Brasil VII ARTE
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Arte
ARTE. Generalidades. Los diferentes núcleos artísticos brasileños se distribuyen de manera desigual a lo largo y ancho de un inmenso territorio en que los contrastes regionales y civilizaciones son evidentes. Si tuviéramos que definir esos contrastes se podría decir que B. abandona los estilos que predominaron durante la época colonial y el Imperio para entrar de lleno, categóricamente, en los "ismos" más avanzados de nuestro siglo. En una misma región, y a muy pocos kilómetros de distancia, se hallaría el ejemplo más significativo: el complejo arquitectónico y pictórico de Pampulha, en Belo Horizonte, y la característica huella barroca colonial de Sabará, con predominio del estilo del Aleijadinho (v.). Y si aún quedan focos en los que las viejas expresiones prevalecen con entera superioridad sobre lo moderno, como Curo Préto (Minas Gerais), y Salvador (Bahía), p. ej., en las grandes metrópolis, como Río de Janeiro (v.) y Sáo Paulo (v.), en que todavía hasta no hace muchos años se podían encontrar bellas muestras del arte colonial, el desarrollo aceleradísimo de la industrialización y el progreso vertiginoso de las ciudades ha contribuido a la desaparición de antiguas reliquias, que han dado paso a la construcción de grandes avenidas, viaductos y edificios públicos y particulares. En Sáo Paulo, p. ej., ya casi nada queda del anterior B. En Río de Janeiro, por el hecho de haber sido durante casi dos siglos la capital de la República, al lado de construcciones coloniales se conservan aún las más importantes llevadas a cabo durante la época imperial.Los monumentos del pasado suelen ir ligados a los diversos ciclos económicos que contribuyeron a su desarrollo, como el del oro, café y azúcar, entre otros, o a hechos históricos excepcionales, como la llegada del rey Juan VI a Río de Janeiro. Modernamente, a partir de la celebración de la Semana de Arte Moderno (Sáo Paulo 1922), del Movimiento Regionalista de Recife (1926) y de la Revolución de 1930, osadas construcciones funcionales caracterizan a las ciudades más progresistas. Ya es proverbial el desarrollo excepcional de la arquitectura brasileña actual, cuyos más soberbios ejemplos los hallamos en Brasilia (v.). Resulta, pues, bastante difícil una definición general de la evolución artística brasileña, si no se tiene en cuenta lo que representa el salto de lo viejo a lo nuevo que se da, puede decirse, sin transiciones. El estudioso de estos fenómenos estéticos tendrá que acercarse al arte de nuestros días si desea encontrar la verdadera impronta de la personalidad creadora de este pueblo. El arte antiguo puede considerarse, en su mayoría, de importación, en el que predominan las formas expresivas europeas, portuguesas y españolas, principalmente, y si B. no hubiera dado el nombre del Aleijadinho, el más original de todos y que aun dentro de la tónica estilística del barroco ibérico se nos ofrece con características de un arte nuevo, genuinamente brasileño colonial, pocas cosas de valor, en ese sentido, podrían añadirse. En resumen, se podría escribir una síntesis del arte de este pueblo siguiendo dos direcciones palpables: 1) rutas del arte colonial; 2) rutas del arte contemporáneo. Y, como paréntesis o transición, en Río de Janeiro, el arte del Imperio.Arte colonial. Ofrece extraordinarias muestras en dos regiones o Estados: Minas Gerais y Bahía. Como curiosidades, son importantes algunos restos que la ciudad de Sáo Paulo conserva: el patio del Colegio, reliquia histórica que recuerda la fundación de la urbe en 1554 por el español José de Anchieta, y la Casa del Bandeirante, muestra de la vida paulista del s. xvll, entre otras. Río de Janeiro conserva mayor cantidad de construcciones coloniales y modernas del país. El