Brasil VI. 2 LIT.
Categoria:
Literatura
HISTORIA DE LA LITERATURA. Ha sido un problema para la crítica literaria del B. saber cuándo y con qué escritores comienza la literatura brasileña, desde cuándo puede fecharse la independencia literaria del B. Las soluciones han sido muy variadas: desde los que pretenden datar sus comienzos a partir del s. xviii con el llamado grupo Minero, hasta los que la inician en 1500 con la célebre Carta en la que Pedro Vaz Caminha participa el descubrimiento del B. La solución más equilibrada parece ser la de los que hablan de un gran periodo de literatura lusobrasileña (s. xvi, xvli y xvin), y fijan el comienzo de la literatura nacional en sentido estricto, en el s. xix (1808).1. Periodo lusobrasileño. a) Obras geográficas e históricas. El primer periodo de la historia literaria en el B. es paralelo al de la historia literaria portuguesa dentro de las mismas fechas. El volumen de producción parece pequeño, aunque es importante, sin embargo, al aprovechar espléndidamente las características del renacimiento portugués, como la valoración exótica del paisaje, el hombre y la tierra. Así, en las obras de P. Magalháes Gándavo, História da Província de Santa Cruz (1576) y Tratado da Terra do Brasil (ed. 1826), y de G. Soares de Sousa, Noticia do Brasil (finales del s. xvi). A esta literatura descriptiva y de información hay que añadir la enviada a Europa por los jesuitas evangelizadores (Cartas Anuas): M. da Nóbrega, Cartas; Anchieta (v.), Informaciones, Fernando Cardim, Tratado de la tierra y gente del Brasil; y un poco después S. de Vasconcelos, Noticias curiosas e necessárias das coisas do Brasil; todos los cuales pueden contarse entre los primeros escritores que apuntan las características, novedades y diferencias del B. La historiografía como actividad literaria tiene una serie de cultivadores en el s. xvii, mereciendo citarse entre ellos: D. de Alburquerque Coelho, Memorias diarias de la guerra del Brasil por discurso de nueve años (1654); fray Rafael de Jesús, Castrioto Lusitano, que es una apología de J. Fernandds Vieira, héroe de la guerra contra los holandeses; S. Estago de Silveira, Relag5o sumária do Maranháo (1624); y otros. Pero sobre todos hay que destacar la figura de fray Vicente de Salvador (15641636), autor de História do Brasil (ed. 1889), que además de las cualidades estilísticas de una prosa pintoresca y comunicativa es una excelente panorámica social y política del B. del primer tercio del s. xvrr, tiempo en que forma parte de la corona de España. Su autor se sitúa entre el historiador y el literato. Otra obra de gran importancia es Diálogo das Grandezas do Brasil, anónimo del mismo siglo.b) Obras literarias. Son escritores importantes Bento Teixeira (n. 1561), autor de la Prosopopela (1601), poema heroico del ciclo de Camoens, que tiene importancia por la adaptación de la literatura portuguesa a la realidad brasileña (exaltando los Albuquerques de Pernambuco); Gregorio de Matos (v.) (163396), y M. Botelho de Oliveira (16361711), especie de humanista en cuatro lenguas (portugués, castellano, latín e italiano), que trata de Música do Parnaso (1705) y escribe en castellano sus dos obras dramáticas Hay amigo para amigo y Amor de engaños y celos; su obra constituye un bello ejemplo del desarrollo del barroco literario en B., movimiento que solamente concluirá a finales del s. XVIII. La figura del jesuita António Vieira (v.) (160897) merece un lugar destacado dentro de la oratoria sacra en B., donde predica algunos de sus más brillantes sermones; género que cultivan también A. de Sá (162078) con sus Sermones varios (ed. 1750) y E. de Matos (162992). Con estos autores despunta cronológicamente el s. xvIII, momento cultural en que la actividad literaria parece presentarse de un modo más orgánico y, al mismo tiempo, con más interés por los problemas locales.c) Siglo XVIII. Academias y mecenazgos. Grupos literarios. Estas dos amplias directrices del movimiento