Brasil VIII MÚSICA
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Música
MÚSICA. Aunque es cierto que en la primitiva música brasileña puedan encontrarse tímidamente algunos vestigios de autoctonía, su incidencia inicial ha sido demasiado débil para hacerse notar en las obras de los primeros compositores de música culta. Fueron los jesuitas, para sus representaciones y cantos destinados a catequizar a los aborígenes, quienes primero incorporaron ciertos rasgos de indigenismo a la música más o menos sacra interpretada en dichas representaciones. Los colonizadores portugueses efectuaron un segundo aporte, que habría de perdurar en ciertas formas cultivadas todavía, p. ej., la Modinha. De la coincidencia, en suelo brasileño, de tres razas igualmente dotadas para la música el caboclo, el portugués y el negro africano iba a surgir y consolidarse, a lo largo del s. xviu, uno de los folklores más ricos del mundo, sobre todo en materia de ritmos. De la notable labor inicialmente cumplida por los jesuitas nació asimismo el Conservatorio de Santa Cruz, y de sus aulas el P. José Mauricio Nunes García (17671830), primer compositor digno de tal nombre; en su obra, codeándose con las inevitables influencias del clasicismo europeo, asoman empero ciertos rasgos que denuncian la nacionalidad de su creador. La marcada inclinación musical de Juan VI en primer término, y luego de Pedro I (quien habría de escribir numerosas composiciones) tuvo sin duda que ver con el auge de la música de salón tanto en la colonia portuguesa como luego en el incipiente y fugaz Imperio. En cada sala de la alta burguesía había un instrumento de teclado, y en cada una de dichas familias por lo menos una niña capaz de arrancarle los más románticos acentos. Esta última calidad ha perdurado inequívocamente en la música popular, a caballo del rítmico torbellino, que es su principal característica.De la época de Francisco Manuel data el florecimiento inicial de los teatros imperiales (con señalado cultivo de la ópera, triunfante en Europa), la fundación de la Acad. Imperial de Música y ópera nacional (según el modelo napoleónico) y el Conservatorio de Música. Instituciones similares, auri cuando de menor envergadura, surgieron también en provincias. En Campinas, hoy Estado de Sáo Paulo, Manuel José Gomes dirigía por aquel entonces una orquesta de la que formó parte muy joven aún, António Carlos Gomes (183996), el futuro compositor de O Guaraní, María Tudor, Lo Schiavo y Salvador Rosa; óperas representadas algunas de ellas con sugestivo aplauso en Milán y otras capitales operísticas del Viejo Mundo. Durante el reinado de Pedro II nacieron otras sociedades musicales, como la Filarmónica (1841) y. el Club Beethoven (1882), ambas en Río de Janeiro, y el Club Haydn (1883) en.la capital paulista. El primer director del Conservatorio de Música de Río, después de proclamada la República, fue Leopoldo Míguez (18511905), buen orquestador y decidido cultor del poema sinfónico (Prometeu, Oda a Víctor Hugo, Ave Libertas) que se esforzó, sin lograrlo cabalmente, por expresarse en "idioma nacional". Alexandre Leví (186492) murió demasiado pronto para que pudieran apreciarse los frutos de su talento, mas algunos de sus títulos revelan sin asomo de dudas la tendencia: Serie Brasileira, Variaciones sobre un tema brasileño, Variaciones sobre el temá de la canción `Ven ga, Bitú’, y así sucesivamente. Siguió de cerca los pasos de Leví otra gran figura, la del cearense Alberto Nepomuceno (18641920), uno de los más activos en la acción de nacionalizar la música brasileña (As Usaras, Serie Brasileira, Batuque), Francisco Braga (18711945), aunque penetrado de la influencia de Massenet a raíz de su estancia en París, tampoco dejó de sentir el reclamo de la inspiración nativista. Formados por él, destacaron su talento en la siguiente generación José Siqueira, Paulo e Silva, Enio de Freitas Castro, Batista Siqueira y Rafael Batista, incorporados luego a la pedagogía musical. BarrosoNeto (18811941), de inspiración intimista, dejó algunas obras valiosas para piano y canto (Olhos tristes, Cantiga, Adeus, Minha Terra).Fueron autores de óperas, cuando ya el género parecía periclitar, Delgado de Carvalho, J. Araujo Viana (Carmela, Rey Galaor), Manuel Joaquim Macedo (Tiradentes), Assis Pacheco, Eleazar de Carvalho (quien luego haría significativa carrera como director) y Lourengo Fernanres, autor de Malazarte. A este último se deben también importantes esfuerzos en pro de la nacionalización de la música, de su patria, con logros del calibre del Trio Brasileiro, Sertaneja, Impapará y, sobre todo, su difundido Batuque. En los últimos lustros, y hasta el momento de redactar esta síntesis, destacaron con sugestiva repercusión internacional las composiciones de Francisco Mignone (1897) asimismo reputado director de orquesta; Mozart Camargo Guarnieri (v.) (1907); y, sobre todo, Heitor VillaLobos (v.) (18871959), el más activo y profundo creador y, a la fecha, uno de los contados compositores de Sudamérica que han logrado auténtico predicamento más allá de las fronteras de su país.JUAN MANUEL PUENTE.
BIBL.: N. R. ORTIZ ODERIGO, Panorama de la música afroamericana,’Buenos Aires 1944; J. SUBIRÁ, La Música Española e Hispanoamericana, Barcelona 1953; M. DE ANDRADE, Música del Brasil, Buenos Aires; G. FIGUEIREDO, Miniatura de História da Música; O. THOMSON, International Cyclopedia of Musics and Musicians; Historia de la Música Latinoamericana, Buenos Aires; MusFo DE VILLALOBOS, Presenca de VillaLobos, Río de Janeiro; "The Musical Quarterlyu, Nueva York.
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