Palacio de los Virreyes, hoy edificio de Correos y Telégrafos, el arco de Teles y la fuente o surtidor del Maestro Valentín, son monumentos representativos del arte colonial, así como, dentro del arte religioso del tiempo, el Monasterio de S. Benito y la iglesia de Nossa Senhora da Glória do Outeiro, la más antigua de nave octogonal en el país. Las representaciones del arte del Imperio las hallamos en el jardín Botánico, que creó el rey Juan VI con el nombre de "Real Horto" y que aún respira el carácter de las construcciones del B. colonial, la Quinta da Boa Vista, hoy Museo Nacional, y el Rectorado de la Univ. Católica. Pero hay que saltar a los Estados de Minas y de Bahía para tener un conocimiento cabal del espléndido arte colonial, casi todo él dentro de los moldes expresivos del arte religioso barroco. En Salvador se encuentran multitud de viejas casas e iglesias características del barroco. Uno de los ejemplos más perfectos lo ofrece la iglesia de S. Francisco de Asís. Pero a ella hay que añadir muchas otras, de singular valor, como el Convento del Carmen, el Santuario del Señor de Bomfim, de exterior barroco que contrasta con el interior neoclásico, la iglesia de la Venerable Orden Tercera de S. Francisco de la Penitencia, con fachada de estilo plateresco español. La dimensión de este arte nos la ofrecen también los diferentes museos de la ciudad, como el de Arte Sacro, o la Casa de los Sete Candeeiros.La arquitectura militar de la época encuentra también las mejores representaciones en Bahía, cuna, por otro lado, de algunos de los mayores pintores y escritores de nuestro tiempo. En Minas Gerais sé sitúa el complejo más homogéneo del arte colonial brasileño: la ciudad de Ouro Préto (v. ALEIJADINHO), que poco o casi nada mudó desde aquellos siglos. Ouro Préto es al arte colonial de este pueblo, lo que Toledo es a España desde el punto de vista medieval, renacentista y barroco. Son dos tropos de historia perplejos en el tiempo y enel espacio. Entrar en su mundo es como zambullirse abruptamente en el pretérito. Tal es la sensación que causa la ciudad de Ouro Préto. Otros ejemplos semejantes hallamos en las ciudades de Congonhas do Campo, Sabará, Mariana, Tiradentes y Sáo Joáo do Re¡, que forman la ruta de lo que se viene denominando el arte barroco minero.Arte actual. Se necesitaría mucho espacio para hablar del arte de nuestros días en B. El arranque lo representa la Semana de Arte Moderno de Sáo Paulo donde se integraron las mayores personalidades de la época. En 1928 surge la primera casa modernista, de Warchavchik. Y en el desarrollo de este arte, que tuvo sus más altos exponentes en la arquitectura, pintura, música y literatura, se unen los artistas brasileños más famosos de todos los tiempos. Puede decirse que este siglo representa, en B., un siglo de bro creador. Entre los arquitectos más destacados hay que citar a E. K. Mello, Artigas, H. E. Mindlin, O. Niemeyer (v.), Z. Lotufo, C. Lemos, H. Uchoa y Rino Levi. Los complejos arquitectónicos de mayor envergadura se encuentran en Brasilia creación de Lúcio Costa (v.) y Niemeyer; en Río de Janeiro, Sáo Paulo y la ciudad minera de Cataguazes, fenómeno curiosísimo en el desarrollo del arte actual en B. En pintura, la mayor revelación es Cándido Portinari (v.), pero hay que tener en cuenta a muchos otros de nuestros días, como Di Cavalcanti, Clovis Graciano, Aldemir Martins y Djanira. V. t.: BRASILIA III; RÍO DE JANEIRO IV; SAO PAULO IV.I. GARCÍA MOREIÓN.
BIBL.: F. D. AZEVEDO, Brasilian Culture, Nueva York 1950; Dictionnaire de l’architecture moderne, París 1964; C. R. SMITH, A arte barroca de Portugal e do Brasil, "Panorama" 38, Lisboa 1949; R. LINO y RIBEIRO COUTO, Ouro Préto, Lisboa 1943; Rev. "Módu1o", 15, 16, 17 y 18, 195960.
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