California REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
MISIONES. En la Baja California. Aunque en las primeras expediciones a C. acompañaban a los exploradores frailes o misioneros, las misiones propiamente tales comenzaron con los jesuitas, que evangelizaron la opuesta región continental de Sonora y Sinaloa. El P. Eusebio Kino (v.) figuró en la primera expedición de Isidoro Atondo con el cargo de cosmógrafo mayor. Comenzó, junto con el P. Goñi, su primera labor de contacto con los nativos cosas y guaycurús. No tuvo éxito la expedición por la hostilidad de los indios. Nueva expedición de Atondo en octubre de 1683, acompañado de los dos mismos jesuitas, que, en la fortaleza levantada, improvisaron una capilla. Unos días después Atondo y Kino, con algunos soldados de escolta, hicieron la travesía de la península dando vista al océano Pacífico. Fracasada la expedición, el P. Kino se llevó consigo dos niños indios para seguir estudiando su lengua y prometió regresar. Kino pasó a la capital de Nueva España para informar al virrey, pero no parece que hallara buena acogida. Mientras tanto, era destinado a la misión de la Pimería Alta.Lo que no pudo realizar el P. Kino lo llevaron a cabo el P. Salvatierra y su excelente colaborador el P. Juan de Ugarte. La misión de C. se concedía a Salvatíerra con la condición de no gravar demasiado la Real Hacienda, por lo que había de efectuarse por medio de ayudas y limosnas. En estas condiciones desembarcaba en C. el 19 oct. 1697. La misión quedaba fundada con cinco españoles y tres indios. La primera fundación, fue la de N. S. de Loreto. Se añadieron como misioneros, además de Ugarte, los PP. Piccolo y Copart, y otros en sucesivas expediciones. Se establecieron 20 misiones. No faltaron sinsabores y martirios de misioneros en las repetidas rebeliones de los nativos, como la de los pericúes de 1734, en la que cayeron asesinados los PP. Lorenzo José Carranco y Nicolás Tamaral, con un grupo de neófitos.Luego las epidemias de 1742, 1744 y 1748, que apenas dejaron con vida a una sexta parte de la población. Para el mantenimiento de la misión se había formado en México el llamado "fondo piadoso", con ingresos suficientes. En la segunda mitad del s. xviii comenzaron las acusaciones y calumnias contra los jesuitas en México, y en C., dentro de la persecución general contra la Compañía de Jesús. Con la expulsión de los jesuitas de España y de todas sus posesiones de Ultramar, cuyo decreto fue ejecutado en febrero de 1768, los 15 misioneros que había en C., hubieron de abandonar sus puestos que se encomendaban teóricamente a los franciscanos. Estos a su vez, y sin apenas entrar en las misiones californianas, las traspasaban a los dominicos, encargándose ellos de las nuevas misiones de la Alta C. Las dominicos fundaron, por su parte, las misiones de N. S. del Rosario en 1774, la de Santo Domingo en 1775, la de San Vicente Ferrer en 1780 y la de San Miguel en 1787. Misiones que siguieron su florecimiento relativo hasta la época de la independencia mexicana. En la actualidad no existe más que, como territorio de misión, la prefectura apostólica de La Paz, confiada a misioneros combonianos.Misiones en la Alta California. Más importancia tuvieron las misiones de la llamada Alta C., actual Estado de C. en los Estados Unidos. La evangelización del territorio corrió pareja con las expediciones de exploración por tierra desde la Pimería mexicana, y por mar desde el interior del golfo y por la costa del Pacífico. Las preocupaciones españolas por la posesión y evangelización de estos territorios se acrecentaron desde que por el N comenzaban a aparecer por aquellas zonas expediciones marítimas rusas. España decidió tomarles la delantera, continuando las exploraciones y ocupaciones al N de la C. ya ocupada. En el campo de la evangelización y de la colonización misma merece un puesto de honor el mallorquín franciscano fray Junípero Serra (v.), que levantó en 1769 la primera capilla, y fundó la primera misión o reducción de la Alta C., bajo el título de San Diego de Alcalá. De 1769 a 1823 surgieron hasta 21 reducciones o puestos de misión, en los que trabajó incansable fray Junípero.En su funcionamiento y desarrollo seguían los franciscanos una metodología particular, empleada antes por los jesuitas en sus reducciones del Paraguay. La fundación revestía una solemnidad particular, después de haberse elegido el lugar más apto. Debería ser abundante en aguas para la misma reducción, y para el regadío de las tierras. Se levantaban los primeros edificios, y se comenzaba la "reducción" de los indios dispersos por la selva o la montaña. Se establecía un minucioso régimen espiritual y temporal, como se había hecho en las reducciones del Paraguay. Hasta en el orden material todo dependía de la misión, que se preocupaba de ofrecer a sus cristianos terrenos de labrantío, pertrechos de caza y pesca, semillas para la siembra, plantaciones de árboles frutales, plantas, herramientas, etc. Cuanto se cosechaba en los campos propiedad de la misión, se recogía en bodegas y graneros para servicio de la comunidad cristiana. Todas las necesidades de los nativos se cubrían con existencias de un fondo común. (Para evolución posterior y situación actual, V. ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA DEL NORTE V).A. SANTOS HERNÁNDEZ,
BIBL.: A. SANTOS, Bibliografía Misional, II, Santander 1965, 730741.
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