grupo. Se prefería el matrimonio entre primos cruzados, y era muy frecuente el divorcio, mientras que el adulterio se castigaba con la muerte de la mujer y con el azote del ofensor. Eran muy guerreros. Practicaban el pillaje y comían a sus enemigos en el mismo campo de batalla, después de torturarlos en una fiesta ritual. Armas principales eran el arco y la flecha, pero también usaban la jabalina, la porra y la macana. Eran muy dados a las fiestas y a la borrachera, todo ello acompañado de canto, danza y música tocada con maracas, arcos musicales, trompetas de caracol, flautas de huesos humanos y de cañas de bambú.Sus creencias religiosas más importantes eran la idea de un ser supremo bondadoso que vivía en el cielo, y el animismo (v.). Consideraban que los espíritus estaban en varias partes del cuerpo; y así los asociaban con el latido del corazón y de las arterias. Creían que el alma del corazón iba a parar a un paraíso situado en el cielo. No había templos ni sacerdocio, siendo muy importante el chamanismo (v.). Cada individuo tenía su propio espíritu tutelar al cual hacía ofrendas. Los astros eran considerados antropomórficos y les atribuían poderes sobre los acontecimientos terrestres.C. ESTEVA FABREGAT.
BIBL.: L. PERICOT, América indígena, Barcelona 1962; 1. C. SALAS, Etnografía americana. Los indios caribes, Madrid 1920; H. DE LALUNG, Les Caribes, París 1948; D. TAYLOR, The caribs of Dominica, Washington 1938; W. KRICKEBERG, Etnología de América, México 1948; F. PICHARDO MOYA, Los aborígenes de las Antillas, México 1956; A. PRESTAN, Ensayo monográfico sobre los caribe-cuna, "Franciscanum" 12 (1970) 5-41.
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