California HIST.
Categoria:
Historia
HISTORIA. Geográfica e históricamente, más que de C., en singular, debería hablarse de las C., en plural: Estado mexicano de Baja C. Norte, con capital en Mexicali; Territorio mexicano de Baja C. Sur, con capital en Santa Cruz de Bravo; y Estado norteamericano de C., con capital en Sacramento, aunque mayores y más importantes que ésta son las ciudades de Los Ángeles y San Francisco, entre otras del mismo Estado. La C. norteamericana equivale a la llamada por los españoles hasta el s. xIx Alta C.: V. CALIFORNIA (ESTADOS UNIDOS).Descubrimiento y primeras exploraciones. El avance de los españoles desde México hacia el N, por el O, comienza por el golfo de C., situado sobre el litoral mexicano del océano Pacífico, entre la península de la Baja C. y los Estados de Sonora y Sinaloa. La península de la Baja C. se denomina comúnmente península de C. y en ella se encuentran el Estado y el Territorio mexicanos ya citados (V. BAJA CALIFORNIA).En el descubrimiento, exploración y colonización de las C. han influido especialmente factores geográficos: situación, suelo y clima; y sus riquezas naturales, desconocidas en los s. xvIXVIII, sobre todo en lo que se refiere a la minería del oro. Por otra parte, el elemento humano autóctono, por su baja cultura y numéricamente escaso, no ofrecía demasiados incentivos para la conquista de sus áridas tierras. Todas estas circunstancias hicieron de las C. un país poco apetecible a la expansión española, particularmente por lo que se refiere a la Alta C. No obstante, la presencia española en estas tierras es aún apreciable en la toponimia y en el idioma, en los restos de arquitectura colonial y en un pasado que inevitablemente confluye en el presente, aun por lo que respecta a la C. norteamericana.El descubridor de la península de C., que él creía era isla, fue el vizcaíno Fortún (Ortún u Ortuño) Jiménez, en 1533 6 1534, que iba como piloto mayor de la expedición de Diego Becerra de Mendoza y Hernando Grijalva, enviada por Hernán Cortés (v.) en busca de la expedición de Diego Hurtado de Mendoza, que en 1532 había penetrado en el golfo de C. Por aquel entonces se ignoraba que se trataba de un golfo. Separados los barcos de Becerra y Grijalva, al salir de Tehuantepec, Jiménez, que pilotaba el del primero, asesinó a Becerra y desembarcó en la bahía actualmente llamada La Paz, donde fue muerto por los indios. El resto de la expedición retornó a Jalisco, dando noticia del descubrimiento y llevando algunas perlas conseguidas de los indios. Animado por la existencia de perlas en la tierra descubierta, el mismo Hernán Cortés emprendió un viaje a la bahía de La Paz, que él llamó Santa Cruz, por haber llegado el 3 mayo 1535, festividad de la Invención de la Santa Cruz. Allí fundó una colonia de efímera duración, por la escasez de alimentos. En 1537, regresó Hernán Cortés a Acapulco. En honor suyo, el golfo que forma la Baja C. en el océano Pacífico (golfo de C. ya mencionado) se denominaba también mar de Cortés, nombre con el que era conocido en el s. xvl. El paso del Noroeste. Los viajes hacia el N, por esta zona del Pacífico, tenían por objeto encontrar un paso, imaginado por los españoles con el nombre de Anián, que comunicara los dos océanos e hiciera más fácil el viaje de Europa a las Molucas (v.), centro de producción de las especias. La búsqueda de este paso, llamado del Noroeste, emprendida por Cortés y estimulada luego por el virrey de Nueva España Antonio de Mendoza (v.), dio ocasión al descubrimiento de las C. Después del viaje de Hernán Cortés es cuando comienza a denominarse la región C., nombre tomado del libro de caballería Las Sergas de Esplandián (Sevilla 1510), de Garci Ordóñez de Montalvo, por considerarlo un lugar fabuloso y paradisiaco, aunque luego la realidad demostrase la fantasía de tal denominación y precisamente por eso. También en la