Campeny, Damián
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Biografía GER
Escultor español neoclásico; n. en Mataró (Barcelona) el 10 u 11 abr. 1771, hijo de homónimo, de oficio guarnicionero, y de Casilda Estrada. Hubiera continuado el menester paterno, que comenzó a aprender a los ocho años, si un sacerdote, D. José Camín, maravillado de la rara habilidad con que el niño moldeaba figuritas de barro, no lo hiciera acudir al taller que en la ciudad mantenía el imaginero Salvador Gurri. Fue este quien, luego de enseñar a C. cuanto sabía, 10 llevó a Barcelona y le hizo ingresar en las clases de la escuela de Lonja (1788). Pasó por los talleres de Travé, Cabañeras y de Montaña, y hasta fue despedido de la Escuela, pero en 1796 obtuvo una pensión en Roma. Frecuentó la Acad. de San Lucas y los talleres de restauración del Vaticano, trabó amistad con Canova e incluso recibió una pensión de Fernando VII. En 1816 volvió a Barcelona, y en 1818 casó con Mariana. Gassol, sobrina del arquitecto Celles. Pasó a Madrid en 1819 y ofreció al rey los estudios preparatorios de sus esculturas Himeneo, La Fe conyugal, Diana cazadora y Paris, dos bustos colosales de El Sol y La Luna y una figura pequeña de la Astronomía. Bastante más importante que estas dádivas (seguramente pretendiendo encargos regios, cual ya los había tenido en 1805 para la Casa del Labrador, de Aranjuez) fue el espléndido relieve donado a la Acad. de San Fernando, como prenda de su nombramiento; tiene por tema El sacrificio de Calirroe, y pocas obras de su tiempo mantienen la tersura, el estudio de volúmenes y la nobleza de composición de esta bella pieza.Desde 1829, año que muere su esposa, C. no vuelve a salir de Barcelona, pero es precisamente esta etapa postrera de su vida la más fecunda en piezas sobresalientes. Antes de 1804, esto es, durante su estancia en Roma, había modelado en yeso su Lucrecia muerta, y en el dicho año lo envió a Barcelona. No fue recibido con aplauso, y antes bien se pronunció más de una vez la palabra plagio. No había tal, y sí una evidente inspiración en las estatuas sedentes de matronas romanas y de las que por la misma época, y mediante semejante inspiración, modelaba A. Canova. Pero quizá este mal recibimiento, aparte consideraciones económicas, dilataron durante décadas el traslado de esta obra a materia definitiva. El expediente que a ello condujo fue el de que la Junta de Comercio de Barcelona dispensase al artista de los envíos de obras anuales a que estaba obligado, empleándose, en cambio, en el traslado a mármol de la bella pieza. Ahora, fue rápida la realización. En septiembre de 1833 comienza la labor, y la Lucrecia se convierte en mármol el 20 feb. 1834. Merecían letra estos pormenores y fechas porque la Lucrecia muerta es una de las figuras más hermosas de toda la estatuaria neoclásica europea; y es sorprendente que C. la consiguiera por caminos tan naturales y tan exentos de inútil dramatismo como demuestra el hecho de que el cuchillo asesino haya quedado sobre el plinto, más como lejano símbolo de la muerte que como su agente. No en vano se ha dicho que el propio Canova, aparte su Paulina Bonaparte, estuvo lejos de crear figura tan hermosa. Un año antes de que se pasase a mármol, C. plasma otra figura femenil, pareja, también sedente y trágica. Es la Cleopatra agonizante, que quedó en yeso, y de la que sólo modernamente se ha hecho una reproducción en bronce. Como toda repetición, y lo es relativamente sólo respecto de la pieza anterior, desilusiona. Las piernas están demasiado extendidas, los brazos más inertes, el sillón carece de la pureza y sintetismo de líneas del de Lucrecia. Y, pese a todo, es una magnífica escultura. El numen clásico inspiró a C. otras notables piezas, como el Apolo en trance y el Gladiador herido, que no deja de recordar 31 conocido Galo moribundo. El gran escultor catalán, que había rehusado el puesto de director general de la Escuela de Lonja, m. en San Gervasio el 7 jul. 1855. Hay que apuntar también en su haber el adiestramiento de muchos escultores catalanes, incluidos los Vallmitjana, con lo que su recuerdo vivo se allega hasta nuestro siglo. Conocemos físicamente al ilustre artista mediante un retrato por Vicente Rodés (Barcelona, Escuela de Bellas Artes), en que aparece, vestido de gran uniforme, con la Lucrecia como fondo.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : E. PARDO CANALÍS, Damián Campeny, Escultor de Cámara, "Bol. de la Sociedad Española de Excursiones" LlV (1950) 237; C. CID PRIEGO, Una obra maestra del neoclasicismo español. La "Lucrecia muerta", de Damián Campeny, "Arte Español" XIX (1952) 15.
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