literario en B. parecen ser el resultado de dos circunstancias: las academias, que nacen entonces y que influirán decisivamente hasta 1770 en el ambiente cultural, y la protección y mecenazgo que las favorece. Una veintena de academias contribuyen a prolongar las coordenadas estéticas del periodo anterior: entre las más conocidas estánla de los Olvidados (170425) y la de los Renacidos (175960). Este ambiente que se prolonga hasta 1768 (año de la fundación de la discutida Arcadia Ultramarina y de la publicación de las obras de C. Manuel da Costa), en que comienza a germinar la reacción neoclásica que informará la literatura de este periodo hasta fines del s. xvzir. Sobresalen los poetas Claudio Manuel da Costa (172989), que partiendo de los últimos acentos del barroco funda el movimiento arcadio brasileño en 1768 (v. ARcnnin) con Obras; Tomás A. Gonzaga (17441810), el Dirceu, cantor de Marilia en su Liras, A Marilia de Dirceu (179299); M. Silva Alvarenga (17491814), poeta del grupo Minero, como los anteriores, autor de Glaura (1798), obra considerada por los románticos como la predecesora de la poesía nacional; Basilio da Gama (174195), autor del poema heroico Uruguay (1769), libelo contra la Compañía de Jesús en B., dónde el indio aparece ya como un ejemplo de las virtudes del hombre en el estado natural, tema del roiñanticismo; fray José de Santa Rita Duráo (172284), que con su poema heroico Caramuru (1781) despierta el interés por la figura del indio como elemento pintoresco del paisaje brasileño. A estos nombres podrían añadirse los de Alvarenga Peixoto (174493), Obras poéticas, 1865; D. Caldas Barbosa (17381800), A viola de Lerena, 1798; Sousa Caldas (17621814), Obras poéticas, 1821; y por fin José B. Andrade e Silva (17651838), Poesías avulsas de Américo Elíseo, 1826, que a pesar de su importancia relativa marcan la transición de la literatura brasileña al romanticismo.Dentro de la literatura lusobrasileña es interesante resaltar las Reflexbes sobre a vaidade dos homems, obra barroca de reflexión moral en que se pueden descubrir ciertos tópicos iluministas y cuyo autor, Matías Aires da Silva Ega (170563), es hermano de la novelista didáctica Teresa Margarida da Silva Orta (171187), autora de Aventuras de Diofanes, imitando o sapientissimo Fenelon, que conoce la fortuna de varias ediciones en su tiempo.d) Historiografía. Gracias a las actividades académicas, la historiografía adquiere durante este periodo exigencias críticas, espíritu que pasa también a orientar la literatura descriptiva y geográfica. A pesar de todo, la obra de S. da Rocha Pitta (16601738), História da América portuguesa, 1730, con sus innegables cualidades literarias y con ser la primera historia general de B., aún se resiente del espíritu historiográfico del siglo anterior. El espíritu crítico, característica del s. xvuz, se afirma con fray António de Santa Maria Jabotáo (16951763), fundador de la Academia de los Renacidos y autor del Novo Orbe Seráfico brasílico ou Crónica dos frades menores da província do Brasil, obra de consulta, aún hoy indispensable, por las referencias a la historia política de B.; fray Gaspar da Madre de Deus (17151800), teólogo e historiador de mérito comprobado en las Memórias para a história da Capitania de SÚo Vicente (1797); y sobre todo con Pedro Taques (1714?77), cuya Nobiliarquia paulistana, fruto de 50 años de trabajo, será desde su publicación obra de consulta obligatoria para el historiador de Sáo Paulo. Estos dos últimos autores, por su espíritu crítico y método de investigación, son considerados como los reformadores de los estudios históricos en B. y, por eso mismo, los mayores historiadores de este periodo cultural lusobrasileño.2. Literatura brasileña en sentido propio. a) Romanticismo. Cuando la familia real portuguesa llega a B. en 1808, se inicia la construcción del país, con la obsesión de elevarlo a la altura de las naciones más civilizadas. Para la creación de esta conciencia