Chanson de Roland (v.) aparece el nombre de Califerne (verso 2.924). Hasta entonces la Baja C., considerada isla, se llamó del Cardón.Antes de la expedición del salmantino Francisco Vázquez de Coronado (v.), por tierra, al sur de Norteamérica, fue enviado como explorador el franciscano Marcos de Niza, en atención a sus conocimientos geográficos. Entre las instrucciones recibidas por el virrey Mendoza figuraba la de averiguar la existencia de un paso entre los dos océanos. Marcos de Niza no encontró el paso buscado, pero recibió, en cambio, de los indios zuñís la noticia de que la Baja C. constituía una península en cuya parte superior se cerraba el golfo (1539). A la misma conclusión llegó, también en 1539, Francisco de Ulloa, que enviado por Cortés descubrió la parte occidental de la Baja C., comprobando que se trataba de una península. El extremeño Hernando de Alarcón, enviado en 1540, por mar, en busca de la expedición de Vázquez de Coronado, recorrió el golfo de C. y, tras descubrir la desembocadura del río Colorado (v.) en el mismo golfo, remontó el río hasta entonces sin explorar. El 1541, Alarcón regresó a España y su piloto trazó un mapa en el que la Baja C. figura ya como península.Muerto en 1541 Pedro de Alvarado (v.), que se había asociado, para explorar las Molucas y la costa mexicana del Pacífico hacia el N, con el virrey Mendoza, éste dispuso de la flota preparada por su socio enviando con dos naves al portugués al servicio de España Juan Rodríguez Cabrillo, en busca del paso del Noroeste. Resultado de esta expedición, que partió del puerto de La Navidad el 27 jun. 1542, fue el descubrimiento de la Alta C. El 28 sept. 1542 llegó Rodríguez Cabrillo al puerto de San Miguel, en la bahía de San Diego, siguiendo el camino que tres años antes había emprendido Ulloa por la costa occidental de la Baja C. Aunque Rodríguez Cabrillo llegó más al norte de la bahía de San Francisco, no la vio. Fallecido en 1543, le sucedió en el mando de la expedición su compatriota el piloto Bartolomé Ferrelo, quien recorrió toda la costa de C. hasta el actual Estado de Oregón, límite norte de C.Después de estas expediciones, nadie vuelve a ocuparse de las C. hasta el descubrimiento por el guipuzcoano Andrés de Urdaneta (v.) de la ruta más rápida de Asia a América del Norte por el Pacífico septentrional, que requería un puerto de auxilio en la Alta C. Aunque el galeón de Manila, que desde 1571 hacía un viaje anual de Acapulco a Manila y viceversa, frecuentó la costa de C., no llegó a construirse el puerto proyectado. Este abandono de las C. por parte de los españoles fue aprovechado por los ingleses para atacar a los buques españoles que navegaban por esta parte del Pacífico. En 1579, Francis Drake (v.) desembarcó en la bahía de San Francisco, denominando el lugar Nueva Albión, del que tomó posesión en nombre de la reina de Inglaterra, aunque tal posesión careció de efectividad. En 1587, Thomas Cavendish apresó el galeón Santa Ana, con cargamento procedente de Filipinas, en las proximidades del cabo de San Lucas, en el extremo más meridional de la península de C. La navegación de éstos y otros corsarios ingleses por las costas de C. se debía también a la búsqueda del paso del Noroeste. Por el mismo tiempo, siguieron explorando las costas Francisco Galí, desaparecido en 1584, y Sebastián Rodríguez Cermeno, que naufragó por la Alta C. en 1595.Intentos de colonización. En el s. xviii, comienza más seriamente la obra colonizadora y misionera (v. ii) de España en las C. Aún no había terminado el s. xvi, cuan do se envía una nueva expedición a las órdenes de Sebastián Vizcaíno, quien en 1596 toma posesión de la península de C., en nombre del rey de España, denominando el territorio Nueva Andalucía. Después de su intento fracasado de fundar una colonia en La’Paz, en la costa del golfo, abandona la región, desanimado por las luchas contra