nacional sirve admirablemente el ideario romántico, a cuya formación contribuyen por partes iguales el periodismo y una serie de panfletos eufóricos, y que se abandona después de 1868 con la llegada del realismo.Dentro de la poesía romántica hay que destacar a A. Gongalves Dias (v.) (182364), poeta de fina sensibilidad; M. Alvares de Acevedo (183152), que en Lira dos vinte años (1853) se muestra un poeta de dolor desesperado y angustiado frente a la muerte; Casimiro de Abreu (183960), poeta nostálgico de la infancia en Primaveras, 1859; L. Fagundes Varela (184175), poeta de la naturaleza y de la vida simple, Cantos do ermo e da cidade, 1861; y A. Castro Alves (v.) (184771). El paisaje patrio y el indio son los temas que unifican la poesía romántica brasileña, aunque sólo G. Dias y F. Varela hayan logrado elevar esa temática a un notable plano estético.La novela, género nuevo en B., conoce alrededor de 1840 favor especial por parte de autores y lectores. Comenzando por traducciones y adaptaciones de modelos extranjeros del momento, la novela brasileña intenta desde 1844 encontrar caminos de temas y estilo nacionales. Al principio de estas tentativas hay que colocar a Manuel de Macedo (182082) con A moreninha (1844). Como en la poesía, el indigenismo (v.), unido al paisaje, se revela aquí un tema fecundo que se traduce en auténticas obras maestras de la novelística brasileña, como O Guarani, Iracema y Ubirajara de José de Alencar (v.) (182977), autor encuadrado dentro de otra corriente de la novela con tema nacional, y que tiene perspectivas aún más importantes: la novela rural. O sertanejo (El campesino), de este último autor, O Garimpeiro (El tañedor de garimpa), 1872, y A escrava Isaura (1875) sobre todo, de Bernardo Guimaráes, junto con Inocencia, del vizconde Alfredo de Taunay (184399), representan la cúspide, dentro de las coordenadas del gusto de la época, de un proceso de aproximación de la realidad nacional y de un acercamiento a la novela social que el realismo cultivará y que comenzará a manifestarse alrededor de los a. 70 con Franklin de Távora (182488), Inglés de Sousa (18531918) y, sobre todo, con Machado de Assis (v.), después de 1880.El teatro, iniciado en la corte con representaciones de influencia jesuítica de los siglos anteriores, nacerá realmente con António José, de Gongalves de Magalháes (181182), quien, con Martins Pena (181548), será de los primeros dramaturgos brasileños. La creación del Conservatorio Dramático Brasileño en 1843 es un paso importante en el movimiento teatral romántico de B., en el que se dan, desde 1838, la comedia de costumbres y el drama histórico y sentimental: Olgiato, de Gongalves de Magalháes; O juiz de paz na Roga y O irmáo das almas (El cofrade), de Martins Pena; Beatriz Cenci, de Gongalves Dias, y O cego, de M. de Macedo. A partir de 1855, tomará auge sobre todo el teatro de actualidad, de tesis social y de análisis psicológico, los llamados dramas de casaca, que escriben también algunos novelistas: M. Macedo, O primo da Califórniá; Alencar, O demónío familiar, múe; Machado de Assis, O protocolo; Franga junior, A república modelo.La historiografía, dadas las circunstancias históricas del país, está muy implicada cón los eventos independentistas y nacionales del B. Entre todos los historiadores, divulgadores o científicos, ninguno con tanta categoría como Francisco Adolfo de Varnhagen (181678), autor de la monumental História Geral do Brasil (185457) y de História da Independéncia do Brasil (1916).b) Posromanticismo y realismo. El romanticismo en B. fue una etapa importante de conquista de los elementos esenciales para la autonomía cultural, la soberanía política y, hasta cierto punto, para.la toma de conciencia de la realidad nacional. La década de 1860 representa tanto la consolidación de esos frutos como la llegada, cada vez más nítida, de una revolución en el plano cultural que se caracteriza por el examen y la reinterpretación en su literatura de la realidad brasileña.Poesía. Desde la poesía científica de Martins junior, que escribió Visóes de hoje (Visiones de hoy), 1881, y de Silvio Romero, autor de Cantos do f im do século, 1878, inspirada en el criticismo contemporáneo, hasta el parnasianismo de Alberto de Oliveira (18591937), poeta de gran refinamiento estético y uno de los valores mejor logrados del parnasianismo brasileño, que publicó Meridionais (1884), y Sonetos y poemas (1885), va un_ ancho camino que recorren Raimundo Correia (18591911), que en Primeiros sonhos (1879) y Sinfonias (1883) mezcla la poesía, como arma de acción social, y la expresión de una depurada filosofía de la vida; y Olavo Bilac (18651918), autor de una vasta obra de la que se pueden destacar Poesias (1888) y Tarde (1891), que le aseguran un lugar entre los más altos valores de la poesía de lengua portuguesa. Estos tres autores conocerán el simbolismo (v.), como les ocurre a otros contemporáneos: Luis Delfino, Cruz Sousa y Guimaráes Passos entre otros.En la novela y el cuento realistas se distinguen, junto a J. Machado de Assis (18391908) (v.), tal vez la figura más importante de la novela realista brasileña y uno de sus mejores novelistas de siempre, Aluisio de Azevedo (18571913), autor de Uma lágrima de mulher, 1880, y Casa de pensúo, 1884; Raúl Pompeia (186395), autor de O Ateneu, 1888, donde revive la dolorosa experiencia de una infancia triste; H. Inglés de Sousa (18531918),. que bajo el seudónimo Luis Dolzani publica, en 187677, la gran obra cíclica Cenas da vida do Amazonas (Escenas de la vida en el Amazonas), y en 1888 una novela de tendencias naturalistas acentuadas, O missionário; julio’ C. Ribeiro (184590), que escribió A carne, 1888, dedicada a Zola y que levanta vivas polémicas en su tiempo. Antes de que el simbolismo invadiese la novela realista, conviene apuntar el nombre de Adolfo Caminha (186797), con una novela muy fiel a los cánones naturalistas: A normalista, 1892.c) Simbolismo. Movimientos modernistas. El movimiento simbolista brasileño, como en todas partes, integra autores de formación y tendencias muy diversas y por eso mismo no. representa un movimiento de dirección única.En poesía, junto a los vanguardistas como j. da Cruz Sousa (186198), que con Missal y Broqueis (1803) logra imponer los ideales estéticos simbolistás, y Afonso Guimaráes (17801921), que con Doña Mistica (1899) y Kiriale (1902) apunta la trayectoria de todos los raros "creyentes del amor y de la muerte", aparecen simbolistas comedidos como Vicente de Carvalho (18661924), que desde Relicário (1888) a Poemas e cangoes (1908), procura siempre mantenerse como cultivador de una espontánea poesía del sentimiento. A ambos grupos pertenecerán, alrededor de 1907, los poetas que después de 1922 iniciarán el movimiento modernista brasileño: Ribeiro de Couto, Guilherme de Almeida. M. Bandeira (v.), Mário de Andrade (v.) y Ronald de Carvalho, entre otros.La novela y el cuento simbolistas encuentran en Henrique Coelho Neto (18641934) su máximo representante. Desde la novela y el cuento de actualidad, como A capital federal (1893) e Inverno em flor (1897), hasta el cuento y novela históricos, p. ej., O pajá de Pendjab (El rajá de Pendjab), 1898, o de fantasía (O paraíso, 1898), todo lo cultiva este "príncipe de los prosistas brasileños". A su lado pueden señalarse J. Graga Aranha (18681931), autor teatral de poca fortuna en Malasarte, 1911, pero novelista consagrado desde su primera obra, CanaÚ 1902, y, sobre todo, ensayista discutido en Viagem maravilhosa, 1929; A. de LimaBarreto (18811922), que con Triste fim de Policarpo Quaresma (1915)’y Vida e morte de Gonzaga de Sú (1919), se consagra como el novelista de los medios cariocas, no sólo por la poetización del medio social y natural de Río de Janeiro, sino por la dramatización de sus tipos; J. B. Monteiro Lobato (18821948), personalidad rica humana y, artísticamente hablando, denunciadora de las duras realidades de la vida