los indios y la pobreza del suelo. En 1602 emprende un nuevo viaje, recorriendo la costa de la Alta C., en la que descubre la bahía de Monterrey. Aunque Vizcaíno obtuvo en 1606 la colonización de la península de C., no la llevó a efecto. Otros intentaron lo mismo, atraídos por la riqueza en perlas de la costa, pero fracasaron en parte por la resistencia de los indios. Tomás Cardona y su sobrino Nicolás Cardona obtuvieron el monopolio de las perlas en el interior del golfo. Con los Cardona colaboró Juan de Iturbe, que hubo de enfrentarse a los numerosos piratas que dominaban aquellás aguas.En cuanto a los intentos de colonización, también fracasó en 163236 Francisco Ortega, a quien acompañaba el piloto francés Esteban Carbonel. El mismo éxito tuvo el aragonés Pedro Porter y Casanate, a pesar de sus insistentes viajes por la costa oriental (1648) y occidental (1649) del golfo; Bernal de Piñadero, en 166467; Francisco de Lucenilla, en 1668; e Isidoro de Atondo y Antillón, en 168384. A este último acompañó el jesuita de origen alemán Eusebio Kino (v.), quien puso definitivamente en claro la peninsularidad de la Baja C. y la distinción entre ésta y la Alta C., pues nuevamente en el s. xvii se había vuelto a la idea de la insularidad de C. (cfr. F. Ibarra de Anda, El P. Kino, misionero y gobernante, México 1945).Los jesuitas en C. se dedicaron a una amplia labor misionera, colonizadora y exploradora. Tales son los casos, entre otros, además del citado P. Kino, el del croata Fernando Konsag, que en 174651 exploró el golfo (cfr. A. M. Burriel, Noticias de la California, 1757); el del milanés Juan María Salvatierra, que en 1697 fundó Loreto, y el de su sucesor en 1717 Juan de Ugarte. Por este tiempo se construyó en San Bernabé un puerto de escala para el galeón de Manila. Tras la expulsión de los jesuitas en 1768, que hasta entonces habían acostumbrado a los indios a cultivar la tierra y a la vida de reducciones y habían impedido casi totalmente la penetración de colonos españoles, les sucedieron los franciscanos y a éstos los dominicos. Por lo que a la colonización se refiere, destacó el franciscano mallorquín Junípero Serra (v.), tanto en la Baja como en la Alta C. y especialmente en ésta, en la que fundó San Diego (1769), San Carlos (1770), San Francisco (1776), San Gabriel (1781), etc., núcleos de actuales ciudades del Estado norteamericano de C., donde los indios vivían en régimen patriarcal, dedicados a la agricultura y a la ganadería, permitiéndose su mezcla con colonos españoles (cfr. P. Herrera Carrillo, Fray Junípero Serra, civilizador de las Californias, México 1940). Junto a las misiones, se alzaban fuertes, pues no sólo se temían los posibles ataques de los indios no civilizados y de los ingleses, sino también la penetración de exploradores y colonos rusos que avanzaban desde el Norte. En 1812, los rusos se establecen junto a San Francisco, en el fuerte Ross, que en 1842 venden al aventurero suizo John Sutter, quien a su vez funda Nueva Helvecia.Los franciscanos continuaron la búsqueda iniciada por los jesuitas de un camino por tierra a C. desde otras partes del virreinato de Nueva España, al que pertenecía parte del sudoeste de los actuales Estados Unidos de América del Norte. En 1771, el franciscano aragonés Francisco Garcés cruzó los desiertos de C. Este mismo franciscano, que tanto contribuyó al conocimiento del interior de C. en el s. XVIII, acompañó al capitán Juan Bautista de Anza, en 1774, a abrir una ruta entre Sonora, San Diego y Monterrey (cfr. M. Hernández SánchezBarba, Juan Bautista de Anza, Madrid 1962). Entre otros capitanes que actuaron junto a los misioneros se cuentan Gaspar de Portolá, que en 176970 se estableció en Monterrey y San Diego.Los viajes de marinos españoles por la costa californiana, en la segunda mitad del s. xviii, estimularon la exploración hasta Alaska (v.), en competencia con rusos e ingleses. En estos viajes tomaron parte Juan Pérez, Juan Francisco Bodega y Quadra (v.), Bruno Heceta, Esteban José Martínez, Gonzalo López de Haro, Juan Martínez Zayas, Francisco Elisa, Ignacio Árteaga, etc. La confusión originada a causa del nombre de C. dado por los españoles a toda la costa noroeste de América del Norte (actuales Estados de C., Oregón y Washington) y el conflicto entre España e Inglaterra sobre la delimitación de sus territorios en esta zona, y posteriormente entre España y Estados Unidos, tuvieron su fin en el tratado de límites de 1819, que establecía el límite septentrional de C. en los 42° de lat. N como en la actualidad. La creación en 1776, a iniciativa de los¿ Gálvez (v.), de la Comandancia General de las Provincias Internas, independiente del virrey de México, permitió desde entonces una mayor atención a la. defensa y colonización de las C., comprendidas con otros territorios en dicha Comandancia. La capital de las C. se trasladó, en 1777, de Loreto a Monterrey. En 1804, se separó el gobierno de la Alta C. del de la Baja C.Independencia y separación de las Californias. Con la definitiva independencia de México, en 1821, las C. pasan a formar parte de la nueva nación. En el mismo año, se secularizan las misiones. Hacia 1830, la Compañía de la Bahía de Hudson comercia con la parte más septentrional de la Alta C., bastante abandonada y escasamente poblada, lo cual favorece la penetración norteamericana ca. 1840. Contra esta penetración protesta inútilmente el Gobierno mexicano, que tampoco puede detener la expedición de C. dirigida por John Charles Frémont en 1846. En ese mismo año, los colonos norteamericanos establecidos en la Alta C. se proclaman independientes. John D. Sloat conquista Los Ángeles y San Diego. Stephen W. Kearny vence a los que resisten el gobierno de Frémont. La guerra entre Estados Unidos y México, declarada en 1846, se extiende a las C. En enero de 1848 se descubre oro en el río American, y posteriormente en otros lugares. La fiebre del oro atrae a numerosos aventureros y es un motivo más para que el Gobierno norteamericano reclame al mexicano la cesión de la Alta C., entre otros territorios. Por el tratado de GuadalupeHidalgo (2 feo. 1848), la Alta C. pasa a poder de los Estados Unidos. En 1850, la Alta C. se integra en la Unión con el nombre de Estado de C. Por su Constitución de 1879, posteriormente enmendada, ejerce el poder ejecutivo un gobernador; el legislativo, el Senado y la Cámara de Representantes.En contraste con la Baja C., que permanece en poder de México, C. ha conocido una gran prosperidad. Estado antiesclavista, siguió la causa unionista en la guerra de Secesión (v.). La inmigración china y japonesa no ha podido impedirse, pero sí limitarse. Los terremotos de Santa Bárbara y Long Beach en 1812 y el de San Francisco en 1906 no han afectado demasiado a la vida económica del Estado, excepcionalmente rico en petróleo y gas natural. V. t.: ESTADOS UNIDOS IV; México III.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: Además de las citadas en el texto, CH. E. CHAPMAN, Hístory of California; the Spanish period, Nueva York 1928; F. MusARD, La conquista del Oeste, Barcelona 1964; M. HERNÁNDEz, La última expansión española en América, Madrid 1957; A. MELÓN, Las exploraciones españolas en América del Norte alentadas por la obra misional de fray Junípero Serra, "Estudios Geográficos" 22, 1946; A. DEL PORTILLO, Descubrimientos y exploraciones en las costas de California, Madrid 1947; F. DE LEIARzA, Descubrimientos y exploraciones de California por mar y tierra, "Bol. de la Soc. Geográfica" 712, juliodiciembre 1948; M. GuTIÉRREZ, San Blas y las Californias, México 1956; E. VILA VILAR, Los rusos en América, Sevilla 1966; F. PÉREZEMBID, La expansión geográfica de la Nueva España en el siglo XVII,
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