rural del B. en su colección de cuentos titulada Urupés, 1918, y notable escritor de literatura infantil en Reinapies de Narizinho y Picapau amarelo (El pájaro carpintero).Aunque la interpretación de la realidad de la tierra brasileña contribuye extraordinariamente a fortalecer las coordenadas de los movimientos literarios más recientes, que el modernismo unifica, conviene destacar, como la figura más representativa de esa literatura de interpretaciones, a Euclides da Cunha (18661909), autor de Os sertóes, que tiene por escenario las regiones secas del .nordeste e interior y en cuya obra (1902), como en otras, su autor glorifica el drama de la existencia y las virtudes morales del hombre que lucha por la posesión de la tierra en un medio hostil.Si la critica literaria del realismo tiene en Silvio Romero (Literatura brasileira, 1894) su máximo representante, alcanza con José Veríssimo Dias de Matos (18571916) (História da literatura brasileira, 1916), un momento his.tórico importante. La historiografía brasileña se renovará y consolidará gracias a J. Capistrano de Abreu (18531927), excelente y objetivo investigador en sus obras Caminhos antigos e povoamento do Brasil (1889), y Capítulos de historia colonial (1907) y sobre todo por los trabajos de M. de Oliveira Lima (18671928), O reconhecimento do Império, 1902, y D. foco VI no Brasil, 1909.d) "Ismos" modernos. Literatura última. Después de 1920 la aventura modernista venció en las letras y artes brasileñas, siendo su máximo ejemplo la Semana de Arte Moderno que se celebró en Sáo Paulo en 1922, y tuvo el mérito de englobar artistas de tendencias, pasadas o futuras, muy diversas, aunque por ello es una manifestación muy discutida.En poesía, existe una escala de orientaciones estéticas que va desde el revolucionarismo de Mário de Andrade (Pauliceia desvairada, 1922), o de M. Bandeira (Poesías, 1929), quien, dentro del modernismo brasileño, es, con Carlos Drumond de Andrade (v.), uno de sus máximos valores poéticos, hasta las manifestaciones de W. de Andrade (Manifiesto do PauBrasil, Movimiento del palobrasil, 1924) y de Menotti de Picchia (Manifiesto verdeamarelo, 1924), que orientarán el modernismo en el sentido de valorar estéticamente el pintoresquismo nacionalista y folklórico, como lo hacen las obras Meu e rapa (Mío y raza), 1925, de Guillermo de Almeida; Martim Carecé (1920), de Cassiano Ricardo; Noroeste e outros poemas do Brasil (1933), de Ribeiro de Couto, y Remate de males (1930), de Mário de Andrade. Después de 1928, reaccionando contra este nacionalismo, Augusto Federico Schmith (Navío perdido, 1929), Murilo Mendes (A poesía em pánico, 1938, Mundo enigma, 1945), y Cecilia Meireles (Vaga música, 1942, Mar absoluto, 1945), propondrán una poesía escrutadora de los valores humanos universales, sin excluir los brasileños. Vinícius de Morais (v.) parece haber logrado hermanar, con notable altura estética, algunas de estas orientaciones de la moderna poesía de B.La novela y el cuento siguen movimientos paralelos, aunque menos diferenciados que en poesía. Desde la novela modernista de Oswald de Andrade (Os condenados, 1922), hasta la novela regionalista, provinciana o urbana, de J. Lins do Rego (v.), Raquel de Queirós (O quinze, 1930), J. Amado (v.) y Erico Veríssimo (O tempo e o vento, Continente, 1951, y Retrato, 1952) y aun Guimaráes Rosa (v.), pasando por la novela de acción comprometida en una ideología J. Amado (Seara vermelha, Trigal rojizo, 1946) se extiende una literatura brillante y a la vez compleja, profundamente penetrante y humana, que son las características de la novela actual de B.El teatro, menos importante en relación con las otras manifestaciones literarias brasileñas, cobra nuevos impulsos con J. C. Melo Neto (Vida e morte Severina, 1956), y la crítica literaria tiene sus mejores representantes en Otto María Carpeaux, Massaud Moisés y A. Soares Amora.J. ADRIANO DE CARVALHO.
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